miércoles, agosto 06, 2008

"Caín y otros olvidos" El nuevo libro de un narrador Ecuatoriano


Texto de presentación del Libro "Caín y otros olvidos" (Quito, Editorial El Conejo, 2008) de Fabricio Silva Freire


El Caín de Fabricio Silva Freire

¿Qué saben ustedes de Caín? ¿Qué sé yo de Caín?¿Sigue en la tierra? ¿Sigue errando por las tierras de Nod, eternamente, como dice la Biblia? ¿Cuál es la fascinación que produce este personaje que mató a su hermano, que sintió la envidia por primera vez, según el Génesis, y que fundó el mundo: que hizo las ciudades, que hizo la civilización?

¿Por qué él y no su hermano Abel? ¿Por qué ganó el malo en esta vez? ¿No dicen que cualquier tiempo pasado fue mejor?

Difícil responderse, sin embargo, en una canción de Luís Eduardo Aute encontré una singular respuesta, a la que me uno:

…hoy tengo un día de esos en que sufro
toda esa poesía cruel,
aunque que temo que yo mismo soy quien
me produzco más espanto
al verme comprendiendo las razones de Caín
matando a Abel.

Parece ser que ese problema también tiene resoluciones en el lenguaje onírico, torrencial, mohoso y sintético de Fabricio Silva Freire, narrador ambateño, radicado en Cuenca y trotamundo de las tierras de nuestro Nod criollo, tallerista y gran estimulado y estimulador de la literatura. Eterno, en cuanto a que se mete a escribir literatura y todos sabemos que la literatura tiene más chance a rozarse con la eternidad que cualquier otra cosa, aunque todos también sabemos que el tiempo, juez implacable de todo, dejará borrando el pizarrón de las eras y solo quedaran lo verdadero. Por ejemplo, el tiempo no perdonó a Caín, ¿dónde también estará el asesino? Pero su inmortalidad siempre ha sido objeto de los grandes libros de literatura.

Recuerdo la novela “Los motivos de Caín” de José Revueltas, en donde se deja notar las influencias del mítico personaje con la corrupción política y sus desavenencias en la historia de la humanidad.

Caín es también, según se lee en el libro, el editor de este volumen. Bueno, en realidad el editor es Abdón Ubidia, pero en la ficción del cuentario “Caín y otros olvidos” Fabricio Silva nos trae una “Nota de un editor”, título de su primer cuento” en donde el personaje se presenta así: “… me guarezco en el tiempo y me resigno a que esta soledad errante me hostigue…”. Eso firma Caín, el inmortal, que vuelve como pretexto, lúdicamente a posarse de este libro de cuentos que, como bien reza la contratapa del mismo, “ubicará a Fabricio Silva Freire entre los buenos cuentistas ecuatorianos”.

Caín volverá a aparecer en el cuento “Caín y ellos” donde hay un enfrentamiento desde la reflexión y la sentencia sobre la vida. No es un cuento que fluya en la historia sino más bien se estaciona en reflexiones filosóficas. El personaje de este cuento piensa como Caín, o él cree que piensa así. Y eso es lo literaturizable. Lo hermoso

18 cuentos conforman el libro, aparte de la Nota del Editor imaginario. Todos ellos se abren al lector con una ilustración ilustre –valga l redundancia-. Sí, el libro de Fabricio Silva vale doble, porque por sus páginas hay 20 dibujos del maestro Jorge Chalco. Penetrante figuración, estilo definidor, talento que salta a vista ligera. Gran honor para un escritor novel que su libro sea ilustrado con semejante nivel de pluma, consiguiendo adentrarse en la magia recurrente de este interesante tomo de narrativa.

Todos los cuentos son muy pequeños, el poder de síntesis no siempre está al galope, pero hay una intensa preocupación por el lenguaje, una búsqueda por la palabra oportuna que abra el universo semántico y que se demuestre en el cuento. La tensión está programada para ser, en unos casos, el golpe final, la estocada que mate cortazarianamente a la presa lectora, como el final del bello cuento “Desangelados”. O la intencionalidad de dejarnos sumidos en el pensamiento, cuando las frases continúan sonando a ritmo de eco de campana loca, hasta conseguir ensordecernos en el mercado antiguo de la incertidumbre.

