lunes, abril 09, 2007

TEMPORADA DE OLMOS Y EROTISMO

Recuerdo, con tanta claridad, a la poetisa Victoria Tobar (Ambato, 1943), cuando, en alguna tarde, hablábamos de erotismo, y de sus manos goteaban poemas. Decía, pues, la citada, a propósito de la gran "corriente erótica" que se ha dado en el Ecuador, en lo que se refiere a la literatura, en las mujeres especialmente: "Para mí lo más erótico que he escuchado, se escribió hace mucho tiempo y está en la Biblia, en boca de Jesucristo, que dice: "Tomad y comed todos de él, que este es mi cuerpo... Tomad y bebed todos de él que esta es mi sangre...". El comentario me resultó, además de irónico y verdadero, muy oportuno frente a la falencia imperdonable de creer que la poesía erótica fue inventada por poetas ecuatorianas jóvenes.

El erotismo poético no es novedad. Salomón, uno de los más grandes poetas, escribe en "El Cantar de los Cantares", de la Biblia: "Me he desnudado de mi ropa; cómo me he de vestir? He lavado mis pies; cómo los he de ensuciar? Mi amado metió su mano por la ventanilla, y mi corazón se conmovió dentro de mí. Yo me levanté para abrir a mi amado, y mis manos gotearon mirra, y mis dedos mirra, que corría sobre la manecilla del cerrojo. Abrí yo a mi amado; pero mi amado se había ido, había ya pasado; y tras su hablar salió mi alma...".

El Ecuador ha tenido poetas -y poemas- que se han inscrito realmente en el erotismo que sugiere, que explora el lenguaje, sin inscribirse en el dibujo de cuerpos y carne, que tanto mal ha hecho a las mal llamadas "mujeres del Eros" que no han descubierto el "agua tibia".

Aurora Estrada y Ayala (Guayaquil, 1901-1967), se dice, es una de las precursoras de este lenguaje, que más que erótico, es desnudo e impecable: "Es como un joven de la selva fragante/.../ en su carne morena se adivina pujante/ de fuerza y de alegría un mágico venero// Por entre los andrajos su recio pecho miro:/ tiene labios hambrientos y brazos musculosos...". Una gran influencia descriptiva de la gran Alfonsina Storni (Suiza-Argentina, 1892-1938), tuvo esta gran poeta para destapujar su canto lírico y desembocar en un dibujo de hombre antilírico y erótico. La Storni que tuvo -y tiene- su gran influencia en la poesía femenina de todos los tiempos, como lo tuvo Neruda en la época de los cuarenta y cincuenta, en el lenguaje y sensibilidad masculina (que, por cierto, se sigue discutiendo si el lenguaje es sexual). Alfonsina dice, por ejemplo: "...Tú, la mano perversa que me hieres,/ si aquello es tu placer, poco te basta;/ mi pecho es blanco, es dócil y es humilde:/ suelta un poco de sangre... luego, nada".

A partir de la década de los cuarenta, el tema del amor comenzó a tomar "cuerpo" -aunque en Ecuador, siempre es tarde-. Jorge Carrera Andrade (Quito, 1903-1978), y más tarde Enrique Noboa Arízaga (Cañar, 1922) con el "Ámbito del amor eterno" (1948), trabajaron un laborioso erotismo, digno de reconocimiento (el primero con tintes vanguardistas -algo tiene de poeta maldito: Valery, Baudelaire, Verlaine, Rimbaud-; mientras que el segundo más clásico -sonetos de perfección consonántica y en ocasiones con tinte romántico y modernista).

Jorge Enrique Adoum (Ambato, 1923), con el reciente "El Amor desenterrado" (1993) se inscribe en un erotismo de canto hondísimo y extraordinaria labor lingüística y reflexiva, escribiendo en versos largos -casi griegos- líneas de una firmeza en el tiempo, que pareciera que el poema hubiese sido descubierto junto con los esqueletos de la península de Santa Elena: "Los amantes de Sumpa": "Y quisiera escucharle de cuerpo entero esas palabras/ que en la gramática de la anatomía se dicen desnudos y acostados,/ volviendo cotidiano lo imposible, desarreglando reglas/ a fin de que los dos puedan morir uno dentro de otro,/ haciendo angosta la cópula para que la tumba ocupe poco espacio,/ y no como morimos los demás, los todos que morimos solos/ como si nos acostáramos largamente a masturbarnos".

