domingo, diciembre 26, 2010

"ALMOHADA SIN HUELLAS" DE DESIREE MARÍN SEVILLA, PREMIO "JORGE CARRERA ANDRADE" 2010

PRESENTACIÓN LIBRO DE DESIRÉE MARÍN SEVILLA

Xavier Oquendo Troncoso

Todo editor es una suerte de ginecólogo, porque nunca ningún libro y ningún hijo nacen de igual forma. Todo parto es distinto. Los instrumentos prenatales para la concepción de estos hijos de palabras y papel son distintos. Todo editor y todo ginecólogo se enfrenta con un paciente distinto, con una madre o un padre peculiar que buscan en su hijo la perfección. El editor y el autor salen bien librados si el parto es bien librado. Así fuere por parto natural o por cesárea.

Aquí estamos pues, con un nuevo hijo hecho con la paciencia y con el tino del tiempo. Se lo presentamos a todos ustedes. No recuerdo si fueron 9 meses o un poco más, pero lo que recuerdo es como la madre comenzó a desesperarse. Como el ginecólogo-editor se vistió de punto en blanco y se puso los guantes antisépticos para que el libro salga impecable, para que el cordón umbilical tenga el corte preciso y el niño-libro pueda respirar en su nueva atmósfera, en donde ya los hijos dejan de ser parte de la madre y pasan a ser hijos del mundo.

Ya lo dice Kahlil Gibrán en su bello poema:

Tus hijos no son tus hijos
son hijos e hijas de la vida
deseosa de sí misma.
No vienen de ti, sino a través de ti
y aunque estén contigo
no te pertenecen.

Puedes darles tu amor,
pero no tus pensamientos, pues,
ellos tienen sus propios pensamientos.
Puedes abrigar sus cuerpos,
pero no sus almas, porque ellas,
viven en la casa del mañana,
que no puedes visitar
ni siquiera en sueños.

Puedes esforzarte en ser como ellos,
pero no procures hacerlos semejantes a ti
porque la vida no retrocede,
ni se detiene en el ayer.

Tú eres el arco del cual, tus hijos
como flechas vivas son lanzados.
Deja que la inclinación
en tu mano de arquero
sea para la felicidad.

Yo parafrasearía el poema de Gibrán y se lo dedicaría a Desirée así:

Tu libro no es tu libro
es un libro de poemas de la vida
deseosa de sí misma.
No viene de ti, sino a través de ti
y aunque esté contigo
no te pertenece…

Imagino también a Pirandello gozando con esta propuesta: quitarle al autor el gusto por poseer su escritura y que sus personajes (o en este caso sus poemas) dejen de pertenecerlo y pasen a ser hijos ilegítimos del mundo, de ese único padre estricto que es el lector mediático y que luego ese lector pasará a ser el tiempo. Porque solo el tiempo y las aguas. Solo el Cronos del mundo pasará a ser único padre del libro que escribe el país, que escribe el idioma, que escribe el mundo.

Es un placer haber sido partícipe de este libro de Desirée Marín Sevilla, "Almohada sin huella". Un libro que le ha costado a su autora un montón de dolores, un montón de ecosonogramas por las zonas más intrínsecas de su cerebro y de su corazón.

Pero aquí está Desirée completa, intacta, como que nada ha pasado. Como que la expulsión de su fruto, el pujo total de su molestia la ha liberado. Ella lo sabe, porque todos sabemos que trabaja con la mente y el dolor: ella es sicóloga. El psicólogo y el poeta se parecen en eso. Las palabras liberan, las palabras son las que permiten la limpieza total. Razón tenía alguna vez una amiga sicóloga en decir que los poetas no deberían visitar nunca a un sicólogo, porque tienen uno, incorporado a su razón y a su pasión. Entonces allí cabría pensar en por qué tanto poeta visita al sicólogo y al siquiatra. Pues la respuesta la tendría Nietzsche que nos decía que "el poeta miente demasiado" y Pessoa, aún más, cuando afirmaba que "el poeta es un fingidor". Lo decían ellos que habían oxigenado al monstruo de su cuerpo y al diablo de su alma en las palabras y en los sonidos.

Desirée llegó a mi casa una noche, Acompañada de mi amiga, la poeta Maríaluz Albuja, que ahora apadrina (aunque cabría decir, con eso del no machismo del lenguaje, que amadrina) el libro que esta noche presentamos y que la escribió Desirée Marín la misma que, a decir de su poesía, aloja su cabeza cansada en una almohada con huellas, y que, solo luego del poema, su almohada ha pasado a ese estado níveo de lo intacto.

Marialuz Albuja y Desirée Marín habían compartido horas y horas de trabajo en esa tarea hermosa que se conoce con el nombre de taller: y que no es más (y tampoco menos) que talar y tallar al texto, como diría Miguel Donoso Pareja, hasta que las palabras se vuelvan invulnerables al poeta y a su amanuense. Que de las palabras quede solo la chispa de las piedras y no las piedras como suele decirnos Raúl Pérez Torres, que solo quede la atmósfera que deja el cuadro de las Meninas y no el cuadro, como decía Dalí. Eso es la poesía. Y por eso es difícil, y por eso el acto de escribir poesía es un acto del misterio como decía Octavio Paz, aunque no siempre es así. Por ejemplo, para Paco Tobar escribir poesía era un ejercicio de necesidad y no de corrección. Es decir nada está escrito en la poesía.

Lo que más me gusta de este libro es el discurso pronunciado, un discurso dicho, es un libro que dice. Esto lo digo porque ahora está de moda decir que existe una poesía que no dice. A la que han llamado "Poesía del silencio". Y está de moda en nuestra joven poesía. Y dicen que es "nuevita", aunque ya Juarroz y Valente nos habló de ella hace muchos años.

A mí me gusta la poesía decidora, no esa poesía sujeta a lo no dicho. Y peor aún a lo no concebido, a lo críptico, a lo oscuro. Esos poetas deberían ocupar diariamente las salas de los sicólogos, porque su poesía no sirve como exorcismo sino como artificio.

Por eso me gusta publicar estos libros que se lanzan de bruces, que ocupan un espacio en la vida del autor y que nos hacen sentir que todos nos parecemos un poco. Es bueno encontrarse con un verso, con uno solo, que nos haga decir "me habría gustado escribir esto".

Desirée es tímida, me ha dicho que no quiere hablar en público. Y llegó a decirme, inclusive, en mitad del parto que no quería que nazca el libro, ya cuando la sala de partos estaba lista y el ginecólogo dispuesto. Luego me dijo que no quería presentarlo, que le tenía miedo. Que salga él solo, que se vaya al orfanato del olvido –las palabras son mías, pero la intención era de Desirée-. Me lo dijo en serio. Tuve que convencerle que lo haga, que saque su poesía al público. Le recordé una frase que repetía Jorge Enrique Adoum y que en el contexto es muy decidora: "solo los locos hablan solos". Lo decía suponiendo la existencia de esos poetas que escriben para sí. Pero si lo hacen para sí, entonces por qué enseñar sus textos en un taller, por qué quererlos expulsar. Si la habría hecho caso ustedes y yo nos quedábamos con los churos hechos.

Considero que lo que tiene miedo Desirée es a exponerse. Es decir le tuvo miedo a su poesía, porque ella camina sola, llega hasta cerca de ella y cuando está en su delante, quiere sacarle la ropa, golpearle la espalda, dejarla allí en el piso, mientras su poesía sale feliz a la calle a contemplar amaneceres.

Por eso la poesía es comúnmente llamada "hija" del autor, porque es parricida, en este caso sería "matricida". Otra vez Pirandello sintiéndose agredido de sus personajes.

En fin, queridos amigos, El libro de Desirée Marín está expuesto en sus poemas. Marialuz Albuja y Galo Mora Witt son los padrinos de su primer libro. ¡Qué suerte tienes Desirée! Qué bueno que no hicimos caso a tus intenciones.

Ahora solo nos resta recibir del libro y leerlo. Y solo a él, ya no de ti. Tú ya hiciste lo que tenías que hacer y el cordón umbilical está muy bien cortado.

Ni más ni menos.

martes, julio 13, 2010

Entrevista a Xavier Oquendo Troncoso por Marío Melendez










Nacido en Ambato, Ecuador, en 1972, este autor es, sin duda, una de las figuras más sobresalientes que ha dado su país en los últimos años. Su trabajo de creador, ensayista, antologador, docente, etc, ha venido a enriquecer el acervo literario de un país que tiene en Euler Granda y Jorge Enrique Adoum sus máximos referentes.







-Has realizado una notable labor de divulgación publicando a poetas y narradores jóvenes de tu país ¿Crees que esa apuesta ya se refleja en algunos nombres con proyectos de obra y apuestas definidas?





Estoy seguro de ello. Lo que sucede es que el Ecuador es uno de los países de Latinoamérica que no ha logrado derrotar al enemigo que duerme y vive con uno mismo, que precisamente es el mismo ecuatoriano. El Ecuador no ha podido salir de sus linderos y si alguien sale, la gente lo persigue, lo acosa, le pone trabas, lo desacredita. Es un síntoma provinciano en América Latina. Por otra parte los otros países de América se han acostumbrado a que Ecuador no exista, a pasar de Colombia a Perú en el mapa y borrarnos de la tradición literaria, pese a haber tenido verdaderas cumbres de la poesía (Jorge Carrera Andrade, César Dávila Andrade y Jorge Enrique Adoum), en la prosa (Jorge Icaza, Pablo Palacio, José de la Cuadra, Humberto Salvador, Benjamín Carrión).