Buen adjetivador y recurrente poeta. Fabricio Silva sabe que no solo es cuestión de contar, sino de darle al cuento esa magia transpirante (diría Einstein) de hacerlo una pieza original. Porque contar lo saben todos, escribir un cuento es un labor de cirujano que ha estudiado joyería. Es decir una suerte de mago. Así como Moisés escribió el Génesis, con esa cuota de maravilla que es el estilo. Y el estilo, eso es indudable, es el hombre.

Miren por ejemplo si este párrafo, no pasaría totalmente como un poema. Del cuento “Desangelados”:

“Y llevado por los refranes, desciendo lentamente, no vaya a ser, como dice Angélica, que me encuentre a mí mismo y me vuelva con él; no vaya a romperse este espacio y que no exista hilo que pueda unirlo, pero los hilos de la noche no se rompen por caprichos sino por pesadillas, y cansado el titiritero nos abandona nuestra soledad incrustada en las paredes de cualquier anfiteatro”.

¿Que preocupa a Fabricio Silva? Cuáles son sus temas recurrentes. Hay uno y muy borgeano que se deja notar en el primer cuento, e inclusive en el párrafo que acabé de leer: el otro. Ese otro que es uno mismo, pero que no es, sino que se lo siente, que se deja vislumbrar, que aparece en los espejos y que es genio y figura. Así como el buen Abel frente al Caín venenoso. El doble, que personalmente siempre me ha dado miedo, terror. Esa idea de encontrar ese otro tú en otra parte, cometiendo cualquier fechoría distinta a la tú haces. Esa otra segunda persona que habita el mundo como tú, con tu figura y con tu rostro se enamora, se duerme, se reconoce. Terrible. Recuerdo que en ciudad de México me contaron unos amigos escritores que en esta urbe enorme habitan todos los rostros y que no me preocupara ni asustase si, alguna vez, caminando por la monstruosa y bella ciudad me encuentro conmigo mismo comiendo tacos al pastor. A mi juicio, esta imagen me resultaría la más espeluznante que pueda vivir.

Fabricio Silva en su cuento “Ceguera de basura” muestra la idea del doble en mezcla con la dura realidad. Con esto hará un cóctel estupendo de nueva narrativa. Es una dura estampa de amor y dolor. Donde más duele lo que parece no doler.

El amor es un tema que preocupa a Fabricio. El tema ha estado siempre tan lleno de aristas. Siempre el amor crecido en estalactitas, en duros alfileres que darán siempre que hablar.

Su idea del Doble siempre conduce a enfrentarse a la creación de dos voces, no siempre contrapuestas, pero siempre con estilo. Hay un cuento que se llama “Dos voces” en donde se deja notar dos visiones sobre un mismo hecho y un acto final concreto. Una relación amatoria que termina en separación, y de este, nace un niño. No hay novedad en la trama, la trama no importa. Importa el tratamiento, aquello terrible de las visiones dobles. De la incomunicación, de lo que uno es cuando piensa.

El cuento “El General” también escrito en dos voces, nos remite al conocimiento hostil de un mundo inmerso en la podredumbre. Aunque no soy de los que dice que el mundo está cada vez peor, porque me sujeto a lo dicho desde el tango de Sánchez Dicépolo: “El mundo es y será una porquería ya lo se, en 506 y en el 2000 también…”, sin embargo la corrupción solo ha cambiado el estilo. Ya lo dije antes, el estilo es el hombre. Y hay formas y formas. Fabricio trabaja este tema con estupenda versatilidad, sin caer en amarillismos o cartelismos. Hace lo mismo en su cuento “El monseñor”, personaje tétrico, religiosamente camuflado, que me ha recordado a una letra de canción de Luís Eduardo Aute que dice:

Tras el sacro desenfreno,
el frenazo y el frenillo,
le previene el cura obsceno
al incauto monaguillo:

Más taimado el sacerdote,
le consuela al monaguillo:
"por jadearme en el cogote,
te has ganado un cigarrillo.

