jueves, abril 12, 2007

EL LIBRO CIRCULAR DE ALFONSO JARAMILLO

Estos micro cuentos de Alfonso Jaramillo son dignos de leerse. Tuve la suerte de presentar su libro. Aquí está el texto que leí aquela noche.

Alfonso Jaramillo Remache, nacido en Quito en agosto de
1972. Magíster en Derecho Comparado (Universidad de Bonn – Alemania), y
Licenciado en Ciencias Públicas y Sociales ( Universidad Central del Ecuador).
Colaborador de la Revista Quetzal en Alemania, ha publicado bajo el sello de
HJ-ediciones: Reloj de Arena (poesía); Día Murciélago (cuento); y, Libro
Sin Tiempo (cuento).


El maestro Julio Cortázar solía decir que la vida siempre jugó con él una fantástica aventura que él no pudo dominar ni controlar, sino que aparecía de manera gratuita, en lo que veía, en lo que sentía.
La vida es una fantasía según los ojos de quien la perciba.
Cortázar vivía la misma vida de cualquier argentino: comía, dormía, jugaba con sus gatos, escribía, crecía; en fin, nada fantástico; sin embargo, no sé por qué motivos de la sensibilidad, todo lo que él vivía (que no es, necesariamente, lo que él escribía) era una fantasía suprema.
En Cortázar se daba lo fantástico desde la cotidianidad. No eran recuerdos ni mágicos sucesos, ni hechos sorprendentes; era la vida diaria, la vida urbana de Buenos Aires, de Paris o de Bruselas. Que no es la vida diaria de Macondo o de Comala, por ejemplo, donde, allí sí, se produce un realismo mágico, extraído de una realidad que no vive un ser común de ciudad en esta época, o con esta tecnología; el ser anti anodino que camina por las calles nuestras, que tienen problemas de tráfico y smog. Que crece en la ciudad y para ella.
Esa fantasía real y cortazariana se me hace que sufren los personajes del libro que presentamos esta noche.
Pero no es solo esta fantástica fantasía (en este caso vale la redundancia aplicada); es también esa otra realidad doble, ese otro camino que no vivimos pero que parece existir al otro lado del espejo; así, como lo vio Lewis Caroll en Alicia y su país de maravillas. Y como lo inmortalizó Jorge Luís Borges, que además amaba tanto a Caroll.
Y, a propósito, Borges es uno de los escritores mimados de Alfonso Jaramillo. Recuerdo, a mi amigo Alfonso, hace muchos años, acercándose a las bibliotecas donde se hallaban los sabios volúmenes interminables del ciego maestro bonarense, y comenzar a espulgarlos, sabiendo que son libros que no acaban nunca.
Llevaba consigo y lo revisaba insistentemente y con emoción contenida a “El libro de arena” del ciego universal. El asombro del futuro escritor, por ese lado misterioso ya se daba a conocer, cuando Alfonso reconocía en Borges el ver y el no ver, la mancha del tigre de Bengala, el globo y el espejo, lo que no tiene fin, y sin embargo se podía ver íntegramente, el laberinto, la tomadura de pelo del tiempo, como aquel libro interminable y misterioso, o como él mismo Borges de joven y el otro, de viejo, encontrándose en alguna parte de la historia y del tiempo sin tiempo.
Cortázar y Borges, dos enormes maestros, parecen enfrentarse en estos cuentos de Alfonso Jaramillo. No, no es que sea influencia directa. Es seguimiento, encantamiento y coincidencia. Con estos ingredientes se podría hacer otro cuento del mismo Alfonso.
Los personajes de Jaramillo desconciertan, porque viven bajo una cara, que tiene una contracara. Es decir, viven dos mundos, dos dimensiones. Este es, sin duda alguna, el recurso obsesivo, el tema recurrente, el leiv motiv de los cuentos de Alfonso. Ese ir y venir, ese cruzar y volver, ese vaivén desconcertante que hace vivir dos caras, dos discursos fantásticos y provocadores, que entran de lleno en el misterio.
El uno siempre será el real; el otro, el inasible.
No es nuevo, pero en nuestra literatura si lo es, que la mente humana sea el personaje de Jaramillo para ilustrar la frustración de lo vivido en otras formas no concientes.
No quiero decir que este libro sea uno de cuentos de misterio y, peor aún, de terror, aunque hay un halo que perturba en los extraños gestos y movimientos de los personajes de Jaramillo. No son seres a lo Edgar Allan Poe, más bien se acercan a los macabros personajes creados por Hitchcock o por Quiroga. Solo que éstos, los de Alfonso, son tan hechos en Ecuador, tan nuestros, tan latinos, que producen más miedo, porque están más cerca de nosotros, se los huele cerca cuando uno camina por las calles, cuando uno sube a un bus, cuando uno se enfrenta a la parafernalia de la burocracia con algún burócrata corbatero, o cuando uno se mira en el espejo, y entonces comienza a pensar en el otro lado, en la otra cara, en el laberinto perfecto: la mente humana.
Imaginemos, pues, un hombre que solo puede mirar el mundo en rojo y azul, es decir, es más pariente de los toros, que ven en blanco y negro, que de los demás seres humanos.
O pensemos en un hombre que, enamoradamente, decide embarazar a su novia, dentro de un cartón de costura, en el que se zambullen como lombrices gelatinosas.
Usted acaso se ha puesto a pensar en un poeta que tiene que vivir varias veces la misma historia, teniendo plena conciencia de ello, y haciéndolo repetidas veces, por una obligación, por una ley de inercia, así como si fuera uno de los movimientos de la tierra.
Por favor, deténgase a analizar a un hombre que decide contar los granos de arena que ocupan su mano, debido a que, si lo logra, sabrá el número de estrellas que están a su alrededor.
Si comenzó a pensar en este tipo de personas, por favor, no se desgaste, lo hizo en vano, porque Alfonso Jaramillo, ha reunido en este libro a personajes como los descritos: únicos, irrepetibles (nadie va a atreverse a repetir en literatura personajes de ese tamaño imaginativo).
Aquí es cuando uno piensa que el escritor es una suerte de dios creador, porque crea a otros seres que, sin ser de barro o arcilla, viven mucho más –muchísimo más- que los de carne y hueso: los personajes de cuento.
Fíjense en estos otros ejemplos de personajes entre patéticos y misteriosos.
· Un hombre que observa a otros hombres, dentro de una oficina, y que a su vez es observado (es un circulo cerrado. Una especie de “Big Brother” empresarial).
· Mujeres que ven la vida al revés. Pero de verdad, es decir que las funciones coherentes de la naturaleza se vuelven incoherentes. Se desconectan de la realidad y van al otro lado de lo obvio. Imagínese a muñecos que piden de regalo niños para jugar con ellos.
· Hombres que sueñan en realidades que enseguida se vuelven sueños. Es decir que lo real, se vuelve inmaterial con una rapidez temible y asfixiante.
· Un hombre que vive en la realidad del espejo, es decir fuera de la realidad, pero sin embargo, esa realidad se refleja en lo vivido en la materia y no dentro del reflejo del espejo (esto no es un trabalenguas, es una síntesis de un cuento de Alfonso Jaramillo, con el fin de que nos demos cuenta de ese choque entre realidades).
· Un hombre que lee un libro en el que se está dando lo que el está viviendo en ese momento, es decir un hombre leyendo y sintiendo lo que siente el hombre en el presente material, que ya ha sido escrito. Imagínese que a usted en este momento alguien le entregue un papel en donde esté escrito que a usted le van a entregar un papel.
· Una mujer que vive una doble vida: la de la realidad material y una vida estática (la de una fotografía). Y lo más terrible es que la fotografía tiene mucha más vida que la mujer original.
¡Por favor! Lean este libro, trae tantas sorpresas, que uno queda compungido y asombrado.
Es el libro de la dualidad. Todos los cuentos del pequeño volumen tienen esta característica reiterativa de la doble función de vivir, el doble camino a seguir. La conciencia y la subconciencia (no la inconciencia). El perderse en el tiempo como problema filosófico, el no hallarse frente a la telaraña de la vida, del tiempo, de los ciclos cósmicos, de los misterios del hombre, más allá del amor, de la muerte y de la vida.
Acerquémonos más a los textos de Alfonso.
De los 26 relatos, todos cortos y contundentes, en ninguno hay un sola historia. Siempre se encuentran dos historias paralelas, que aparentemente son la misma, pero se bifurcan.
Son cuentos de finales fulminantes y diplomáticos, abiertos para ser cerrados luego de una socarrona bofetada irónica.
Alfonso tiene un corrosivo humor negro en su literatura. Un humor sagaz, con el que acostumbra a cerrar sus cuentos. Así, como el viento con las puertas débiles: un ¡plaf! Incontenible.
Seis de los veinte y seis cuentos tienen menos de diez líneas. Es decir, Jaramillo, le apunta a la síntesis. Y en muchos casos triunfa esa complicada micro historia que, a la manera de un soneto, nos dice todo.
El bello y terrible “Ratón ratón” es un ejemplo de nítida sencillez y síntesis. Un perfecto círculo vital. Además de un círculo urbano y hasta repulsivo, pero real y perfecto.