Mi divulgación ha sido motivacional también, es decir, mi editorial se mueve para lograr el traspaso de un novel escritor inédito a uno publicado. Y esto ha tenido varios frutos. Soy parte de una editorial alternativa y, por lo tanto, publico autores de ese tipo, apuesto por nombres nuevos, me gusta la emoción del libro con firma anónima y ver cómo ésta va creciendo, se va desarrollando.



Ya han salido varios nombres de importancia entre los novísimos de mi país





-¿Cómo te ves dentro de esta generación de poetas jóvenes latinoamericanos que han divulgado su trabajo a través de internet?





Bueno, pues, estoy muy contento por ello. Creo que el internet ha ayudado a salir, precisamente, de ese anonimato en el que vivía el Ecuador. El país estaba condenado a su nombre, a ser una “línea imaginaria”, que en realidad no existe. Es como el juego del “boom” latinoamericano sin escritor ecuatoriano, y que para ello habría que inventar uno (como lo hizo José Donoso en juego con Carlos Fuentes, del que salió “Marcelo Chiriboga”).



El internet nos ha ayudado a inventarnos a nosotros mismos, a hacernos como tal, a saber que estamos caminando por los caminos correctos, que no hemos estado encerrados en una ostra oscura y anacrónica. El internet nos ha unido a muchos poetas latinoamericanos que antes no teníamos cara, no podíamos leernos, no podíamos encontrarnos en las esquinas de nuestras sensibilidades. Era triste ver como estábamos solos, pero ahora nos damos cuenta que somos muchos y que le mundo está a nuestro alcance, que el grito es colectivo.







-Euler Granda y Jorge Enrique Adoum, son grandes referentes de la poesía ecuatoriana. ¿Por dónde va el trabajo de las nuevas generaciones y de qué manera estos autores han influenciado en sus procesos estéticos?





Además de los dos estarían otros nombres indispensables para entender a las nuevas generaciones de poetas en el Ecuador: Efraín Jara Idrovo, Carlos Eduardo Jaramillo, Fernando Cazón, Ileana Espinel, Ana María Iza y una docena más de nombres muy importantes.



Adoum fue (es) nuestro poeta referencial más internacional, logró liberarse del nerudismo con mucha solvencia, al pasar por un intransigente vanguardismo que le dio las armas para que luego escriba “El amor desenterrado”, su más bello conjunto de poemas y uno de los poemas de amor más bellos de nuestra lengua, escritos en el siglo XX.



Por otro lado Euler Granda es el poeta del “lugar común”, es decir logró trabajarlo hasta convertirlo en un recurso estilístico, tal y como lo hizo Nicanor Parra llegando a la anti poesía.



Los autores noveles siguen los dos cánones: la búsqueda referencial de una estética profunda, de un decantamiento del lenguaje, así como la poesía coloquial, con tonalidad urbana y fuerte prosaísmo. La buena poesía está en las dos ramas, sin que la primera caiga en una aparatosa cripticidad que no dice nada y que se repite en una gama de imágenes sin sentido o, con la segunda, que sería caer en el estridentismo urbano, esa poesía escatológica, muy bukoswkiana a la fuerza, muy mentirosa, muy gesticuladora. Esa tampoco vale.





-¿Con qué autores mexicanos te sientes más afín y si estás al tanto de los nuevos poetas que han irrumpido en los últimos años?





México es, luego de España, el país que más me ha influido en su poesía. Luego vendría Colombia y Chile. Y muy tarde y muy poco de Perú y Argentina.



Villaurrutia marcó mucho mis lecturas, ese poeta potente y mordaz con el lenguaje y el mensaje; y más tarde Paz con sus ensayos y su poesía me daría las pautas para caminar, como probablemente solo me las dio Luis Cernuda, cuando leí su poesía hermosa y torrencial y sus ensayos sobre la escritura poética. Luego Jaime Sabines que está del lado de los que dicen la poesía como la “inmensa” mayoría quisiera que se la diga. Su poesía es verdaderamente importante para nuestra lengua, tal vez más importante como poesía que la del mismo Paz. Es que Paz es un poeta intelectual que lo abarca todo. Paz es un monumento al pensamiento poético, Sabines es el poeta. Además he tenido la suerte de conocer y escuchar a muchos poetas mexicanos: José Emilio Pacheco y Eduardo Lizalde. El segundo más potente que el primero; el primero busca; al segundo, en cambio, le sale la poesía como producto de la intuición. Grandes los dos. Y luego están Alí Chumacero, Juan Bañuelos, Hugo Gutiérrez Vega, Marco Antonio Campos, Eduardo Langagne, Efraín Bartolomé, Thelma Navas. Además me encanta la poesía de Francisco Hernández, a quien no conozco, pero considero una voz superior. Luego está también José Ángel Leyva, José Vicente Anaya. Y luego los más jóvenes: conozco y considero mucho a Víctor Cabrera y Rocío Cerón y acabo de conocer y leer la estupenda poesía de Allí Calderón, Marco Fonz y Mario Bojorquez.





-Tu trabajo creativo de ensayista, antologador, docente, periodista, abarca mucho de una disciplina y te permite adquirir una visión más global sobre un proceso determinado ¿en cuál de estas funciones te sientes más a gusto?





Todas mis actividades en la vida me conducen siempre a la poesía. Inclusive las de carácter doméstico. Todo lo que me lleve a la poesía me hace muy feliz, y además me motiva. En este campo me desenvuelvo bien. Puedo ser un buen suscitador cultural, un organizador eficiente de cualquier actividad que tenga poesía, que esté hecho del material de la literatura. Entonces la cátedra motivadora de literatura, composición y filosofía, la edición de libros, los talleres literarios, los eventos poéticos, los viajes, las lecturas, las tertulias, todo siempre alrededor de la poesía. Las reuniones con amigos, los juegos con los hijos, el compartir un poema es una cuestión casi doméstica. Es la vida. Mis hijos viven con los libros como con los juguetes: los libros son la casa; los poetas son los visitantes a nuestro hogar. Nos encanta recibir un poeta. Hace ya años llamé a Gloria Fuertes desde una estación de trenes en Madrid y le dije que era poeta y que venía de Ecuador para visitarla. Ella dijo que esa misma tarde vayamos a visitarla en su casa, que los poetas son de la misma raza. Allí comprendí el asunto. Y desde allí amo estar con los poetas, aunque también repelo a muchos.





-En la primera parte de tu último libro Esto fuimos en la felicidad, hay un extraño diálogo entre el canon de los sesenta, vale decir, pandillas, música, carros convertibles, etc, y personajes insertos en las sagradas escrituras; aparece Judas, Pedro, Moisés, Abraham, los Bíblicos ¿De qué manera conviven estos personajes en tu imaginario?





Esto fuimos en la felicidad, mi último libro publicado de poesía, que, a propósito, se ha ganado este año una mención como el mejor libro de lírica publicado en el 2009 en el Ecuador, es un trabajo de exploración de mi etapa de juventud. Y el prototipo de la juventud en América Latina me parece que es la de los sesenta. O al menos es el prototipo de los que nacimos en los 70, y que somos desencantados, hijos del rock latino, ahuyentados de la política, de la sociedad colectiva, del grito acompañado. A nosotros, los “setentosos” nos acompaña la soledad, que es precisamente el tema que estoy actualmente desarrollando en un nuevo poemario.



Me encantan los iconos del sesenta: Allí están los Beatles y ese John Lennon que nunca podrá ser olvidado como ícono, como figura, como músico, como poeta, como postura. Allí Jean Dean, el grande, el de la brillantina y las chamarras de cuero. Allí esa magia del auto deportivo que enamoraban allí ese intencionalidad mágica de buscar a la chica en el colegio y llevarla a un cinema. Y esto en mezcla con mis íconos: la música del pop latino, el rock de Soda Stereo, el mochilero organizado que quiere comerse el mundo, el borracho intelectual que solo le importa ser un quemeimportista.



Y claro, el poemario no podría estar completo sin tener a los bíblicos: Amo la historia bíblica, sin ser religioso. De hecho creo que el gran enemigo de los hebreos siempre fueron los cristianos. Nada como Abraham y Moisés frente a Jehová, el Dios castigador; y luego esos personajes bíblicos, que quisieron conquistar el mundo buscando la tierra prometida y a la final lo encontraron, es realmente maravilloso.



Con estos pretextos recuerdo mi adolescencia, la reinvento y por ello escondo muchos parajes de mi vida para volverlos universales, como creo que todo poeta lo hace.





-¿En qué proyectos trabajas en la actualidad y cómo concilias el quehacer literario con tu mujer, también destacada poeta de las generaciones jóvenes?





En lo referente a la poesía, trabajo duro con un poemario con el que estoy contento, pero nunca feliz. Aún está crudo, pero avanza.



