sábado, noviembre 28, 2009

Hurgando por la página intangible del Himno Nacional




“Marchemos, hijos de la patria, Que ha llegado el día de la gloria/ El sangriento estandarte de la tiranía/ Está ya levantado contra nosotros” (...). Así dice, la traducción de los primeros cuatro versos de La Marsellesa, el famoso himno de Francia, que fue compuesto a fines del siglo XVIII, cuando la Francia decidió adelantarse a los otros reinos y pasar a ser República. Pero su canto se prohibió en varias ocasiones. En la época del Imperio y, más tarde, en la Restauración de la República, quien osaba cantar la Marsellesa era sospechoso de amar a la Patria. Quien pretendía cantarlo, quien le daba duro a sus versos, con la voz, era un insidioso. La Francia tuvo que sufrir a su himno, someterlo al dolor de la negación. Y es que solo lo que se niega existe. Lo que se afirma sin conocer, nunca será conocido. Hay que dudar de uno mismo, de lo que se canta, de lo que se come, de lo que se vive, y luego sí, como diría el buen Descartes, que, a propósito, era francés: existe, existo, existimos.

Hago esta reflexión con el propósito de pensar en nuestro Himno Nacional y en su contexto, en su forma, en su interpretación. El himno de un país debería ser su radiografía, su pasado con proyección al futuro, o su misma piel.

Cuando la genial Edith Piaf, la gran cantante francesa, interpretó La Marsellesa como si se tratara de una canción popular, toda Francia se encendió en fiesta. El himno había vuelto a nacer en los labios de la pequeña gorrión. El himno se alzaba como una muralla y los franceses se sentían más franceses que nunca, mientras las notas se desgajaban desde esa voz acorazonada.

Empecé contándoles la experiencia de Francia y su himno, no solo porque es maravilloso, también porque fue una canción prohibida, por la que murieron muchas personas en nombre de la igualdad, la libertad y la fraternidad. Por ella, por su canto, por su fuerza, cayeron reinos, estalló la guerra, los fascistas quisieron hacer “arder a Paris”. En 1945 volvió a ser interpretada por Piaf. La melodía llegó triunfante y encendió la paz.

Lo hago también porque siempre, en nuestro país, se ha dicho aquella frase entre hilarante y patriotera que “nuestro Himno Nacional es el segundo más bello del mundo después de La Marsellesa”. Pues bien, primero les pregunto: ¿Alguno de ustedes asistió al concurso de señor Himno? ¿Lo vieron por TV? ¿Salió la noticia en la prensa de que un grupo de expertos hímnicos se reunió en Praga, en Bruselas, en Roma, en Nueva York, en París para escoger el mejor himno, y luego salió el veredicto escrito con letra de oro: el primer lugar es para Francia y el segundo es para Ecuador? ¿Cuál habrá sido el tercero?
Debo decirles que todos los países de América Latina consideran que su Himno Nacional es el mejor del mundo después de La Marsellesa. Pregúntele a un mexicano, a un colombiano, a un peruano, inclusive a un español, que, aunque su himno no tiene letra, el canturreo, el tarareo, supuestamente tiene la misma distinción que tiene el nuestro. O será que acaso nosotros ganamos en algún año remoto y el concurso se sigue dando secretamente y se entrega cada año a alguna nación, dejando el invicto eterno para Francia.

Siempre he creído que lo que se embellece por la fuerza pierde su belleza porque pierde su fuerza.

El Himno Nacional del Ecuador no necesita de concursos. Realmente es un Himno hermoso. Para muestra veamos quiénes son sus autores:
Antonio Neumane nace en Córcega, Francia. Sus padres son alemanes. Estudia en Milán. Fue director de coros en Chile y Perú. Finalmente se aposentó en Guayaquil, en el barrio de las Peñas, en 1841, en la misma casa donde alguna vez se alojó Simón Bolívar. En 1870 Neumane toca el Himno Nacional del Ecuador en la plaza de la Independencia de Quito, siendo, él mismo, el director de orquesta. Su currículo no tiene precio. El Himno fue hecho para que otro artista escriba, sobre sus notas, la letra que le haga vibrar. Y se escogió a Juan León Mera, figura indiscutible de la literatura y de la política. Fundador y primer presidente de la Academia de la Lengua del Ecuador. Finísimo, conservadorísimo, cultísimo y ambateño -sin el ísimo-, porque se creía españolísimo hasta la corona. Amaba a España y además, al igual que una gran cantidad de gente de su época y de todas las épocas, vivió absolutamente convencido de que el mestizaje pasó por todos los ecuatorianos, menos por él y su familia.

Ese fue el dúo dinámico que creó nuestro Himno.

Ahora bien, permítanme decir algo de la música. Para ello me referiré a una cita del maestro Segundo Luis Moreno que se encuentra en el libro “Ecuador: señas particulares” de mi querido Jorge Enrique Adoum, en la que hace un análisis comparativo sobre las complicaciones de nuestro símbolo musical patrio, refiriéndose a la duración de los compases:
Cito: “mientras los himnos de Gran Bretaña, que consta de catorce compases en tres tiempos, el de Alemania Occidental (de dieciséis), el de Estados Unidos de Norteamérica (de veinticuatro, en tres tiempos), el himno Nacional del Ecuador contiene ¡noventa y tres compases!, a cuatro tiempos, con sus repeticiones”.
Aquí constatamos, entonces, la dificultad para la ejecución de la música del Himno. Un Himno escrito con sonido europeo, un Himno que se sostiene en el linaje de Neumane. Nuestro Himno suena a Europa, se lo podría ejecutar en el Liceo de Barcelona, en el Teatrum de Milán, o en la ópera de Viena. No envidia a ninguna sinfonía, cada sonido es perfecto, aunque no suene ni una quena ni se le escuche al rondador, aunque el trino del Reyno de Quito se nos borre por un momento y seamos la Alemania o la Francia de Neumane… Y que conste que la culpa no es de Neumane, el maestro franco-alemán, Director del Conservatorio de Música de Quito. Él hizo un himno con mayúsculas para un país andino que no tenía esa tradición musical, sino otra, igual de respetable. Nosotros tenemos más de pájaro del páramo. Sonamos a trino húmedo de los bosques tropicales, más que a la solemnidad de las Europas; pero ahí le damos, debemos cantar para que se nos escuche como a los niños cantores de Viena. Habría que hacer énfasis en lo que implica la interpretación coral.

Sigamos leyendo a Jorge Enrique Adoum:

Cito: “Está también la dificultad de cantarlo no siendo un país de tenores (…) De ahí que, pese a la buena voluntad y al esfuerzo de quienes lo cantan, pocos llegan a la nota exigida en el compas 14 (…)”

Dicho compás recae en aquel verso que dice “y otros héroes que atónito el mundo”.

Continúa Adoum: “El maestro español Carlos González Arijita presentó en 1968 un arreglo coral (del himno) que lo volvía más humano, pero el presidente Otto Arosemena Gómez dictaminó que el Himno Nacional es intangible y el maestro innovador fue llevado a la cárcel.”

El Himno Nacional está hecho para interpretarlo en sol mayor y cantarlo en fa mayor. Sin embargo, se le rebajó un tono y ahora se lo canta en mi mayor porque según ha dicho el músico Mario Godoy: “se adapta mejor al registro de la voz humana”.

Si los franceses cantan La Marsellesa con toda la granada de su pulmón lo hacen también porque pueden hacerlo. El himno francés no tiene las complejidades del nuestro. Claro, no todos los franceses son Edith Piaf y, desde luego, nosotros tampoco somos el coro de ángeles de Nuestra Señora de París.

Alguna vez escuché a la querida y brillante soprano ecuatoriana Beatriz Parra decir, con cierta agitación en su voz, que no es lo mismo cantar en Quito que en Guayaquil. Nuestro Himno tiene tonos tan altos que en muchas ocasiones debemos parar para tomar aire. Todo esto, mientras cortamos las palabras.
-Fíjese como decimos “Dios miró ia cep to el ho lo ca a a a aausto”-. Es que, amigos, cantar el Himno a 2800 metros sobre el nivel del mar, no es, nunca será lo mismo, que cantarlo al nivel del mar con todo el oxígeno a disposición o entonarlo en las campiñas francesas donde la tierra no está a más de 600 metros sobre el océano. Nuestro Himno no es apto para cardiacos.

La polémica sobre el Himno ha dado pie a grandes enfrentamientos, por ejemplo, el hecho de que los versos del Himno Nacional de Mera, cuartetos de 10 sílabas métricas perfectas, no se adapten a la música, de modo que suena más el ritmo musical que el sonido de la palabra. Por ejemplo, “que atónito”, expresión formada por un pronombre relativo y una palabra esdrújula que no rima con facilidad, a “algunos” les suena como “que a todito”, o ese “vio en tu torno a millares surgir”, no sé porqué “algunos” insisten en cantarlo como “vio en su torno a millares surgir”.

Para finalizar quisiera hacer unas últimas consideraciones. Cantamos solo la segunda estrofa, sin tomar en cuenta que cuando uno empieza algo no desde el principio, sino desde lo que nos conviene, algo falla. Al suprimir la primera estrofa del Himno y cantar desde la segunda, no sabemos por qué motivo derramaron su sangre esos héroes que el mundo “atónito” vio y contra quién combatieron, por qué causa, cuál fue su hazaña.

Lo que más me seduce del poema patrio de Mera es como le trata a la Patria: le tutea, le habla de “tú”, “te impuso la ibérica audacia…. Qué pesaba fatal sobre ti… de vengarte del monstruo sangriento… oh Patria, tu libre existencia/ es la noble y magnífica herencia/ que nos dio el heroísmo feliz:… te aclamaron por siempre señora/ y vertieron su sangre por ti… vio en tu torno a millares surgir”. Eso es lo que más me gusta, que el poeta vea a su Patria como una verdadera madre, pareciera que Juan León Mera le estuviese diciendo a la Patria -si hubiese nacido en estos tiempos- algo así como: “Ma… te quiero… Gracias, Ma, por darme de comer, gracias porque todos los días puedo ver el Pichincha desde aquí. Y perdóname por negarte, por despreciar tu música, tu llapingacho, tu paisaje. Sabes que yo siempre vuelvo a ti, Ma, soy el hijo pródigo que regresa a la orilla de tu pecho, “tu pecho reboza… más que el sol”.

Siempre recuerdo una hermosa película argentina-española de Adolfo Aristarain. En ella aparece Federico Luppi interpretando a un padre viejo de nacionalidad y acento argentino y que habla con su hijo, al que ha invitado a vivir unos días con él, en Madrid. El joven llamado Martín extraña mucho su país y le dice a su padre que quiere volver, pero su padre no quiere que se vaya. Entonces él le dice: “Hijo, la Patria no es el territorio, el Estado, las ciudades, la geografía… La Patria es el barrio, son tus amigos, tus recuerdos de la niñez, tu idioma, tus travesuras. La Patria la haces tú, tú no extrañas Argentina, extrañas la Patria que alcanzabas a ver desde tu ventana, los alambres de luz en donde se aposentaban las palomas…”.
Y es verdad, la Patria debería ser más cercana. A pesar de tener un Himno perfecto y nuestros pechos “en férvido grito”, como dice otro himno, no avanzamos a demostrar todo el amor. Nuestro Himno es bello, aunque me gustaría que sea más sencillo, más decidor, más contemporáneo, menos doliente. Así, como una canción hermosa de Silvio Rodríguez que se llama “Madre” y que dice:

Madre, en tu día,
no dejamos de mandarte nuestro amor.
Madre, en tu día,
con las vidas construimos tu canción.

Madre, que tu nostalgia se vuelva el odio más feroz.
Madre, necesitamos de tu arroz.
Madre, ya no estés triste, la primavera volverá,
madre, con la palabra “libertad”.
Madre, los que no estemos para cantarte esta canción,
madre, recuerda que fue por tu amor.

Lo bello de esta canción es que la madre a la que se refiere el cantautor no es su madre biológica, sino su país. El país que le da de comer, el país que le da de vivir.