De estos pequeños cuentos, hay algunos que terminan siendo prosas poéticas como “Bajo el peso de tus labios”, que se pierde en la narración para llegar a la poesía.
Por cierto, en este libro hay buenos y encantadores vuelos poéticos que se confunden y mezclan con la narración coloquial y sencilla de la prosa de Alfonso Jaramillo. Fíjense en estas frases que a cualquier poeta le gustaría llegar:
· “Apenas nos posamos sobre los sillones, estiró la sábana lisa de su mirada”
· “Cada alarido se convertía en un animal distinto y agresivo, hambriento y desesperado”.
No hay duda. Son cuentos coloquiales, como los que se escriben hoy en día, pero con presencias fantásticas y no simples seres ahítos de modernidad y de desamparo, porque no todos estos cuentos son tristes, sino ambivalentes, híbridos, suenan lentos para las sensaciones.
Creo que este libro es el paso de mi amigo Alfonso para llegar a alcanzar un discurso absoluto y distinto, que es lo que todos los creadores queremos tener.
Es un gusto haber leído este “Libro sin tiempo” porque mientras uno lo está leyendo siempre aparece alguna sorpresa que nos deja asombrados, alumbrados, anonadados; así, como cuando uno mira largamente el cauce de un río, y de repente, como un aparecimiento, como un fantasma, como una sospecha, asoma sobre él una ramita seca, en la que una golondrina se posa a tomar agua, mientras se baña con el infinito.
Ni más ni menos.

2 comentarios:

Lorena dijo...

Xavier:Tu travesía es tan intensa,que sin darte cuenta ,logras que el resplandor este en el viaje hacia el cuento más que en el cuento mismo.
Me encantó de encantamiento tu capacidad para seducir,tienes algún cuento o poema tuyo que compartir.

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Con Amor y poesia

Lorena dijo...

Tu travesía es tan intensa,que sin darte cuenta ,logras que el resplandor este en el viaje hacia el cuento más que en el cuento mismo.
Me encantó de encantamiento tu capacidad para seducir,tienes algún cuento o poema tuyo que compartir

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Con Amor y poesia