Respecto a mi labor de suscitador cultural afino mi Encuentro Internacional de Poetas en Ecuador “Poesía en Paralelo Cero, 2010”. Que se realizará en la primera semana de Junio. Tengo pensado invitar a 8 o 10 poetas de fuera del Ecuador y 15 del país. Además presentar una antología que precisamente se está realizando en México sobre la novísima poesía ecuatoriana y de hacer un homenaje distinto al maestro Jorge Enrique Adoum, que murió este año dejándonos un hueco grande en la Patria y en la lengua.



Además escribo lento una novela juvenil, y escribo mucho artículo de opinión y mucho ensayo literario.



Con respecto a la convivencia con la poeta Julia Erazo como mi compañera de vida, la madre de mis hijos, y la mujer de quien me enamoré hace ya muchos años es muy buena. Ella trabaja distinto a mí, es más silenciosa, tiene otra forma de organización. Ninguno de los dos nos metemos en nuestras carreras poéticas, cada uno va a su ritmo y a sus intereses, cada uno con sus lecturas y sus metas. Así convivimos en paz, además somos grandes amigos de generación. Siempre lo fuimos.





-¿Cómo ves a la actual poesía latinoamericana en relación con los grandes referentes que la precedieron?





Con inquietud, con alegría. La poesía actual en nuestro idioma es ya una referencia de todos los idiomas. Eso les debemos a nuestros grandes predecesores. Por ello no creo en el “parricidio” como una actitud de vanguardia. Siempre he creído más en los poetas que se auto exploran en sus influencias que en esos que se niegan a sí mismo y a los demás.



Los poetas actuales están hechos de la misma arcilla de los anteriores: ego en primer término, portadores de la verdad, vanguardistas consumados, raros, únicos, etc.



Sin embargo la buena poesía sale sin aspavientos, se cuaja en la realidad.



El mapa de la poesía novísima en Latinoamérica ya dicta nombres de peso. Es decir la poesía tiene un futuro prominente en la literatura de América Latina.





-¿Cuáles son tus lecturas, tus afectos, tus influencias… aquellos autores con los cuales sientes mayor empatía?





Los autores que yo amo son los poetas que escriben en mi idioma madre: el español. No puedo entender a aquellos “poetas” que dicen que sus referentes son los poetas alemanes, franceses, ingleses, griegos, etc. y que no saben el idioma en que la poesía de estos fue escrita, que no han vivido sensibilidades “exóticas, lejanas, etc. Es algo incongruente. Yo no he leído a Kavafis ni a Pound ni a Ritzos ni a Witman ni a Ungaretti ni a Pessoa ni a Celán en su idioma original, en el idioma que el poeta escucho el ritmo de su poema, en el que se sintió el silencio, la pausa, la cesura, la música, el hemistiquio, el ritmo real, solo en bellas traducciones que nunca me dirán su poesía verdadera (la que ellos vivieron, sintieron). Esos poetas “exquisitos” y mentirosos que leen latín, hebreo, sanscrito, griego y que citan a los poetas en su idioma original sin haber aprendido a leer el idioma pertenecen al mundo de la “pasarela” más que al de la poesía.



Yo amo los poetas de mi lengua: Los amo sin poses parricidas, sin que este amor real me resulte “modestón”. Como no amar a Quevedo, a Góngora y a Lope; a toda la generación del 27 (mi corazón apuesta por Cernuda, sobretodo), a Machado, a Hernández y a Juan Ramón; como no conmoverse y quedar absorto frente al peso de José hierro, de Jaime Gil de Biedma (sobretodo él en la generación de la poesía española del 50), y luego el maestro Gamoneda, y luego a los Panero (me gusta más Juan Luis que Leopoldo, aunque la mayoría diga lo contrario); y por este lado del mar amo la poesía de los mexicanos ya citados y de Borges, Gelman, Neruda, Huidobro, Parra, Gonzalo Rojas y Jorge Teiller. Adoro leer a Watanabe y a Juan Manuel Roca. Amo la poesía en castellano. Por ser tan rica, tan extensa, tan verbal, tan esencial, tan mítica y tan “cargada de futuro” como diría Celaya.





-Finalmente, y a la luz de tu experiencia ¿Qué receta darías para derrotar a la página en blanco?





Siempre les dije a mis estudiantes que la página en blanco debe ser derrotada con la letra “H”. Esta letra es muda y muchos cuentos y muchos poemas del mundo empiezan con H, porque la página en blanco con una letra como esta sigue en blanco en cuanto a fonética, pero ya no está blanca en cuando a espacio y de allí es imposible detenerse.



Luego de ello hay que afincarse en el oficio de escribir.





Aunque pienso que hay mucho novelero en la poesía: esos “poetas” que no lo son y que quieren experimentar algo nuevo.



El poeta debe efectivamente serlo. Y ser poeta es permanecer en el oficio, pese a toda la inclemencia. Pese a la condena de que no te lean. Porque en un siglo puede haber miles de novelistas, cientos de cuentistas, pero pocos poetas grandes que sobrevivan. Y a eso hay que resignarse, y pese a eso hay que seguir escribiendo, porque esto no es una cuestión de llegar a ninguna parte, sino de sacar la poesía que la vida nos ha obligado a mantenerla en el cautiverio de nuestro corazón.



Hay que escribir poesía aunque sepamos que la trascendencia no depende de la escritura de poemas, sino de la genialidad.



EL FUTBOL



Nunca me gustó el fútbol, pese a que yo debí ser un idóneo fanático del deporte de multitudes, nunca me gustó. Mi padre fue jugador profesional del deporte del balompié y mi hermano el hincha más pujante y verdadero que he conocido en mi vida. Toda la infancia, toda la adolescencia pasaron preocupados frente a mi apatía futbolera. En mi generación aún no se podía entender como a un hombre con mis condiciones genealógicas no le podía gustar el fútbol. Sin embargo terminaron respetando mis intereses un tanto exóticos. Poco a poco fui jalando el molino hacia el lado intelectual, donde era una moda no gustar del noble deporte del gladiador contemporáneo. Muchos intelectuales, artistas, escritores son renuentes frente a la cultura futbolera. Sin embargo también hay otros que como buenos artistas, el fútbol es otra de las manifestaciones culturales que les apasiona. Llámese Eduardo Galeano, por ejemplo y su precioso libro “El fútbol a sol y sombra”. En nuestro país el hermoso y bien escrito libro de Galo Mora Witt “Un pájaro redondo para jugar” es otro ejemplo de fusión literatura/fútbol.


Las idea del escritor Jorgenrique Adoum de que visitando un estadio de fútbol puedes conocer una sociedad con todas sus virtudes y sus necesidades, sus valores y sus carencias, es verdadero. Un estadio de fútbol es un micro universo. EL fútbol goza de todos los placeres que goza el arte, pero con más pasión, aunque con más inmediatez. Solo por las obras de Shakespeare o de Goethe la gente se mató en su época, y también cuando una selección no tapa un penal o no lo mete, o pierden por algún absurdo movimiento el partido. El fútbol es la vida de la mayoría de la gente posmoderna. Y esto, según “la aritmética de los placeres” del gran filósofo Jeremy Bentham es lo que uno debe busca para ser feliz.


Sin embargo, y pese a cualquier pronóstico le he llegado a encontrar con el tiempo y las aguas, cierto gustito al futbol del mundial. Porque además es fácil satisfacerse o derrotarse frente a 22 jugadores que mueven al mundo, que frente a una obra de arte. Ni más ni menos.


lunes, julio 12, 2010

EL MUNDIAL Y LA PUBLICIDAD DEL GOBIERNO

La campaña que ha salido sobre el apoyo a la ley de Comunicación por parte del Gobierno Nacional es verdaderamente genial. No solo ha despertado una suscitante polémica sobre el tema a la ciudadanía dormida que no hace más que repetir lo que dicen los “noticieros” rojos de todos los canales de TV sino que ha logrado incrementar el nivel de apoyo al Presidente de la República, y eso es lo que más les preocupa a los medios y a la oposición. Que en medio de la transmisión de los partidos de fútbol del mundial en Sudáfrica se incluyan estos espacios. Bueno, hay que reconocer que los partidos del mundial se están viendo vía directa por los canales del gobierno. Segundo, hay que reconocer que la campaña es estupenda. Realmente Vinicio Alvarado, el director de comunicación del Gobierno es un creativo verdaderamente notable. Detrás de la figura poderosa del presidente Correa hay un equipo de comunicación que no descansa. Y así tiene que ser. La comunicación es la fuerza.

Incluyo un ejemplo de lo mismo pero al revés. En una muy conocida e importante radio quiteña se está pasando con una constancia insufrible unos spots que hacen referencia a unas declaraciones hechas por Alvarito Noboa, el siempre candidato, en contra del presidente. En esta ocasión ya no es el “millonario candidato” el que interviene directamente con su voz, ahora lo hace un locutor. El empresario reta al presidente Correa a debatir con él y se declara “perseguido del SRI” y otras perlas a las que ya nos tiene acostumbrados dicho personaje político. Lo pavoroso del asunto es que estos spots se repiten y repiten con constancia y nadie dice nada. Sin embargo es esta misma radio se ataca los spots contratados por el gobierno en los canales donde se transmite el mundial.

