viernes, agosto 21, 2009

ESTO FUIMOS EN LA FELICIDAD según Liset Lantigua



Por Liset Lantigua

Es difícil abordar la poesía sin sentir que una rasga una seda antigua, intocada, por la que el viento cruza de ida y vuelta poniendo nuevos tonos, obviamente pálidos o grises, o tenues. Una quiere hablar de la poesía, tiene a la mano el método, sus apartados, hablante lírico, tono, composiciones, estructuras, recursos estilísticos, procedimiento, disposición, en fin, todo, y llegado el momento una siente que nada podría agotar las posibilidades del texto, y lo que es aún más grave, siente que no puede rozarla sino con su propia piel, con sus fluidos, y entonces una desearía ser un junco, o un copo de nieve, o una pagoda de aire salobre, cualquiera de esas cosas que conocen sus elementos informes, porque todo lo demás anda lejos. Entonces una trata de recorrer estos ambages en puntas de pies, como la niña que la noche se llevará tras la travesura, y de la que no quedará sino un poco de polvo sepia sobre el papel. Porque lo trascendente, lo perdurable, está en la obra. Y lo que debería servirme de cierre para que su autor me recordara, tengo que decirlo al comienzo pues todo cuanto pueda caber en mi estudio será exiguo. Este es un libro bello. Pocos he leído tan unánimemente logrados, tan trabajados, tan genuinos y madurados. Su autor es un poeta, lo cual no se consigue con la escritura de poesía, ni siquiera con la publicación de libros, pero él con uno de los poemas de “Esto fuimos en la felicidad” al azar, en un papel de estudiante tembloroso, escrito a mano como hace siglos, me hubiera arrancado esta afirmación, no se diga con el libro. Sin embargo Javier, habiendo escrito esto, debería tener 120 años, haber nacido en Kioto, y sobrevivido a la intemperie de lunas y lunas antes de grabar las minuciosas hojas, los frutos, las colinas, las alas incendiadas de los insectos, las rocas escarpadas bajo la primera nieve de un invierno que empieza en el sol. Pero Xavier Oquendo no es ese viejo artista, sino uno más viejo todavía, nacido en Ambato en 1972, autor de más de ocho libros, la mayoría poesía, y de “El mar se llama Julia”, novela publicada recientemente por Grupo Editorial Norma y a propósito, es bueno ver que se publican libros cuyo principal logro es el trabajo con la palabra, el estilo, ahora que lo que importa son los efectos de las historias contadas del modo más lineal y plano, pero claras y entretenidas. “El mar se llama Julia” entretiene, sin dudas, pero recrea porque es un libro inteligentemente tramado y de una prosa cuyo lirismo delata al poeta que está, felizmente, antes que todos cuantos puedan habitarlo: narradores, actores, periodistas, magos, cantantes de ópera, etc…
Y en fin, tras este paréntesis que también pudo ir al final, procedo a comentar el nuevo poemario de Xavier y por el que estamos reunidos aquí. “Esto fuimos en la felicidad” ocupa dos zonas en dos cuadernos: El diario de los bíblicos y Nostalgia del día bueno. La transición de un cuaderno a otro contiene el eterno gregarismo que da paso una individualidad que solo puede ser triste. Como toda existencia vista desde otro risco, en un distanciamiento pastoral, lo que parece ser auténtica sabiduría, praxis, metafísica, un yo lírico que es todos y siente todo y lo precisa todo, es apenas el velo que ciega, que impide la mirada y la reemplaza por el discurso. Una elaboración ulterior, ambigua, como lo es la conciencia del “todos” nutrido por una savia que dijo lo dicho y lo hecho en las parábolas justas, las que completan nuestro mito creacional y colocan la suerte y la obra en un orden aleccionador. Son los grandes temas los que ocupan el espectro de asuntos de esta obra. En el primer cuaderno la impronta del paso del tiempo labra ferrocarriles donde hubo una mano y su cuerpo al final, asimétrico. En sus trenes viajan las ánimas de ojos idénticos que idearon el éxodo, que lo anticiparon entre mirra y aceite. Pero son adolescentes y viajan el extravío de la edad, del aborto en una vejez que no les concierne, que se enrosca en su vacuidad y en su ternura. Lo que fuimos desde la perspectiva cuantiosa de la amistad es la idea entorno a la cual gira esta parte del libro. El pasado como ese éxodo contrario, infructífero, alimento de la nostalgia de lo que pudo ser y no fue: “Queríamos ser los apóstoles del mundo” (Mochileros), y con ello el desarraigo y la transitoriedad. “Somos un puñado de barbados / en el regreso hacia el hogar” (Farra)
El orden de la vida desde los arquetipos preconcebidos, inútiles, cómodos en una lógica evolutiva que no sirve para nada más: “que sólo éramos nómades del pueblo hebreo y que, antes de encontrar la tierra nuestra, debíamos hallar a la mujer (…)” Y más cercano al ser: “Los amigos dormidos, amontonados como un pozo de trinos” “Los amigos nos visitan cada fin de semana. Por ellos y por nosotros pintamos de mostaza y azul las paredes hasta cambiar de sentido el nuevo universo y ser otros, otra vez” (confesión)
El deseo de quebrantar al arquetipo se hace evidente en la necesidad de recoger los modos con que la vida se presenta: “La reina de Saba: la buscábamos en el balcón de Julieta, Es hija de Darío, en su boca actuó Greta Garbo, Tuvo amigas en Roma”. El lugar ha sido nombrado otra vez. Vuelve la esquina como el punto de encuentro, como el ojo de agua o el sitio de comunión: “Allí vivimos noches mil y una / allí asomó Aladino y su mal genio / allí éramos más grandes que el destino”. (La bohemia). En medio de este vagar por las sombras del tiempo ido, la historia retorna en ese vicio consuetudinario de hacer con la misma arcilla el recipiente, nunca tan bien pulido y amasado como lo fuera antes: “Quiso recuperar el tiempo perdido, pero ya aquel tiempo pasado fue peor” (Diagnóstico reservado). O en “Abriré, como el abuelo, / el mar de los misterios / y quedarás en mí, siempre, / como un tatuaje áspero”. Y una permanencia per se de la caducidad: “Nos quedamos los de siempre, solos, pero firmes”. Y lo paradójico es que es cierto.
En el primer cuaderno se aprecian además los contrastes de elementos bíblicos y hechos de la vida cotidiana, parábolas que juegan con la polisemia de lo ambiguo. Un afán por reunir, por reintegrar al árbol la manzana, parafraseando a Valery, por probar que en ese suceder de la supervivencia una y otra vez asomamos con los mismos dioses, y con el dios de todos sobre la nada informe y caótica: “He venido a conquistar la tierra prometida de tu vientre” (El segundo de abordo). Y con ello la lid inaugural con la que azolamos al tiempo: la resistencia: “La cómplice radio nos canta: / despiértame / cuando pase el temblor / y cuando pase el olvido, claro” (Colegio de monjas). De Judas: “Nos abandonó. Se fue sin decir nada / hasta el pozo sofocante del olvido”. (El héroe). De lo que Jonás encontró “Un mundo en el que había explotado el olvido”. (Del que se fue). Y no puede faltar lo que los jóvenes griegos usaron para el arrepentimiento: la anagnórisis, la culpa, porque no seríamos sin ella, sin el miedo que pende del gajo cercano a la casa, a la pupila, a la inocencia que nos guarda en la soledad de las noches: “Los amigos no hicieron caso omiso / de la ley de mis palabras. / He decidido sacrificarlos”. (Cédula) Y en ese escenario que se va completando por grietas y adoquines aflora la ciudad, su vulgar modernidad, su hastío: Jonás encontró “Una ciudad autista con metro y otra, paranoica, con / tranvía” (Del que se fue) La ciudad de las múltiples puertas que dan a una tierra que es la misma, su cerrazón: “El frío de esta ciudad cerrada / nos abre la puerta” (Farra). Y la ciudad de la aplicada nostalgia: “En este lado de la ciudad / donde el sol es poco menos que un minuto, / estuvo el café de nuestra edad”. (La Bohemia). Entre el pasado y los huesos de ahora queda la música. Cabría preguntarse: ¿Qué sería de la ciudad sin su música, del tiempo sin su música de rieles y balaustres, sin sus hojuelas de arroz y su tintineo? “Somos el perfume de la canción que nos suena” (Campos de pentagrama) O “En medio de nosotros habita la música y un cierto olor a café negro” (Años). Y el amor, sumido en el fracaso de su urdimbre, pone la trampa: “Ya no hay a quien cazar en esta noche” (Cacería). El fracaso con sus paredes de alabastro: “construimos una casa enorme que nos cayó encima” (Las monedas). Y todo lo humanamente sabido y sentido es arrojado al mismo derrumbe-naufragio: “Un día se fue (la madre del dinero) y nos dejó unos cigarrillos para las penas” (Las monedas). Javier hilvana en los versos de este cuaderno las señas y signos de los suyos, al pie de la estación, viendo los mismos rostros, las mismas venas en una pulsión de no vida: “pero el automóvil no fue suficiente. Había que encontrar ese aire que nos mueva los cabellos engominados. Ese halo de niebla que nos pase por la frente y nos haga saber que no éramos tan guapos, que no éramos dechado de virtudes”. (Chicos cocodrilo) Más evidente aún en Mochileros: “Y los cangrejos, que tenían una marcha tan parecida a nuestra dolorosa vida de amanecer”. Sin embargo eso era la felicidad. El discurso mantiene un yo lírico plural, desde lo melancólico.
NOSTALGIA DEL DÍA BUENO es un cuaderno prolijamente armado, en el que abunda el deslumbramiento como si la nada anterior marcara la cadencia de asombro en asombro: “Por primera vez la nieve” (El ignorante). El frío llega con su conciencia presagiosa del dolor ante el descubrimiento de un mundo que comenzó en el sueño. La contemplación de quién abre los ojos por primera vez, lejos de la mirada gregaria del primer cuaderno de este libro. En esta parte se instala la individualidad del yo lírico como para quedarse, y hay en ese retorno al yo único, solitario, individuo, una pluralidad que le devuelve la voz y la vista a quien antes hiciera eco de una sabiduría impropia. En este lirismo depurado, y con casi una absoluta economía de palabras, está lo mejor de cuánto se dice en este libro. De Residencia de estudiantes quiero leer unos versos que dan cuenta de ello: “Esos poetas / esas semillas / y esos ventarrones / que se ven desde la /Residencia de estudiantes /donde un día los hijos de los poetas / pensamos en nuestros hijos”. En estos versos nos acercamos por primera vez a la trascendencia en correspondencia con la vida misma, la transferencia de lo anhelado a la realidad consumada. Vuelve la soledad que proporciona un aire, como otra presencia machadiana, “en estas soledades me agito, y tomo un aire que no alcanza a ser, pero acompaña”. Lo que tiene de japonés este libro está esta parte, y es mucho: “Todo el hombre que llevo / se halla enlatado en esta mañana gris / que no convence a la piel”. En (túnel de invierno) hay un acercamiento a lo pedestre de una cotidianidad que podría ser bella, pero no se puede vivir la sublimidad de lo bello en la boca de un túnel “que me come íntegro en un sueño espeso”. Nostalgia del día bueno merece nombrar esta parte, un poema elaborado desde una inconsciencia dictada, maravillosa. Frío de extrañezas es un poema pleno de honestidad, en ese amor que retorna al hijo a través de las evocaciones, y las extrañezas justifican una mimesis que vuelve informe todo ante el recuerdo. Nada más que decir. Me he visto, en razón del tiempo, obligada a obviar poemas del libro, porque todos darían de qué hablar. Lo dejo en sus manos, incapaz yo de decir con tanta honestidad lo que fuimos en la felicidad, y convencida de que su autor, tendrá que decir, quizá muy pronto, lo que fuimos en la tristeza, y sonará feliz, sin dudas. Y mientras tanto, que el sol siga alumbrando sus habitaciones.

