domingo, noviembre 12, 2006

SABINA EN CUATRO TIEMPOS

1

Caminando con un amigo por la calle Relatores del viejo Madrid, con cierto temor, porque ya nos acercábamos al número de la casa donde, según me había dicho Luis Eduardo Aute, vive Juaquin Sabina. Mi timidez y la de Pedro, mi amigo de Torrelodones, invadian las calles de la ciudad vieja, del Madrid de los Austrias, como se llama a esa zona del casco histórico de la capital española. Quería entregarla a Sabina un poema en base a un verso de una de sus canciones (de cualquiera, a la larga, Sabina es poesía), además de libros del Ecuador. Al fin llegamos, pero vimos raro el lugar, no era una casa, con un timbre, sino una especie de Villa con jardin y a lo lejos una puerta semi abierta. Pedro entró, yo no me atrevía a romper el mito de mi héroe. Tomó los encargos y fue a darselos a quién esté en la casa para que a su vez, éste le pase a su dueño real. Al salir me dijo que mejor que no haya entrado porque quien recibió los obsequios fue una fría secretaria quien dijo, como en cualquier oficina burocrática, que Sabina no está y que los dejé para entregárselos. Luego añadio mi amigo Pedro que si yo quiero conocer a Sabina, él me tiene una sorpresa. Yo no sabía a que se refería, de Sabina conozco todo, sus libros, sus dibujos, sus videos, su música, su poesía, su anti poesía, su cercanía a Quevedo, su filología, sus historias de amor, su ciudad amada y su ciudad natal. Todo, he vivido aprendiéndome las canciones de él como si fueran catesismo. Solo faltaba conocerlo a él. Fuimos, entonces caminando y entramos en un bar de copas. Pedro pidió una ginebra y yo una caña de cerveza. Lo tomamos con una tapa de pulpo en aceite de olvia balsámico y entonces Pedro dijo al mozo: ¿Hombre, Sabina viene por acá...? A lo que el camarero respondió: ¿Tío, ningún bar de copas de la zona ha dejado de ser visitado por el cantante, claro que viene... y cuando lo hace, tenemos que cerrar... Pues ya está, dijo Pedro, Cuentele a este (refiriéndose a mí) que hace ese canalla... A lo que respondió el mozo: Y qué va a hacer, pues nada, tomar, fumar, es un hombre, tío, un hombre, nada más... Pero yo me niego a ello. Sigo fabricando el mito. Hombre ahora es cualquiera. Hasta Alvaro Novoa puede ser considerado hombre. O revalorizan la palabra o Sabina es Dios.

2

Hace diez años, en el Concierto "Todas las voces todas" debieron estar, probablemente, lmuchas de las mismas personas que fueron ayer al concierto de Sabina, digo las mismas, para decir que hay público bullente por este cantautor, sin embargo, hace diez años Sabina pasó desapercibido por Quito, tanto así que recuerdo cuando cantó Quien me ha robado el mes de abril y él, acostumbrado a que su público sea su coro seguro, callaba para que Quito cante aquello de Lo guardaba en el cajón, donde guardo el corazón pero Quito no cantó nada. Quito quería Silvio Rodríguez, Quito esperaba a Fito Paez, a Luis Eduardo Aute y a la negra Sosa. Juaquinito, entonces, montó en colera y gritó a Quito una de las frases más terribles, para el corazón de un fan, luego de que el coro era tan tenue que no se avanza a oír: ¡Canten coño! Así gritó el maestro. Ayer volvió a cantar la canción y el coro alcanzó a Eco, mucho más que cualquier Narciso.

3

No estoy de acuerdo que el disco Enemigos Intimos sea lo mejor que ha compuesto Joaquín Sabina. Los que conocemos los intersticios de su musicalidad, sabemos que es lo más postizo de su carrera. Sabina escribió pensando también en Fito Páez, en su modulación de voz, en su sensibilidad musical. Creo que Sabina en Enemigos íntimos es de lo menos auténtico que ha hecho. Sin embargo todos sabemos que a Sabina no podríamos pedirle que componga algún "adefesio", sería como pedirle "peras al olmo". Pero su auténtica voz, su verdadero ritmo, su letra legítima vene libre de aparatos y de trastos. Yo siempre seré fiel a Sabina sobre Páez, a quien creo un extraordinario músico y un gran compositor, pero Sabina es el universo. Páez es una galaxia.