Bueno aquí hay, a mi juicio, dos problemas: una cuestión estética y una ética. La primera: se vuelve a repetir lo mismo de siempre “los medios de comunicación o la oposición pueden hacer lo que les venga en gana, porque allí está la libertad de expresión”. El gobierno no puede hacerlo porque está atacando justamente a esa “libertad”. Suena tremendamente gracioso esto. Pero el problema estético es insufrible: imagínense la tremenda diferencia entre un spot hecho por Noboa el bananero y uno realizado y concebido por la dirección de Comunicación del Presidente Correa.

Por todo ello y mucho más creo que necesitamos urgente la ley de comunicación.

EL LIBRO DEL ENCUENTRO




El Encuentro internacional de Poetas “poesía en paralelo cero” publicó un bello libro de memorias con muestras poéticas de los participantes nacionales e internacionales.


La hermosa edición de más de 400 páginas fue editada por ELANGEL Editor y la Casa de la Cultura Matriz; el diseño en su interior fue hecho por Cristiam Hervas y la portada por Javier Valencia.


El libro contiene una selección de todos los participantes al evento. Cada selección es antecedida por una fotografía y la ficha biográfica. En una página siguiente aparecerá un manuscrito del autor. Esto se ha convertido ya en una suerte de sello del evento.


Los participantes internacionales fueron: Los españoles Eloy Sánchez Rosillo, el que en su muestra presenta el hermoso poema “La playa”, verdadera joya de la poesía española contemporánea e Isla Correyero y su poesía desenfadada y directa; José Luis Díaz Granados (Colombia) con su poesía experimental y cadenciosa; Mario Meléndez y Malú Urriola de Chile, voces jóvenes que presentan sus discursos urbanos y desenfadados; Los mexicanos Margarito Cuellar, una de las voces más firmes y actuales de su país, y Víctor Cabrera con una poesía contemporánea y urbana; Vilma Tapia de Bolivia, con un discurso poético que se sostiene en las imágenes reales de un discurso onírico y bello; la peruana Victoria Guerrero, con un poesía más desenfadada y postmoderna y la israelita Margalit Matitiahu, poeta que habla y escribe en judeo español, con una poesía diáfana con sutilezas filosóficas.


Y las voces y poemas de los ecuatorianos: Carlos Eduardo Jaramillo, María Fernanda Espinosa, Ulises Estrella, Edgar Alan García, Nelly Córdova Aguirre, Raúl Vallejo Corral, Antonio Correa Losada (colombiano, nacionalizado ecuatoriano), Hugo Jaramillo, Julia Erazo, Carlos Garzón, Carmen Perdomo, Marialuz Albuja, Siomara España, Augusto Rodríguez, María de los Ángeles Martínez y Freddy Peñafiel.


La memoria sabrá guardar esos días de la primera semana de junio del 2010 con la ayuda de este libro. Las palabras siempre serán vínculos tremendamente fuertes para guardar los momentos, las luces del instante. La palabra seguirá moviendo al universo. Y si está escrita en verso y es sincera, será mejor. Este es un libro que guarda al tiempo en las palabras.

UNA FAMILIA, UNA SEMANA

Sebastian Armas, Eloy Sánchez Rosillo, Edgar Allan García
Margalit Matitiahu y Jos{e luis Díaz Granados

Marialuz ALbuja, Carmen Inés Perdomo y Julia Erazo Delgado



Victor Cabrera y Carmina Estrada




Por dos semanas dejé mi columna de Diario La Hora abandonada porque el tiempo me quedó corto a propósito de la organización del 2do. Encuentro internacional de poetas en Ecuador “Poesía en paralelo cero” 2010. El mismo que, una vez finalizado, quedó impecable. Todos los poetas invitados llegaron al país (11 escritores internacionales y 15 nacionales); las ciudades sedes: Ciudad Mitad del Mundo, Quito, Otavalo y Esmeraldas estuvieron a la altura. El Ecuador presentó su belleza natural, su don de gente y su poesía dentro de un ambiente de fraternidad y amistad infinita.




Alguna vez, en España, la poeta Gloria Fuertes me dijo que “los poetas son cómplices y se reconocen en todas partes” y eso debe ser verdad, porque todos hicimos en una semana, una familia que no ha querido separarse, y que ahora sigue junta con los recuerdos; lo pasado no es pasado para los implicados en este encuentro de poesía sino que es el fortalecimiento de una amistad, el encanto de una nueva vida hecha con los retazos de las fotografías que guardamos.




En Quito fue la inauguración, el pregón se dio en la Ciudad Mitad del Mundo; los recitales de poesía fueron en la Universidad Central y en la Casa de la Cultura, la ciudad de Otavalo nos regaló la belleza, el folclor de nuestra artesanía (la Plaza de los ponchos de la ciudad fue un sitio clave para los poetas para sentirse sumergidos en la ciudad andina, así como la maravillosa y mítica laguna de Cuicocha), en Esmeraldas se dio la clausura, el mar nos despidió, allí el mar como testigo, luego de haber visto el canto y el baile tradicional de la provincia y escuchar el arrullo del tambor y la marimba.




Seis meses tardé en organizar este bello encuentro que duró una semana, pero que no se olvidará nunca. Para ello está el bello libro de poemas que publicamos con una muestra de cada participante.




Ahora el recuerdo y el cariño agrandarán los días del festival, hasta el próximo año en que volveré a reunir a otros poetas, y crearemos otra familia.


PUNTO DE PARTIDA






La revista “punto de partida”, que publica la Universidad Autónoma de México (UNAM) para los estudiantes universitarios, acaba de publicar un monográfico sobre la nueva poesía ecuatoriana escrita por jóvenes. La revista fue presentada en el marco del “Segundo Encuentro Internacional de poetas en Ecuador Poesía en paralelo cero 2010”. Carmina Estrada, la editora llegó hasta el Ecuador junto con los poetas participantes del Encuentro, desde México, para presentar la revista en las ciudades de Quito, Otavalo y Esmeraldas, en donde se desarrolló el encuentro de poetas.


Carmina, de origen dominicano, pero radicada en México, dijo que la revista 160 de “Punto de partida” le había resultado una aventura de exploración y regocijo por el descubrimiento de la nueva poesía ecuatoriana. Y además habló del desconocimiento del género escrito en nuestro país en México.


13 poetas jóvenes fueron los escogidos para la muestra. Tuve la suerte de ser el antólogo de este ramillete de poetas y poemas. Quise escoger nombres verdaderos y sobrios. Nada de experimentalismos baratos ni vanidades sofisticadas. Los 13 son poetas verdaderos: Pedro Gil (Manabí, 1972) inicia la antología, luego están Carlos Garzón, Marialuz Albuja, Ana Cecilia Blum, Julia Erazo, Franklin Ordóñez, Freddy Peñafiel (todos nacidos en 1972), continúa la muestra los más jóvenes Siomara España, Augusto Rodríguez, María de los Ángeles Martínez, César Eduardo Galarza y Santiago Vizcaino; cierra la selección la poeta Carolina Patiño quien falleció víctima de su propia mano a los 20 años.


La muestra se completa con las preciosas fotografías de Lorena Cordero (Quito, 1972). Verdaderas joyas de la imagen que complementan estupendamente la bien cuidada edición de la revista.


Un estudio introductorio de mi autoría da pie a la muestra. En él vuelvo a analizar la poesía ecuatoriana y me detengo otra vez en el diálogo poético con los nuevos poetas del Ecuador.


Aunque nuestro país es nuevo siempre para los ojos del mundo. Todo aún está inédito. Y por ello debemos trabajar, para enseñarle al mundo que en el Ecuador hay mucho que descubrir debajo y encima de las piedras. Allí está, siempre brillando, el oro de la poesía.

POESIA EN PARALELO CERO 2010

De izquierda a derecha: Xavier Oquendo Troncoso, María de los Angeles Martínez, Nelly Córdova, Carlos Garzón, Marialuz Albuja, Julia Erazo Delgado, Victor Cabrera, Victoria Guerrero, José Luis Díaz Granados, Siomara España, Carmen Perdomo, Mario Melendez, Malú Urriola y Margarito Cuellar

El domingo 30 de mayo se inicia el Segundo Encuentro Internacional de Poetas en Ecuador “Poesía en paralelo cero”, que concluirá el sábado, 5 de junio. Vates de España, México, Israel, Colombia, Perú, Bolivia, Chile y Ecuador serán los invitados de este año.


Cinco meses me ha tomado organizar el encuentro tratando de no dejar detalle suelto. Me he enfrentado a la burocracia de frente, sin hacerle al quite, y me ha ido relativamente bien, pero he aprendido que solo la tenacidad puede con ella. Los auspiciantes del encuentro son muchos en este año: empiezo con la Casa de la Cultura Ecuatoriana “Benjamín Carrión”, en la figura de Marco Antonio Rodríguez, así mismo Fabián Guerrero y Marta Palacios, funcionarios de la Casa merecen un reconocimiento especial. Luego están los ministerios de Cultura y Patrimonio, en las figuras máximas de las ministras Erika Silva y María Fernanda Espinosa.