Ni más ni menos.



Quito, 26 de Noviembre del 2009

LA LEY DE CULTURA ES UN CICLOPE




Imaginemos que soy un gestor cultural y deseo pedir apoyo, auspicio, ayuda, financiamiento al Sistema Nacional de Cultura, que aún no existe, pero que está a las postrimerías de su nacimiento. Tengo un proyecto entre manos y me acerco al sitio en cuestión, donde la burocracia funcionará con su espesor de siempre y su ignorancia común.
Llego y me encuentro con alguna persona a la que no le simpatizo, con quien no tengo química. Entonces ésta decide ponerme las trabas necesarias para que mi proyecto no salga. El documento va de departamento en departamento, no sé qué pasa, no logro comunicarme con nadie. Quisiera hablar con el Ministro, pero nunca está, es difícil encontrarlo. Quiero hablar con alguien que me haga saber que el trámite está caminando. A la final me canso, me desobligo, y decido acudir a otra institución cultural autónoma, pero ya las autonomías se acabaron. Entonces me quedo con el proyecto aislado de participación, todo porque una ficha del gran ajedrez del nuevo sistema Nacional de Cultura impidió mi paso, entonces como no hay nada más que hacer, ya que acabaron con mi aliento, me desobligo y me voy.
Esto puede pasar si las autonomías desaparecen. Si la Casa de la Cultura, por ejemplo, deja de ser gestora de su propia historia. No estoy de acuerdo en absoluto en esta ley que aglutina al aparato de cultura a un solo lado. Eso significaría unidiversidad, absolutismo cultural.
El Ministerio de cultura debería ser una suerte de ministerio de finanzas de la Cultura, nada más. Ya hemos sido testigos de la inexperiencia de dicha institución. Mucho dinero y poca eficiencia. Desorganización espantosa. Con tantos trabajadores en el ministerio y no hay nadie que informe, que ayude, que guie.
Estoy decepcionado. La experiencia de la Casa de la Cultura es otra cosa, son 65 años de haber trabajado, de haber labrado una tradición, una historia. Con grandes falencias, pero con mayor eficiencia. No permitamos que la Casa se convierta en un instituto ramplón, manejado por un cíclope de visión corta y única.
Apoyo incondicionalmente a este gobierno, pero no estoy de acuerdo con el Sistema de Cultura que se propone en la Ley.

martes, noviembre 17, 2009

EL GOBIERNO Y LA LUZ

A partir de los cortes de luz que estamos sufriendo en el Ecuador por la sequia, debido a que la lluvia no se hecho presente en estos tiempos de invierno soleado, los ecuatorianos hemos tenido que ser testigos de una campaña mediática en contra del gobierno. He escuchado, entre otras, las siguientes perlas dignas de la ignorancia y la mala intención:
1. “Correa es el culpable de que nos quedemos sin luz. No podemos vivir con este gobierno que no hace nada porque llueva. ¿Por qué no pensó en el nivel de agua de la represa cuando comenzó a mandar?, ¿cómo no se dio cuenta de que no llovería, si era más que obvio que el invierno no iba a llegar al país?, porque ahora ya no llega nada desde que este presidente comunista nos quita hasta la luz; los países comunistas son grises, sombríos, nada luminosos, en cambio, los capitalistas son llenos de foquitos de colores.”
2. “Correa no solo nos va a matar con sus cortes de luz, sino que también nos va a envenenar, debido a que las carnes que se descongelan en el corte, y entonces cuando preparemos esas carnes venenosas moriremos intoxicados por culpa de Correa.”
3. “El gobierno va a traer energía desde el Perú y va a pedirle a los países amigos que le presten energía. ¡Qué iras! ¡Por qué más bien no les piden a los que Correa considera enemigos! ¿Por qué tiene que ser Venezuela, Irán, Rusia… los amigos! ¡Tiene que ser igual que siempre… pedir ayuda a los gringos! ¡Ayúdennos a que vuelva la luz!”
4. “Sudamérica entera sufre de sequía. En Brasil y Paraguay sucedió algo parecido… Correa ha culpado a los otros gobiernos, pero ellos no tienen la culpa. Correa es el que adrede nos da oscuridad. ¡Esto es Edad Media, es retroceso! ¡Auxilio!”
Me quedo corto aún con lo expuesto. Lo cierto es que el Ecuador ha dependido del agua siempre y la sequía y el cambio climático nos agarró desprevenidos. Para ello, este gobierno está trabajando en un macroproyecto a largo plazo, por el momento hay que ahorrar luz e incomodarse. No nos queda más.

lunes, noviembre 09, 2009

BERLÍN Y EL MURO EN SEIS TIEMPOS



1. Hace un año estuve en la hermosa y extraña ciudad de Berlín, y todos los días atravesé el muro imaginario que 20 años atrás fue destruido y que supuestamente volvió a “unir” al mundo.
2. Hace 20 años, el 9 de noviembre de 1989, los berlineses del este y del oeste se juntaban otra vez. Los alemanes occidentales los recibían con luces y calefacción; los orientales dejaban a un lado el gris de su color. Eso nos decían los medios de comunicación de occidente. Los de Oriente no se manifestaban. Creíamos que la felicidad del occidente era la única posibilidad de vida.
3. Hace 30 años yo veía en la TV las series norteamericanas con las que crecí. Los súper héroes de mi época eran el hombre y la mujer biónica, ellos siempre lucharon en “la guerra fría”, siempre entraban y salían del “cordón de hierro” que separó al capitalismo del comunismo, para salvar al mundo de las garras rusas. El mundo estaba polarizado y mi niñez la viví suponiendo que pronto vendría la tercera guerra mundial y que en Berlín se originaría esta guerra, ya que los ejércitos enemigos estaban literalmente, al otro lado.
4. Hace 48 años construyeron el Muro de Berlín. El asunto suena antiguo, casi medieval, aunque no tanto: en la era Bush, hace poquito, en los EEUU, se escuchó que tenían pensado construir un muro en la frontera con México para evitar el paso constante de indocumentados. Es decir que el muro es una eficaz solución ya comprobada por los enemigos comunistas.
5. En la actualidad, los alemanes que crecieron en el occidente, en la época del muro, pueden reconocer a los que crecieron al otro lado. Hoy, luego de 20 años dicen que los del otro lado son callados, “traumados”, que hablan, comen y viven distinto. Es decir, la unificación fue en el papel y en el muro, pero la gente sigue separada.
6. Hace miles de años no habían fronteras en el mundo. Ahora para viajar a Berlín o a cualquier país del “primer mundo”, hay, prácticamente, que violar nuestra intimidad para ver si nos dan permiso. Las visas son, en la actualidad, los ladrillos que han dejado los grandes muros de la historia.

lunes, noviembre 02, 2009

MIS MUERTOS




Recordar a los muertos. Volverlos a tener en nosotros, con la piel de sus recuerdos, con la seda japonesa que imperceptible queda en los años, como una llaga, con el olor del tiempo que ha curado heridas, que ha cicatrizado el corazón de los golpes. Que se van, que van a estar mejor, pero nosotros nunca seremos los mismos, ni estaremos nunca mejor. La vida nos va golpeando y ya no podremos sonreír como lo hacíamos en nuestros juegos infantiles. Nosotros solo seremos el baúl que guarda sus recuerdos, la cajita que almacena el último rostro, en los momentos en que vivimos la vida juntos, en que nos movíamos juntos, y luego, el instante en que sufrimos juntos, amamos juntos, percibimos el mundo juntos.
Luego viene la muerte: y se nos lleva (al cielo, al purgatorio, al limbo, al infierno, o al abono de la tierra, eso no importa), igual sufrimos, igual no podemos perdonar a nadie y menos a Dios el habernos provocado tanto dolor: solo el tiempo es juez de nuestras penas, de nuestras obras, de nuestras explosiones de júbilo o tristeza. Solo el tiempo se encarga de hacernos ver a nuestros muertos como figuras en vida de nuestras ilusiones, de nuestras esperanzas. El tiempo coloca a nuestros muertos con las ropas que verdaderamente usaron, con el carácter que tuvieron, con el olor que nos regalaron. Nuestros muertos son verdaderos mástiles de nuestras vidas. El recuerdo es más que la vida misma. Uno recuerda mucho más que lo que vive, porque uno vive el diario de los días, pero los recuerdos son extensiones anchas del terreno de nuestro corazón. Nuestros muertos nos regocijan con los recuerdos. Es como la infancia, como los niños que vemos crecer, cuando somos padres o tíos, y que cada mínimo gesto provocador de sonrisa o ternura nos arranca un trozo de nuestras resistencias.
Nuestros muertos son nuestros más fuertes recuerdos, por eso mismo, los tengo tan a flor de piel que todos los míos están más vivos que muchos de los vivos con quienes convivo casi todos los días en los oficios que la vida exige.

sábado, octubre 31, 2009

OBAMA Y EL PESO DE LA PAZ




Luego que el mundo se enteró que Barack Obama recibió el Premio Nobel de la Paz hubo una verdadera revolución de extrañeza social en el mundo. No muchos entendimos la posición de los académicos suecos ¿cuál fue el motivo para que el primer presidente negro de Estados Unidos reciba el galardón?
Permítanme conjurar lo ya conjurado, seguramente. Esto es lo que creo: La Academia sueca pensó como un profeta, y encontró en Obama un consuelo oportuno luego de que el mundo vivió la era Bush y los momentos más intransigentes de ese gobierno con aires fascistas, profundamente conservador y narcisista.
Obama llega a suavizar el rostro Bush con su sonrisa “Kolinos”, con su “feeling” galanesco y su carisma radiante nos conquistó a casi todos. Obama llega justo en la época en que se cayó “el muro” capitalista, aparece como “El salvador” del mundo, como profecía de Martin Luther King. Su figura negra enloquece a USA, país que ha vivido aislado de todo, menos de sí mismo.
En la tierra de Chomsky, Woody Allen, Oliver Stone (enormes críticos de su idiosincrasia) y de la “coca cola”, el “chicle” y los "malls", Obama aparece y se vuelve el Mesías del imperio, el que va a salvar a su pueblo y, claro, de relancina nos va a salvar a todos de una vez. A la larga todos somos cómplices de su premio. Todos lo hicimos “ideal”: un presidente de raza negra, con una enorme popularidad, con un discurso renovado y ganas de cambiar el curso de la historia. Todos nos decíamos felices: él impedirá la guerra, él hará de Fénix en Afganistán e Irak; él no se entrometerá en los problemas de los otros, él hablará con Latinoamérica, él desbloqueará Cuba, él dejará de tener deudas morales con la antigua Unión Soviética, con Vietnam, con Hiroshima y Nagasaki; él entregará las armas nucleares que atesora su país, así como exige a los otros países del mundo hacerlo. Todo esto pensamos, y esto debió pensarlo también la Academia sueca. Pero nada de esto ha pasado. Solo espero que el peso del Premio Nobel de la Paz recaiga en Obama como una cruz, la comience a cargar hasta llegar al calvario y sea un compromiso con el mundo.