jueves, agosto 20, 2009

UN POETIZAR HABI(LI)TADO DE VOCES SIN CONSIGNA



UN POETIZAR HABI(LI)TADO DE VOCES SIN CONSIGNA
Fernando Nieto Cadena

me fue dado ser yo
y me estoy convirtiendo en serpiente
Marialuz Albuja


Después de todo el tiempo no pasa en vano. Lo digo porque cada vez más con mayor frecuencia las noticias que recibo de eso que de alguna manera sigue siendo mi solar nativo, recuérdese aquello que uno sólo es de donde yacen sus muertos, y mis muertos más entrañables reposan en Guayaquil y no por pura coincidencia. Decía, digo, de vez en cuando las noticias que recibo son gratificantes para quien mira desde los costillares de un golfo con vientos frescos del sueste lo que pasa allá, abajito de Colombia y arribita del Perú. Noticias que me hablan de poesía, a ratos de narrativa. Y entre esas noticias el pedido de escribir algo que suene audazmente a prólogo que es un poco jugar a cómplice-encubridor y lo que resulte de esta extraña petición que sólo la amistad y la confianza puede provocar.
Normalmente no acostumbro descarrilarme en malabares con pedigrí cabalístico, por lo que no insistiré en la presunta magia del presunto número mágico siete porque ya el cursi aquel se encargará de decir siete son los pecados siete las virtudes siete las vidas de un gato y cuanto siete pueda saltar de su madriguera metafísica (en el buen y peor sentido del dichoso vocablo). Ni modo. Siete son los poetas que habitan y nos comparten su poetizar en este libro.
Por lo pronto hay una coincidencia de los siete respecto a quien esto firma y perpetra: no nos conocemos personalmente en persona, lo cual para ellos debe ser tranquilizador y hasta satisfactorio. He leído antes, de una mínima minoría de los siete, textos sueltos en alguna antología, revista, blog o algo semejante. Estoy en desventaja porque a lo peor ellos me conocen más a mí que yo a ellos. Por lo menos pueden haberme leído, dicho esto sin falsa modestia ni vanidad almidonada, yo -en cambio- empiezo a leerlos más allá del hallazgo de un nuevo nombre. Empiezo a leerlos, es decir, a desentrañar los enigmas de siete discursos poéticos que sin aparente justificación se unen para no permitirnos seguir siendo los mismos de antes de conocerlos. Ya se ha dicho con apócrifo aforismo, por sus obras los conoceréis. Por mi parte los estoy conociendo. Y como no me pusieron límite de páginas ahora se aguantan.

Primero unas consideraciones algo generales. La poesía del siglo 20 abandona las certezas poéticas que dominaron hasta el siglo 19. El discurso se admiraba como producto de una ‘inspiración’, de un rapto de furor divino. Por entonces perduraba (bueno, aún perdura) la noción judeocristiana de la inspiración divina, de ahí el remanente de ver como sacerdocio el quehacer poético. Ese discurso añejo dio paso al discurso conjetural de las vanguardias literarias que niega las certezas que ofrecen asumir la poesía como producto de una inspiración divina para convertirla en llano testimonio de subjetividad que descree de las verdades absolutas y relativiza el ser y no ser de las apariencias con que se viste de múltiples realidades el mundo exterior.
En este sitio debería hacer un resumen del quehacer de los y las poetas en las últimas décadas en Ecuador, justo ahora que se cumplen mis primeros treinta años de haberme yo mismo sacado tarjeta roja del país. Si veinte años no es nada, treinta son una nada y media. En estos años la lírica ecuatoriana ha hecho un guiño como homenaje al himno nacional donde habla de a millares surgir (o algo así, perdón por el olvido). Tengo la sospecha que en Ecuador en los últimos treinta años han aparecido poetas 'a millares surgir'. No caeré en la maligna tentación de repetir el viejo chiste mexicano de sentenciar que en estados como Chiapas o Tabasco todos son poetas mientras no demuestren lo contrario. Si remarco la sospecha es porque lo que más me sorprende es que no se trata de una simple explosión demográfica cuantitativa, sino que se trata también de un estallido cualitativo. No hay pues tal resumen porque ustedes (cualquier lector más o menos asiduo a los estertores-bramidos-ensalmos de la lírica ecuatoriana) conocen mejor que yo y tienen un mejor informe personal de la situación.
Regreso a lo de la explosión demográfica cualitativa de la ¿nueva, joven? lírica ecuatoriana. Para que se acalambre el patrioterismo. No todos ni todas en el estallido de nuevas voces poéticas son excelentes ni están condenadas -las voces- a trascender o perpetuarse para la bobalicona admiración idólatra de muy futuras pero bien futuras generaciones. Hay sí una buena cantidad de voces que destacan, proponen, sugieren, que su paso por este oficio de incertidumbres pesarosas que es la escritura no será en balde y a más de uno se le recordará con envidiosa veneración. No es muy deseable hablar del futuro, debemos permitirle que se convierta en presente para ver si las apuestas fueron o no acertadas o convenientes.

Dicho todo esto entro al baile del que espero salir indemne, menos 'pior' a lo acostumbrado en este canibalesco carnaval de vanidades bien y mal administradas que es la ¿vida? literaria en su poco edificante guerra de egos sin reposo.
Antes una breve numeralia para holgazanear mientras las neuronas vuelven a su sitio. De los siete, cuatro son mujeres. De los siete, cuatro son de Quito, el resto de Ambato, Esmeraldas y Guayaquil. Todos pasaron por alguna universidad y/o por algún taller literario. Más de uno transita por la narrativa, las artes plásticas o el cine. Muy pocos cruzan los eriales del ensayo, de la crítica literaria aunque si ejerzan o hayan ejercido la docencia sobre todo a nivel universitario. Ahora sí, a lo que vinimos.

Presumo ya que no hay aviso en contra que cada uno de las y los poetas son responsables de los textos presentados. Esto podría significar que así se ven, se asumen y quieren mostrarse. Esto lo digo porque hay una 'poética' que precede a los poemas, poética que poco me dice para descifrar el por qué de la selección hecha por cada quien. Por lo demás el recurso del ars lírico siendo como es una añosa convención se queda llanamente en eso, en una llana convención que no trasciende más allá ni más acá de cualquier otro texto. Por lo menos yo sigo preguntándome y para cada uno de este club de siete poetas ¿qué es la poesía? Creo o mejor, pienso que esto es uno de los pequeños pero no leves deslices de LA VOZ HABITADA. Quiero, necesito suponer que no se debe a una improvisación por premura de tiempo; pienso que pudo ser una decisión del grupo sin grupo que buscó mostrar algo distinto pero se enredó en la añeja convención de lo previsible. Pienso que pudo ser incluso una manera de no caer en la otra convención, la de explicar el por qué de esta muestra porque podía a sonar a justificación y ya se sabe que a confesión de culpa ganancia de mal pensados o de envidiosos que es casi lo mismo. Además y ademenos, ahí están los textos que como ya sabemos o debiéramos saberlo, en los poemas al mismo tiempo que desarrollamos un tema subyacente transita lo que pensamos sobre lo que suponemos es la escritura.
Por fortuna el conjunto de los textos de cada uno, incluida la presunta poética ya leída como un poema más, alcanza un nivel mucho más que satisfactorio sin que por eso podamos lanzarnos al estallido de cohetones y descorchamientos de botellitas de jerez a la salud de nadie. Se ha dicho hasta la aburrición que los textos se defienden solos. Pienso que esta vez salieron bien librados porque buscándole como le busqué los qué y cómo para descarrilarlos hacia las cunetas de la inanidad pudieron más ellos, los textos, que mi intransigente vocación de lector siempre a la defensiva para que no me den gato por liebre. Como bien se ve no puedo escapar a la convención de los lugares comunes.

A partir de que toda escritura se reduce al trillado sendero de preguntarnos quiénes somos y por qué somos, encuentro una coincidencia mayor entre los textos de las poetas que entre los poetas. El sector femenino cuando merodea las esquinas de lo amatorio casi siempre lo hace como evocación después de. El aire de nostalgia, de soledad con que se evoca al amado me induce a sospechar que esa soledad más que un artificio lírico es una actitud ante la vida, una manera de decirse y decirnos cada una que sí, el amor es necesario pero más necesaria es mi soledad donde puedo ser y estar a plenitud para pensarte-recordarte-desearte. La consabida estrategia del desamor de los amantes que nunca sabemos lo que tenemos hasta que lo malgastamos. Esto desde la atalaya de la mujer que para dignificarse en su soledad asume una visión que en cierta forma juega a ser irónica para escamotear/se el dolor del bien perdido.
Marialuz Albuja, por ejemplo, lo dice de esta manera:
Alguna vez
quizás al comienzo de otra guerra
o en el descanso de las gradas que recorres cada día
sin notar que el pasamanos ya no aguanta
me habrás, por fin,
definitivamente
olvidado.
Ana Cecilia Blum por su parte confidencia:
Si pudieras
quedarte para siempre,
si no te marcharas
al siguiente día

Julia Erazo expresa el hallazgo de la caducidad del encuentro amatorio como lucha de sexos:
no estás
sabanas africanas
la aurora el ocaso
una leona
tras una cálida presa
aspiro tu aliento
guardo la flor del baobab
a pesar de las sombras
la caza se consuma
Por su parte Carmen Perdomo, el olvido lo envuelve como ausencia:
Invento tu piel,
como el fuego que nace en mis pupilas.
Hoguera,
labios pálidos,
voces olvidadas.
La muerte me diluye en tu cuerpo.
Lo amatorio no es lo único que las conduce a pergeñar sus soliloquios dialogados. Cada una plantea de cierta manera atisbos de cierta poética (conjunto de técnicas, repertorios temáticos, puntos de vista) femenina (si existe algo que pueda denominarse así, de poética femenina, digo), para expresar -en los términos de un viejo ortegagassetismo- su ser y su circunstancia como sólo una mujer puede experimentar el mundo, la vida pues, con palabras nacidas a veces como desgarramiento y a ratos como realización testimonial de su ser y estar en tiempos como estos que nos ha tocado en suerte vivir.