He pasado por todos los estados de ánimo posibles, hasta por los más críticos, aquellos estados e n donde uno quiere botar la toalla, pero se sostiene solamente por el amor a la poesía.


Este año el encuentro llegará a Otavalo y Esmeraldas, dos ciudades bellas y distintas del Ecuador. Los poetas del mundo podrán conocer nuestro país por dentro, así como el año pasado que tuvimos la suerte de viajar por Latacunga, Ambato, Cuenca y Guayaquil, además de Quito.


La ciudad Mitad del Mundo también será sede del encuentro de poetas, con el auspicio del Consejo Provincial de Pichincha. Así mismo debo agradecer tanto al Circulo Femenino de Cultura de Esmeraldas en la figura de Carmen Rivadeneira, que se apersonó totalmente del Encuentro en su provincia, y al Municipio de Otavalo por su cordialidad maravillosa para tener a los poetas.


El Encuentro se acerca y los poetas viajaran esta semana que viene hacia la Mitad del Mundo donde podrán saborear la magia de un país que es un poema para el mundo, un poema flamante que se debe conocer para que su sensibilidad flote hacia el mar de las palabras.



La Maratón del Cuento



Está semana que pasó se llevó en Quito una fiesta verdadera de la cultura y de los libros: “La maratón del cuento” al que se podría considerar el más importante evento literario del país. No solo por su increíble capacidad de convocatoria (más de 50000 personas visitaron el sábado y el domingo las instalaciones del Parque “Itchimbia” y su emblemático “Palacio de Cristal”), sino por su extraordinaria organización. A la cabeza está Leonor Bravo, directora de “Girándula”, la institución literaria más organizada que he conocido.


Meses se viene trabajando la “Maratón”, para que nada falle y todo esté en su punto. Se produce una gran feria del libro infantil, enormemente concurrida. Además se escucha todo el día la lectura de cuentos y textos para niños y esto convoca a una gran cantidad de gente, que además de escuchar historias y poemas de los más importantes y reconocidos escritores en el género en el país, son leídas por gente de la farándula ecuatoriana, así como importantes personalidades, políticos, figuras de la TV que se acercan a esta entrañable fiesta donde se reconoce indudablemente que el niño es el ente social que más se acerca a la literatura y obliga a sus padres a leer con él y a compartir ese mundo del género.


El Ecuador, actualmente, es un país que está pasando por el “Boom” de su literatura infantil. Las grandes firmas lo demuestran: Leonor Bravo, María Fernanda Heredia, Edna Iturralde, Soledad Córdova, Edgar Allan García, y muchos otros, así como otros escritores reconocidos que han escrito para los niños, habiendo construido su obra en la literatura de adultos, como Jorge Dávila Vásquez, por ejemplo.


Recorrer el espacio del “Palacio de cristal” y sentir la energía del niño lector, que imagina las historias con los colores más vivos de su vida, es realmente maravilloso. Sentir que vivimos en esa tremenda atmósfera del niño que está buscando la historia que represente la suya, que juegue con el libro como un instrumento más de vida, es muy bello.


Una labor envidiable la que hace Leonor Bravo. Sin lugar a dudas la más alta labor que alguien ha alcanzado frente a la masificación de la literatura ecuatoriana.

viernes, mayo 14, 2010

POESÍA EN PARALELO CERO



II Encuentro Internacional de Poetas en Ecuador

El origen de los rostros


El origen de los rostros, tiene un origen que no está en su estructura. Es el origen del poeta sobre su fin: el poema. Yo estoy muy contento de ser el editor de David Sánchez Santillán, porque es la primera vez que edito a un escritor al que conozco desde niño.
David tenía 10 u 11 años, pero parecía de menos edad, cuando lo vi jugando con sus párpados, buscando las cosas y queriendo comerse al mundo. Era un pre adolescente con ganas de seguir siendo niño. Es decir, con la travesura en la punta de su corazón. Allí estaba, en el pretérito, David, riéndose, luego, cuando uno le quería tomar en serio, entonces él se hacía el serio y nos hablaba con unas frases y unas oraciones muy bien estructuradas, igual como lo hace ahora su hermano Francisco José, con esa voz segura de conocerse los zaguanes de la niñez, de saberse las travesuras y las chanzas de la vida infantil.
David era entonces lo que propiamente se podría decir, un “infanta terrible”.
Sin embargo se compuso, o de descompuso, mejor, pero nos pasa a todos. Cuando uno deja de ser niño, viene la educación, la moral y las buenas costumbres y eso nos comienza a quitar la sonrisa. La gente, en este tiempo, habla mucho de la libertad. Pero no entiendo porqué si la libertad no existe. Existe y se la siente, solo en la niñez, luego nosotros somos nuestro propio reo y creamos nuestro propio carcelero. Si no me creen, pregúntele al doctor Frankestein, que tuvo que crear un monstruo para verse a sí mismo.
Pero volvamos a David y a sus rostros: a los que conozco muchísimos.
Alguna, y nos olvidaremos ninguno de los testigos, fui a casa de mi amiga Elsy, de su madre y de David, el cual llegó enojadísimo. Me vio allí, invadiendo su espacio en plena edad del burro y no cedió. Ni me saludó. Entro furibundo, como toro de lidia. Se encerró en su ordenadísimo cuarto de la ordenadísima casa de Elsy donde el polvo, como diría César Vallejo, “se pone ya de pie”, cuando entran los dos, la limpieza tiene pies.
Fue entonces que David adolecía de adolescencia, que sin ser tautología, era una realidad. Nadie sufre tanto en la vida, como se sufre en la adolescencia, porque es donde uno descubre todo y descubrir es también renunciar, y renunciar es también aceptar, y aceptar es también olvidar y olvidar es también madurar y madurar es también empezar a morir.
Jamás creí que David iba a ser poeta, sino fuera porque conocía su casa, a su madre y su biblioteca. Y porque sabía que tenía un chispeante humor, que no es un humor ordenado, no es un humor de “te cuento un cacho”, es un humor vital. Y ese humor, y perdonen, pero no es ofensa, suele salir de una mente artística: de una mente desordenada, de una neurosis que afecta al resto. El humor convencional es como las matemáticas: perfecto, políticamente correcto, obvio. Luego de contar un chiste, el “chistoso” procede a reírse, conjuntamente con el público. El humor de David es de otro tipo. Es un humor que pende de la inteligencia sorpresiva. Es la chispa. Con ese mismo humor se escriben páginas negras. Así no más es la mente humana: disparada y disparante.
Pero fue en la adolescencia de David que convoqué hace ya muchos años, a unos talleres de lecturas dirigidas y de escritura. Muchos de los que fueron siguen escribiendo y los seguimos viendo por algunos lares. Otros se fueron por el túnel del anonimato. Y los más felices deben de estar esperándonos que salgamos del atolladero de la literatura. Pero ahí le damos.
David fue al taller y como era uno de los más pequeños, era uno de los más mimados. Además sus textos siempre asombraban. Las chicas se asustaban y le quedaban viendo con ojos golositos. Los muchachos más cáusticos le daban palmadas. Era una época muy bella, en donde la poesía era una anécdota para estar juntos. En lugar de ir a un grupo juvenil en la iglesia o a un campamento de líderes, nos reuníamos en el taller.
Allí supe que David estaba seriamente drogado por la poesía. Y luego pensé que claro, que el problema era hereditario, que eso de vivir con tanto libro, con tanto poeta alrededor, lo echo a perder al pobre. Luego entendí que si su abuela escribía, que si su madre, lo mismo, entonces había que afrontar las consecuencias. No se puede con el muchacho.
Pero el muchacho creció, aunque no tanto. Dejó listos unos poemas y se fue a vivir la vida. Quiso conocer, como diría Serrat “el fuego del licor, el brillo del dinero, el automóvil, el cine y la mujer”, como todos los jóvenes, que descubren el universo que les tocó.
Dejó reposar a sus poemas. Luego un concurso que gana, luego una frustración: que el premio no se consumó nunca porque nunca publicaron ni el poemario ganador ni nada. Luego le espera y luego la negación (esa frase contundente: “odio la poesía, odio los poetas – en ese momento los sicoanalistas estuvieses felices considerando que el rechazo en tercera persona es el rechazo a sí mismo y que la terapia de la fobia debe de curarse con lo mismo). Y, claro, como diría Hegel, luego: la negación de la negación: “Quiero publicar este libro”, quiero librarme de su fantasma, de su discurso, de su fuerza. Y aquí está. El libro y el poeta.
Soy muy feliz de ser tu amigo David. Un poco padre tuyo. Una suerte de padre legal: recuerda que cuando tu madre se iba a casar, Elsy me llevó a un juzgado o Notaría, que se yo, para que firme una carta de “curador”. Es decir que yo pasaba a ser tu cuidador, y tú mi “curado”. Vaya causales judiciales extraños. Luego fui tu hermano mayor. Y más tarde un enorme amigo. Pero hoy, justo hoy, somos todo ello y además colegas. Por lo visto, mi querido David, Tú que eres mi curado y yo que soy tu curador, no nos hemos curado nunca de esta neurosis de la poesía. Así que permite nomás que de tu brillante y doliente corazón salgan más poemas que solo pretender curar ese niño, ese adolescente que fuimos, que somos, que seremos. Ni más ni menos.

