viernes, junio 30, 2006

JUGANDO AL CÁNON ECUATORIANO

Nuestro cánon (el poético, el literario) ha sido siempre sometido por el "oficialismo". Ciertas Universidades, ciertos medios de comunicación masiva, ciertos grupúsculos oficales, ciertas sectas literarias nos lo han impuesto. Y claro, hay de aquellos que se lo llevan "puesto", que le hacen capilla ardiente al "canon oficial". Siempre vuelven a los autores consagrados, los intocables. Primero a los muertos eternos, que van más allá del canon, que ya son estatuas, plaza con glorieta. Luego a los viejos que aún viven, por último a los nuevos. A los nuevos le auguran aún florecimiento en su adultez total. De los otros se olvidan. de los otros muertos, de los otros viejos, de los otros nuevos.

Pero también es verdad que los repetidores del canon, no son los lectores, son los vigilantes de la historia de la literatura.
los lectores verdaderos son los que rompen la idea del canon perpetuo. Los que rayan en la anormalidad, los que están afuera de las ideas convencionales.

***

Hace algunos meses ya, en una deliciosa reunión de bohemia junto con Galo Mora Witt y María Fernanda Espinosa, mi esposa Julia y yo tuvimos la terrible oportunidad de pensar en nuestro canon particular, nuestro canon individual. Luego, también lo hizo, María Fernanda y Galo. Estábamos pecando. Rayamos al canon porque nuestras lecturas no van con el oficialismo. Y creo que eso pasa con todos los lectores, lo que sucede es que da miedo decirlo.

Quien puede atreverse a decir con aires de oficialismo que Gangotena no es un poeta de las agallas de Ledesma Vásquez. O que el vuelo lírico de Carlos Eduardo Jaramillo, el poeta lojano, es infinitamente superior que el de Iván Carvajal, el poeta sangabrielino, o que la lírica de Manuel Zabala Ruíz es mucho más trabajada que la de Javier Ponce o Alexis Naranjo. Esto es casi un pecado, cuando el canon está regado en el oficialismo. A algunos oficialistas les dolería pensar que la poetica de Ileana Espinel no ha sido estudiada a fondo (por lo que hay que defenderla frente a posturas eroticoides de las nuevas poetas mujeres del país). O defender las figuras de Violeta Luna y Ana María Iza de cualquier convencionalismo oficial.
Dificil, pero verdadero.
Yo me quedo con la lectura que he hecho. no con el cartel empobrecido del canon.
Por ejemplo yo creo que Marcelo Báez Meza ha hecho el más importante y fortalecido discurso poético de mi generación. Saltándome de los nombres que el canon impone. Aunque el poeta Baez esté fuera de ese canon (y él mismo sea el que quiera salir) mi lectura es así. El canon es un juguete. Julia, María Fernanda, Galo tenían la suya. ¿Por qué Fernando Cazón no entra en el canón oficial? ¿Quien dirige las riendas del juego?
Invito a los lectores a crear su propio canon. A irse contra el oficialismo que lo único que hace es dibujar figuras que ni conocemos y ya las estamos pontificando. Ni más ni menos.

3 comentarios:

Detectives cholos dijo...

estoy 100% de acuerdo en las comparaciones y el punto de vista que las sustenta. en acuedor, hablar del canon (creer que existe) es un invento de los pro-canon, de los que se benefician directa o indirectamente de el. historicamente, es siempre resultado del oficialismo. en ecuador, o sobre ecuador, formularlo me parece algo lamentable, desinformado y finalmente risible. lo mas sorprendente es que ningun poeta del ecuador que yo conozca menciona a ningun mimebro del supuesto canon ecuatoriano como influencia o autoridad. entonces, es un inventillo. ahora supongo que les tocara hablar del postmodernismo ecuatoriano, o loq ue corresponda a nuestros 15 anhos de retraso en discusiones. paciencia y sigamos leyendo a lesdesma, cazon, jaramillo, preciado, nieto y otros, nuestros grandes poetas que por suerte son olvidados por los siervos del pasado. f..iturburu

MiguelAntonioChávez dijo...

No hay que ser demasiado inteligente para darse cuenta que los elementos del saber, al igual que las ideologías políticas, son manejados por grupos de poder a los que les interesa perpetuar los cánones. Y ha ocurrido en todos lados, solo que acá al ser nosotros más pequeños (geográficamente claro está) y con menos anticuerpos contra la ignorancia, es más notorio.

Hablando, por ejemplo, de la Segunda Guerra Mundial, recién ahora biógrafos (entre ellos judíos)reconocen aspectos en los que genocidio nazi fue sobredimensionado (desde los métodos empleados hasta el número de asesinatos en sí),más por cuestiones humanarias, por políticas...Para que Napoleón sea considerado lo que hoy "es", debieron pasaran décadas de demonización. En fin...

Los "cánones literarios" podrán parecernos catedrales inamovibles pero algo me dice algún día, siglos después de q nos pudramos, es probable que Cazón, Jaramillo, Ledesma y demás leyendas aún no estudiadas serán los próximos cánones a tumbar.

afectoso saludo, Xavier.

Santiago Páez dijo...

Estimado Xavier,

Me ha parecido muy interesante y muy sugerente tu texto sobre el canon. Me alegro que se hayan divertido con María Fernanda y con Galo, tan queridos amigos y colegas. Tengo, por supuesto, algunas observaciones:

1.- Ya puesto como tú a combatir el “oficialismo”, combatiría la misma noción de canon, que lo que propone es una perspectiva axial, un “eje del bien” y de lo bello, que deja fuera toda opción creativa que no se avenga a las reglas del canon. El canon, es, conceptualmente, una noción que nos viene como rebote del eurocentrismo, recordemos que Bloom –autor por lo demás interesante- en su “canon occidental” solo incluye 18 latinoamericanos, mientas que registra 171 autores solo de Estados Unidos. Todo canon implica una jerarquización intolerable.

2.- Estoy de acuerdo en lo estéril del pensar la literatura ecuatoriana en los cánones que ofrece cada grupúsculo, y supongo que una perspectiva que sustituya la verticalidad excluyente del canon con la noción horizontal del rizoma, sería mucho más útil para pensarnos.

3.- Es terrible, para un autor que escribe para no morir, ser incluido en un canon. Significa que en adelante deberá redundar en su trabajo, copiarse a él mismo, lo que equivale a morir. Y hay ejemplos de eso: más de un colega escritor se ha dedicado, después de cumplir los cuarenta años, a escribir siempre el mismo cuento o, cuando son más honestos, a cultivar un silencio que rompen solo en las tertulias.