Los poetas se expresan más allá o más acá de los desasosiegos del amor. Lo más cercano es la atmósfera doméstica para nostalgizar a los hijos como en el caso de Xavier Oquendo. Carlos Garzón en cambio entrecruza una suerte de religiosidad pagana que no se resuelve a imprecar ni a venerar. Carlos Vallejo se desenvuelve mejor porque no se refrena con esa especie de minimalismo involuntario o inconsciente -no sé- que parece permear a muchos o por lo menos a la mayoría de los poetas de las ¿nuevas? ¿novísimas? generaciones líricas no sólo ecuatorianas llegadas después de los ochenta. Minimalismo que en este libro no es monopolio masculino ya que las poetas también se deslizan por los acotados espacios de la brevedad.

Desde siempre una de las preocupaciones de los poetas ha sido la de configurar un discurso para dialogar si no consigo mismo, con ese otro que nos habita y condiciona a ser lo que aspiramos y no lo que presuntamente somos porque así lo prefieren y permiten quienes se disfrazan con los valores seculares de la humanidad y se esconden tras los artificios de la manipulación de verdades y realidades que el poder –cualquiera que sea- dispone como irremediables.
Los poetas desde la muy arcaica y tediosa antigüedad hemos optado por el fuego prometeico de la palabra para desnudarla y poseerla en toda su plenitud expresiva. Por eso, insatisfechos de todo y nada, es decir, de nosotros mismos, buscamos ese alter ego que nos libere de nuestras prevaricaciones ante la vida, que nos justifique ante nosotros mismos para seguir respirando sobre este planeta donde cada vez más deambulamos como suicidas sin vocación.
Por esta búsqueda de un alter ego entre existencial y literario vislumbro que los tres poetas de este volumen se internan en la vorágine de sus obsesiones para sentirse inmersos de vida en los descensos a sus cotidianos infiernos.
Carlos Garzón Noboa mantiene en su discurso un ritmo que lo lleva y trae de aquellas sombras donde la muerte es una conseja exorcizada a una preocupación de respuesta más o menos panteísta para descifrar los oráculos del devenir, sin remilgos ni autoconmiseraciones:
Mejor habría sido sepultar a los ídolos,
que soñar cómo nuestras tiernas hijas
fornicaban con la edénica serpiente;
pero, confiados, seguíamos esperando,
dormidos al pie de las Escrituras,
la respuesta del Oráculo.
Xavier Oquendo Troncoso discurre por una domesticidad donde los hijos parecen ser el interrogante frente a un futuro donde él de alguna manera seguirá siendo un Prometeo encandilado por la vida:
En el fondo de los vientos
habitan los ángeles
que parecen otros vientos
que se juntan con los vientos normales
y entonces forman los colores de las brisas
que los hijos ven,
y nosotros creemos que es el viento.
Pero son los ángeles caídos
que quieren jugar a ser viento.
Carlos Vallejo se interna en los eriales de la exploración intimista a través de juegos narrativos que saltan en zigzag sin premeditación ni coherencia aparentes como muestra del caos interno que busca restablecer el orden primigenio, no en vano esa es la función de todo poeta, ordenar el acoso de ese caos que son y somos los humanos:
Habrá que abrir las ventanas del mundo
para que el deseo cante otra vez a sus muertos,
habrá que volver a empezar, antes de los labios,
hasta alcanzar la señal primera, el motor
del verbo, esas novísimas aguas, y profanar
el lecho donde tiembla un cuerpo: centro de la tormenta.

Uno de los temas recurrentes ha sido y es la exploración de los laberínticos andamiajes de la infancia, ese tiempo –dijo Jorge Guillén- cuando nada era más serio que jugar en serio. Indagación que usualmente se convierte en el eje de la obra total del escritor que requiere indagar esos territorios para saberse vivo, más allá de la constatación burocratizada de la existencia. Si lo anterior es cierto, los siete poetas aquí presentes desmienten un poco, mucho o todo lo que se ha venido diciendo cuando hemos tropezado con la infancia y hemos intentado volver a ella como al edén del que fuimos expulsados. Digo que desmienten esa conseja del rescate/recuperación de la infancia porque en sus textos las referencias a la niñez son marginales o en abstracto. Debo confesar que es posible que estos siete poetas en otro momento, en otro libro, en otra circunstancia ya hayan despachado esta vaina de la infancia. En este volumen no hay inmersión en la presunta 'edad feliz' ni testimonio de esa imborrable polimorfa perversión de la niñez donde rozamos las cavernas de la felicidad.
En todos la nota viene marcada por el yo de un presente no siempre pletórico, a ratos placentero. Por ahí discurren estos ríos que no son pretéritos pero que si van a la mar de una poesía en búsqueda de sus definitivas provisionales palabras enraizadas con la vida.

Finalmente, el epígrafe. No se crea que lo puse por esa manía convulsiva y compulsiva de poner un epígrafe que demuestre lo ilustrado letrado que soy. De por sí el epigrafismo se sustenta en los grandes nombres de los poetas que reconocemos y admiramos y/o envidiamos. Lo digo con conocimiento de causa, usé y uso como epígrafes grandilocuentes versos o frases rayanas en solemnidad avasalladora para demostrar que estoy al día y soy exquisito como el epigrafiado de turno. El epígrafe puesto esta vez tiene una sola motivación.
Si de mostrar poéticas se trataba aquí está, pienso, el ser, la razón de ser y el por qué ser de este libro, poesía expresada a través de siete poetas que buscan su identidad, su voz, ese inasible yo que todos perseguimos como poetas. Como todo personaje kafkiano, la imagen del escritor no es más que una alegoría del bicho aquel, parecen despertar los siete poetas de esta VOZ HABITADA en medio proceso de convertirse en la mítica serpiente, símbolo de inteligencia, sabiduría y sensibilidad, lejos del aberrante simbolismo cristiano que lo único que hace es evidenciar su frustración misógina. Pienso y creo que por aquí anda, debe andar, la oscura y clandestina vocación de este sector de poetas ecuatorianos más o menos emblemático de un ¿nuevo? poetizar, aferrados a la palabra como puerto de atraque y tabla de salvación al mismo tiempo. Si de paso la sabia serpiente es también la seductora serpiente bíblica que nos conduce al descubrimiento y hartazgo del placer de los cuerpos, bienvenida sea.

Villahermosa, Tabasco, México, 14 de Abril del 2008.

El Encuentro de Almas








LLEGA EN SEPTIEMBRE
EL ENCUENTRO DE ALMAS

Con el fin de fomentar la lectura en el país y la integración de autores, lectores y editoriales llega el primer ENCUENTRO DE ALMAS un evento que desde el 1 hasta el 5 de septiembre reunirá en Guayaquil a los autores más destacados de las letras nacionales
La primera Agencia Cultural-Literaria del País –ElConjuro- prepara un evento literario pionero en el área cultural ecuatoriana que pretende romper esquemas e integrar al escritor, editor, librero y lector durante varias actividades que se llevarán a cabo en cinco jornadas del 1 al 5 de septiembre en la ciudad de Guayaquil.

Programa*:

Martes 1 de septiembre:
Conversatorio Pérez Torres-Carolina Andrade: J. E. A: señas particulares
MUSEO PRESLEY NORTON, 17:30
Presentación de cuentario “Delirio Temporal” Alexandra San Jiménez
TEATRO CENTRO DE ARTE, 19:00
Homenaje a Sonia Manzano: Daniel Calero - Maritza Cino
ALIANZA FRANCESA, 19:15
Recital poético: Ana María Iza, Xavier Oquendo, Maritza Cino, Simón Zavala Guzmán

Miércoles 2 de septiembre:
MUSEO PRESLEY NORTON, 17:30
Noche de vino y Adoum: Xavier Oquendo, Sonia Manzano, Maritza Cino, César Eduardo Galarza, Rosa Amelia Alvarado, Elizabeth Quila
CASA DE LA CULTURA, 19:00

Jueves 3 de septiembre:
Conferencia sobre la trascendencia y permanencia del Súper Yo en la obra literaria y su impacto de Sonia Manzano y Jorge Enrique Adoum
MUSEO PRESLEY NORTON, 17:30
Conversatorio Jorge Martillo – Billy Navarrete sobre lenguaje literario y audiovisual
CASA DE LA CULTURA, 19:00
Presentación libros de Jorge Enrique Adoum: Cecilia Ansaldo, Luís Carlos Mussó y Xavier Oquendo
ALIANZA FRANCESA, 19:30

Viernes 4 de septiembre:
Conferencia René Jurado, Ramiro Arias, Xavier Oquendo y César Eduardo Galarza: industria editorial y la agencia literaria
MUSEO PRESLEY NORTON, 17:30
Presentación novela de Huilo Ruales: Que risa, todos lloraban
CASA DE LA CULTURA, 19:00

Sábado 5 de septiembre:
Vermouth Narrativa Ecuatoriana 1
Mariela Manrique, Martha Chávez, Miguel Antonio Chávez, Solange Rodríguez
ALIANZA FRANCESA, 10:00
Vermouth Narrativa Ecuatoriana 2
Jorge Dávila, Huilo Ruales, Elsy Santillán Flor, Juan Andrade Heymann y Rocío Madriñán
ALIANZA FRANCESA, 11:00
Tarde Poética: Luís Carlos Musso, Ángel Emilio Hidalgo, Juan Secaira, Carmen Inés Perdomo
CASA DE LA CULTURA, 18:00
Presentación poemario “La encarnada” Nelly Córdova
CASA DE LA CULTURA, 19:00
Concierto de Almas: Daniel Calero, Wladimir Zambrano, H. Napolitano, Carolina Pepper, G. Mosquera
CASA DE LA CULTURA, 20:00

*En algunos casos la presencia de invitados de fuera de Guayaquil está sujeta a confirmación.

Algunas pistas para encontrar la felicidad


Por Juan Pablo Castro

Donde el amor esté,
estará ese pájaro adherido a un árbol.

Javier Oquendo Troncoso
Estos fuimos en la felicidad


Si alguien me preguntase cómo definiría a Javier Oquendo Troncoso. Tendría que responderle, casi sin dudarlo, que me parece un pájaro. Y su poesía, por eso mismo, el vuelo fulminante de un ave retozada.
Aunque la metáfora resulte demasiado animalesca, no encuentro otra manera, desde mi particular mirada de pedestre lector de poesía, de acercarme a los textos del poeta Oquendo Troncoso.
Hay una mirada aérea que se desplaza por el territorio de las emociones, un aleteo persistente, casi obsesivo, en el caso particular de Eso fuimos en la felicidad, el libro que presentamos esta noche, que nos remonta al pasado. Es un vuelo nostálgico, sentido, hacia la maravillosa telaraña de la memoria donde yacen algunos cadáveres que todavía soplan algo de vida, como muertos vivientes del cine de Hollywood.
El novelista recrea ese universo memorioso a través de las herramientas de la ficción. El poeta, parecería que está viviendo ese pasado, pero distanciado en el ejercicio propio de la creación. Esta, que suena a paradoja, o a retórica, creo que da algunas pistas para poder entrar en las páginas de la poesía de Oquendo. Al menos son mis pistas, o, si ustedes quieren, las huellas que me invento para poder seguir la textualidad.