LA SELECCIÓN Y LA PATRIA




A mí no me gusta el fútbol. Nunca me gustó, sin embargo, el gran caudal de información que nos ha inundado en los últimos años sobre nuestra selección ha llevado a interesarme en él. He sido participe, como todo el Ecuador, de las dos clasificaciones de la selección a los mundiales últimos. He vivido con cierta intensidad los partidos y me he emocionado, muchas veces hasta la lágrimas.
Los últimos sucesos vividos con la selección también me han conmovido y me ha decepcionado la hinchada, más no la selección.
De lo que he podido escuchar a los expertos, la madurez de una hinchada es un proceso de triunfos y derrotas, de grandes expectativas y enormes vicisitudes. El fútbol es como la vida, y uno no puede siempre ganar, inclusive para tener un sabor más especial en la boca.
En estos días he oído muchas cosas, por ejemplo que la selección tenía la obligación de ganar los encuentros porque era su cancha, era la historia, era la patria. Qué terrible compromiso, que fatua concepción. Jorge Enrique Adoum dice que solo el fútbol y la guerra ha logrado aglutinar al país y ha sentido en colectivo un espíritu patriótico verdadero. Pero el rato en que las cosas no salen como uno quiere y cree, entonces el mundo se nos va de las manos, se nos acaba el “patrioterismo” y nos desinflamos. Galeano afirma que el fútbol es la mejor forma de identificar la idiosincrasia de un pueblo. En una cancha de fútbol está presente siempre lo mejor y lo peor de una nación.
Qué terrible inmadurez a la hora de perder, como si los jugadores tendrían la obligación de ganar y qué en lugar de ello, hubiesen buscado las mejores estrategias para perder. Mi generación “jugaba como nunca y perdía como siempre”. Estas nuevas generaciones se han acostumbrado a ser ganadores. Y está bien, pero uno no puede esperar que las emociones se vuelvan tan cotidianas.
Gracias a la selección hemos conseguido unirnos. Eso no lo ha hecho ni el Obispo, ni la democracia, ni el regionalismo, ni nada. Solo el fútbol, que de fiesta puede tranquilamente volverse una guerra. Y hay que recordar que la guerra también une.

MERCEDES DEL ALMA




La voz de Mercedes Sosa debe figurar entre las voces más intensas y perfectas del mundo. Salía resonante, como un cañón, y dejaba su eco en todo el ambiente. La oímos todos, en todas las generaciones. No había opción, ella cantó para todos los gustos: de su boca salían las canciones de Atahualpa Yupanqui, y las de Alberto Spinetta; entonó los clásicos de Silvio Rodríguez y Joan Manuel Serrat, e hizo dúo con las voces de Gustavo Ceratti y Fito Páez. Entendemos a esta mujer como la VOZ más pura de América, como que una gran canción debía pasar por el escáner de su tono, debía figurar en su ritmo, debía entonarse en esa explosión tucumana que fue, que es y que será.
Hace pocos días una ex alumna mía, sensible, inteligente y generosa, me obsequió el disco “Cantora” de la “Negra”, allí está su voz mezclada con voces tan disímiles como las de Shakira, Julieta Venegas, Diego Torres o Jorge Drexler, entre otros. Sé que hay un segundo disco en donde canta con Franco De Vita, Daniela Mercury, Vicentico y otros. A la negra le iba todo tono. Quien cantó con ella se debía preparar para el anonimato de su voz, para que su voz se pierda en ese eco interminable de Mercedes.
Si Violeta Parra fue la compositora de América, Mercedes fue la voz. Nadie cantó mejor y con tanta pasión el canto a un continente; nadie alzó tanto la voz para gritarle al mundo las ganas de libertad. Nadie tuvo tanta entereza, tanta gravitación. Mercedes es una cantora, pero también tiene alma de libertaria. Me da la impresión de estar hablando de una Manuela Sáenz, de una Flora Tristán, de una Malinche contemporánea. Como ella no hay dos, ni hubo una, antes. Hay voces hermosas, pero nadie tiene el compromiso de fe con el talento. Ella fue la palabra de otros en la voz más bella de América.
Por eso te han querido todos, mi negra Sosa: Los Charlies, los Fitos, los Cerattis, los Sabinas, los Serrates, los Atahualpas. Por eso han declarado un duelo en el corazón y están con el dolor en la epidermis los jóvenes, los viejos, los blancos, los negros, los anglos, los indios, los ricos, los pobres. Es que tu voz, Mercedes Sosa, es el nombre de América.
Ahora solo te toca vivir la inmortalidad, negrita.

El diablo los “UNE”




Yo siempre quise ser profesor desde mi más tierna infancia. Evalué a todo lo que podía. Califique sobre 20 a las plantas, a las paredes, a los periódicos. Más tarde jugué a la escuelita con mi hermana, con mis vecinos, con quien llegará a mi casa. Llevaba la profesión en mis arterias. Más tarde comencé a imitar a mis profesores, luego estudié y, finalmente, comencé a dar clases. Llevo ya casi 15 años enseñando lenguaje, literatura y filosofía. Y soy feliz en esta profesión.
Sin embargo, al recorrer el camino, uno puede encontrarse con la mayeútica socrática, por un lado o con la UNE, por el otro, de la que Dios me libre.
Los pobres profesores fiscales sí que nacen de otra experiencia. No me refiero a todos, pero si a un alto porcentaje de docentes que han hecho y deshecho la educación en este país. Hace falta solo ingresar de “visita” a algún colegio fiscal para darse cuenta que la educación pública está fracasada hace años. Uno llega a esos colegios y se entera que los profesores no están, que han pedido “comisión de servicios”, que están “investigando”, que qué pasaría que no ha timbrado la tarjeta, que para todo hay justificación, que a los alumnos se les dejará un trabajito. Estos “catedráticos” han causado, en la comunidad, todos los sentimientos: desde la más recalcitrante de las lástimas, hasta la más alta auto estima. Sin embargo no se preparan más que para subir de escalafón, en esos cursos mediocres, repletos de falsas apreciaciones didácticas.
Considero que hay un problema gravísimo en la educación pública de este país, y es que ya la gente se ha acostumbrado a ello, y cuando uno aprende a vivir entre telarañas, no tiene porqué hacer limpieza a la casa.
Y están allí, los profesores de la UNE, queriendo paralizar el país como siempre, tomando su poder como si fueran feudales medievales, no hay que dejarlos que nos sigan arruinando la patria. El Ministerio de Educación contabilizó que la UNE, con sus paralizaciones, ha dejado a los alumnos con más de 700 días sin clases en toda su historia.
Ya basta de esta mediocridad media contagiosa. Lo digo porque ahora hay unos periodistas que se han hecho defensores de la UNE. Qué horror, aunque bien dice el refrán, Dios los cría…

LOS FALSOS PROFETAS




Abundan en estos días unos “falsos profetas” que tienen “poderes síquicos” para registrar el futuro que se nos avecina. Dijeron hace más de tres años que ya venía el comunismo, que ya, más pronto que tarde, nos quitarían las casas, que ya llega la “dictadura del proletariado” a ajusticiarnos porque, de ahora en adelante, todo será “a medias”.
Estos sabios conjurados dijeron que la constitución es abortista y que gracias a ella tendremos millones de niños muertos antes de nacer, y la culpa recaerá sobre Correa. Esos cavernarios de la “mal memoria” que dijeron que el presidente se acercaba a la Patria, como el mismo caballo del apocalipsis, a convertir a nuestros hijos en pioneros de la revolución y a fundar los nuevos huasipungos.
Esos profetas mal nacidos que ahora se ponen a favor de la UNE, y quieren encontrarle el brillo al gran favor que nos han hecho a lo largo de su historia: Ahora la UNE es grande para ellos, es fuerte, es la resistencia; ahora los profesores de la UNE son héroes, son “verracos” que están luchando contra las fauces del gobierno del Leviatán.
Los falsos profetas son aquellos que nos dijeron que vieron venir los camiones con la nueva moneda que Correa impondría en lugar del dólar, ellos lo confirmaron, porque siempre tienen “palancas” en los gobiernos y entonces es fácil predecir la desdolarización que nos matará de hambre.
Los falsos profetas ahora dicen que los aviones que quiere donar Venezuela van a ser parte de las armas con las que lucharemos a traición contra Colombia, que Chávez nos está armando porque ahora seremos un país con aviones “Mirage” para atravesar a mansalva el cielo luminoso de Colombia y lanzar nuestro grito en forma de pólvora.
Los falsos profetas se inventaron a Fabricio Correa, a Balda, al cabo Badillo con su mentira creada hace años. Ahora todo lo que está en contra de Correa es bueno. Así lo han dictado y cada día van comunicándose con el oráculo de sus profecías, para seguir dando sus respuestas.
Quisiera tener una profecía para ustedes, profetas falsos, pero no tengo esos poderes. Aunque espero, de todo corazón, que pronto nazca el hijo de la profecía que se encargue de ajusticiarlos y callarlos.

65 AÑOS DE LA CASA




La Casa de la cultura Ecuatoriana cumplió, este año, 65 primaveras en flor. Sus festejos fueron cautos, porque había detrás de él un cierto miedo a que su trabajo sea borrado por un codo.
Su historia, su valor tangible e intangible, el pensamiento de Benjamín Carrión tirado en un tacho en nombre de “la ley”. Sin embargo el gobierno Nacional parece haberse dado cuenta de la importancia de la Casa en la convivencia con el País y, todo parece indicar, que la ley de cultura va a respetar las canas, la experiencia y la figura de la Casa, para bien de la cultura del Ecuador.
Todo artista ha criticado alguna vez a la Casa, pero todo artista ha ido a la Casa, ha ocupado sus espacios, ha pedido auspicios, ha usufructuado de sus beneficios. Nadie se ha librado de ella. Ella ha sido nuestro fantasma, nuestro verdugo, nuestra coraza, nuestra cómplice, nuestro refugio. En ella hemos confiado más que en cualquier otra oficina burocrática.
Estos años, en que la ha administrado Marco Antonio Rodríguez, la Casa ha vuelto a ser digna, firme, responsable. Ha vuelto a tener personalidad, ha vincularse con lo desvinculado, ha regresado a ver a los “enemigos” de la Casa, a los “amigos” de los otros. A todos. Ha hecho balances, ha dispuesto cambios, ha cambiado los caminos bifurcados, ha desmantelado los castillos en el aire y ha construido unos, de hormigón armado.
Los núcleos de la Casa de la Cultura han sido siempre igual de importantes que la iglesia, casi todos están ubicados en los aledaños del Parque principal de la ciudad, junto a la gobernación, a la alcaldía. La Casa de la Cultura es parte del accionar de un pueblo en el Ecuador.
Viva la Casa de la Cultura. No se puede borrar de un plumazo 65 años de historia. Sin ella nos faltaría algo, sin ella ya no fuera igual el color de la cultura, ni el paisaje de la historia, ni la historia de ese magnífico Benjamín Carrión, que decidió cambiar, con la Casa de la Cultura, nuestra historia. La historia de la Patria pequeña.

GUAYAQUIL: UNA SEMANA DE POESIA




La semana pasada (del 31 de Agosto al 5 de septiembre) viví un tiempo repleto de literatura en la ciudad de Guayaquil. Momentos intensos antes de incorporarme a las labores educacionales y dar por terminadas mis vacaciones.
Un encuentro de voces poéticas (De “Vos a Voz”) organizado por la Casa de la Cultura y EL ANGEL Editor, un encuentro de literatura (“Encuentro de Almas”) organizado por la Agencia Literaria “El Conjuro” y el lanzamiento del libro de poesía “La voz Habitada”, libro publicado el año pasado por El Ángel y Editorial Eskeletra.
Fue una semana de mucho corre corre y grandes encuentros con los amigos.
En el primer acto realizado en la Casa de la cultura Núcleo del Guayas, y gracias a la agilidad desburocratizada de la presidenta del Núcleo, Rosa Amelia Alvarado Roca, ella también poeta y una gran dama de la cultura, el acto tuvo mucho éxito. Nos encontramos con poetas de Cuenca, como Sara Vanegas; Maritza Cino y Sonia Manzano de Guayaquil; Edgar Allan García, esmeraldeño, radicado en Quito y cinco de los poetas del libro la Voz Habitada: Julia Erazo, Carmen Inés Perdomo, Carlos Garzón y Ana Cecilia Blum, que coincidió su viaje a Ecuador con la intensa semana, ya que actualmente radica en los EEUU. Una sala casi llena y un gran ambiente de apreciación hacia la poesía fue lo que reinó en ese lunes de mucha expectativa.
En el Encuentro de Almas, como denominaron sus organizadores a la cita literaria en Guayaquil del 1 al 5 de Septiembre intervine leyendo poesía junto a nombres importantes como Ana María Iza y Simón Zavala, además me uní a un homenaje que hizo a Jorgenrique Adoum y tuve la suerte de presentar la reedición impecable de su “Mayo del 68 (¿Siglo XXI?)”.
Y por último, el día viernes fuimos partícipes de un hermosísimo acto en El Centro Cultural Libertador Simón Bolívar, en pleno malecón 2000, al lado de las Peñas. Presentamos el libro “La voz habitada” teniendo como padrino al gran poeta lojano radicado en Guayaquil, Carlos Eduardo Jaramillo. Un hermoso acto en un lugar realmente monumental.
Digna forma de terminar mis vacaciones y volver a la cotidianidad. Siempre con la poesía como un faro en la bahía de mi vida.