4

11 de Noviembre del 2006. Joaquín se va a hundir en Quito como el Titanic. Así es la concepción de su gira ultramerina, como la de Rubén Darío por el modernismo. Dice que le falta el aire, que podría cambiar su bombin por un sombrero Panamá que no es Panamá. Juega, gesticula, produce unas emociones en un teatro repleto que asusta. Sabina es el rey. Veo a muchos adolescentes que toman cerveza y cantan algún coro de una canción más famosa que el agua, como y nos dieron las diez, Princesa, contigo o luna de miel. Veo a gente que lo ama de verdad, que lo ha explorado de verdad, que ha leído sus poemas, que ha medido sus endecasílabos, que ha sentido la fuerza de sus metáforas y que, como yo, ha llorado cuando lo ha escuchado cantar en vivo, luego de 10 años a su maestro, como Zeze, el niño de la bellísima obra de José de Vasconcellos, Vamos a calentar el Sol, el mismo que desea adoptar a un padre imaginario, y adopta a Maurice Chevalier, el actor francés, y entonces conversa imaginariamente con él y el viene a sus sueños. Hasta que una vez, Chevalier llega a Sao Paulo a promocionar una película y entonces Zeze corre en su busqueda, pero cuando lo ve de frente, obviamente Chevalier no se inmuta. Entonces Zeze, decepcionado, no puede entender porque el actor no le dice nada, mientra Zeze resuelve pensar en Chevalier como alguién frío, sin sospechar siquiera que es su padre. Así el maestro, de lejos, contigo Juaquín. Esperando que te hundas y que hundas. Yo naufragaré simepre fiel a tu música, maestro.

2 comentarios:

Virgilia dijo...

Creo que mi situación es muy similar a la tuya. Sabina vino a la Argentina en marzo de este año. Se hospedó en el Faena. Intenté por casi todos los medios posibles averiguar qué día llegaba, al menos para pararme a metros del hotel y contemplarlo de cerquita. No lo logré. Pero lo tuve a (varios) metros en el Gran Rex; aunque me lo refuten, para mí solita (los que lo vieron en vivo saben la magia de ese momento, lo especial y único).
Ayer me enteré que Joaquin llega a la Argentina el 3 de diciembre.
Y como no quiero que no me recuerde entre la multitud que colmó el Gran Rex, ni que no recuerde mi grito en su Ahora que..., ni que no recuerde las noches que yo lloré, viví, sentí con sus canciones, que creo que recuerda, no iré a metros del Faena.
Me alcanza y sobra con que me dedique todas sus canciones (a mí y a todos los presentes;cada uno lo sabe)en la Bombonera, y me prometa volver, porque recuerda noches como esa, en las que su boca es más mía que suya, y mi corazón e incondicionalidad a su servicio.

Locomotrova y/o La Lucre dijo...

Quizás es parte de la fatuidad del mundo pensar que a nuestros ídolos les podemos interesar como personas. "Aquel hombre ni sabía que había sido 'mi padre'", narra Vasconcelos, todavía con restos de lágrimas en los ojos. Y sufrimos, una vez más, sin un motivo razonable. Cuando huelas el aliento de Sabina, cuando pruebes su malgenio, sus intolerancias, su cara de recién levantado, sus impaciencias y sus miedos, sabrás que el mejor modo de acercarse a un artista es a través de su arte. Ahí no hay rivalidad, no hay competencia, no hay desgaste de ninguna relación. Solamente hay el disfrute de lo que esa persona -ser humano como todos, al fin y al cabo - puede compartir a toda plenitud con cada uno de nosotros.
Lucre