sábado, junio 13, 2009

La esencia de lo femenino






El desagradable término de “poetisa”, diminutivo y peyorativo, ha sido un limitante para reafirmar a la poeta mujer. Cada vez, y por suerte, semejante palabreja, se ha ido difuminando, quedando solamente el término “poeta” para ellas también. Sin embargo el mundo ha cambiado y con ellos los más elementales conceptos. Uno de ellos el de la feminidad. Cuatro poetas contemporáneas, ecuatorianas todas, y que acaban de publicar en mayoría, junto con tres poetas varones, una selección de su poesía en el libro “La voz habitada” nos hablan, desde el lente de una mujer creadora, del acto de ser mujer en esencia en una época donde las esencias ya se han mezclado con otros aromas.



Marialuz Albuja Bayas

Las mujeres somos fascinantes. Lo digo por otras mujeres que conozco. Y lo digo por mí. Sin embargo, nuestros tesoros pueden quedarse fácilmente enterrados si no hacemos todo lo posible por rescatarlos del polvo y encargarnos de que se vuelvan parte de nuestra vida. Somos terrenales, y esa misma ‘terrenalidad’ nos garantiza el acceso a las profundidades del alma. Podemos crearlo todo, desde los hijos hasta los proyectos, delirantes o no, que ocupen el centro de nuestra motivación. Las mujeres modernas somos una mezcla de Atenea y Afrodita, siempre en pugna. Pero todas, en el fondo, añoramos regresar a los caminos de Afrodita. Nuestra esencia es la búsqueda –que no da lugar a extravíos– de ese espacio donde podemos ser lo que queremos. Por eso, mi poesía ha sido, y sigue siendo, siempre búsqueda. No de un puerto, ni de un sentimiento, ni de una verdad, sino del espíritu femenino que me habita con la generosidad más absoluta para que yo beba de su cántaro siempre que así lo desee.

Julia Erazo Delgado


El potencial de la maternidad hace del cuerpo femenino un cuerpo fuerte y ello se confirma en su proyección y representación particular. Lleva la sabiduría protectora para que la especie humana no se extinga. Ello de por sí la engrandece, sin embargo, hablar de mujer es hablar de algo más. La mujer ha cumplido varios roles, no siempre justos, a lo largo de la historia. Ello le ha permitido desarrollar facultades emocionales y físicas difíciles de superar como la tolerancia, la resistencia, la paciencia, la capacidad de resolver varias cosas a la vez, la intuición, la estrategia. La mujer fue invalidada como ser humano por siglos, relegada a tareas domésticas y manuales. Por suerte, ahora, después de haber conquistado muchos espacios que le correspondían, por fin tiene la oportunidad de expandir su inteligencia y su sensibilidad hacia nuevos horizontes. Y lo mejor es que puede hacerlo como profesional, intelectual, artista, madre, compañera, ama de casa, todo a la vez, y no morir en el intento.


Ana Cecilia Blum


La historia ha sido interpretada según los principios patriarcales de la cultura. La presencia y la labor de la mujer se han visto devaluadas frente a la del hombre porque a lo largo del tiempo ella aparece como un contribuyente marginal al desarrollo y a la experiencia humana y social. Ante este escenario, la esencia de la mujer devela su fortaleza interior en acciones concretas y en su resistencia para enfrentar desafíos individuales y colectivos.
Su esencia la hace diferente, pero igual al hombre. Diferente, porque el mundo del hombre es como un gran mapa, mientras que el de la mujer está cargado de detalles. Igual, porque también la mujer posee la capacidad de transformar la cultura y la historia siendo líder, escritora, educadora, científica, artista y ciudadana responsable. Las viejas concepciones la encerraban en un círculo de dulzura, virtuosismo, maternidad, tolerancia y víctima de las circunstancias. Hoy, la esencia de la mujer cruza las calles, ocupa una banca escolar, se sienta en una silla presidencial, asume con miedos o sin miedos el comando de sus días.