La primera pista tiene que ver precisamente con esa necesidad de regresar. Este vuelo hacia el pasado justifica, o pretende justificar precisamente lo que somos. Eso fuimos para ser lo que ahora somos, parece decir el poeta:

Decidimos tener novias. Ir a cazar entre las fieras la que más cercana se halle de nuestro barrio. La que logre aposentarse en nuestras ansias.
Pero la libertad del viento y unos tragos nos atrapan. Atrás quedan las muchachas vestidas de amarillo. El deseo se opaca.
Somos los feos que buscamos la flor en la orilla del charco.

Entonces, imaginarse el pasado, vivir ese pasado en el segundo de creación para aventurarse en el poema como un ser del futuro, un pájaro del futuro que se apropia de una conciencia suficiente que le permite asumir su condición pasajera, pajarera. Y la flor, un atisbo de la esperanza, la idea hecha objeto de la belleza.

La segunda pista está dada por ese acercamiento a la cultura pop. Al cine, a la música. Así la poesía, esta poesía de Oquendo Troncoso, se convierte en un monstruo que devora la carne de los otros. Y, en ese acto se salvaje nutrición, se disemina, abre sus alas, surca por otros cielos textuales.
Dice el poema:
Y llegamos a tener un automóvil. No era una descapotable como el soñado en una noche mojada. Era un modelo en blanco y negro. Lo pintamos con su propio brillo.
Desde el retrovisor de nuestras ansias vimos el mundo. Éramos James Dean en nuestro mito: nos peinábamos con brillantina a ver si las mujeres nos amaban.

Este poema tiene un epígrafe de David Summers, el vocalista de la ya casi desaparecida banda Los hombres G, que marcarán huella en los maravillosos años ochenta.
Epígrafe y poema, entonces, resultan evidencias de una necesidad hambrienta que tiene el poeta por acercarse a otras carnes. Y, aunque en el acto de la invención se da el lujo de crear un mundo que por estos lares quiteños nunca existió –un verano eterno digno de un descapotable-, me parece de una limpia sinceridad. Tampoco James Dean marcó una impronta en nuestras particulares subjetividades, pero, por los vuelos propios de la poesía, aparece aquí como la encarnación de un sueño, quizás de una ilusión como la linterna mágica, uno de los juguetes que prefigurarán el nacimiento del cinematógrafo.
Además el guiño que hace al poeta a una banda de los ochenta, no solo parecería reflejar esa condición de nostalgia, de testimonio epocal, que aparece por la conciencia del yo poético, sino que reafirma la multiplicidad de variantes emotivas que pueblan el universo cultural de estos días.

En el poema Colegio de monjas, encontramos autos, cometas Halley, Marylins Monroe, y llegamos, ya con el corazón jadeante, a la música pop también de los ochentas. “Despiértame cuando pase el temblor, y cuando pase el olvido, claro”, termina el poema haciendo referencia a Soda Stéreo, la banda argentina que haría temblar a los jovenzuelos quiteños de los ochenta que, desgarbados y lampiños, acudíamos a sus conciertos o comprábamos los discos originales, cuando la piratería era exclusivamente un negocio de los mares.
Y, así, como un mosaico virtual se han juntado signos de la cultura universal. La poesía de Oquendo, a partir de esta búsqueda estética, se desprende, para bien de todos, de los devaneos ceremoniosos, abstractos y pretenciosos que pueblan ese consagrado deber ser del poema. Para nada, en estos versos la vida, y el mundo de la cultura, se vuelven próximos, luminosos. La hermosa diva, la narcotizada diva del cine, que muriera junto al teléfono, y el siempre temido paso del jadeante cometa, se juntan como cartas de un mismo naipe.

En este ejercicio poético, es posible encontrarnos, además, con una mezcla, tan fulminante como la que se dan entre un gin tonic y dos tragos de zhumir coco. Así, deidades absolutas, hebreos y artistas del star system se abrazan, se dan la mano y salen caminar por los versos. Jonás con Sinatra. Platón y Nerón. Dios y Greta Garbo todos juntos en una ceremonia vibrante, en un vuelo medio alucinógeno. El poeta, ya no de terruño, se lanza al mundo, habitante a fin de cuentas de estos tiempos posmodernos. Porque, si no, de qué otra manera se puede comprender la cultura en esta época que nos ha tocado vivir en suerte: precisamente como la superposición de capas, sentidos, pliegues diversos de signos que provienen de todas las culturas del mundo. De ahí que prohibir las fiestas de Hallowin, porque supuestamente son enajenaciones, es igual de torpe que impedir el agua en el carnaval. Las dos expresiones, aunque algunos ingenuos burócratas no lo crean así, son elementos de la cultura, aunque sean disfrazados o a punte de bombazos aguados.
Regresando a la poesía de Oquendo lanzo ahora la última pista, debería decir mi última pista, para entrar en este libro: Hay una evidente y golosa presencia de un yo poético colectivo.
Desde ese “Decidimos tener novias”, con que inicia el poema Cacería, hasta el “Hemos estado siempre juntos” del poema Años, es evidente una voluntad estética por hacer que la voz plural sea la que impulse el poema. Aunque la individualidad del poeta nunca desaparece, el colectivo que se encarna en lo que Oquendo Troncoso llama “los bíblicos”, parece alzarse con vuelo mayor.
Dice el poema:

Hemos estado siempre juntos. Comimos mazmelos alrededor del fuego y fuimos testigos del descubrimiento del frío y de los carbones de la noche.

Hombres del mundo reunidos en la fogata. Esta, que parece la imagen de una película de aventuras, o uno de los clásicos de Jhon Ford, resulta para mi modo de ver, una de las claves, de las pistas, para comprender la aventura estética, el vuelo creativo, que Javier Oquendo Troncoso ha emprendido en este poemario. La voz plural, el colectivo humano que se junta en un ritual nocturno, con las volutas de fuego y los rostros en la semi penumbra, resulta así la prueba flagrante de un humanismo que se resiste a su descomposición. Y “los carbones de la noche”, la proximidad al cosmos: principio originario de todos. Somos hijos de las estrellas, decía el genial científico norteamericano Carl Sagan, y esa premisa se evidencia en este entrañable verso.
De ahí que, en ese tránsito existencial, en esa presencia de la amistad que junta a los hombres, el poeta pueda concluir, sentenciase a sí mismo, en unos versos más adelante, en el escalofriante poema El yo del frío, cuando dice:
Hoy el hombre que llevo
no quiere deshacerme
ni empujarme a su vacío.

No el monstruo que pugna por salir, que refiriera Mayakobsky, ni el insecto de Kafka, o los hijos extraterrestres de Allien. No. Ese hombre que lleva dentro el poeta, es la suma de todos los hombres del mundo, y de la historia que los registra.
Así, el poeta cumple con su misión, con su sentido de ser y se alza, alas abiertas y mirada fija a cuestas, hacia otras latitudes, aquellas en las que puede finalmente alejarse del vacío.

sábado, junio 13, 2009

La esencia de lo femenino






El desagradable término de “poetisa”, diminutivo y peyorativo, ha sido un limitante para reafirmar a la poeta mujer. Cada vez, y por suerte, semejante palabreja, se ha ido difuminando, quedando solamente el término “poeta” para ellas también. Sin embargo el mundo ha cambiado y con ellos los más elementales conceptos. Uno de ellos el de la feminidad. Cuatro poetas contemporáneas, ecuatorianas todas, y que acaban de publicar en mayoría, junto con tres poetas varones, una selección de su poesía en el libro “La voz habitada” nos hablan, desde el lente de una mujer creadora, del acto de ser mujer en esencia en una época donde las esencias ya se han mezclado con otros aromas.



Marialuz Albuja Bayas

Las mujeres somos fascinantes. Lo digo por otras mujeres que conozco. Y lo digo por mí. Sin embargo, nuestros tesoros pueden quedarse fácilmente enterrados si no hacemos todo lo posible por rescatarlos del polvo y encargarnos de que se vuelvan parte de nuestra vida. Somos terrenales, y esa misma ‘terrenalidad’ nos garantiza el acceso a las profundidades del alma. Podemos crearlo todo, desde los hijos hasta los proyectos, delirantes o no, que ocupen el centro de nuestra motivación. Las mujeres modernas somos una mezcla de Atenea y Afrodita, siempre en pugna. Pero todas, en el fondo, añoramos regresar a los caminos de Afrodita. Nuestra esencia es la búsqueda –que no da lugar a extravíos– de ese espacio donde podemos ser lo que queremos. Por eso, mi poesía ha sido, y sigue siendo, siempre búsqueda. No de un puerto, ni de un sentimiento, ni de una verdad, sino del espíritu femenino que me habita con la generosidad más absoluta para que yo beba de su cántaro siempre que así lo desee.

Julia Erazo Delgado


El potencial de la maternidad hace del cuerpo femenino un cuerpo fuerte y ello se confirma en su proyección y representación particular. Lleva la sabiduría protectora para que la especie humana no se extinga. Ello de por sí la engrandece, sin embargo, hablar de mujer es hablar de algo más. La mujer ha cumplido varios roles, no siempre justos, a lo largo de la historia. Ello le ha permitido desarrollar facultades emocionales y físicas difíciles de superar como la tolerancia, la resistencia, la paciencia, la capacidad de resolver varias cosas a la vez, la intuición, la estrategia. La mujer fue invalidada como ser humano por siglos, relegada a tareas domésticas y manuales. Por suerte, ahora, después de haber conquistado muchos espacios que le correspondían, por fin tiene la oportunidad de expandir su inteligencia y su sensibilidad hacia nuevos horizontes. Y lo mejor es que puede hacerlo como profesional, intelectual, artista, madre, compañera, ama de casa, todo a la vez, y no morir en el intento.


Ana Cecilia Blum


La historia ha sido interpretada según los principios patriarcales de la cultura. La presencia y la labor de la mujer se han visto devaluadas frente a la del hombre porque a lo largo del tiempo ella aparece como un contribuyente marginal al desarrollo y a la experiencia humana y social. Ante este escenario, la esencia de la mujer devela su fortaleza interior en acciones concretas y en su resistencia para enfrentar desafíos individuales y colectivos.
Su esencia la hace diferente, pero igual al hombre. Diferente, porque el mundo del hombre es como un gran mapa, mientras que el de la mujer está cargado de detalles. Igual, porque también la mujer posee la capacidad de transformar la cultura y la historia siendo líder, escritora, educadora, científica, artista y ciudadana responsable. Las viejas concepciones la encerraban en un círculo de dulzura, virtuosismo, maternidad, tolerancia y víctima de las circunstancias. Hoy, la esencia de la mujer cruza las calles, ocupa una banca escolar, se sienta en una silla presidencial, asume con miedos o sin miedos el comando de sus días.


