domingo, abril 29, 2007

REQUIEM POR MARIO

Hace unos días el poeta y académico de la lengua, Mario Cobo Barona, murió de un infarto cardiaco, dejándonos un poco huérfanos a todos los que lo queríamos y admiramos. Escribí este artículo en su homenaje. No es más que un reconocimiento de amor por su persona.

Alto. Espigado. Con garbo al caminar. De cara dulce y amigable. Así lo veníamos los que lo queríamos. Que éramos muchos. He llegado a pensar que somos todos los que queríamos a Don Mario Cobo Barona. Y ya no hay muchos a quien querer así.

Hace unos meses presentó mi libro Salvados del naufragio, junto con Iván Oñate. Sus impecables discursos: sonoros, canoros, seguros, siempre impactan. Luego lo entrevisté en una bella página que alguna vez publicaré en un sendo libro de entrevistas a escritores ecuatorianos e hispanoamericanos. Más tarde quedamos en preparar juntos la antología poética de nuestra provincia en el siglo XX. Él era el idóneo para hacerlo. Él tenía el temple y el coraje del Dios Apolo. Además de la pasión que emanaba por las calles marmoteadas de sus poemas, de sus sonetos, de sus romances, de su prosa pulida por un cincel de diamante.

Mario era pasión y trabajo. Con Mario no se jugaba. A él no le metían gato por liebre ni en la poesía, ni en la vida. Pero era tan amable, tan cortés, tan Barón de antigua casa palaciega, que era imposible encontrarle defecto a viva voz. Habría que excavar en su vida para encontrarle algo disímil, y en eso no nos metemos sus amigos, porque consideramos que Mario se fue sin que sea tiempo para irse, para dejarnos a todos los ambateños huérfanos a destiempo, como si no tuviéramos problemas, dificultades y, sobretodo, porque estamos carentes de amigos y Mario era impecable para la amistad. Su fraternidad estaba impermeabilizada. Había allí un tremendo respecto y una vocación genuina.

Académico. Prosista a lo Cervantes. Metrista a lo Garcilazo, sonetista a lo Petrarca y amigo a lo discípulo. Así, como el buen Jesús de Nazareth, abrió sus brazos a sus contertulios jóvenes. Así me abrió su corazón partido en una cañón de maravillas. Es el poeta de Ambato por excelencia, la voz firme de un corazón plegado al sol.

Mario te queremos todos. Porque gracias a ti la poesía de Ambato siempre rondó la esperanza. Siempre es temprano para tu partida. Pero, eso sí, te prometemos, aquí nos quedamos los que te queremos y te seguimos para cantarle al mundo y decirle a la Patria que tú eras el poeta de los mármoles y el amigo de todos. Gracias por haber existido. Ahora tus libros te harán vivir en el paraíso. Amigo.

2 comentarios:

marcelo dijo...

amigo poeta
sus palabras lo dignifican: hermoso homenaje, tan dulce y profundo, como quien lo escribe. no temas, seremos muchos los que cantaremos tu partida (para mucho después de mañana, eso espero)
un abrazo desde este valparaíso tan solo sin su amigo!
marcelo novoa

marcelo dijo...

amigo
tan fino y tan dulce comentario, no podía venir de otro que no fueras tú.
pierde cuidado, muchos seremos lo que cantaremos tu paso por este mundo (eso sí, mucho después del después... así esperamos!)
abrazos desde valparaíso
marcelo novoa