LUNAS EN EL ZÓCALO O LAS BIFURCACIONES DEL ESPEJO


En la portada izquierda del libro de poemas “Lunas en el zócalo” de Fanny Rodríguez Ojeda, publicado por el sello editorial CUATRONORTES 2010 está impresa una fotografía en color sepia en donde se refleja a la autora del libro en un espejo. El reflejo es la cara vista; la cara oculta está tapada por el cabello de la retratada. Lo interesante es que no sabemos cual es la parte real y la parte dimensionada por el espejo y eso nos produce un cierto grado de susto y encanto, a la vez.
Precisamente es la palabra “espejo” una de las formas conceptuales más reiteradas en los versos de este libro. Y lo entiendo y justifico porque creo que la voz poética de este libro quiere reconocerse en las otras vidas que pueblan la vida de cada uno de los hombres y mujeres que pueblan el planeta.
Creo que cada ser humano es el resultado de sus reflejos. Así mismo le pasó a Narciso que tanto tiempo se estuvo viendo reflejado en el estanque, hasta llegar a enamorarse de ese otro lado, de su otro yo inaccesible. Y así también lo vio alguna vez el extraordinario Lewis Caroll cuando encontró en su personaje vital, emblemático y famoso: Alicia, la otra realidad de sí mismo en “el otro lado del espejo”. Hermoso tratamiento de exploración. Saberse lleno de otros reflejos, que saldrán, tarde o temprano, como poemas o reflexiones o gestos, o sonidos a veces, muchas veces, de manera involuntaria. Hasta encontrarse con el montón de “otros Yo” que serán la realidad de ese yo único. Ya lo dijo Rimbaud: “Yo es otro”. A así parece decirnos, en esta ocasión, la voz poética y fortalecida de Fanny Rodríguez.
Fanny esperó a que el tiempo atraviese por sus textos, que pasara revista el polvo de los años transcurridos, que el verso madure, que la polución del ripio poético no deje secuela en su verso. Y parece haber tenido éxito. Encuentro que este libro está “bien fajado”, con buenas espuelas para iniciar el trabajo tesonero de buscar al complicado y sensible lector de poesía.

***

Una grata sorpresa fue leer a Fanny Rodríguez. Alguna vez la escuché en una lectura colectiva de poesía, allí la vi: seria, directa, inmersa en el verso como Alicia en el país de las maravillas.
También la escuché decir versos eróticos. Y yo, debo confesarlo, les tengo cierto recelo, cierto miedo, cierto susto al verso erótico de la mujer ecuatoriana en los años 90, porque muchos de esos trabajos dejaron de ser arte de un movimiento renovador y pasó a ser una moda. Todo poeta, en cierta época en nuestro país, le dio por cometer versos eróticos y luego salía con una clausula inconmensurable: era el nuevo inventor del erotismo, mientras que el pobre de Salomón se daba contra el monumento del “cantar de los cantares”. Si de ese grupo salió Margarita Laso, Natasha Salguero o Jennie Carrasco es porque ellas si son poetas de verdad y no buscan el escándalo, por sobre la sobriedad del amor en la intimidad.
Sin embargo, en este libro, encuentro versos eróticos de una madurez, de una dimensión distinta, con un trabajo sensorial y sin ese aspaventoso modo de gritarle al mundo que hacer el amor era o es la genitalización del lenguaje y la osadía de gritarlo escarceando los versos como pasó con muchas poetas mujeres del Ecuador. Fanny Rodríguez, dice, por ejemplo: “Te obsequié parte a parte/ el tercer pétalo de mi flor amada./ Otros se llevaron los primeros”.

***

Ya adentrándome en el libro, me encuentro con esa estrofa archi famosa de Pessoa, como epígrafe del poemario. Aquello de “El poeta es un fingidor”. En este libro entiendo muy bien el epígrafe. Reconozco que para la poeta el reflejo del espejo es una manera de fingir, de decirle al mundo: “mira como sonrío”, mientras por dentro me estoy partiendo en dos por “flama del corazón”.
Esto de escoger los epígrafes es algo realmente importante. O sirven para afectar al texto poético o solo sirven para dárselas de eruditos, pero en el caso de Fanny sirve para lo primero, para demostrar su teoría poética, para enseñar su trabajo literario.

Otro rasgo distintivo que encuentro en la poesía de Fanny en relación con la de sus coetáneos es la creación casi reiterante de versos conceptuales. Es decir que Fanny quiere decir algo con sus versos, quiere crear un diálogo con su lector, que, quién sabe, puede ser que se halle al otro lado del espejo, esperando que el discurso poético de principios de siglo XXI se reafirme y diga algo. “Decir” en poesía, no es lo mismo que “narrar” en la épica antigua o en el teatro en verso. “Decir” en poesía es ahondar en la expresión verbal, es decir reafirmar un concepto.
Ahora está de moda en los poetas jóvenes del Ecuador “la poética del silencio”, lo epigramático, lo minimalista, lo que tangencialmente dice menos de lo que quiere decir. Por eso creo que la mayoría de poetas de este país se deben sentir vacíos cuando terminan un libro “del silencio” porque no es un libro ligado a la contemplación japonesa, o al haiku debido a que el poeta latinoamericano piensa en español y el japonés en japonés.
Respecto a esto, y permítaseme la digresión, quisiera recordar a la concurrencia que estamos viviendo el año Hernandiano, como bien han titulado los españoles al 2010: el año del primer centenario del poeta de Orihuela, Don Miguel Hernández. ¡Qué grande ese poeta!, ¡Qué conceptual!, ¡Qué vivo!, ¡Qué comunicante su discurso! Y pensar que fue un pastor de cabras, y pensar que la guerra lo calló y que vivió el dolor a su máximo pulso. Y que de ello y por ello sacó, sin querer, el tono de una voz poética abrumadoramente brillante. Yo prefiero Hernández que cualquier poeta barroco. Y perdonen la sinceridad. Vivimos tiempos poéticos en los que el canon nos impone el hecho de que debemos obligatoriamente amar a Celán, a Valente, a Juarroz, al espeso barroco. Pero yo prefiero a don Miguel o a Federico o a Gil de Biedma. Tengo la libertad para decirlo y para expresarlo. Él mismo poeta Hernández nos lo dijo en ese poema poderoso: “Para la libertad siento más corazones/ que arenas en mi pecho: dan espumas mis venas,/ y entro en los hospitales, y entro en los algodones/ como en las azucenas”.

Regreso al libro. La poeta decidió dividir al libro en cinco partes. Otra vez el juego del espejo en esta división. “A los otros”, “A los míos”, “Develaciones”, “Lilith y las otras” y “Poemas de pan”.
Las primeras tres partes son muy intimistas. Las dos siguientes van de la mano del mito.
Todo el discurso poético estará espolvoreado por una constante suprema: la mujer. Lo dice la misma voz poética desde la bifurcación del espejo: “la criatura que nos habita/ es más sabia que la mujer que nos calma la sed”.

La poeta Jennie Carrasco Molina tiene toda la razón en su pequeño y lúcido texto de contratapa: “la fuerza del libro se centra en las mujeres”. Y es así, pero el discurso de Rodríguez no es fuerte desde una concepción feminista ortodoxa. De hecho, creo que si así fuera, esa sería su debilidad. Es fuerte porque es diferente. Así dicen sus versos en el poema “Anturio”, uno de sus piezas poéticas más bellas: “El lado hombre penetra en mí misma/desmantela la casa/ violenta la imagen reflejada”.

En la segunda parte del libro comienza la exploración de la voz poética. Aparecen textos dedicados a los hijos, a la madre, al padre. Ese génesis fortalecido con la más sutil figura plástica de un poema. Dice: “Serás la primera gota del río/ mientras yo sigo mi viaje al océano”. Es decir la voz poética es reflejo de otros y refleja a nuevas figuras. Así, como un laberinto borgeano.
En “Develaciones” aparece el “tú”. La voz poética maneja a la nueva persona. El hablante es femenino, el tú es un ser masculino que se pierde. Aquí está el punto de equilibrio entre las dos fuerzas. No solo la masculina y femenina, sino y el amor y la muerte, o el amor y el placer (“Nos amamos/ con los quejidos de los gatos/ que luego de entregarse se evaporan”), o el amor y la vida, o el amor y Dios (“Nadie removerá los escombros. / El oleaje destruyó también las manos de Dios”) pero siempre estará presente el amor. “Develaciones” es la parte más intensa del libro. Poemas duros y dolientes, pero fortalecidos por su belleza dan trama a este nudo.
Lilith, aquella emblemática figura de la mitología judía, a la que se la considera la primera esposa de Adán, anterior a Eva, la occidentalizada. Aquella mujer que abandonó a su hombre y se fue a buscar algo nuevo, encontrando en las orillas del Mar Rojo a sus amantes. Lilith es también la mujer engendradora de hijos con el líquido seminal que los hombres derraman involuntariamente en las noches. Esta mujer rodeada de mitos es la Diosa fértil que representa la vida en la poesía de Fanny Rodríguez. No hay duda, y se comprueba en el poemario: la maternidad cambió la vida de Fanny Rodríguez. Y obligó a cambiar también a sus versos: “Llevaste en tu equipaje vestidos de madre”, dice.