Carmen Inés Perdomo Gutiérrez


La palabra que para mí define a la mujer es “intensidad” que en un sentido amplio implica un ser total. La vida de la mujer surge de experiencias, a veces, atravesadas por el dolor, piedra angular desde el que levanta esas frágiles pero al mismo tiempo perdurables estructuras que son sus vivencias. Ellas se construyen gracias a un oficio que la mujer, en este caso la poeta, lleva hasta las últimas consecuencias bordeando los límites del caos en donde cada palabra y cada pausa se acoplan para engendrar el cuerpo liviano de la hoja escrita.
Muchas veces nos vemos atadas al fracaso o a la sumisión, ese olvido de nosotras mismas es el protagonista de los silencios y hace que en un acto de fe libere la más ardua y feroz batalla con las palabras que son las que asestarán el golpe final.
Este laberinto de sueños e inquietudes me impulsa a encontrar la salida y es la voz que me libera de las sombras y me permite crear. Esa es la esencia fundamental de mi ser.

viernes, junio 12, 2009

POESIA EN PARALELO CERO (El libro)



POESIA EN PARALELO CERO
Inauguración

Ecuador
Es un país irreal limitado por sí mismo,
partido por una línea imaginaria
y no obstante cavada en el cemento al pie de la pirámide.

Jorge Enrique Adoum

Con esta postal quiero presentar a mi país, con estos versos cada más verdaderos, con esta verdad que hemos cargado hace siglos, aún cuando no nos llamábamos Ecuador, sino Quito, y nos pinchaba la idea grata del centro del mundo. De estar en la mitad del globo y terminar siendo imaginarios. Nunca es demasiado. Quito es centro, es ombligo, es el agujero del cordón umbilical que se cava hasta el fondo en nuestra frustración por no ser algo evidente, por no ser algo visible.
Cuando el Ecuador se llamó Ecuador, ya lamentablemente estuvimos “limitados por nosotros mismos”, ya no teníamos el coraje de ser salvados por nuestra propia figura debilitada, por nuestro propio ego, por nuestra sombra fragorosa. Ya nos quedamos encerrados en el paralelo cero, y el cero no tiene valor, el cero es imaginario, es la nada. Pero solo en la nada está el comienzo.
Hace muchos años cuando mis padres me llevaron a una juguetería quise que me compraran una alcancía en forma de globo terráqueo. Comencé a verla y me di cuenta que casi todo el mundo se llama Ecuador, entonces me sentí importante. Salí con el juguete pensando en lo imponente que era como ciudadano de esta República, como un “ecuatorianito” ampliado en mi efímero mundo infantil. Pero lo que me enteré más tarde es que estaba viendo la línea equinoccial que divide el mundo y que se llama como nosotros, y luego, muy prontito, busqué en Sudamérica mi país, pero no estaba. No existía en el mapa. Luego la profecía se cumplió: El Ecuador era producto de la imaginación de los académicos franceses. Teníamos que vivir para adentro, en la Sudamérica de esa esfera ocupaba gran puesto el Perú y Colombia en mi pequeño mapa, el Ecuador había desaparecido, se había esfumado de mi realidad. Se había rayado mi aún incipiente identidad, había caído desolado en el catre del desconsuelo, ¿cómo yo podía vivir en un país que no existe? ¿En un país que no es en el mapa?

Con esa fragancia vivimos los ecuatorianos. Cuando uno sale a ver el mundo, el mundo nos pregunta de dónde salimos, qué somos, qué tenemos, por qué asomamos si nadie nos ha llamado, si el Ecuador es una línea imaginaria, el Ecuador no existe. La imaginación se termina cuando la realidad empieza.

Luego, ya crecidos, y sumidos en el mundo de la literatura buscamos en las editoriales internacionales, dónde están nuestros poetas, por qué no aparecen los poetas de mi Patria en los grandes catálogos. Sufro de verdad. Amo a los poetas, me caen bien, me parecen geniales, porque ningún gran poeta ha sido ni modestón ni atorrante; ni bufón ni melancolizo; ninguno está roto y tampoco entero; ninguno está cosido ni parchado; ninguno es enteramente doliente, siempre sonriente.

Y donde están mis poetas, los de mi patria. Triste es pensar que no están en las librerías de Colombia, por ejemplo, 8por citar al vecino), pero el triste consuelo es que ni siquiera están sus libros en las librerías de Ambato, de Cuenca, de Loja, de Guayaquil. Entonces los poetas de mi Patria faltan en el mundo.

Dónde está Carrera Andrade, Gangotena, Escudero; Donde el fakir Dávila Andrade, donde Adoum, donde Efraín Jara, donde la poesía de Astudillo, de Carlos Eduardo Jaramillo, donde las voces de los poetas ecuatorianos que participan en este encuentro. Porque, más bien, no se vuelve una pandemia el hecho de generar una cultura que nos haga reconocer a la poesía de la patria. Hay que buscarlos bajo las piedras que nosotros lanzamos y, como bien dice José Maria Cano. “Con las piedras hacen ellos su pared”. No es justo, porque no es real.

Claro, aquí cabe hablar sobre el tiempo. El tiempo, juez implacable, dejará dibujado el mapa real de la poesía en el mundo, la Patria sabrá fraguarse cuando exista, cuando sus poetas se dejen ver y además dejen ver a los otros.

Por ello, y gracias por permitirme la digresión, he convocado a este encuentro.

En conclusión, porque quiero que los poetas de fuera sepan que Ecuador es más que un país “limitado por si mismo”, más que una línea equinoccial, más que una anécdota entre Colombia y Perú.

Aquí están una parte de los poetas de mi Patria. Son todos los que están, pero no están todos los que son. Sería imposible, “no hay cama pa´ tanta gente”, “no nos fallo la intención, pero si el presupuesto”. Quiero que este encuentro se institucionalice, se vuelva una “lastimadura de la tierra”, citando, otra vez a Adoum. Por ello, y en esto me comprometo, quiero que todos los poetas del Ecuador lean en este Encuentro junto con nuestros hermanos poetas internacionales. No vamos a repetir los mismos nombres, siempre vamos a convocar a los faltantes. En la gran patria del castellano, los poetas abundan. Ya el tiempo nos dirá quienes quedan y a quienes hay que olvidar, pero es bueno optar por una tarima de voces, donde el poeta entregue al público su obra. Creo que mi País, este territorio anónimo, ha generado poetas. Anónimos poetas de mi patria que se han juntado en ellos mismos para hacer una realidad.

***

A nombre de mi editorial ELANGEL Editor quiero saludar y agradecer.: abrazar y halagar a los poetas que han venido desde otros países, desde otras latitudes, arriba y abajo del paralelo cero, donde la poesía sigue el recorrido en las crisis, en los holocaustos post modernos, en los malos gobiernos. La poesía está sobretodo aquello, no tiene porqué entregarse a nada, la libertad de un artista es la única que existe. Ninguna otra: ni el amor, ni la muerte, solo el arte.

A ellos, a Efraín Bartolomé, de México; a Federico Díaz-Granados, de Colombia; a Francisco Morales Santos, de Guatemala; a Ernesto Román Orozco, de Venezuela y a Rafael Espejo, de España, mi abrazo grande, por estar aquí, por haber llegado, al país imaginario, a la primera ciudad del mundo en haber sido declarada Patrimonio de la Humanidad, a la ciudad convento, a la ciudad encerrada, a la bella ciudad de Quito. Gracias amigos, poetas de mi idioma, gracias por ser cómplices, por estar siempre, por producir atmósferas, por producir memoria. Eso, la memoria, la verdadera forma de vivir.
Primero a mi esposa, compañera, amiga, quien resuelve eficazmente todo entuerto, la poeta Julia Erazo Delgado, ella el Angel de la editorial.

A mis poetas de la “patria pequeña”, de la patria de Benjamín Carrión, un abrazo con los versos, unas ganas enormes de reconocer en las palabras el gran amor por la verdad. A los 15 poetas ecuatorianos que engalanan con su poesía este encuentro les agradezco su tiempo, su colaboración.

Debo agradecer infinitamente a la Casa de la Cultura Ecuatoriana. Esta Casa, que acogió con desmedido afecto y con gran espíritu de complicidad este encuentro. A Marco Antonio Rodríguez, su presidente; Fabián Guerrero, el director de Publicaciones, y poeta; al Departamento de Comunicación de la Casa de la Cultura, que ha trabajado con empeño y tesón desde el principio, desde que llegué con el proyecto en ciernes, hasta ahora, que empieza el periplo. A Martha Palacios, amiga, colaboradora, apersonada ella en todo este camino, mi abrazo por su mano siempre firme, por su mano siempre amiga, por su mano siempre hermana.
A Cristina, Paty, Laydy, y todo el personal; a Paulina Loza, que agenciosa ayudó en la realización de toda impresión para este encuentro. A Cristian Hervas, que ayudó en el diseño.
Un especial abrazo a los Núcleos de la Casa de la Cultura de Cotopaxi, Tungurahua, Azuay y Guayas, por todo lo que han hecho para que este encuentro pueda salir a las provincias, podamos viajar por los caminos del país del cóndor y el colibrí y consigamos que la palabra no se centralice en una sola ciudad. Los presidentes de los núcleos Edmundo Rivera, Mary Pachano, Jorge Dávila Vásquez y Rosa Amelia Alvarado Roca han hecho un gran trabajo, cada uno en sus ciudades, en sus provincias, cada uno con el “corazón tendido al sol”, como diría Víctor Manuel.
Otro especial agradecimiento a mi querido amigo y talentoso diseñador Javier Valencia por haber creado la concepción visual de este encuentro y haber conseguido unos afiches y un portada del libro que esta noche presentamos, muy hermosa. Al poeta Carlos Garzón, por su mano siempre honrosa.
A la embajada de España por su gran ayuda para que el poeta Rafael Espejo esté con nosotros en este encuentro.
A todos los medios de comunicación que acudieron a nuestro llamado, gracias por apoyar el encuentro, por publicitarlo, por convocar a nuestros amigos, a los lectores de poesía, esa “inmensa minoría” que nos acoge.