Carmen Inés Perdomo Gutiérrez


La palabra que para mí define a la mujer es “intensidad” que en un sentido amplio implica un ser total. La vida de la mujer surge de experiencias, a veces, atravesadas por el dolor, piedra angular desde el que levanta esas frágiles pero al mismo tiempo perdurables estructuras que son sus vivencias. Ellas se construyen gracias a un oficio que la mujer, en este caso la poeta, lleva hasta las últimas consecuencias bordeando los límites del caos en donde cada palabra y cada pausa se acoplan para engendrar el cuerpo liviano de la hoja escrita.
Muchas veces nos vemos atadas al fracaso o a la sumisión, ese olvido de nosotras mismas es el protagonista de los silencios y hace que en un acto de fe libere la más ardua y feroz batalla con las palabras que son las que asestarán el golpe final.
Este laberinto de sueños e inquietudes me impulsa a encontrar la salida y es la voz que me libera de las sombras y me permite crear. Esa es la esencia fundamental de mi ser.

viernes, junio 12, 2009

POESIA EN PARALELO CERO (El libro)



POESIA EN PARALELO CERO
Inauguración

Ecuador
Es un país irreal limitado por sí mismo,
partido por una línea imaginaria
y no obstante cavada en el cemento al pie de la pirámide.

Jorge Enrique Adoum

Con esta postal quiero presentar a mi país, con estos versos cada más verdaderos, con esta verdad que hemos cargado hace siglos, aún cuando no nos llamábamos Ecuador, sino Quito, y nos pinchaba la idea grata del centro del mundo. De estar en la mitad del globo y terminar siendo imaginarios. Nunca es demasiado. Quito es centro, es ombligo, es el agujero del cordón umbilical que se cava hasta el fondo en nuestra frustración por no ser algo evidente, por no ser algo visible.
Cuando el Ecuador se llamó Ecuador, ya lamentablemente estuvimos “limitados por nosotros mismos”, ya no teníamos el coraje de ser salvados por nuestra propia figura debilitada, por nuestro propio ego, por nuestra sombra fragorosa. Ya nos quedamos encerrados en el paralelo cero, y el cero no tiene valor, el cero es imaginario, es la nada. Pero solo en la nada está el comienzo.
Hace muchos años cuando mis padres me llevaron a una juguetería quise que me compraran una alcancía en forma de globo terráqueo. Comencé a verla y me di cuenta que casi todo el mundo se llama Ecuador, entonces me sentí importante. Salí con el juguete pensando en lo imponente que era como ciudadano de esta República, como un “ecuatorianito” ampliado en mi efímero mundo infantil. Pero lo que me enteré más tarde es que estaba viendo la línea equinoccial que divide el mundo y que se llama como nosotros, y luego, muy prontito, busqué en Sudamérica mi país, pero no estaba. No existía en el mapa. Luego la profecía se cumplió: El Ecuador era producto de la imaginación de los académicos franceses. Teníamos que vivir para adentro, en la Sudamérica de esa esfera ocupaba gran puesto el Perú y Colombia en mi pequeño mapa, el Ecuador había desaparecido, se había esfumado de mi realidad. Se había rayado mi aún incipiente identidad, había caído desolado en el catre del desconsuelo, ¿cómo yo podía vivir en un país que no existe? ¿En un país que no es en el mapa?

Con esa fragancia vivimos los ecuatorianos. Cuando uno sale a ver el mundo, el mundo nos pregunta de dónde salimos, qué somos, qué tenemos, por qué asomamos si nadie nos ha llamado, si el Ecuador es una línea imaginaria, el Ecuador no existe. La imaginación se termina cuando la realidad empieza.

Luego, ya crecidos, y sumidos en el mundo de la literatura buscamos en las editoriales internacionales, dónde están nuestros poetas, por qué no aparecen los poetas de mi Patria en los grandes catálogos. Sufro de verdad. Amo a los poetas, me caen bien, me parecen geniales, porque ningún gran poeta ha sido ni modestón ni atorrante; ni bufón ni melancolizo; ninguno está roto y tampoco entero; ninguno está cosido ni parchado; ninguno es enteramente doliente, siempre sonriente.