LOS POBRES




“Disculpe el señor/ si le interrumpo, pero en el recibidor/ hay un par de pobres que/ preguntan insistentemente por usted./ No piden limosnas, no.../ Ni venden alfombras de lana,/ tampoco elefantes de ébano./ Son pobres que no tienen nada de nada./ No entendí muy bien/ sin nada que vender o nada que perder…”. Así comienza la canción de Serrat, “Disculpe el señor”. Ubico este fragmento como un epígrafe a mi artículo, a propósito de una nueva preocupación que me surge en estos tiempos de cambios. No voy a hablar exactamente sobre los pobres del país. Me quiero referir, más bien, a los nuevos y recién salidos “masters” de la pobreza, estos “críticos” que hablan de los pobres, como si sentarán con ellos a hablar, como si entendieran el problema, como si hubieran escuchado bien la canción de Serrat. .
Alguna vez alguien me dijo que el presidente Correa no solo debería trabajar por los pobres, sino, también, por la “pobre” clase media y por los “pobres” empresarios del país, porque además los pobres ya tienen un bono gratis que les regalan y además siempre se les regala cosas y en navidad se hacen fundas de caramelos para que los pobres sientan el dulce del niño Jesús. Además, los pobres son visitados por los curitas que van a darles la palabra de Dios, como por ejemplo esa bienaventuranza tan ejemplar que dice: “Bienaventurados los pobres de espíritu porque de ellos será el Reino de los cielos”, entonces los pobres se regocijan en la esperanza de la otra vida, mientras en esta pueden pasar muriéndose de hambre.
Este gobierno se ha propuesto trabajar para los pobres. Pero los empresarios están enojados porque eran ellos los que les daban “trabajo” a los pobres, entonces lo que el gobierno debería hacer, según ellos, es apoyar a los empresarios que ahora están sufriendo porque ya no van a poder comprar lo que compraban antes, porque además tienen que pagar impuestos y son mucho los gastos y entonces les tocará bajar su nivel de vida y ya no podrán ni siquiera ayudar a los “pobres”. ¡Ay, lo que tiene uno que oír en estas épocas! Resulta entonces que los empresarios han sido más “pobres” que los pobres.

EULER: PREMIO ESPEJO 2009




Euler Granda Espinoza nace en Riobamba hace 74 años. Desde muy joven se presentó en un estilo poético al que no renunciaría jamás. La anti poesía fue su brillo frente a la poesía convencional. Con ella logró decir lo que él era, lo que pensaba, lo que sentía. Nunca se dejó llevar por el canon, ni por el sentir “colectivo” de los otros poetas de su generación, ni de las venideras. Su nombre es además sinónimo de generosidad. Lo que escribió en su poesía lo ha venido cumpliendo en la vida. En su ya cerrado consultorio de médico general y siquiatra, al sur de la ciudad, daba atención a toda la gente que lo necesite, y en muchos casos no cobraba la consulta. Allí lo visitábamos sus amigos, los que estamos con él siempre, los que lo admiramos de verdad.
Su voz siempre estuvo diciendo, siempre fue un rebelde frente al poder. Su poesía social es muy conocida, pero lo mejor de su obra está, curiosamente, en sus poemas existencialistas y en su obra erótica. Su libro “De cómo tus piernas venían con nosotros”, Premio Nacional de Poesía, es una verdadera joya. La originalidad de su poesía radica en haber usado el “lugar común” como un remanente poético indiscutible. Siguiendo los preceptos de los anti poetas, Granda consigue el milagro de volver bello lo feo, de crear en lo reciclado del lenguaje la nueva propuesta.
Siempre crítico y amargo, siempre condenado al dolor del poeta solo, que no está conforme, simplemente porque la conformidad sería, indudablemente, la mediocridad.
Sus libros “los días amargos”, “Bla bla bla”, “Un perro tocando la lira”, “Que trata de unos gatos”, entre otros, son fundamentales para muchos jóvenes escritores que lo leen como escritor de culto. Su palabra es sagrada, porque es comunicación absoluta con el lector eficaz e inmediato.
Granda es un maestro a la hora de organizar el lenguaje. Gran hombre, gran amigo. Enorme poeta. Extraño, único, verdadero.
Qué bien dado el premio al maestro Granda. El humor negro que lo caracteriza y esa sensibilidad feroz de gato montes, se lo merecen.

Habrá que creer




No me gustan las personas que no creen en nada, solo en sí mismas. En esta semana he tenido varias discusiones sobre este asunto, a propósito del nuevo mandato del presidente Correa. Escribí en mi facebook una nota en donde hice alusión a la celebración de la fecha del bicentenario, con la posesión del presidente Correa. Vaya coincidencia. Hace 100 años celebró Eloy Alfaro el centenario del 10 de Agosto, y cien años más tarde lo celebra Correa, presidente en el que creo. Esto suscitó una serie de comentarios entre mis amigos.
Lo que quiero dejar constancia es que a mí sí me gusta creer. He notado que ahora una gran mayoría de la gente que me rodea considera que la solución a todos los problemas del país y del mundo la tienen ellos. Yo en cambio me siento inepto frente a estos y por eso creo en otras personas que podrían tener esa solución. Me gusta tener a Correa como presidente. Me resulta mucho más apasionado que tener al León al Lucio, al Hurtado, al Borja, que pasaron por la palestra y no hicieron nada. Eso sí, estaban con sus corbatas, no hablaban mucho, solo lo que el protocolo obligaba. En cambio este Correa, del que dicen que habla “horrores” y que insulta como el mismísimo Juan Montalvo en aquellas épocas de García Moreno y Veintimilla, no tiene ese anti carisma de ser “ educadito” como los otros.
Yo creo en la persona que dice lo que siente, que defiende y se defiende de esos “cultísimos” “periodistas”, de esos “contadores” que sacan cifras por doquier, de esos “profetas” que saben que ya viene el apocalipsis, la desdolarización, el comunismo y sus muros, que además saben la cifra exacta de los desempleados, que sienten la pobreza de los más pobres, que hablan, por ellos, en una reunión con buen vino, que opinan sobre el “bono” y se atreven a decir que no lo deberían recibirlo porque son pobres mismo. Parecen tener un masterado en asuntos de pobreza. Terrible.
En eso yo no creo. Pero, al fin y al cabo, es bueno creer. Ya lo dice una canción bella de Alejandro Filio: “Habrá que creer/ en algo o en alguien tal vez”.

200 años y un grito



Siempre he pensado que en el Ecuador sucede lo que actualmente se da con un triste y aquejado policía que atrapa al malhechor en pleno delito y, luego de unas horas, un juez lo suelta a la libertad, sin regadientes. Es decir, somos un país de frustrados. Sin embargo la historia es la que nos hace reaccionar y también la que más nos frustra.
Entender a los héroes de hace 200 años, a esas víctimas de nuestra felicidad y de nuestra libertad. Saber que existieron, que habitaron en las mazmorras de la muerte, que creyeron en ellos, en los otros, que no se dejaron manipular por ese colonialismo animalesco y gracioso que todavía suele escudarse en las ideas paupérrimas de los poderosos, de los ignorantes.
Pensar en la época del grito de la independencia, en este breve momento de reflexión que me produce la escritura, me lleva a la frustración. A aquella de la que siempre hablaron los existencialistas, y que después del grito y de la emoción, vuelve el río a su cauce. Siempre se repite lo mismo: el asesino vuelve a ser libre, luego de haber sido atrapado; el molino vuelve a dañarse, el corazón vuelve a desamorarse. Estoy pensando en esos héroes, estoy soñándolos, viéndolos en la ficción de mi realidad, con su boca como fusil, defendiendo el pensamiento de una nación libre, que piense como mestiza, que no se deje influir más, que no se contenga en el medievo del coloniaje, que no se funda en irrealidades.
Este 10 de Agosto, este 2 de Agosto, estos 200 años, este corazón libre, esta patria condenada a sí misma, a ganar en la pérdida, a derrotarse en la victoria, a no dejarse limpiar las heridas, a llorarse y a reírse de sí. A ser siempre plato de segunda mesa, cuando en realidad, fue la que inventó el plato y la mesa. Esta patria que gritó primero, que lloró primero y que es la luz de América. A ella la saludo, porque sin ella, sin su frustración y su libertad, no sería quien soy. Y a la patria la llevo libre en mí, desde que di mi primer grito en el nacimiento.

ADOUM Y YO




Luego que Jorgenrique Adoum partió los medios de comunicación han dicho mucho sobre él. Los que antes eran sus detractores, ahora se han vuelto fanáticos de su obra, de su vida y hasta muchos se han inventado historias sobre él. Una vez que él nos ha dejado el legado de su enorme literatura, leo en la prensa cosas como “Adoum, el escritor más completo de Latinoamérica”, sin embargo, nadie hizo nada para que Latinoamérica asuma esto a fondo. Triste es pensar que Jorgenrique se fue sin haber recibo los premios “Juan Rulfo”, “Pablo Neruda”, “Reina Sofía”, “Federico García Lorca”, “Cervantes”. Más triste es cuando uno piensa que todos estos premios se los merecía y que muchos otros escritores lo recibieron sin merecérselos, como él. La obra de Adoum es enorme, como lo era su corazón, su generosidad, su conversación.
El turquito, desde que lo conocí, hace ya muchos años, justo en Ambato, en un hermoso recital organizado por la Casa de Montalvo, en donde los invitados fuimos cinco tungurahuenses radicados en Quito: Alfonso Barrera Valverde, Julio Pazos Barrera, Iván Oñate, Adoum y yo. Allí surgió la amistad. Allí dejé de temerlo, como figura enorme que siempre fue. Antes lo leía con delicia, envidiaba su vida repleta de amigos, de sitios, de lecturas, de momentos. Al conocerlo lo vi como el gran ser humano que era. Y de allí nunca dejé de admirarlo y visitarlo. Hicimos varias reuniones con amigos comunes. Fue huésped de honor en mi casa. Cuando iba a su departamento, Nicole, su esposa y la preciosa gata Colette, eran testigos de esa ruptura fundamental de la amistad, del respeto y de la admiración que siempre he tenido por él; nada de posturas parricidas, nada de cuestionamientos al padre. Sin él ya, en esta patria corpórea, me siento huérfano. Aunque casi todos los días, el recuerdo de su palabra, como la llamada de un ángel, me hace volverlo a vivir. Adoum es nuestro patrimonio, por lo tanto estamos obligados a protegerlo, a leerlo y a respetarlo.

domingo, septiembre 20, 2009

LOS DIEZ VERSOS QUE DIBUJAN A “MAYO DEL 68 (¿Siglo XXI?)” de Jorgenrique Adoum



(Texto de presentación del poemario de Jorge Enrique Adoum)

El Poema Mayo del 68 (¿Siglo XXI?) es un estupendo poema de amor, empacado en ese contexto, casi cinematográfico, en donde un hombre está amando, mientras la ciudad se mueve, se agita, se revoluciona, como nunca antes lo hizo.