***

Siempre he creído necesario que en un encuentro de poetas o de escritores se de una memoria con la obra. Al fin y al cabo la obra es lo que queda. Nosotros, todos, nos iremos un día, con nuestra memoria y nuestro corazón, con todo lo que hemos visto, hemos oído, pero los libros resistirán al tiempo y a las polillas. Pese a todo, estarán las páginas en alguna biblioteca, en algún lugar. Este encuentro quiere presentarles el libro con una muestra de los poetas seleccionados. Una muestra hecha por cada uno de los poetas, ahí los conocerán a pleno. La poesía los vuelve cuerpo presente, aún cuando ya no estén. Un libro con los poetas que nos visitan y con los nuestros. Un libro que será el libro de la memoria, en donde recordamos el instante, le daremos nuestra perspectiva; la poesía nos ayudará a convocar a la memoria, nos aupará por la dermis y la epidermis de ese rostro que escribió ese poema, que se volvió replica de una figura. El genio y la figura están siempre en el hacer, en el quehacer. Esa es la entrega necesaria. Lo hermoso de los poetas es que ninguno se parezca en su estilo, que ninguno reproduzca otro efecto, que no haya telarañas de la duda en la verificación de la voz. Por su poesía los conoceréis, por los pasos de los versos escarceados, versos vitales de nuestros 20 poetas en este primer encuentro. El libro circulará, debe hacerse visible y el tiempo sabrá en qué puesto lo pone, en qué anaqueles los coloca.
Fue un libro que comenzó y terminó en la ruleta insurrecta del amor. Un libro que se fue dando, que fue creciendo y que está ya con nosotros. Conózcanlo.

***

Por último quiero hacer una promesa en este auditorio, y quiero que cada uno de ustedes me ayude, así, como cuando se promete algo frente a la Patria, frente a la novia, frente a los hijos, en este momento quiero prometerles que no voy a desmayar en esta faena, que quiero hacer cada año este encuentro:

Prometo, ante ustedes, hermanos de la palabra, que perseguiré al águila caudal de los poetas y los traeré al paralelo cero, y conjuntamente con los otros poetas hermanos, volver en el 2010 a encontrarnos en estos arrestos.

Pero toda promesa trae compromisos: quiero comprometer a la Casa de la Cultura, aquí, públicamente, para que el próximo año se vuelvan a embarcar en las naves y evitemos quemarlas para seguir recorriendo los puertos. Esos puertos que vienen y van, eso que, como bien dijo nuestro poeta modernista Remigio Romero y Cordero van “alejándose, mientras muere el día”.

Ni más ni menos.

Xavier Oquendo Troncoso

Elizabeth Quila y "La mirada ciega"


La presentación de este libro se realizará en la ciudad de Quito el día Viernes 19 de Junio, a las 19h00 en el Centro Cultural Benjamín Carrión, conjuntamente con el libro de poemas de César Eduardo Galarza.
Presentarán los libros Elsy Santillán Flor y Carlos Garzón Noboa.


Elizabeth Quila Vaca
(Guayaquil, 1964)

Licenciada en Literatura y Comunicación Social, mención Relaciones Públicas, por la Universidad Católica Santiago de Guayaquil y Magíster en Psicoterapia Psicoanalítica por la Universidad Complutense de Madrid. Ha seguido además varios cursos de pedagogía en Lima, Perú; Santiago, Chile; Bogotá, Colombia. Ha trabajado como profesora universitaria en las más prestigiosas universidades de Quito y Guayaquil. Es promotora cultural y Relacionadora pública de importantes empresas.
Su labor cultural siempre ha estado inmersa en la promoción y difusión de la literatura. Su trabajo, hasta ahora inédito, ha sido considerado por su generación como prometedor en las letras nacionales. Ha participado en varios e importantes actos literarios en el país.


Hay libros que no necesitan ser prologados.
Hay cosas en la vida que no necesitan ser explicadas.
Hay misterios, ocupaciones y desempeños que no tiene que ser develados.
Un cuento es un viaje propuesto, un rosario de eventos que se descubren, amenazantes a veces, cautelosos, oscuros y temibles.
Todos tenemos un cuento que contar; todos, un sueño que soñar. Pero pocos lo pueden tejer con ese amor que necesitan las palabras, las mágicas palabras que invocan sortilegios. Es este camino intransitado de la memoria entre las calles del olvido. Son traumas y los maravillosos anexos de la vida.
Hay que ser muy valiente para desnudarse y dejarse ver por el mundo. Esa incesante tarea de los escritores que nos deja perplejos y un poco ruborizados, ésa es la verdadera pared que nos separa de los iluminados, al otro lado del bosque.
Hay que tener dedos sutiles y dejar volar la imaginación, entrecortada por la memoria, que a veces no es tan placentera. Purgar y redimir, es la tarea de los cuentos que lanzados al universo se convierten en ventanas.
Y es en esta invitación que nos atrevemos a recorrer el placer sin reparos, en parcelas morales que se abren despreocupadas. El incomparable placer de mirar, mirarse y ser mirado, como diría el divino marqués; ese mirarse al espejo sin turbaciones ni preocupaciones.
Cada relato es un espejo hecho añicos, una súbita llamarada de cachetadas insolentes pero necesarias a la hora de ser sinceros.
En este mundo que ahora se dice cambiante, escribir cuentos alejados de tabúes y supuestos es una gran aventura. Escribirlos sin reparos y a letra fría es una odisea. Escribirlos desde la visión femenina y salpicarlos de dureza es realmente una proeza.
La elegía del saber físico es importante, más importante aún cuando esta salpicada del saber científico y adornado por las pantomimas de la memoria, solo ahí se transforma en un cuadro íntegro y brillante. Deseoso de ser descubierto. Pero algo nos impide ver esas estructuras subyacentes, porque esta invadido por aturdidas lanzas y descarnadas acciones, casi imprevisibles, a veces criminales.
Entonces nos volvemos débiles y sucumbimos ante lo inesperado, primero elevados y oprimidos después, en este vaivén atolondrado de frases que bailan macabras.
Y si eso no es la escritura, ¿entonces qué es?
Hay libros que necesitan ser sentidos. Absorbidos, machacados en microscópicas partículas e inhalados. Hay relatos que deben ser matemáticamente estudiados, porque en su fluidez está nuestra propia necesidad de ser entendidos; atravesando soledades, desencuentros y anhelos.
Este libro es corporal, sensual y rojo. Es asfixiante y revelador.
Hay libros cuyo prólogo podrá parecer vano.
Parecería Insensato explicar lo que debe permanecer quieto y tranquilo, pero que al caer de la roca, se perturba exponencialmente.
Nuestra cultura analgésica nos tiene acostumbrados al espanto. Ya nada nos asombra. Pero, necesitamos salvarnos. Y quizás las palabras descarnadas nos resulten salvavidas en este océano de locura.
Hay ciertos autores que están llamados a remecer, a trastocar y preguntar. A mostrarnos que las cosas del amor aun continúan vigentes y que entre tanta automatización, aun persisten las pasiones, las penas del desamor y la melancolía.
Aun somos humanos, después de todo y siempre es bueno recordarlo.

Osvaldo Paladines Zurita

ESTU FUIMOS EN LA FELICIDAD según Maldonado y Junieles



Un buen amigo es un tesoro, dice la Biblia, y en su texto Xavier Oquendo reproduce esta máxima, la reedita, la reelabora y la recrea. Un paseo nostálgico por la adolescencia, más allá de los conflictos existenciales, el duelo por el cuerpo de niño, la pérdida de la inocencia y todas esas cosas que convierten la mejor de las edades en el peor de los tormentos.
En un tono coloquial, desenfadado, con apuntes a veces un poco prosaicos, Xavier Oquendo reflexiona sobre años y personajes atrapados en una etapa de la vida en donde la amistad se convierte en un eje y un aprendizaje de la vida que no nos da ni la familia ni la educación formal, que no se adquiere en los libros (salvo quizá en algunos libros de poemas, como este) ni en los problemas de álgebra.
Como siempre, la palabra de Xavier puede emocionar y sorprender. Puede llevarnos a visualizar momentos ajenos y también a evocar los propios vericuetos del recorrido por situaciones iguales o parecidas a las que Oquendo redescubre y redescribe en estas páginas.
Esto fuimos en la felicidad acude a la nostalgia por un pasado que evocamos con ojos parcializados, tema recurrente de la poesía y de las artes en general, y con esa materia conocida reconstruye las vivencias y las emociones de un tiempo que solamente vuelve a través de la magia de la palabra hecha poema.

Lucrecia Maldonado


Toda poética es la fundación de una nueva realidad, a partir de una suma de perplejidades. Hay una misteriosa lumbre en las palabras de Xavier Oquendo. Su palabra nos protege de la ceguera que origina mirar de frente a la realidad. Mucho de todo lo perdido en nuestro tránsito regresa cuando leemos a Oquendo: las astillas de la memoria, nuestros sueños diseminados, la vida que nos ha robado el tiempo y el ámbito que debemos vivir. Esta palabra nace de su límite, cierra el silencio para liberar la palabra, costillas que evitan que el corazón salga rodando por el piso. Palabras con rostros donde leemos gestos donde nos reconocemos. Parece que cada palabra de Oquendo estaba allí para nosotros desde siempre, como la rama de un árbol que durante años crece, para sostener un pájaro que pronto levanta el vuelo.

John J. Junieles
Escritor colombiano
Premio Internacional de Poesía Nicolás Guillén.

EL MAR SE LLAMA JULIA ANALIZADO POR VIVIANA CORDERO


En la vida de cualquier persona se suceden casi siempre dos tragedias muy serias: la falta de amor o el exceso de amor (Lucía Extebarria)


Cuando Xavier me pidió que le presentara El Mar se llama Julia, muchas ideas rondaron por mi mente y me debatí durante varios días hasta que le dije que sobre lo que en realidad a mí me interesaba hablar era sobre el tema de esta novela, sobre la idea central que es la que me ha venido rondando todo este tiempo dejando la forma, el estilo y la manera en que ha sido escrita, a los más expertos.

Hace algunos años escuché de esta novela, curiosamente de otro de los presentadores, Pedro Saad. Él me dijo: No está terminada aún pero la idea es magnífica, o al menos creo que me dijo eso y cuando yo terminé de leer lo que me quedó fue este sentimiento profundo de nostalgia y de pesar por lo que no se da.

El primer amor es el centro de esta novela. Guardo fresca en mi memoria una maravillosa película que se llama Un pequeño romance con Sir Laurence Olivier y la entonces niña Diane Lane y un joven francés que me parece que no volvió a actuar. Es la historia de dos adolescentes que se escapan a Venecia porque conocen de una leyenda. Les ha contado el personaje interpretado por Sir Lawrence Olivier sobre esta leyenda que dice lo siguiente: si dos amantes se besan en el ocaso bajo el puente de los suspiros, estarán juntos para siempre. Las mil y un peripecias por las que atraviesan estos niños adolescentes refuerzan este sentimiento de que la tenacidad del amor es única. Esta película me marcó de por vida y hace poco que la pasaron por televisión y la miraba con mis hijas sentí cuan vigente estaba. Recuerdo también a Melody acompañada de los inolvidables temas de los Bee Gees. Y en la literatura, al inolvidable personaje de Chico Carlo de Juana de Ibarbouru por no ir a lo esencial, a Romeo y Julieta. El amor es lo que prima en la novela de Xavier Oquendo, el amor es lo esencial. El amor es la fuerza que mueve a la niña Julia.


