miércoles, julio 26, 2006

PEDRO GIL: El poeta estaba borracho pero ya reaccionó

Hay un poeta extraño en Manabí. Nació en Manta, en 1971. Ha publicado ya cinco poemarios y estuvo largamente enfermo, con esa enfermedad mortal del alcohol y la desolación. Pero ha decidido curarse, extrañamente. Digo extrañamente, porque todos los que conocíamos la figura y poesía de Pedro Gil, el poeta en cuestión, creíamos que nuestro poeta social, se iba a ir con sus cantos hacia donde ya no se le puede escuchar en tercera dimensión. Es decir, creíamos que Pedro iba a morirse espectacularmente, como un poeta decapitado, o un romántico inglés, o un antiguo condenado en la torre de Londres. Creímos que Pedro Gil iba a irse de nuestro lado, luego de un terrible delirium tremens (que a propósito, así es como se llama uno de sus poemarios extraños dentro de la literatura ecuatoriana: extraño porque Pedro solo dice la verdad. Y solo dice su verdad, y su verdad es tan corta, pero es tan nuestra, tan de todos. Todos sufrimos lo mismo).Alguna vez, en la bella Guayaquil, en un encuentro de escritores, llegué a decir a unos compañeros vates, que todos pronto seremos cómplices del asesinato a Pedro, porque Pedro necesita otra cosa, y no esa fama perdurable y soez de "Poeta marginal" y por esa fama se hizo famoso en Quito, una editorial decidió embanderarlo con ese calificativo, que en otras sociedades hubiese sido tan despectivo como decirle "leproso". Pero se dio así, y Pedro era nuestro poeta marginal y nuestro poeta borracho. Nuestro Edgar Alan Poe (personaje al que Pedro le escribió uno de sus mejores poemas). Recordé alguna vez, a propósito de Pedro, un bellísimo poema de Rubén Astudillo, que hace referencia a Dios, en el que dice: "...todos lo asesinamos...". Y era verdad, todos hacíamos mofa, y decíamos que Pedro es un "tremendo personaje", pero no pensamos que su vida era una horrorosa laguna de problemas y traumas y aberraciones. Pero, quien creyera, el poeta era -es- tan inteligente, que él mismo se dio cuenta, y entonces decidió regresar, cambio de lugar al "sano juicio" (así como se llama su último libro de poemas) un texto realmente espeluznante dentro de nuestra literatura, porque es el texto de la depresión y del riesgo. Es el texto de la desolación, de ese encontrar a la mujer amada y pedirle ayuda, como si el alcohol y la marginalidad fueran los fascistas de su propio campo de concentración. En este libro (además traducido al ingles, en una edición auspiciada por el Archivo Histórico del Guayas) se deja notar al Pedro atravesando la larga resaca de la abstinencia. Cuántos alguna vez se han sentido en ese trance brutal de la renuncia a si mismo. Ahora Pedro Gil es otra vez aquel muchacho noble, simple, que conocí en 1994, a quién le gustaba la poesía simple, sin aspavientos, sin palabras extrañas, sin falsos cripticismos, que tanto mal han hecho a los poetas de mi generación. Ahora Pedro está irreconocible. Sigue amando con fruición a los poetas, sigue creyendo en ellos. Y está enamorado de la poesía y de la mujer que se ha dejado habitar por su persona y por su valentía. Y está, como siempre, tramando deliciosos poemas. Ha vuelto a ser el "juicioso" que mira al mundo desde el otro lado, que es el lado de la inteligencia. Sigue amando al hombre y a la mujer de la Patria dolorida que somos. Pedro ha vuelto a nacer. Pedro es otra vez vida. Y otra vez poesía.

2 comentarios:

Julián Reyes dijo...

Estaba buscando info sobre Pedro Gil y llegué hasta aquí. Gracias por este espacio sobre él.

Angeles dijo...

Qué bueno por Pedro, buscaba su poesía siempre me gustó, esperemos encontrar el libro. Me parece muy inteligente tu comentario muy real, qué asco que solemos ser con las poses, que deshumanizados, que resentidos snob. ¿Marginal? ¿qué se vaya a un cuerno pero que escriba?...esta bien leer textos fuertes, desgarradores, brutales, ¿pero exigir a un personaje que haga de artista del hambre, para eso?... en el teatro del arte hay muchos que te exigen subir sin máscaras, muchos que se creen y suben hasta sin piel, por petición del circo romano, de la crueldad, de la más simplona estupidez, ahí está la obra ¿se necesita de una biografía?...mucho que hablar aún, pero es justo lo que dices, qué bueno por él, qué bueno por nosotros!
Ángeles Martínez D.