La voz poética de este emblemático poema de Jorgenrique Adoum es un grito silencioso, que no se deja notar, porque no hay a quien gritar. Ella, la sombra de esa voz femenina que se siente en el poema está lejos ya. Se ha ido, Y París y la voz poética enamorada se han quedado sin ella. Mientras que la ciudad vive uno de los más bellos procesos de la historia: el famoso mes de mayo de 1968, en una ciudad a la que el mismo Jorgenrique Adoum califico como “morgue de lujo”, en donde no pasaba nada. Ni siquiera “la línea equinoccial”, entonces la vieja Paris un día decidió volcarse, refundarse, discurrirse. Y allí estaba el poeta Adoum, trabajando, en esa época, en una de las oficinas de Radio y Televisión de Francia (ORTF). Allí estaba él, triste, porque una mujer se había marchado de París, según él mismo lo ha confesado: “Este texto no fue escrito en el momento del entusiasmo o de la alegría, lo escribí cuando pensé que el movimiento pareció no haber servido para nada. Además coincide con la partida de una mujer a la que yo quise mucho. Tuvo que viajar a la Argentina y no pude disfrutar con ella esos días. Por eso el texto comienza: “Nuevamente como Adán cuando aún tenía impares las costillas/ se me ha vuelto a llenar de libros la mitad de la cama”.
En la época aquella, justo en el año aquel, las circunstancias del poema no eran las de retratar a Paris y a su postura revolucionaria, o también, pero no era lo primordial, o tal vez, pero no fue así. Ni era tampoco, la de salir, la de pintar un grafiti, la de vivir el momento con tensión y pulso. Eran tiempos, más bien, de derrota y de poesía. La revolución la hizo Adoum con las palabras, y con sus versos vivos, que se han quedado en las paredes de quien lo hemos leído y lo seguiremos leyendo con fruición verdadera.
En medio de la revuelta de Mayo del 68, en ese clima de abrazos, de gritos, en el que los desconocidos se hicieron amigos de los otros desconocidos, los autómatas que cruzan las calles sin ver a los otros, ahora se habían dado cuenta que los otros también existen, que son parte de sus sentidos, que están y que, en ese caso, querían lo mismo.
Jorgenrique siempre dijo que el clamor de la huelga en Paris del 68 fue “Prohibido prohibir”. Allí estaba la riqueza de aquel momento, en saber que lo prohibido era lo hermoso, y que lo verdaderamente prohibido es solo lo imposible. Una época en donde todo se paralizó, en una ciudad como Paris, conseguir esto era casi una cuestión imposible. No funcionaba el Metro, se cerraron escuelas y colegios, los trabajos en general se habían suspendido. Pero, por el otro lado, la policía también había contribuido a fomentar el miedo. Aunque el miedo siempre, o casi siempre, es el primer paso de la libertad.
El poema Mayo del 68 (‘Siglo XXI?) y Agosto es el mes más cruel conforman el pequeño libro conmemorativo, publicado por editorial “Archipiélago”, en versión bilingüe, traducido por Nicole Rouan, editora siempre exquisita de la obra del maestro Adoum.
El libro fue impreso como texto separado exactamente a los 40 años de mayo del 68. En el 2008 volvieron a cobrar fuerza los dos poemas, escritos en 1968 y publicados por primera vez en el libro “Curriculum Mortis”, uno de los libros de poesía más importantes de Jorgenrique Adoum.
Cuando le preguntaron al poeta qué queda de aquel tiempo, él responde: “Si hubiera que resumir en una palabra, yo diría que queda la esperanza”.
Y además, y por suerte, a nosotros nos queda mucha literatura, y, claro, justo este libro, y de este libro, el primer poema. Un bello poema de amor, rodeado de la atmósfera de aquel momento. Un poema cinematográfico.
El poema está escrito con versos largos. Cada uno de ellos es casi un epigrama. Diría que Adoum quiso utilizar esa secuencia del “grafiti francés”. Aquella de:

- Corre, camarada, que lo viejo te persigue.
- El estado es cada uno de nosotros
- Seamos realistas, exijamos lo imposible

Los famosos grafitis que dieron la vuelta al mundo, amparados en un contexto de cuento postmoderno.

Del primer poema he escogido versos preferenciales de Jorgenrique. Versos que leídos así, solos, sin el andamiaje de un poema, pueden ser percibidos con la misma fuerza y exquisitez que en el contexto general de un poema: en una blanca pared.
Como tratándose de una película, la edición de una antología de versos que nos resuma su fuerza, que nos dé a entender la misión de un poema. Esa comunicación, ese secreto ininteligible de la poesía. Ese misterio del que Octavio Paz tanto hablo solamente para dejarnos en la misma vereda del misterio: en la poesía.

He aquí los diez versos de Adoum:

1. Nuevamente como Adán cuando aún tenía impares las costillas

El Génesis del poema es el símbolo del Génesis. Una voz poética completa, pero sola, Porque solo en la soledad uno está completo: el amor nos incompleta, el amor nos divide y nos vence. En este poema donde el amor no triunfa, porque no hay un gran poema en el que triunfe. Ariadna y su hilo laberíntico es la excepción más bella y difícil de una historia de amor.
En París, mientras se escucha el grito de triunfo, la soledad de la voz poética es una derrota a sí mismo, así, juntando las costillas del mito hebreo y esperando que la mujer se haga, se recree, se junte.

2. Tú hablabas de la doble soledad de no poder estar sola

Ahí está el encuentro. Ahí la profecía. Ahí ya se juntan dos vidas, dos seres, dos manifestaciones, que saben, que están seguros que en el amor, siempre hay soledad. Y que en la soledad siempre nos volvemos profetas de una soledad más sola, de una soledad más sentida, que es sabernos solos en el montón. En el ruido de París, donde el mundo entero estaba junto.

3. Ahora no hay más solo que yo, tal vez Caín con su guitarra

Otra vez el mito hebreo. Otra vez la soledad de la voz poética. Imaginemos al hermano asesino más famoso del mundo tocando una guitarra, como sinónimo de compañía. Como desfachatez. Como ser feliz, o mejor, utilizando el otro verbo: como estar feliz si no tengo con quien compartir el hecho, si no puedo compartir el hecho. Si la causa y el efecto siempre serán efecto y causa de lo mismo. Entonces es mejor solo, porque en la soledad es más fácil creer que el oro esta feliz. Siempre más feliz que el uno.

4. …las armas de la crítica pasan por la crítica de las armas

Verso para estar escrito en las paredes de París, hace más de 41 años. En esa soledad, en esa tristeza, el agresor, el agrio zumo de la policía, de lo oficial, frente a los estudiantes que hicieron barricadas en Paris para librarse de las bombas del oficialismo, mientras la Sorbona estaba llena de hombres y mujeres que querían vivir su soledad con dignidad. Al menos eso. Y eso es mucho, y eso es bastante. Y eso es todo.

5. Me duele no estar herido de odio oficial sino de adioses

Verso clarísimo que justifica que el eje del poema es la historia de amor no hecha, no consumada, apenas explorada más con el sentido, con la trascendencia. Amar, mientras el mundo explota, amar mientras se cambia el sistema, amar mientras que arregla el mundo. El odio oficial no era tanto como el dolor de no haber podido amar.



6. Mientras tanto el otoño te empujaba hacia mí con hojas en el pelo

La añoranza, el recuerdo, y la poesía verdadera. La poesía con toda la técnica y toda la lírica y toda la carga de significaciones. La poesía con todo. Rompiendo los muros, quemando las naves, cercenando a la historia. La poesía es lo que queda. La poesía es lo que importa. El pretexto: París, una mujer ida para siempre. Una voz poética solísima y el amor en todo esto, mezclando el medio ambiente con su carga de pájaros.

7. La muerte es necesariamente una contrarrevolución

Otro verso grafiti, otro verso que no contrarresta al amor, que no se aleja de la soledad, del frío, de la desesperación. Que no se aleja tampoco de Mayo del 68, de sus disturbios, de sus entretelones revolucionarios, con poca sangre, pero sangre al fin.
El mismo Adoum nos dice en otro de sus grandes poemas “El amor desenterrado”: “Hacerla el amor igual hacerla morir”.
He ahí el fundamento de la vida. El símbolo real del amor y la muerte.

8. …la poesía, o sea la verdad

Bello verso-hemistiquio de Jorgenrique. Solo la poesía, lo demás es un pretexto, una alegoría. Todo se olvida, solo se queda el poema, la anécdota es una condición del texto que no hace falta saberla. La poesía se deja mirar sola, como una roca en mitad de la playa, que antes pudo ser una historia de amor. Y de hecho creo que debe haber sido, una roca en la playa, una historia de amor.

9. Solo la verdad es revolucionaria

Otra frase de grafiti. Otra frase sentenciosa, severa, contundente. Un verso de esos decidores, sin caer en la interpretación. Ni siquiera el amor es revolucionario. Solo la verdad, aunque el amor sea verdad, pero no siempre es duradero. La chispa del amor se acaba y el amor era un tiempo, una época, una estación. O como diría Adoum: Era el otoño.

10. Tal vez de tanto tocarte te he envejecido un poco

En este verso se deja ver el tiempo, la lucha con los sentidos, con la exploración de su recuerdo. Difícil que el amor dure eternamente. Eso está bien para un cuento de hadas. El amor es revolucionario, siempre y cuando no se nos borren las caricias, los besos. Pero es imposible aquello. Es difícil no ser sin ello. El envejecimiento de la voz poética por consecuencias táctiles es una hermosa metáfora del olvido.



Este par de poemas nos llevan, entonces, no a una época, si no a una historia que es la de los hombres y las mujeres del mundo. Y de eso está hecha la poesía también, además de las palabras. Y de esa llama encendida que nos dejó el turquito. De esa llama que el maestro Adoum nos regaló. Y que es indescriptible, impredecible, inmune a nosotros. Como Dios, eso, como Dios, así es la poesía.

Ni más ni menos.



Xavier Oquendo Troncoso
Quito, 31 de Agosto del 2009

sábado, septiembre 19, 2009

Presentación de La encarnada poesía de Neli Córdova Neli



La palabra del poeta siempre será y es errante, se nutre y vive en los márgenes y desde ellos se transporta a un no-sitio, en un no-espacio. Relievo la negación porque el oficio, como lo dijo el gran César Dávila Andrade, es una experiencia imposible, y no por ello menos real.
Lo hago porque, en ocasiones, se confunde al poeta con un mero descriptor o repetidor de la realidad, como si existiera así en mayúsculas, mas, la irreverencia se da en el momento en el cual el poeta crea “su” universo, siempre inarmónico, siempre fragmentado; nunca buscando completar algo porque no hay nada que completar en una existencia bullente, cambiante, laberíntica.
Desde esta perspectiva, entrar en La encarnada se convierte en un deleite, en un permanente asombro, en una huida y un encuentro con un yo poético que espera, que aguarda por su destino y que se rebela y se encuentra, y al hacerlo deja en el polvo del tiempo versos intensos, de fuego y puños cerrados.
Les invito, pues, a un viaje por La encarnada, aquí se irá descubriendo algo de su valor, más que conceptualizando fríamente la poesía de Neli, que de eso ya se han encargado, con más o menos suerte, los críticos y sus criterios pueden leerlos en el libro que estoy presentando. Lezama Lima aseguraba que definir es cenizar, y lo que menos quiero ahora es eso: matar las infinitas posibilidades de lectura de un poema. Más bien quiero recalcar que esta poesía, la de Neli, nos acompaña, nos cobija con su dureza y nos conmueve con su equilibrio, que no termina ni se limita en la conformación física y estética de las palabras en el papel, cuestión ya ejecutada por Apollinaire y tantos otros; tampoco se agota en los versos puestos en negritas que dan nombre a cada poema y son, al mismo tiempo parte de ellos; ni en el hecho de que la unión de los títulos del índice conformen un poema, y, finalmente, tampoco en la creativa utilización de los hemistiquios. Quiero decir que todos los elementos que he nombrado carecerían de utilidad, o se quedarían en el simple placer lúdico de intentar ser diferente, si no fueran acompañados del fuego que late en cada verso de La encarnada; que sobrepasa la novedad y se instala en un lugar fuera de la historia, fuera del tiempo, para ser gozado, disfrutado, sufrido y bebido por los lectores.
Tampoco puedo decirles de qué trata el libro, típica pregunta que busca encasillar, limitar y etiquetar a la poesía, que precisamente es lo contrario, un canto a la libertad.
El poemario tiene dos partes: 1) ala y gris , 2) ala y púrpura.
Y comienza desde la devastación, desde la certeza de que la incertidumbre es el único sino posible, más allá de teorías o verdades establecidas, nos queda la nada. Así:

añejar besos entibiar rosas trigos mares
nos pertenece ‒ nada
ni altares dentro del cuerpo
encantado pedestal luz diamante
coloración mágica de piel
ni el recuerdo
busca el verdugo nuestro cuello como si aún
estuviéramos colgados
en viejas rocas en secos árboles