En El mar se llama Julia: Julia y José Julián son dos niños, preadolescentes, diez y doce años. Juliá se enamora. Por primera vez cae dentro de la enfermedad del amor. Dice Carmen Rigalt: “El amor es una enfermedad, una patología que nos erosiona abruptamente por dentro”. Sabiendo que no hay marcha atrás posible, pues el Jota, como llaman a José Julián ya se le ha metido adentro, valiente, le escribe una carta. El Jota contesta. En toda relación siempre hay uno que ame más y no es que el Jota no la quiera, pero no la quiere como ella quisiera que la quieran. El Jota, tiene otros intereses igual de importantes, como son el básquet, el mar y sus amigos. Julia siente celos del básquet, del mar y de sus amigos. Sin embargo Julia persiste y sufre. Por primera vez siente en corazón ese dolor amargo del amor, ese sabor a limón con sal. Sin embargo todo se torna peor, mucho peor de lo que jamás imaginó. El Jota sufre un accidente jugando básquet y pierde la memoria. Julia cree enloquecer sin tener noticias de su amigo y de pronto escucha que la única palabra que repite sin cesar es Julia. Emocionada va a visitarlo, pero él no la recuerda, ni siquiera sabe por qué sigue repitiendo esta palabra. Fue la última palabra que pronunció mientras jugaba básquet y la divisó y antes del golpe la llamó, pero él no lo recuerda. Y Julia escucha como él le dice que no sabe quien es, y que se vaya pues quiere estar solo. Entonces Julia en un acto de generosidad total le escribe una carta describiendo aquello que él más ama, el mar. Le describe ese mar para tratar así de llegar a su memoria de alguna manera.

Esta es una historia donde claramente se refleja la vida con toda su crueldad. “Y es que del amor, como de la vida, siempre se espera más y nunca se está satisfecho” (Lucía Extebarria)

Uno cree a veces que los niños no aman con la misma fuerza de los adultos y no es así. El niño sufre igual, siente celos, no concibe la vida sin esa persona, lo sé por la experiencia de mi hija. La veo sufrir por un compañerito con tal fuerza y ella me pregunta angustiada: Cuánto tiempo va a pasar hasta que lo olvide, Mami. Y tiene nueve años.

En el caso de Julia, ella lo ama con tal fuerza que ya no importa su felicidad, importa la de él, mientras que José Julián se deja amar.

Siento que Xavier ha llegado a la esencia femenina con gran perspicacia y a la masculina también. Una mujer ama con pasión, con dolor, se pierde una con tal de que el otro esté, sea, se sienta bien. Julia respira a través del Jota, y sólo el verlo bien lo pone a ella bien.
El amor es el discurso de la soledad a pesar de que este discurso sea hablado por millones de personas.


La historia del Jota y de Julia es una historia triste. Uno quisiera que terminen juntos, que Julián recuerde, que no pase tanto el tiempo, pero no. José Julián se va, lo llevan sus padres a otra tierra y Julia se queda sola. Quizás, como decía antes, uno quisiera que termine todo bien, pero entonces, como dice una de las personas a quien yo más admiro, el foógrafo iraní Reza, una de las pocas personas que me han hecho creer que la vida vale la pena de ser vivida. Él dice que las personas felices no tienen historia. Y entonces no tendríamos ni a Julia ni a José Julián.

martes, abril 14, 2009

Convocatoria Internacional “Antología de Poesía 2009”

Convocatoria Internacional de Poesía
“Antología de Poesía 2009”
Convocatoria abierta para el Ecuador


Nuestra antología creará un mapa poético entre México, Centroamérica, Sudamérica, España y las Islas del Caribe, y de esta manera enriquecer el panorama poético de la lengua española.

Bases:
· Podrán participar todos los (as) poetas nacidos (as) a partir de 1940. Acordamos esta fecha de partida por cuestiones generacionales (este criterio, es puramente estadístico).

· Los poemas a enviar deberán de ser de autoría propia y en español. Estar a doble espacio y en fuente Times New Roman, número 12. En caso de que los poemas tengan un formato diferente al señalado anteriormente, le solicitamos que lo notifique en el envío.

· La cantidad mínima que deseamos es de cinco poemas, con un máximo de veinte poemas. Si los poemas pertenecen a un libro, al final del poema le solicitamos anexe los datos correspondientes (Autor/a, título del libro, editorial y año de publicación), y si los poemas son inéditos o por publicarse en alguna editorial, especifíquelo.

· La temática es libre.

· A los autores que reciban esta convocatoria se les solicita una ficha curricular en la que anexen los siguientes datos; nombre, dirección electrónica, país de origen, domicilio particular y su trayectoria literaria, además de una foto. Solicitamos sus datos personales para uso exclusivo de la institución, y de la misma manera para hacerles llegar futuras invitaciones, la finalidad de esta solicitud es crear una base de datos y realizar un mapa poético.

· La presente convocatoria estará vigente a partir del 5 de abril al 6 de junio del presente año.

· Todas las participaciones literarias deberán de ser enviadas a la siguiente dirección: antologiainternacionaldepoesiaecuador2009@hotmail.com

· Los trabajos se remitirán en tres archivos adjuntos al mensaje, en formato Word; el primero contendrá los poemas a participar, el segundo los datos del autor correctamente organizados de acuerdo al numeral 5 de la presente convocatoria, y por último, un tercer archivo con la foto del autor. En el asunto del mensaje se especificará la nacionalidad del participante.

· A los participantes se les notificará de la recepción de sus trabajos en un correo electrónico.

· Los autores seleccionados cederán los derechos de la publicación del material poético a Ediciones Jaguar.

· La participación en esta convocatoria implica la completa aceptación de sus bases.

La presente convocatoria internacional de poesía reunirá a las nuevas voces de la lírica castellana y de las Islas del Caribe, en un libro editado por Ediciones Jaguar. La presente antología será editada en cinco tomos (un tomo por cada zona geográfica). Agradecemos a todos los autores el interés ante el presente proyecto editorial a realizarse. De la misma manera, en que les solicitamos sus colaboraciones, les informaremos de los portales de internet en donde podrán consultar tanto la lista de los poetas antologados como un estudio preliminar del trabajo a publicarse. [1]



Atentamente
Sara Vanegas Coveña
Juan Carlos Recinos
5 de abril 2009
Cali, Colombia.
Ediciones Jaguar



[1] Los antologadores informamos que tanto los nombres de las antologías por países como de la antología general, serán designados por el consejo consultivo de Ediciones Jaguar.