Por último están los “Poemas de Pan”, que se entremezclan con el mito y la realidad. Usurpando las vidas pasadas para que se parezcan o se repitan siempre en el presente. Y que sigan reflejándose en el espejo cóncavo y convexo del futuro.

***

Este es un libro diferente, maduro, sobrecogedor. Un libro para explorar a la mujer. A su razón de ser. A la madre que nunca podrá reflejarse en la poesía masculina. Es decir este es un poemario que solo pudo escribirlo una mujer. Y es una mujer y un espejo. Que no siempre es lo que se ve. O, incluso, que ve lo que ya no es o lo que será en el futuro.
Ni más ni menos.

MAMÁ



Ayer festejamos el día de la madre. Es decir el día del ser humano. La perfección del mamífero consiste en la madre. Antes y después de ella, nadie podría sobrevivir. La inteligencia debe ser materna, porque la convivencia con el calor de mamá es lo que nos hace ser distintos a los otros animales. Gracias a los “opalinos rezagos de la leche materna”, como bien dice el poeta, el ser humano es un cuerpo evolucionado, sujeto a una vida mejor.
Mi mamá es ambateña de cepa, se llama María Teresa Troncoso Toro, su madre, que también fue mía, se llamó Palmira Toro Navas de Troncoso. Ellas me enseñaron a vivir. Mi infancia tiene también una tía importante: Marta Eloísa Troncoso Toro. Entre ellas hicieron la vida de nosotros: seis nietos somos: los Oquendo Troncoso y las Zaldumbide Troncoso. Nos enseñaron de todo: el amor, el valor, el trabajo, Dios, lo “bueno”, lo “malo”, lo “feo”, lo políticamente correcto, lo infructuoso, es decir formaron el corazón de nuestro niño interior, el mismo que nos guiará por siempre. Y al mismo que negaremos, también. Así es la vida.
Mi madre sigue igualita que siempre, es una mujer vanguardista de pensamiento. Una mujer contemporánea. No se quedó arrimada en las creencias del pasado, siempre fue rápida y práctica, siempre ha estado al pie de sus hijos, esperando el llamado.
En estos últimos tiempos, mamá ha tenido que afrontar y acompañar la enfermedad de papá. Y papá ha vuelto a vivir gracias a mamá. Es decir que madre no solo es eso, madre es esposa también y es compañera.
Así como yo, que tengo a mi lado a Julia Erazo Delgado, con quien vivimos hace 10 años casados, pero a quien conocí hace más de 20 y desde allí hemos permanecido juntos. Julia es mamá de Juan Javier ý José Julián Oquendo Erazo, mis hijos, dos niños de 9 y 7 años respectivamente. Ellos están haciendo y deshaciendo el mundo con el niño que son y que llevarán por siempre. Este niño formado por la perfecta mano de escultor de una mamá. Del mejor ser que desde siempre fue mirando la evolución del mundo y fue creando la belleza, el futuro y la maravilla de vivir.
Dios debería ser mujer. Y debería ser madre.

ARTIEDA Y LAS EMOCIONES


A Fernando Artieda lo conocí hace años en un recital de poesía en Quito. Cuando salía al escenario con su voz de huracán dejaba sin respiración a los escuchas. Nunca hablé nada con él. La última vez que lo vi, ya en una silla de ruedas y casi sin poder hablar, yo y él y todos los que estábamos por allí, teníamos el “corazón en la boca”. Un hermoso homenaje que preparó la Casa de la Cultura Matriz, junto con la presentación de su obra completa en la Colección “Poesía Viva”, más un emblemático acto de amor nos puso el alma de mistela.
Todos lloramos un poco, porque todos vimos llorar a Fernando de emoción: sus hijos estaban allí, leyéndolo como si fueran sus parlantes, mientras que Artieda lloraba porque se había quedado sin voz, luego de que hace ya muchos años, su voz ocupaba todos los auditorios y nos hacía llorar ante su desmedido talento de recitador, pero las emociones habían cambiado. Ahora salían las lágrimas porque su voz había dejado de tronar, era como si le tocara entregar la posta a sus herederos. Ahora Lenin Artieda (además, un excelente periodista) leía los poemas de su padre, tratando de alcanzar esas notas hermosas que el viejo Fernando alcanzaba cuando le cantaba al Guayaquil cantinero y rockolero, cuando salía la voz corto punzante de Jota Jota en su poema monumental sobre la muerte y el velorio del héroe de la canción popular de nuestro país.
Artieda será grande porque fue original, Nunca quiso escribir como los “exquisitos”, nunca se hizo el estrecho (solo, tal vez, cuando protagonizó esos malos tiempos para la política, con Abdalá Bucaram, a quien también hizo hablar a través de su vozarrón inteligente), nunca se negó a sí mismo, cambiando su estilo o desdibujándose en el sensacionalismo de lo críptico. Es decir, nunca fue “políticamente correcto” ni en la vida ni en la muerte. Hoy lo perdimos, pero siento que ya lo perdimos antes, cuando su enfermedad lo atrapó en las fauces de su silencio. Silenciar a Artieda siempre será difícil, porque su poesía quedará fresca allí, para ser entendida por las grandes masas. Además su poesía ha sido musicalizada y ahora suena a ritmo de trópico. Si Jota Jota viviría él también cantaría al Ronco Artieda.

LOS LIBROS Y LA NOCHE


La semana pasada estuvo repleta de lecturas de poesía, concursos y homenajes a propósito que el mundo festejó el “día del libro”, el 23 de abril recordando la coincidencia de los fallecimientos de Shakespeare y Cervantes, además de la del cronista peruano Garcilazo de la Vega. Extraña y mítica fecha en la que los dos idiomas se juntan para darse la mano. La figura del libro y la rosa también se repite en estos días de emoción, donde el libro triunfa y, sobre él, la palabra.
Francia celebra “La fiesta de la poesía”, la Alianza Francesa festejó a lo grande con sendos programas donde el público se acercó a las lecturas de poemas, y los escritores pudieron compartir su trabajo en diferentes sitios, quitándole la formalidad consabida a aquellos actos poéticos y literarios y volviéndolos más cercanos a la gente común.
En Guayaquil, el día 23 hicimos una hermosa lectura un grupo de 10 poetas nacionales, organizado por la Casa de la Cultura Ecuatoriana Núcleo del Guayas. El encuentro al que acudimos para celebrarle al libro su cumpleaños, se llama “el Voz a vos”. El título hace referencia al formato que se usa para presentar a los “vates”. Una pareja pasa al escenario y alterna su lectura. En esta ocasión, inclusive, se pudo conversar con el contertulio, de una manera más fresca y espontánea.
Simón Zavala Guzmán, Piedad Romoleroux, Catalinas Sojos, Iván Oñate, Julia Erazo, María Leonor Baquerizo, Augusto Rodríguez, Manuel Zabala Ruiz, Rosa Amelia Alvarado y quien escribe la presente columna fuimos los invitados.
Bella noche de poesía en el puerto, recordando el poema de los Dones de Borges, que comienza diciendo, justamente el sentimiento que todos teníamos en ese momentos: Nadie rebaje a lágrima o reproche/ esta declaración de la maestría/ de Dios, que con magnífica ironía/ me dio a la vez los libros y la noche.
Leímos los versos y nos sentimos más cómplices, más pendencieros del amor a las palabras y a los libros que ya han poblado con sus hojas el mundo entero y que nos hacen felices, porque gracias a ellos el poder de la palabra se contiene en el tiempo, y en el espacio y permanece con su sabor original.

LA LIBERTAD Y LA SENSURA


Mucho se habla en este tiempo de la censura y la libertad en la comunicación y en la vida en general. Es como si en estos momentos y en este gobierno se haya atentado a todo: y antes, en los tiempos pasados donde para mucha gente “vivíamos mejor” éramos un país libre como una selva de pájaros donde el límite solo es el infinito. Ahora que supuestamente somos una “jaula” en donde nos cortarán la lengua es bueno reflexionar sobre el tema. Una parte de la población se siente censurada por los nuevos planes del gobierno. Antes otros nos sentíamos censurados. O peor aún, otros no tenían ni censura porque su voz no existía. Es decir que la censura es un lugar común, algo omnipresente, nunca habrá libertad, porque la libertad no existe.
Hace unas semanas un periódico que es parte de la campaña de “más respeto” (su símbolo es una “manito” que “la gente comprometida” la adhiere a los parabrisas traseros de los autos para indicar que están en contra del gobierno), me pidió un comentario sobre ello. Titulé a mi reflexión “La libertad del solitario”:
Solo en el poema está mi libertad verdadera. En lo demás siempre hay una imposición social. Solo en la soledad se puede llegar a ser libre. Todo lo demás, desde el trabajo del sobreviviente hasta la risa, son manifestaciones de más de uno. Ese es el precio de la libertad y de la creación. El acto de la escritura es un acto de ostras. En ella, en la soledad y en la creación, se practica la verdadera felicidad. Esa que permanecerá, pero que no podrá ser duradera, porque el cuerpo y el ser exigen que la sociedad entre a formar parte de esa felicidad pasajera. No existe la felicidad completa, existen las felicidades. Estos actos de convivir con el ser de uno. De allí que “El hombre es la casa del ser” de Heidegger. Solo en esta permanencia con la soledad se puede alcanzar el ser legìtimo. Pero el mundo está hecho de palabras, y las palabras nacen de la convivencia. Y sin palabras no existiera la poesía, por lo tanto la libertad humana está condenada a ser una condena.