Devastación que empieza por el yo poético, por esa encarnación furiosa pero consciente, que mira desde una oscura lejanía el mal que se acerca y la consume:

libando de mi boca se sientan sobre mis ojos
vierten salmuera en mi garganta calcinada
ven revolar mi nombre
de pasajera extraña
me increpan me lapidan

Y continúa la clausura de cualquier esperanza fácil porque el yo poético ha entendido, más allá de las quejas y remordimientos, cuál es la vana sustancia de la vida: Y dice:

nadie brinda
nadie canta
nadie duerme
nadie levanta su cabeza
nadie mira el amanecer

Y al decirlo hace más que describir; apunta y dispara al centro mismo de la vida contemplativa, acertando con esos versos y haciéndonos tragar seco, reconocernos y apabullarnos en este amanecer, levemente visible, que se esparce en estos versos y busca una salida, un abandono, que precisan una caída para levantarse con más fuerzas y volver a tropezar.
Precisamente ese nadie, que no tiene carga peyorativa ni falsamente exclamativa, sólo precisa una verdad, remarca el cúmulo de soledades; sin embargo, se mantiene en la cuerda floja, a pesar de todo, camina, cree, avanza. En esa cuerda floja que subyace en la nada, en una nada existencial y a la vez ínfima:

en el centro del mundo no hallo
tumba vacía
nadie en mi delirio
este vacío no es solo vacío
es un sucio en ojo vacío

Al principio señalé que la poesía de Neli no quiere descubrir ni enmarcar ni describir la realidad; al contrario, como en toda poesía, lo que se busca es desprenderse o más precisamente encarnarse; cuando la carne es mucho más que la piel y se convierte en la metáfora del no ser. Y el yo poético, a esta altura ya profundamente intenso, dice:


nervios desatados gritos inútiles
enfermo animal no recobra su sentido
todo herejía / todo secreto camino a la verdad cerrado
nadie quiere estar contigo conmigo ni consigo estar


La poesía no puede compararse con ningún otro discurso, con ninguna voluntad únicamente comunicativa. Entonces el yo poético se confiesa y señala cuál es su no sitio, su espacio de defunción y agonía:

saqueador asola
quitaron de nuestra boca frescura uva arrozales sabor
nada conmueve al adicto mundo en agonía

En ese contexto, la pregunta de la poeta es válida:

a qué infierno a qué frontera va nave perdida

Infierno, frontera, ambos desarticulados, difusos, acogen al navegante, sin certidumbres pero firme hasta aquí, como en otros anteriores libros poéticos de Neli. Ante la imposibilidad, y pese a todo, el yo poético no cae en el cinismo ni en el hermetismo vacuo, intenta salir, se revuelve, busca en el recuerdo, se humaniza en él, y a la vez acepta el movimiento, la sinuosidad:

para qué guardarlo intacto en mi memoria
si él viene a mí sin él

A mi juicio estos dos versos son clave en el poemario, prefiguran la imposibilidad de aprehender una realidad y también señalan el artificio de la palabra y la relación con el poeta, que, en este caso, cultiva y desafía el statu quo y se atreve a crear desde su disposición en el mundo, desde la inquietud que subyace en su espíritu. Y como los poetas comparten una memoria colectiva, sus versos y sus preocupaciones están ligados a un imaginario que traspasan el tiempo y a la historia y se instalan en un cambiante firmamento; los versos antes mencionados trajeron a mi memoria otros, de otra gran poeta, la cubana Nancy Morejón, que en su libro Mutismos dice: “No hay esperanza. No hay dolor /Soy sin mí”.

Hasta aquí la primera parte, la evidencia, el reconocimiento; ahora comienza la transformación con la segunda parte del poemario: ala y púrpura.
El poeta Juan Gelman suele decir que la poesía otorga preguntas no respuestas, es decir, es un campo virgen por el cual camina cada lector. Y Vicente Huidobro anhelaba “que el verso sea como una llave/que abre mil puertas”.
De ahí que el yo poético de Neli hable de alguien que la ha despojado, la ha quitado, la ha violentado, sin describirlo. Y se habla de fragmentaciones, de rupturas, del curvilíneo camino de la estancia. Pero ella, La encarnada, está viva, cruelmente viva:

cabezas picoteadas por águilas inventan inmensa puerta
casa soledad para la encarnada la que regresa
la que respira aún fruta vana la única sin nombre
perenne sin perdición tiene estrías guardadas
en estío

En este punto cabe resaltar la intención de la poeta: el crear un universo particular, tanto en el fondo como en la forma, sin artilugios ni baratos juegos de espejos. La poesía de Neli reclama un lector activo, que responda y se conmueva. Porque este poemario combina el sentimiento con la razón, con la estructura de una compleja red visual y sensorial. El poeta español José Bergamín solía aconsejar “ser apasionado hasta la inteligencia”. Y Mario Benedetti añade: “ser inteligente hasta la pasión”. Estas dos cualidades se riegan por La encarnada, sobrepasan la mención de la originalidad, y se instalan en el centro del lector, para removerlo e instarlo a leer, a sentir, y de cierto modo a encarnarse. La poesía es revelación y en esa revelación debe estar presente el lector, uno libre, despojado, sin prejuicios, únicamente dispuesto a dejarse llevar por estos poemas encarnados.

Menciono esto porque la primera lectura de La encarnada deja rastros de una particular musicalidad que inquieta, te hace pensar. Las lecturas posteriores afirman a la primera y dejan ver los elementos ya enunciados en este comentario, dispuestos casi matemáticamente y desarrollados a lo largo de la trayectoria poética de Neli. Vicente Aleixandre decía: “no hay un solo poeta que no modifique el mundo”, hago hincapié en esas palabras, pues es lo que hace Neli, modificar, que no completar; transformar, que no esperar nada a cambio. En ese sentido, La encarnada da evidencias de un mundo decadente, ajeno, hostil y hermético, pero no desde el vencimiento sino desde el acto creativo rebelde e inconforme. Y su combate comienza y termina en la inmensidad de su destino, en la única certeza probable: en la ausencia:

esa montaña nívea almohada para mi cabeza dispara su adiós
su adiós en torbellino me descarna

El trayecto se acerca a un promisorio final, jamás definitivo, siempre parcial, en el cual la confesión explica el viaje, lo prefigura, por eso dice:

mi nombre es soledad no angustia

Y la batalla, la ruptura ya no es grandilocuente, sino íntima y tal vez por eso más verdadera; así, el yo poético se atreve a despojarse y despojar, a señalar y señalarse con un dedo no acusador, sino vivo y envuelto en su soledad:

un manoseo indeleble me dice que
nunca estuve
derrumbo esa puerta apolillada me
escapo de mí

Y el escape, que no es huída, nos permite acceder a este poemario, sentirlo y leerlo y releerlo para unir sus fragmentos e inventarnos viajes, otros viajes, en compañía o mejor dicho con la fecunda soledad de La encarnada sosteniendo el farol, guiando la nave.

Juan Secaira
Casa de la Cultura Guayaquil , septiembre 5 del 2009

Nelly Córdova Aguirre (neli córdova neli) "la poeta del abismo": académica, conferencista, crítica literaria, compositora, promotora cultural. En poesía ha publicado: Cinco regresos y un siempre 1980, Estatuas fugitivas 1988; Origen (en español y kichwa) 1993 -2da edición 1995; Abismos en los ojos de eva 1998; Penúltimo laberinto 2007; Lengua profana 2008. Produce y ha publicado literatura infanto-juvenil - Premio nacional (concurso de cuento) edición 40.000 ejemplares por su cuento El fruto del llano azul, otorgado por el Dpto. de Cultura, Ministerio de Bienestar Social-Ecuador 1989.
Ha participado en congresos, encuentros nacionales e internacionales de cultura y poesía (varios países). Representante en Ecuador del Movimiento Cultural Internacional aBrace, sede Montevideo/Brasilia. Presidenta de la Sociedad Ecuatoriana de Escritores (período 2001-2003). Ha ejercido diversas cátedras en algunas universidades. Poemas de su autoría han sido traducidos al inglés, alemán , portugués, kichwa y otros; e integran antologías publicadas dentro y fuera del país.

domingo, septiembre 06, 2009

“LA VOZ HABITADA”: SIETE POETAS ECUATORIANOS FRENTE A UN NUEVO SIGLO


Por CARLOS EDUARDO JARAMILLO


ESTA JOVEN POESIA

El ser que soy ahora se conmueve ante esta joven poesía /ante esta savia nueva del fluir poético que es el de la hermosura y el dolor de la vida/ como si a su pesar como si por un fatalismo kármico los instantes de la felicidad tuvieran que tener su costo/ Quizá en el transitar cotidiano en el fluir de la vida presionado por el tropel de los sucesos eso así no suceda /pero sucede en el mundo real de la poesía que es el de nuestros sueños y deseos / como una autoflagelación por una culpa imaginaria / como si no fuéramos merecedores del permaneciente bullir de la primavera en nuestros corazones / los deseos que se realizaron la felicidad que se vivió o se vive así sea por un azar / el número premiado de la lotería caído sobre el rebaño de los suplicantes/.
Se ha dicho que la poesía quizá no sea más que la fulguración del instante en el vacío / la posesión de la plenitud para desaparecer / Se ha dicho con gana de creer en Dios que para perdurar para no ser olvidados / Será en todo caso en homenaje al don que nos fue dado
/– eh tú abandona el rincón de los castigos cumpliste tu tarea -- eh tú bésame en la boca-- / Lo que vendrá después respecto de nosotros no puede saberse.
Poesía joven de rodillas ágiles / irrespetuosa como es el más auténtico sentir de la juventud / la poesía no tiene niñez pero sí inocencia
siempre la tendrá /aunque el poeta no lo sepa y se precie de sus saberes / si la pierde la poesía desaparecerá como la magia que se sustenta sólo en trucos mágicos cuando éstos se revelan/ los trucos de nuestra psiquis no los revela el espíritu / son nuestro profundo secreto nuestro método /no para simplemente sobrevivir sino para vivir con ventaja / la poesía es un plus que no debemos perder nunca.

INTERMEZZO

No conozco cómo es el mundo de hoy para los ojos de hoy para las incertidumbres del mañana. /Alguien tiene certezas alguien duda desde antes de la duda. /Todos aman. Alguien no quiere amar no sabe cómo. O no como desea / El deseo es un árbol de sorpresas: frutos de palo pájaros de niebla ojos de pedernal / Está lo dicho. Queriendo descubrir velar el alma queriendo revelarla /.
Se van poniendo rojos los metales en el crisol / pero el oro y el hierro están probados. / Buena forja, poetas. /Dejad que el corazón cante su canción.