lunes, marzo 23, 2009

ELSY SANTILLÁN Y LOS MIEDOS JUNTOS POR VIVIANA CORDERO


Pensaba yo en las coincidencias de pensamientos. El día martes asistí a la presentación de los cautivadores poemarios de María Luz Albuja y Julia Erazo, y la poeta Victoria Tobar, al presentar el libro de Julia Erazo planteaba que hay dos maravillas: leer y escribir.
Justamente yo empezaba la presentación de Elsy hablando del término maravilloso y me impactó que estuviéramos en lo mismo.
Maravilloso: adj. Extraordinario, excelente, admirable.
Maravilla: del latín, Marabilia. Suceso o cosa extraordinaria que causa admiración/ 2.- acción y efecto de maravillar o maravillarse.
Maravillarse: causar admiración.
Cuando uno emprende un viaje a lo desconocido, lo maravilloso, es decir lo extraordinario, lo excelente, lo admirable, lo único, lo especial del mismo es dejarse llevar y maravillarse valga la redundancia con lo que acontece desde el momento en que salimos de casa. Cuando uno abre un libro lo maravilloso, lo único, lo especial, lo admirable del mismo es que éste le transporte a uno a lugares recónditos y misteriosos sin haber salido de casa. La lectura es lo que nos permite a muchos seguir viviendo, soportar la monotonía, el dolor, la enfermedad y los problemas del día a día. Cuenta Azar Nafisi, la profesora de literatura que escribió el cautivador libro Leyendo Lolita en Teherán que soportaba los bombardeos y la guerra en Irán leyendo. Leía a Henry James por las noches mientras las bombas destrozaban la ciudad y no sabía si el próximo bombardeo la mataría a ella y a su familia. Cuando escuchaba algún bombardeo cerca de su casa, con más fuerza y vehemencia seguía leyendo.
Pienso que el principal objetivo de un libro es atrapar al lector. Seducirlo, obligarlo a buscar sus páginas aunque uno tenga actividades, ocupaciones, trabajo. Es llevarlo de viaje sin haberse movido del sitio en el que uno se encuentra.
Y éste es el primer objetivo que cumple el libro de cuentos de Elsy Santillán Los Miedos Juntos. Desde que uno abre la primera página ya está atrapado. Porque como bien lo dice Umberto Eco en sus reflexiones Sobre la literatura, “La única cosa que uno escribe para sí mismo es la lista de compras para el mercado. Esta lista sirve para recordarnos qué es lo que debemos comprar y una vez que estas compras se han realizado, la podemos botar pues ya no sirve a nadie. Todo lo que uno escribe es para hacérselo llegar a alguien” Elsy escribe para sus lectores y quien la lee queda inmerso en su mundo propio, especial, barroco, lleno de calles adoquinadas, de casas en el centro de Quito, de muñecas antiguas, de espejos en donde trajinas fantasmas, de seres arrugados, de seres complicados, como de otros mundos.
Por eso y, ojo, entrar dentro del libro de Elsy no es para cualquiera, es para valientes. Son cuestas empinadas, descensos abruptos, de pronto un arroyo con aguas límpidas y esperanzadoras como Boutique Rosavioleta, el único cuento con posible final optimista dentro de todos los cuentarios, y ojo, digo posible porque el protagonista sueña con algo que no sucede aún, que de pronto puede trastocarse, ya que en los cuentos de Elsy uno entra en terreno de arenas movedizas. Vale la pena intentarlo, porque lo que sí les garantizo es que no saldrán indemnes, que la vida les cambiará después de haber leído estos cuentos y eso es lo que importa porque uno lee para transformarse, para que la vida de uno sea sacudida, para que el interior de uno sea removido.
Porque los personajes que recorren estas páginas son personajes atormentados, seres que no pueden con la vida normal: asesinos, suicidas, enfermos mentales, inconformes con su destino, angustiados en potencia. Uno a uno, cada cuento nos devela el otro lado de la vida, el lado negro, el lado enfermo, el lado que no puede con la esperanza, con la felicidad, con el optimismo.
Elsy enfrenta los miedos, propios y de cada ser humano, con valor. A través de las palabras los desmitifica. Se materializan en los largos corredores de su infancia. Cobran fuerza, y situaciones que podrían estar en el fondo, fondo del baúl de los más negros pensamientos, vienen a sentarse en la sala de esterilla.
Es lo turbio, lo sórdido lo que predomina en Los Miedos. La muerte del travesti, en La habitación de los cuatro espejos cóncavos, el asesinato en Una gota de lluvia en tus cabellos de paja, el dolor de volver a la vida sabiendo que ha sido reemplazado en El reino de las sombras.
El ser humano es inconforme nos lo grita Elsy a través de sus historias. La vida es amarga. Todo lo que parece sólo parece porque en realidad lo que es es tan distinto a lo que parece.
Por eso comentaré tres situaciones y temas que están constantemente presentes en Los miedos juntos. Pues si bien esta es una recopilación de todos sus cuentos escritos a lo largo de muchos años, las angustias, los miedos, la temática constante de la atracción hacia lo oscuro, hacia lo abyecto, está presente a lo largo de todos los cuentarios
1.- El ser humano está incapacitado para encontrar la felicidad.
Cito:
“En cada rincón de sus sentimientos se ocultaba un gusano que lo corroía todo.”
Si hay una frase que defina la atmósfera de los cuentos de Elsy Santillán Flor es precisamente ésa.
Por todo lado se siente el sabor de la tristeza, del dolor, de la decepción. Los cuentos son una tarde lluviosa y gris, como del enero quiteño. “Escucho el abrirse de ataúdes, el ulular del vien¬to, el crujir de hojas secas y sé que soy parte de todo este mundo gris y desolado repleto de lóbrego encanto”, nos dice el narrador, o Elsy, la escritora. No puedo dejar de pensar en Edgar Allan Poe, sus ensoñaciones con los cadáveres y compararlos con las ensoñaciones de Elsy, la escritora que se aleja de su diario vivir para transitar por sus historias fantásticas, llenas de gris y de azul oscuro donde los personajes negros y solitarios deambulan cada uno con sus historias amargas y destinadas a un fatum desolador.
Así en El reino de las sombras el protagonista regresa de la muerte para comprobar que ya no lo aman como él imaginó, que su mujer tiene a otro. Lo que él creía no es y el haber vuelto a la vida se vuelve el más amargo de los suplicios. En Cara o cruz el personaje se debate entre una doble vida, incapacitado de unir sus dos identidades, manteniéndolas completamente separadas. En ¿Y si almuerzo su cadáver? Un hombre mata a su mujer y al salir indemne y volver a casarse nos deja con la inquietud de que muy probablemente va a volver a ocurrir, confirmándonos que uno no aprende de sus horrores, errores y dolores, sino que el ser humano reincide, vuelve a caer una y otra vez como un círculo vicioso. En Confesiones en lila toda posibilidad de felicidad se trunca, el amor verdadero se destroza, tan sólo queda la venganza final, la dicha de la venganza. En Del otro lado de los muros una pareja juega a engañarse, pensando así que cada uno es más listo por ocultarse su otra vida.
Cada uno de estos cuentos son de diferentes colecciones y sin embargo hay una unión que la sentí a lo largo de todo el texto. Es acertado presentarlos entonces juntos. Como bien lo dice Gloria de Cunha en el prólogo. Cito: “Para el crítico literario esta reunión de reuniones no representa una simple suma de relatos, sino un macrotexto original, un verdadero sistema textual con renovado sentido. Los ejes identificables alrededor de los cuales se organizaba cada cuento de los cuentarios separados adquiere nuevo valor en la reunión, puesto que ahora se iluminan —inmediatamente unos a otros, lo que carga de valor al contenido de Los miedos juntos. “
El sentimiento al final es el de una multtitud de personajes, cada uno un mundo, cada uno una historia más truculenta y escalofriante que la otra. Estas soledades se mantienen solas, no buscan que nos unamos a ellas. Tan solo nos acercan a sus historias, en algunos casos desde la primera persona, en otros con la frialdad que imponen los hechos desde la tercera y en ocasiones con el dedo acusador de la segunda. Uno asiste como tras una cámara que se acerca lentamente y luego se retira. Uno asiste como espectador del dolor, de la soledad, de lo mórbido, de la incapacidad del ser humano para encontrar la felicidad. Somos testigos del fracaso, de la imposibilidad de encontrar la salvación por ningún lado.

2.- La muerte compañera acechante.
Elsy juega con la muerte, con las tumbas, con lo nefasto y lo efímero de la vida, con lo irremediable. O quizás con un mundo real que está ahí pero que sólo unos afortunados pueden verlo. En algunos casos es tan sencillo como retirar las cobijas y las sábanas del personaje dormido que siente que se está muriendo por la asfixia, en otros es tan real como estar dentro de una tumba durante días. La muerte es una de las grandes protagonistas de este texto creando un vínculo entre los diferentes cuentos.
En Valores perdidos en actos agotados, un hombre hace el amor con el cadáver. Él no lo sabe, piensa que es su esposa dormida que él imagina su amante, pero la dualidad existe está presente, al más puro estilo de Edgar Allan Poe o de Emily Bronté. Y la dualidad se hace presente al ser este cuento escrito
en segunda persona. Ese tú constante que condena, que acusa formalmente. Esa dualidad entre el placer y el dolor. Porque lo interesante es que todo en las tramas de Elsy nos llevan a una función necesaria. En Las cartas que fueron bastante lejos se va fraguando el asesinato a través de las pistas que nos dejan las diferentes misivas. Nada es gratuito, nada es casual, gracias al poder de las palabras, todo tiene una razón de ser.
La muerte domina, está presente. A veces como única solución, otras como algo a lo que no podemos escapar porque el ser humano camina cada día hacia ella. El ser humano no tiene salida, parece decirnos las escritora. Los personajes toman la vida en sus manos en muchos casos y hacen con ella lo que les parece. En el mundo de Elsy Santillán, escitora, reina la agonía, reina el dolor, reina una profunda decepción hacia la vida de la cual uno no escapa ni aún después de muerto, prueba de ello, el cuento El reino de las sombras.
Entonces:
3.- ¿Qué nos queda? Tal vez creer en las historias que escuchamos, que leemos, que nos cuentan. A pesar del dolor, a pesar del pesimismo, a pesar de la decepción Scherezade logró mantenerse con vida encadenando historias que maravillaban al sultán y que postergaban su muerte para que siguiera encantándolo.
Ariadna en el laberinto le entrega a Teseo el hilo que le permitirá encontrar la salida luego de matar al minotauro. Elsy, través de su libro, de la escritura y de la lectura, nos entrega el hilo de Ariadna, la salida hacia una salvación, entiéndase minotaruo como monotonía, como tedio, como sucesión de días sin esperanza, cuando el ser humano puede escapar de su propio miedo, de su propio tedio, de su propio dolor a través de estas historias que nos permiten entrar en otros mundos.El rol de la literatura es crear también un universo, un mundo. Dice Carlota en El joven Wether: “Como ahora son contadas las veces que puedo leer, cuando lo hago deseo que la obra esté perfectamente dentro de mi gusto. Y el autor que prefiero es aquel en quien hallo el mundo mío, el que cuenta las cosas tales como las veo en torno mío, el que con sus descripciones, me atrae y me interesa tanto como mi propia vida doméstica, que indudablemente no es un paraíso pero sí una fuente de dicha inefable para mí”. Yo añado; también es el poder penetrar dentro de otros universos, de otros dolores, como en el caso del mundo creado por Elsy Santillán. Entramos como a escondidas a vislumbrar todo lo que ocurre dentro del universo de sus personajes y probablemente de esta manera nos vemos obligados a confrontar nuestros propios miedos que es lo que nos permite encontrar el sentido de nuestra existencia, lo que nos permite encontrarnos y descubrirnos. El sentimiento que me provocó fue como si estuviera abriendo una cortina con sigilo, porque ni siquiera es una puerta, para adentrarme y comprender el por qué de tanto inconformismo, de tanto dolor ante la vida. Elsy nos invita a conocer estas vidas tortuosas y atormentadas. Sus descripciones son ágiles, fuertes, apasionadas. Son trazos directos, rápidos, drásticos, sorpresivos.
Cito:
CUANDO SE FUE
Al verlo partir, supe que se llevaba la mitad de mi vida, de mis sueños y realidades. Quise lla¬marle, pedirle perdón, llorar bajo su sombra; pe¬ro descubrí que podía vivir con la otra mitad que me quedaba.
Así de rápido, así de corto, así de completo. No hace halta más. Una historia, un suceso concreto. Imapacta, agarra, atrapa.
Dice Julia Kristeva: Hay, en la abyección, una de ésas rebeliones del ser obscuras y violentas contra lo que lo amenaza que le parece que viene de un más allá o de un interior exorbitante, lanzado junto a lo posible, a lo pensable, a lo tolerable. Está ahí, muy cerca pero no asimilable. Inquieta, fascina y se lanza hacia un más allá que ya está condenado.
Cito:
LA TARDE DEL ULTIMO DIA:
—Hace como diez años desapareció una mujer, dijo, —por las fotografías que aparecieron yo podría afirmar que es usted.
No le contesté. Sus ojos resplandecían, yo seguía inmutable.
—¿Por qué lo hizo? —me preguntó de frente— usted era una triunfadora, lo tenía todo.
—¿Usted así lo cree? —pregunté también.
—¿Qué le faltaba?
—Nada, respondí. Me aferré a todo mi valor para seguir diciendo:
—Yo no soy esa mujer, pero supongo que sería muy sensible y por así serlo su mundo no debía haber sido tan placentero. Seguramente las cosas que a todos parecerían grandiosas a ella no le importarían nada. Quizá se hartó de todo y decidió escapar de aquel mundo para buscar otro inmensamente mejor.
—Pero si lo tenía todo —volvió a repetir el hombre.
—Nadie conoce el alma de nadie, me encontré diciendo. —El mundo del alma es muy complicado. Suponga que esa mujer no se consideraba parte de nada, ni tampoco consideraba a nada ni a nadie, parte de su mundo.
Me miró con seriedad.
Una vez más la escritura salvadora, el hilo de Ariana que nos permite salir del laberinto de la vida. Porque finalmente y concluyo con esto, uno puede imaginar a Elsy escapando de su vida, perdiéndose como la mujer de LA TARDE DEL ULTIMO DIA. Perdiéndose en sus fantasías, adentrándose a través de los corredores dentro de sus más profundos terrores. Saliendo sin salir de casa, todas las tardes en busca de la aventura, de la historia, recorriendo sus múltiples y únicos objetos, puesto que cada uno tiene una historia en la vitrina del rincón, subiendo y bajando por los rincones que ofrece su casa tan personal, ofreciendo cada rincón una historia; y de esta manera aunque su cuerpo esté ahí probablemente enfrascado en la limpieza de algún adorno, y nadie se percate de lo que ocurre, su mente está lejos, en medio de historias turbulentas y complicadas. Su mente está enfrentando sus propios miedos y valientemente obligando a su mano a escribirlos.