La generación de los sesenta irrumpe con la contemporaneidad, y sus escritos dejan de tener el polvo de la suculencia y el eufemismo. Hablan de un erotismo al que podríamos calificarlo "social". Un erotismo más libre y "pagano". (Rubén Astudillo y Astudillo, Cuenca, 1938, es una excepción, y se inscribe en el erotismo de este tiempo citado, con uno de los libros más bellos de nuestro país "Las elegías de la carne" (1971): "Tendida te recuerdo, como un charco de ron/ sobre la hierba, y todo el aire/ como una bocanada/ de chesterfield besándote. Donde/ estarás, ahora, Maligna/ entre/ que/ muros, guardas tus/ tragos lilas. Entre/ tanto/ camino, cual el que todavía/ conduce hasta la muerte/ dorada/ de/ tus piernas"). Sergio Román Armendariz (Guayaquil, 1934) con "Arte de amar" (1960); Euler Granda (Riobamba, 1935), con "De cómo tus piernas venían con nosotros" (1987), Simón Zavala (Guayaquil, 1943), con "Lascivos" (1991), que con estos libros quisieron adentrar su obra por pasajes -y paisajes- más profanadores -sin llegar a una innovación verdaderamente concreta-. El verdadero erotismo, en lo referente a la poesía, está en el lenguaje y no en el dibujo que el lenguaje proyecte. Iván Carvajal (San Gabriel, 1948) (con los poemarios "Los Amantes de Sumpa" -1984- y "En los labios la celada" -1996-), es uno de los poetas más prolíficos e interesantes de las últimas generaciones, que descubre su lenguaje y sensibilidad en pasajes seria y realmente eróticos: "...Y el sexo masculino/ báculo de la ceremonia/ árbol que se enfila hacia el abismo/ gavilán que desciende vertical/ sobre su presa/ asciende el humo/ desde el fogón del sacrificio/ alcatraz que se precipita...". Argentina Chiriboga (Esmeraldas, 1940), poeta y novelista, publica en 1992, "La contraportada del deseo", un libro con mucho de interesante en el tema, ya que la poeta retoma la magia y misticidad del pueblo negro, y los recrea en la poesía, creando atmósferas variables y gran ritmo: "En puntillas llego/ a la hamaca de los sueños/ donde Changó/ te diluye en deseos./ En este territorio/ de quietud/ registro/ tu enmarañada selva/ abierta para el tacto...".

En la nueva generación de escritoras -especialmente-, el lenguaje erótico, ha venido a ser un recurrente (desde niveles lingüísticos hasta niveles editoriales -se han publicado, en los últimos años muchos libros de poetas mujeres con este tipo de lenguaje, y algunos de dudosa calidad-). Será ésta una forma de liberación, como han dicho algunos? Acaso las mujeres han encontrado una nueva característica de femineidad?

Hay más nombres de poetas jóvenes, los cuales, en la segunda parte de este comentario, adentraré mi análisis, para ver que aporte nuevo nos traen la nueva generación poética: Margarita Laso, María Fernanda Espinosa, María Aveiga, Silvia del Castillo ("Mariposa"), Maritza Cino Alvear, Catalina Sojos, Carmen Váscones, Aleyda Quevedo, entre otras, que han intentado entregar, en sus libros, la desnudez de un lenguaje que sangra en el verbo (aunque no siempre puedan desnudar la palabra, y creo que solo así se pensaría en un erotismo lingüístico, con implicaciones corporales). Es decir que el tacto y el sentir corporal entre en el lector, como una nueva sinestesia, que se pueda sentir, que se pueda adivinar la textura y la clave de un amor, para bien de los demás y de la poesía, es lo que hay que buscar.

2 comentarios:

Locomotrova y/o La Lucre dijo...

Tal vez sería bueno hacer ciertas distinciones, pues hay escritores y escritoras que confunden bastante erotismo con desenfado total.Por otro lado, podrías citar el libro de Sheyla Bravo...
Pero todo es para decirte que este comentario es una prueba para ver si resulta mandar.
Lucre

monica dijo...

Hola, queria comentarles, que el erotismo no nace entre los muslos de uina mujer, el erotismo nace en el centro mismo del amor,mujer, en la tibieza de sus manos,al acariciar al hombre que ama, o al hijo que va a acostar, el verdadero erotismo esta en amar de verdasd,conoci hace ya mas de 27 anos en el camino que lleva a Bahia de Caraquez, un arbol que simulaba una mujer boca abajo, con sus gluteos bien formados, y ese talle estrecho, que sensualidad mas hermosa, el olor del cacao recien trabajado, posee un olor sensual, un cuerpo mojado bajo la lluvia, trae tempestades de sensualidad, hay colores que encienden y apagan pasiones, para mi el centro del erotismo es el amor, hay frutas que al abrirlas y derramarse frescas y jugosas incitan a la sensualiddad, hay ciudades abr5azadas por rios, que nos hablan de romance, hay colinas sinuosas como senos levantados mirando de frente al sol,cuando tu amas y eres amado no hay erotismo mas sublime ni sensualidad mas plena, el ser dedscubierta por ojos del amado.