EL VIAJE Y EL CAMINO

Ha empezado cada uno el viaje y el camino tras el descubrimiento/ cada uno tiene ya la certidumbre de haber dado con las fuentes de su río sagrado / el río de su canto / el río de su voz atravesando la misteriosa comarca de su alma / Ya se verá hasta dónde querramos y podamos adentrarnos en ella / aventurarnos o rodear sus meandros / provistos de qué códigos de señales que nos permitan salir del Laberinto / Ojalá que esquivar el Minotauro / Ojalá el Laberinto no sea abierto / Ojalá que sepamos cuándo estemos en él y cuándo a salvo./
Que el poder no os agobie./

NUEVA ERA DE LA POESIA ECUATORIANA

Creo como el que más en la Nueva Era de la poesía ecuatoriana, no porque colectivamente tenga un nacionalista sello de “ecuatorianidad”, pero sí, dentro de su universalidad y diversidad, un potencial que va manifestándose con seguridad y fuerza, fe blindada, una concentración y densidad que llega a rebasar el ámbito de su propia experiencia. (Todos los poetas algún momento somos médiums del Otro más antiguo que nos habita)
Paladeo con delectación la sustancia y la forma de la poesía que profesan los habitantes de la casa mágica que constituye esta breve y hermosa selección que bajo el título de “LA VOZ HABITADA”, han publicado Editorial Eskeletra y El Ángel EDITOR (2008).
7 poetas nacidos entre los años 1972- 1973: Marialuz ALBUJA, Ana Cecilia BLUM, Julia ERAZO, Carlos GARZON, Xavier OQUENDO, Carmen Inés PERDOMO, Carlos VALLEJO.
7 apóstoles iluminados por las lenguas de fuego de la poesía, luchando alguno todavía por dominar el incendio, atemperándolo otro como una tenue lámpara de alcohol donde las sombras son ingrediente de la luz, alguien poniendo la boca de la llama sobre su propio corazón para que la palabra salga quemante, calcinada, sin edad todavía para la amargura, en la música sólo de la nostalgia o la prefiguración de la nostalgia. (No es posible el vacío para los ojos que todo lo quieren ver).
7 seres angélicos de poderosos remos elevándose por los cielos a punto de desaparecer, precipitándose en rasante vuelo, haciendo malabares en el ámbito de la poesía: turbulento, poderoso, insólito, voluble, sorpresivo, como el viento de la Patagonia que pinta César Aira en “La Costurera y el Viento”: donde por su poder casi todo es posible, incluida la felicidad, bajo cualquier ropaje.



Agosto 25, 2009

sábado, agosto 29, 2009

EULER: PREMIO ESPEJO 2009





Euler Granda Espinoza nace en Riobamba hace 74 años. Desde muy joven se presentó en un estilo poético al que no renunciaría jamás. La anti poesía fue su brillo frente a la poesía convencional. Con ella logró decir lo que él era, lo que pensaba, lo que sentía. Nunca se dejó llevar por el canon, ni por el sentir “colectivo” de los otros poetas de su generación, ni de las venideras. Su nombre es además sinónimo de generosidad. Lo que escribió en su poesía lo ha venido cumpliendo en la vida. En su ya cerrado consultorio de médico general y siquiatra, al sur de la ciudad, daba atención a toda la gente que lo necesite, y en muchos casos no cobraba la consulta. Allí lo visitábamos sus amigos, los que estamos con él siempre, los que lo admiramos de verdad.
Su voz siempre estuvo diciendo, siempre fue un rebelde frente al poder. Su poesía social es muy conocida, pero lo mejor de su obra está, curiosamente, en sus poemas existencialistas y en su obra erótica. Su libro “De cómo tus piernas venían con nosotros”, Premio Nacional de Poesía, es una verdadera joya. La originalidad de su poesía radica en haber usado el “lugar común” como un remanente poético indiscutible. Siguiendo los preceptos de los anti poetas, Granda consigue el milagro de volver bello lo feo, de crear en lo reciclado del lenguaje la nueva propuesta.
Siempre crítico y amargo, siempre condenado al dolor del poeta solo, que no está conforme, simplemente porque la conformidad sería, indudablemente, la mediocridad.
Sus libros “los días amargos”, “Bla bla bla”, “Un perro tocando la lira”, “Que trata de unos gatos”, entre otros, son fundamentales para muchos jóvenes escritores que lo leen como escritor de culto. Su palabra es sagrada, porque es comunicación absoluta con el lector eficaz e inmediato.
Granda es un maestro a la hora de organizar el lenguaje. Gran hombre, gran amigo. Enorme poeta. Extraño, único, verdadero.
Qué bien dado el premio al maestro Granda. El humor negro que lo caracteriza y esa sensibilidad feroz de gato montes, se lo merecen.

viernes, agosto 28, 2009

La nostalgia de los bíblicos de Xavier Oquendo






Maritza Cino Alvear.


La poesía puede expresar muchas cosas en un breve compás. El poeta reinventa esos mundos que le persiguen como una melodía reincidente. Compases que acuden, transformando la interioridad del creador, quien ya involucrado en su quehacer explora signos para nombrar sus fantasmas, sus esperanzas y pulsaciones, cada vez más, vertiginosos e incontenibles.

Macerando y reescribiendo se va forjando el oficio del poeta.

César Pavese, escritor italiano del siglo XX, refiriéndose a este tema aseveraba: que toda especie de lengua literaria es como un cuerpo cristalizado y muerto, en el cual solamente a golpes de trasposiciones y de injertos del uso hablado, técnico y dialectal, se puede nuevamente hacer correr la sangre y vivir la vida…La poesía busca a menudo revirginizarse, recurriendo a lo simbólico, a los recuerdos de la infancia, y aun a los mitos. Ella siente en estas formas espirituales una alta tensión imaginativa que la tienta, y se ilusiona con que baste un acto de voluntad para derivar esa tensión hacia su campo. La poesía copia las formas del mito y del símbolo, esperando que en ellas vuelva a palpitar mágicamente el corazón, pero olvida que sabe inventar, y que el mito vive, en cambio, de fe. (El oficio del poeta de Cesare Pavese).

Esto fuimos en la felicidad, poemario de de Xavier Oquendo, publicado en el 2008 por la Casa de la Cultura Ecuatoriana Benjamín Carrión, en la colección palabra al Día, e ilustrado por Eddie Crespo, encarna un discurso lírico integrado de mitos, símbolos y recuerdos, de injertos reconstruidos para reordenarse en la fe que todo poeta lleva consigo, al asistir con su ejercicio y su pasión a la ceremonia de la palabra.

Texto dividido en dos apartados o cuadernos, El primero, El diario de los Bíblicos y el segundo, Nostalgia del día bueno.


Los Bíblicos, es un diario que vierte mares y caminos recorridos desde siglos, donde el paralelismo contiene infinitas posibilidades y lecturas, recuperando voces intemporales a través de metáforas con referentes religiosos y proféticos, que se desplazan con agilidad; complementándose una a otra para ser versificadas con un acento místico y plural:

Cuando juntos estuvimos/ y nos convocó la llama suave/ de los ojos de la noche,/ ahí, junto al silencio/ de la brasa, nos cobijamos/ bajo el sol de su candela. Entonces nos miramos/ y en silencio nos dijimos/ los otros a los unos:
Somos, seremos, Los bíblicos.

Esta afirmación del hablante lírico, en el primer poema que abre el libro, titulado Los bíblicos, nos ubica como lectores ante un discurso que marca el nacimiento de los tiempos y de la humanidad en una atmósfera de calidez junto fuego / parafraseando al autor, para anunciar la vida y luchar como una tribu de judíos errados contra el olvido.

Esta imagen también se confirma en el poema La tierra prometida:

De esta ciudad del Ande,/ con olor a sahumerio y eucalipto, surgimos los bíblicos. Cerca del fuego,/ al lado de la boca del caimán/ donde las estaciones son postales…Estamos lejos del pueblo antiguo/ donde siguen llorando los pastores…Distante quedó el mar que estaba muerto./ El arca nos dejó por estos lados/ donde no hace frío ni calor, solo nacen orquídeas en la selva. Atrás habitan los tatarabuelos del mundo./ Los bíblicos de acá, estamos sacudiendo las dalmáticas/ para salir a reconocernos.

A través de estos versos, el poeta como en una epifanía, revela la alusión al tiempo bíblico y al actual, la travesía por diversas etapas de la humanidad con sus tonos y personajes, así como los mantos que caen, para enfrentarnos al vacío y reencontrarnos en la tierra conocida.


Un poema que de manera especial despertó mi interés, es el titulado: El segundo de abordo. En este texto, el hablante asume la voz singular bajo el nombre de Moisés, y hereda de la figura familiar del abuelo las experiencias del conocimiento, listo a conquistar los misterios del mar, la ley de sus mandamientos y de la tierra prometida:

Mi nombre es Moisés./ Nací bajo el cielo del equinoccio,/ cinco mil años después de las noches amargas/ de mi abuelo, / el que abrió el mar/ y me dejó la sal de sus olvidos.
Aquí yo, su principal heredero,/ fruto de sus equivocaciones y sus tablas. He venido a conquistar/ la tierra prometida de tu vientre, / las insinuantes llanuras de tu cordillera/ en donde haré valer/ la ley de mis mandamientos. Abriré, como el abuelo,/ el mar de los misterios/ y quedarás en mí, siempre,/ como un tatuaje áspero.


Dos constantes en el discurso poético de esta primera parte son el recuerdo y el olvido, registros del diario de los bíblicos, con los que cierra insistentemente la mayoría de sus poemas, unas veces como aceptación y otras para rebelarse, en un afán de perennizar y ser más que una semblanza o recuerdo.


Nostalgia del día bueno, es el nombre del segundo cuaderno de este texto. Metáfora espiritual donde la nieve y el frío serán otro eje temático, como en el anterior fue el recuerdo y el olvido.
Nieve y frío, temperados en la voz profética, como principio y fin:

Por primera vez la nieve. / Una especie / de reproducción del mundo, Me quedé absorto/ frente a los colores/ que danzan en su luz./ Sentí un miedo tormentoso/ y unos ojos en mitad del frío… son los versos con los que se inicia este segundo cuaderno, en el poema: El Ignorante. Es nuevamente el comienzo del que desconoce y despierta temeroso ante lo inédito:


No hay sabor/ en estos nuevos sitios/ que se hielan…Mis hijos/ son esos soles/
Que el viento necesita….No sé si vuelva a ver aquel sol/ entre las ramas de las encinas… Este frío con números,/ este llanto ocultista/ estos huérfanos miedos…Los amigos que no se quedan siempre,/estas sombras de saberme solo….Son algunos de los versos de distintos poemas que connotan un acento de nostalgia, tedio , orfandad y frío.

Apreciamos esta afirmación con renovado énfasis en el poema La Soledad que se le olvidó a Machado, cito:
En estas soledades, en estas ausencias frías, en estas oscuridades burdas/ todo se contrae/ se contraría / se corta…Son soledades verdes, inviernos con flor de menta, cielos de petrificada esmeralda. En estas soledades/ me agito/ y tomo un aire/ que no alcanza a ser,/ pero acompaña.


Nostalgia del día bueno, nombre del segundo cuaderno y también de un poema, tienen el sello de la ausencia y de lo añorado, pero a la vez de la paciencia y la fe ante lo aún desconocido y misterioso, cito:

El sueño, /la nieve. Esa nube de hastío que se repite/ en los mismos rostros;/ la misma calle de la ciudad/ que alguna vez/ fue cuna del encantamiento. Sin embargo/ en algún árbol,/ por algún trecho/ en cualquier reja/ deberá anidar el día bueno: / aquel día pródigo/ que no asoma/ que no entra. En este frío/ el día al que le canto/ aún no emigra.

En este último libro de Xavier, la voz poética, recorre un antes y un después, de ahí su título Esto fuimos en la Felicidad, canto universal con rastros que enlazan e incorporan otras épocas que a veces nuestro imaginario las ha convertido en leyenda, para así devolvernos a partir del pasado el porvenir con profundas y renovadas utopías.

El oficio del poeta una vez más nos persuade con estos ejercicios espirituales, trabajados con ingenio y gran sentido humano. Acento intenso y alegórico donde reposa la esperanza, junto a la nostalgia de los bíblicos.