jueves, mayo 13, 2010

EMILIO PALACIO Y SUS “BUENAS INTENCIONES”

El caso Emilio Palacio ha hecho reflexionar al país, no solo sobre la libertad de expresión y sus ilimitadas posturas, sino también sobre las intenciones que tienen las palabras de acuerdo a “la actitud del hablante” que en este caso sería del “escribiente”. Se dice siempre que “no existen las malas palabras, sino las malas intenciones”. Me pregunto si el señor Palacio necesitaba utilizar el término “matón” para tener “malas intenciones”. ¡Pero, si todos sus artículos son intencionados!
El 4 de abril en Diario Hoy, el periodista colombiano Omar Ospina publicó un brillante artículo sobre el tema que no puedo dejar pasar por alto debido a su claridad y objetividad. El editorial hace un análisis sobre el caso Palacio y “la retahíla de insultos que, según la investigación de Mauricio Rodas Espinel de Gobierno Responsable, profirió durante 2009 el presidente de la República en sus cadenas sabatinas”.
Ospina dice: “Encontré, entre los 171 insultos del mandatario, siete injuriosos mas no denunciables pues no tienen un destinatario único sino varios. Hallé también seis improperios individuales injuriosos y quizá calumniosos, mas no identifico a los destinatarios…”.
Luego Ospina continúa con Emilio Palacio: “Palacio trata de "matón" (abusador) al señor Samán, y le endilga acusaciones que sugieren comisión de delitos: que se ha enriquecido de la noche a la mañana inexplicablemente; que forma parte de una mafia; que dispone a su antojo, con la familia del presidente, de los fondos de la CFN. Esas son acusaciones graves que implican delitos y asociación para delinquir. Debía denunciarlo con pruebas. Al no hacerlo, debe responder como prescribe el Código Penal, puesto que se pregona innecesaria cualquiera otra rendición de cuentas”.
Creo que Omar Ospina tradujo lo que yo pienso de tal manera que me quedo sin palabras frente a su artículo. Nada más que decir. Sin embargo Emilio Palacio me ha enseñado algo: que la gente debe insultar con “buenas intenciones”, todo sea en nombre de la “libertad de expresión” que para Palacio viene a ser lo mismo que libertad de intención. De la que ¡Dios me libre!

“¿QUIEN ME PRESTA UNA ESCALERA,/


Para subir al madero/ para quitarle los clavos/ a Jesús el nazareno?”, así reza una saeta popular española que quiero recordar a propósito de estos días de la “semana santa”. Una época para aprender más.
He visto en la TV dos importantes programas sobre la crucifixión de Jesús. Y me he puesto a pensar en el propósito de estos programas totalmente científicos donde se explora el hecho de la muerte con la cruz, y cómo fue posible que esta arma romana tan genocida y brutal, pudiera pasar a la historia como el símbolo del cristianismo. Pero además, en los dos programas, estupendos, pude también detenerme a pensar sobre los otros miles y miles de crucificados que ha habido (y siguen habiendo) en la historia de la humanidad.
El castigo mortal de la crucifixión tiene, según han dicho los expertos, más de 3000 años. En la cruz se asesinaron masivamente a los desobedientes de la ley y se los dejaba colgados por razones intimidatorias, para que su cuerpo, expuesto al pueblo, sea el símbolo de lo que podría suceder si pasaba algo parecido a lo cometido por el asesinado en la cruz. Me enteré que la cruz, luego de que fue símbolo de la religión cristiana, fue también arma en países como Japón y la Alemania nazi, que crucificaba a los judíos y los mataba de asfixia. Y no hay que olvidar el terrible y espeluznante capitulo del Ku klus klan con su sentido racista y sus cruces encendidas como en las primeras épocas de los cristianos en Roma, cuando los romanos los crucificaban boca abajo o los quemaban en la cruz.
Todo esto me ha dejado golpeado. La ciencia investiga la muerte de Jesús y cómo se dio efectivamente su muerte, cómo debe haber sentido los dolores, los estragos al estar colgado en una cruz, clavado y esperando la muerte que no llega inmediatamente.
Por ello, cuando uno quiere pensar en Jesús de Nazareth y en su mensaje social; en su aporte enorme para los seres humanos, pienso, como dice Machado: ¡No puedo cantar ni quiero/ a ese Jesús del madero/ sino al que anduvo en la mar”.

UN QUIJOTE MÁS


Los verdaderos gestores culturales del Ecuador son muy pocos. Están siempre galopando el caballo enfermo del Quijote de la Mancha. En la literatura se encuentran muchos menos: la literatura es siempre más ingrata, menos “comercialmente” correcta, más amparada en el espíritu que en cualquier cosa.
Conozco un gestor cultural intenso y verdadero. Se llama Aníbal Fernando Bonilla, nació y vive en Otavalo, es actual Concejal del municipio de su ciudad. Trabaja siempre en nombre de la cultura y de las artes. Trabaja siempre con la brújula del artista. Deja a un lado el reloj. El mismo es un artista. Hace pocos meses acabó de publicar dos libros: “Contextos: artículos de opinión” y “Liturgia del ensueño” un breve e intenso libro de poemas donde figuran versos como estos: “Hablamos/ desde la moribunda memoria,/ irónicamente,/ desde el silencio/ de nuestras ideas”. De él, ha dicho el poeta colombiano Felipe García Quintero que “se constituye en una de las voces jóvenes más promisorias de la nueva poesía ecuatoriana”. Éste es ya su cuarto poemario: lúcido, diversos, minimalista, cada vez más decantado, más purista, y más vanguardista. Cada vez más decidor. Y está también su libro compilador de varios de sus artículos escritos en los más importantes periódicos de su provincia. Artículos de mucha solvencia intelectual, de mucho tesón y gran factura intelectual. Por las páginas de este tomo bellamente editado pasan: El Che y Benjamín Carrión; Leonidas Proaño y Eduardo Kingman, Salvador Allende y Guadalupe Larriva. Es una pluma comprometida la de Fernando Bonilla. Y el compromiso no es solo con el lenguaje o con su obra literaria, sino con la obra y la palabra de los demás. Generoso, logra verificar los caminos por donde pasaran los otros quijotes y los Sanchos de su patria. Bonilla siempre está trabajando por los demás, es un gestor tesonero, de enorme y verdadera humildad franciscana.
Seres así necesitamos para estos tiempos donde el común de los mortales nos agobia con su ignorante consumismo.

PARA MI LIBERTAD


La semana pasada, en la brillante columna de diario El Telégrafo de los días martes, la escritora Lucrecia Maldonado publicó un bello y doliente texto sobre Miguel Hernández y Joan Manuel Serrat, a propósito del nuevo disco del maestro catalán con nuevos poemas musicalizados del emblemático poeta que este año cumple 100 años de su natalicio.
Lucre y yo amamos muchas cosas similares. Lo amamos a Serrat, por ejemplo, pero llegamos a él por distintos ojos: ella lo amo en los 70, yo lo idolatré en los 90. Ella conoció canciones que yo nunca conocía, sino en exploraciones tardías, luego de años. Yo amé muchas de las canciones que ella no ama.
Los dos grandes maestros forman un dúo poético musical inolvidable. Nadie ha podido quedarse firme luego de escuchar “Elegía” o “Las nanas de la cebolla” y “Para la libertad”.
En España se ha llamado a este año el “Hernandiano”, dedicado al hombre modelo de los hombres buenos, de los hombres luchadores de verdad. A don Miguel le fueron quitando la vida de poco a poco, con el máximo grado del dolor; con ese mismo dolor templado y distendido escribió los más bellos poemas. Ahora, en este tiempo en que se habla tanto de libertad, en que se cree que ser libre es vivir en el país del libre comercio, la libertad de verdad es la “de mercado”. Tiempo en donde el país de la estatua de la libertad asesina e interviene en toda disputa, en toda guerra, en toda cuestión. Época de una ironía perversa en la que se cree que la libertad se nos va de las manos por decretos, es bueno leer y recordar a Don Miguel Hernández: “Para la libertad sangro, lucho, pervivo.
Para la libertad, mis ojos y mis manos,/ como un árbol carnal, generoso y cautivo,/ doy a los cirujanos”.
Cuando Serrat canta esta canción, efectivamente uno siente esta grata armonía entre el espíritu libre y el arte. “Solo el arte os hará libres”, parece decirnos una frase popular, pero yo creo que la libertad verdadera no existe. Somos condenados por nosotros mismos, y no escaparemos nunca.
Maestro Hernández, tú que viviste la condena para reconocer efectivamente la libertad, eres el poema que necesito para seguir : “Porque soy como el árbol talado, que retoño:/ porque aún tengo la vida”.