Personajes sólidos estos del General y el Monseñor. Los dos arrimados a esa escuela corrupta. Libres de estereotipos o de trillados finales. Libres de ello, pero sometidos al lenguaje límpido de su autor.

Otro tema recurrente en este libro es el lenguaje onírico. Adentrado en el realismo fantástico, Freire trabaja allí sus mejores cuentos. Hay un cuento que suena a declaración de principios sobre el tema del sueño. Fabricio me ha dicho que sus pesadillas se han ido exorcizando cuando las ha llevado a la escritura. En el cuento “Nuestra dimensión” se dice:

“Él se despierta de la pesadilla, se acerca a la rosa y la mira, como si el evento fuera ajeno a la dimensión cotidiana y violenta…”

El poder de los sueños es el galope hacia otra realidad.

Freud decía que todos los sueños representan la realización de un deseo, incluso las pesadillas donde lo que aparece es el incumplimiento de un deseo. Los sueños, según Freud, son realizaciones disfrazadas de deseos reprimidos. De allí que se produce la deformación en el lenguaje de los sueños. Esta deformación es intencional ya que el soñador es el sensor de uno mismo y encuentra que sus deseos no son políticamente correctos.

Brillante enlace para el psico-análisis. Los cuentos de Fabricio están plagados de estos ocultos deseos o contra deseos, por ejemplo, una vieja estatua que se mueve y abraza a un historiador hasta matarlo en medio de una espeluznante confesión desesperada. O el cuento “Confesión de un siquiatra” Estupendo. Redondo en su tema y en su forma. El personaje del psiquiatra es la voz parlamento que va hilvanando una historia de verdadero suspenso hitchcockniano. En este cuento se vuelve a notar el paralelismo entre los personajes, creando una visión fantástica y extraña. O el truculento cuento que cierra la muestra “Un delirio de Dios” donde los personajes tienen una visión concreta del lugar donde está Dios y quieren liberarlo a costa de sus miedos terribles. Un cuento filosófico espeluznante. O el cuento “El tiempo y su mentira” en donde se reflexiona filosóficamente sobre él, partiendo de la frase “el tiempo es un juego inventado por la vejez”, sin embargo el personaje de la historia es un hombre que vive en un espejismo, víctima del delirium tremens. Personajes que se enfrentan a otros niveles de lenguaje desde su significado, desde su semántica.

Cabe anotar que este libro tiene otra particularidad. Cada cuento que se va leyendo en el orden impuesto en la obra va haciendo crecer una gran historia. Una sola zaga, es decir que los cuentos de este libro resultan andamios para la gran construcción de la obra de Silva. Hay un personaje que se repite junto a Caín. Personaje femenino: Angélica. Con ellos, y progresivamente, los cuentos van hilvanándose en un solo soliloquio que cuenta fragmentos cerrados.

“La simple esperanza ya era una buena revolución” dice uno de los personajes de Silva en el cuento “Sonata de un contento”. Pero este libro es más que esperanza. Y lo es porque Fabricio hace muchos años ya tenía su primer libro. Pero decidió romperlo, aniquilarlo y volver a empezar. Terrible faena, terrible desencanto. Por él ya ha pasado el tractor, la retro excavadora del rigor. Y lo importante es notarlo.

Es este libro no un ejercicio, sino la bienvenida. Ahora es fácil entrar en la universidad, lo difícil es mantenerse. Y la literatura es una madrastra, sobretodo en Ecuador, en esta época de cambios. Hagamos en este acto que los amigos de Fabricio lo comprometamos siempre con la literatura. Este acto es un matrimonio, Y espero que dure toda la vida. Así, como parece que Caín sigue vivito y coleando por el paraíso del siglo XXI.

Ni más ni menos

Quito, 17 de Julio del 2008

1 comentario:

gerardo dijo...

PARECE MUY INTERESANTE ESTE CUENTISTA ECUATORIANO AL CUAL NOS PODEMOS ASOMAR EN ESTA PAGINA.