Xavier Oquendo, poeta ambateño radicado en Quito y autor de más de diez textos literarios. Editor, antólogo y promotor cultural, además de ser humano inquieto y perseverante en difundir la poesía ecuatoriana y convocarnos a otros espacios para así rescatar nuestro merecido lugar en la literatura contemporánea. Hoy, en el marco de esta feria de libro, nos entrega su última obra: Esto fuimos en la Felicidad, muestra de la auténtica poesía y bitácora del paso del tiempo con sus parábolas y ficciones, donde el autor en un ejercicio de profeta, se confiesa como un perpetuo condenado del beso, que deslía su paciencia, antes de llegar a la Cita con la Nieve.

viernes, agosto 21, 2009

ESTO FUIMOS EN LA FELICIDAD según Liset Lantigua



Por Liset Lantigua

Es difícil abordar la poesía sin sentir que una rasga una seda antigua, intocada, por la que el viento cruza de ida y vuelta poniendo nuevos tonos, obviamente pálidos o grises, o tenues. Una quiere hablar de la poesía, tiene a la mano el método, sus apartados, hablante lírico, tono, composiciones, estructuras, recursos estilísticos, procedimiento, disposición, en fin, todo, y llegado el momento una siente que nada podría agotar las posibilidades del texto, y lo que es aún más grave, siente que no puede rozarla sino con su propia piel, con sus fluidos, y entonces una desearía ser un junco, o un copo de nieve, o una pagoda de aire salobre, cualquiera de esas cosas que conocen sus elementos informes, porque todo lo demás anda lejos. Entonces una trata de recorrer estos ambages en puntas de pies, como la niña que la noche se llevará tras la travesura, y de la que no quedará sino un poco de polvo sepia sobre el papel. Porque lo trascendente, lo perdurable, está en la obra. Y lo que debería servirme de cierre para que su autor me recordara, tengo que decirlo al comienzo pues todo cuanto pueda caber en mi estudio será exiguo. Este es un libro bello. Pocos he leído tan unánimemente logrados, tan trabajados, tan genuinos y madurados. Su autor es un poeta, lo cual no se consigue con la escritura de poesía, ni siquiera con la publicación de libros, pero él con uno de los poemas de “Esto fuimos en la felicidad” al azar, en un papel de estudiante tembloroso, escrito a mano como hace siglos, me hubiera arrancado esta afirmación, no se diga con el libro. Sin embargo Javier, habiendo escrito esto, debería tener 120 años, haber nacido en Kioto, y sobrevivido a la intemperie de lunas y lunas antes de grabar las minuciosas hojas, los frutos, las colinas, las alas incendiadas de los insectos, las rocas escarpadas bajo la primera nieve de un invierno que empieza en el sol. Pero Xavier Oquendo no es ese viejo artista, sino uno más viejo todavía, nacido en Ambato en 1972, autor de más de ocho libros, la mayoría poesía, y de “El mar se llama Julia”, novela publicada recientemente por Grupo Editorial Norma y a propósito, es bueno ver que se publican libros cuyo principal logro es el trabajo con la palabra, el estilo, ahora que lo que importa son los efectos de las historias contadas del modo más lineal y plano, pero claras y entretenidas. “El mar se llama Julia” entretiene, sin dudas, pero recrea porque es un libro inteligentemente tramado y de una prosa cuyo lirismo delata al poeta que está, felizmente, antes que todos cuantos puedan habitarlo: narradores, actores, periodistas, magos, cantantes de ópera, etc…
Y en fin, tras este paréntesis que también pudo ir al final, procedo a comentar el nuevo poemario de Xavier y por el que estamos reunidos aquí. “Esto fuimos en la felicidad” ocupa dos zonas en dos cuadernos: El diario de los bíblicos y Nostalgia del día bueno. La transición de un cuaderno a otro contiene el eterno gregarismo que da paso una individualidad que solo puede ser triste. Como toda existencia vista desde otro risco, en un distanciamiento pastoral, lo que parece ser auténtica sabiduría, praxis, metafísica, un yo lírico que es todos y siente todo y lo precisa todo, es apenas el velo que ciega, que impide la mirada y la reemplaza por el discurso. Una elaboración ulterior, ambigua, como lo es la conciencia del “todos” nutrido por una savia que dijo lo dicho y lo hecho en las parábolas justas, las que completan nuestro mito creacional y colocan la suerte y la obra en un orden aleccionador. Son los grandes temas los que ocupan el espectro de asuntos de esta obra. En el primer cuaderno la impronta del paso del tiempo labra ferrocarriles donde hubo una mano y su cuerpo al final, asimétrico. En sus trenes viajan las ánimas de ojos idénticos que idearon el éxodo, que lo anticiparon entre mirra y aceite. Pero son adolescentes y viajan el extravío de la edad, del aborto en una vejez que no les concierne, que se enrosca en su vacuidad y en su ternura. Lo que fuimos desde la perspectiva cuantiosa de la amistad es la idea entorno a la cual gira esta parte del libro. El pasado como ese éxodo contrario, infructífero, alimento de la nostalgia de lo que pudo ser y no fue: “Queríamos ser los apóstoles del mundo” (Mochileros), y con ello el desarraigo y la transitoriedad. “Somos un puñado de barbados / en el regreso hacia el hogar” (Farra)
El orden de la vida desde los arquetipos preconcebidos, inútiles, cómodos en una lógica evolutiva que no sirve para nada más: “que sólo éramos nómades del pueblo hebreo y que, antes de encontrar la tierra nuestra, debíamos hallar a la mujer (…)” Y más cercano al ser: “Los amigos dormidos, amontonados como un pozo de trinos” “Los amigos nos visitan cada fin de semana. Por ellos y por nosotros pintamos de mostaza y azul las paredes hasta cambiar de sentido el nuevo universo y ser otros, otra vez” (confesión)
El deseo de quebrantar al arquetipo se hace evidente en la necesidad de recoger los modos con que la vida se presenta: “La reina de Saba: la buscábamos en el balcón de Julieta, Es hija de Darío, en su boca actuó Greta Garbo, Tuvo amigas en Roma”. El lugar ha sido nombrado otra vez. Vuelve la esquina como el punto de encuentro, como el ojo de agua o el sitio de comunión: “Allí vivimos noches mil y una / allí asomó Aladino y su mal genio / allí éramos más grandes que el destino”. (La bohemia). En medio de este vagar por las sombras del tiempo ido, la historia retorna en ese vicio consuetudinario de hacer con la misma arcilla el recipiente, nunca tan bien pulido y amasado como lo fuera antes: “Quiso recuperar el tiempo perdido, pero ya aquel tiempo pasado fue peor” (Diagnóstico reservado). O en “Abriré, como el abuelo, / el mar de los misterios / y quedarás en mí, siempre, / como un tatuaje áspero”. Y una permanencia per se de la caducidad: “Nos quedamos los de siempre, solos, pero firmes”. Y lo paradójico es que es cierto.
En el primer cuaderno se aprecian además los contrastes de elementos bíblicos y hechos de la vida cotidiana, parábolas que juegan con la polisemia de lo ambiguo. Un afán por reunir, por reintegrar al árbol la manzana, parafraseando a Valery, por probar que en ese suceder de la supervivencia una y otra vez asomamos con los mismos dioses, y con el dios de todos sobre la nada informe y caótica: “He venido a conquistar la tierra prometida de tu vientre” (El segundo de abordo). Y con ello la lid inaugural con la que azolamos al tiempo: la resistencia: “La cómplice radio nos canta: / despiértame / cuando pase el temblor / y cuando pase el olvido, claro” (Colegio de monjas). De Judas: “Nos abandonó. Se fue sin decir nada / hasta el pozo sofocante del olvido”. (El héroe). De lo que Jonás encontró “Un mundo en el que había explotado el olvido”. (Del que se fue). Y no puede faltar lo que los jóvenes griegos usaron para el arrepentimiento: la anagnórisis, la culpa, porque no seríamos sin ella, sin el miedo que pende del gajo cercano a la casa, a la pupila, a la inocencia que nos guarda en la soledad de las noches: “Los amigos no hicieron caso omiso / de la ley de mis palabras. / He decidido sacrificarlos”. (Cédula) Y en ese escenario que se va completando por grietas y adoquines aflora la ciudad, su vulgar modernidad, su hastío: Jonás encontró “Una ciudad autista con metro y otra, paranoica, con / tranvía” (Del que se fue) La ciudad de las múltiples puertas que dan a una tierra que es la misma, su cerrazón: “El frío de esta ciudad cerrada / nos abre la puerta” (Farra). Y la ciudad de la aplicada nostalgia: “En este lado de la ciudad / donde el sol es poco menos que un minuto, / estuvo el café de nuestra edad”. (La Bohemia). Entre el pasado y los huesos de ahora queda la música. Cabría preguntarse: ¿Qué sería de la ciudad sin su música, del tiempo sin su música de rieles y balaustres, sin sus hojuelas de arroz y su tintineo? “Somos el perfume de la canción que nos suena” (Campos de pentagrama) O “En medio de nosotros habita la música y un cierto olor a café negro” (Años). Y el amor, sumido en el fracaso de su urdimbre, pone la trampa: “Ya no hay a quien cazar en esta noche” (Cacería). El fracaso con sus paredes de alabastro: “construimos una casa enorme que nos cayó encima” (Las monedas). Y todo lo humanamente sabido y sentido es arrojado al mismo derrumbe-naufragio: “Un día se fue (la madre del dinero) y nos dejó unos cigarrillos para las penas” (Las monedas). Javier hilvana en los versos de este cuaderno las señas y signos de los suyos, al pie de la estación, viendo los mismos rostros, las mismas venas en una pulsión de no vida: “pero el automóvil no fue suficiente. Había que encontrar ese aire que nos mueva los cabellos engominados. Ese halo de niebla que nos pase por la frente y nos haga saber que no éramos tan guapos, que no éramos dechado de virtudes”. (Chicos cocodrilo) Más evidente aún en Mochileros: “Y los cangrejos, que tenían una marcha tan parecida a nuestra dolorosa vida de amanecer”. Sin embargo eso era la felicidad. El discurso mantiene un yo lírico plural, desde lo melancólico.
NOSTALGIA DEL DÍA BUENO es un cuaderno prolijamente armado, en el que abunda el deslumbramiento como si la nada anterior marcara la cadencia de asombro en asombro: “Por primera vez la nieve” (El ignorante). El frío llega con su conciencia presagiosa del dolor ante el descubrimiento de un mundo que comenzó en el sueño. La contemplación de quién abre los ojos por primera vez, lejos de la mirada gregaria del primer cuaderno de este libro. En esta parte se instala la individualidad del yo lírico como para quedarse, y hay en ese retorno al yo único, solitario, individuo, una pluralidad que le devuelve la voz y la vista a quien antes hiciera eco de una sabiduría impropia. En este lirismo depurado, y con casi una absoluta economía de palabras, está lo mejor de cuánto se dice en este libro. De Residencia de estudiantes quiero leer unos versos que dan cuenta de ello: “Esos poetas / esas semillas / y esos ventarrones / que se ven desde la /Residencia de estudiantes /donde un día los hijos de los poetas / pensamos en nuestros hijos”. En estos versos nos acercamos por primera vez a la trascendencia en correspondencia con la vida misma, la transferencia de lo anhelado a la realidad consumada. Vuelve la soledad que proporciona un aire, como otra presencia machadiana, “en estas soledades me agito, y tomo un aire que no alcanza a ser, pero acompaña”. Lo que tiene de japonés este libro está esta parte, y es mucho: “Todo el hombre que llevo / se halla enlatado en esta mañana gris / que no convence a la piel”. En (túnel de invierno) hay un acercamiento a lo pedestre de una cotidianidad que podría ser bella, pero no se puede vivir la sublimidad de lo bello en la boca de un túnel “que me come íntegro en un sueño espeso”. Nostalgia del día bueno merece nombrar esta parte, un poema elaborado desde una inconsciencia dictada, maravillosa. Frío de extrañezas es un poema pleno de honestidad, en ese amor que retorna al hijo a través de las evocaciones, y las extrañezas justifican una mimesis que vuelve informe todo ante el recuerdo. Nada más que decir. Me he visto, en razón del tiempo, obligada a obviar poemas del libro, porque todos darían de qué hablar. Lo dejo en sus manos, incapaz yo de decir con tanta honestidad lo que fuimos en la felicidad, y convencida de que su autor, tendrá que decir, quizá muy pronto, lo que fuimos en la tristeza, y sonará feliz, sin dudas. Y mientras tanto, que el sol siga alumbrando sus habitaciones.