Y donde están mis poetas, los de mi patria. Triste es pensar que no están en las librerías de Colombia, por ejemplo, 8por citar al vecino), pero el triste consuelo es que ni siquiera están sus libros en las librerías de Ambato, de Cuenca, de Loja, de Guayaquil. Entonces los poetas de mi Patria faltan en el mundo.

Dónde está Carrera Andrade, Gangotena, Escudero; Donde el fakir Dávila Andrade, donde Adoum, donde Efraín Jara, donde la poesía de Astudillo, de Carlos Eduardo Jaramillo, donde las voces de los poetas ecuatorianos que participan en este encuentro. Porque, más bien, no se vuelve una pandemia el hecho de generar una cultura que nos haga reconocer a la poesía de la patria. Hay que buscarlos bajo las piedras que nosotros lanzamos y, como bien dice José Maria Cano. “Con las piedras hacen ellos su pared”. No es justo, porque no es real.

Claro, aquí cabe hablar sobre el tiempo. El tiempo, juez implacable, dejará dibujado el mapa real de la poesía en el mundo, la Patria sabrá fraguarse cuando exista, cuando sus poetas se dejen ver y además dejen ver a los otros.

Por ello, y gracias por permitirme la digresión, he convocado a este encuentro.

En conclusión, porque quiero que los poetas de fuera sepan que Ecuador es más que un país “limitado por si mismo”, más que una línea equinoccial, más que una anécdota entre Colombia y Perú.

Aquí están una parte de los poetas de mi Patria. Son todos los que están, pero no están todos los que son. Sería imposible, “no hay cama pa´ tanta gente”, “no nos fallo la intención, pero si el presupuesto”. Quiero que este encuentro se institucionalice, se vuelva una “lastimadura de la tierra”, citando, otra vez a Adoum. Por ello, y en esto me comprometo, quiero que todos los poetas del Ecuador lean en este Encuentro junto con nuestros hermanos poetas internacionales. No vamos a repetir los mismos nombres, siempre vamos a convocar a los faltantes. En la gran patria del castellano, los poetas abundan. Ya el tiempo nos dirá quienes quedan y a quienes hay que olvidar, pero es bueno optar por una tarima de voces, donde el poeta entregue al público su obra. Creo que mi País, este territorio anónimo, ha generado poetas. Anónimos poetas de mi patria que se han juntado en ellos mismos para hacer una realidad.

***

A nombre de mi editorial ELANGEL Editor quiero saludar y agradecer.: abrazar y halagar a los poetas que han venido desde otros países, desde otras latitudes, arriba y abajo del paralelo cero, donde la poesía sigue el recorrido en las crisis, en los holocaustos post modernos, en los malos gobiernos. La poesía está sobretodo aquello, no tiene porqué entregarse a nada, la libertad de un artista es la única que existe. Ninguna otra: ni el amor, ni la muerte, solo el arte.

A ellos, a Efraín Bartolomé, de México; a Federico Díaz-Granados, de Colombia; a Francisco Morales Santos, de Guatemala; a Ernesto Román Orozco, de Venezuela y a Rafael Espejo, de España, mi abrazo grande, por estar aquí, por haber llegado, al país imaginario, a la primera ciudad del mundo en haber sido declarada Patrimonio de la Humanidad, a la ciudad convento, a la ciudad encerrada, a la bella ciudad de Quito. Gracias amigos, poetas de mi idioma, gracias por ser cómplices, por estar siempre, por producir atmósferas, por producir memoria. Eso, la memoria, la verdadera forma de vivir.
Primero a mi esposa, compañera, amiga, quien resuelve eficazmente todo entuerto, la poeta Julia Erazo Delgado, ella el Angel de la editorial.

A mis poetas de la “patria pequeña”, de la patria de Benjamín Carrión, un abrazo con los versos, unas ganas enormes de reconocer en las palabras el gran amor por la verdad. A los 15 poetas ecuatorianos que engalanan con su poesía este encuentro les agradezco su tiempo, su colaboración.

Debo agradecer infinitamente a la Casa de la Cultura Ecuatoriana. Esta Casa, que acogió con desmedido afecto y con gran espíritu de complicidad este encuentro. A Marco Antonio Rodríguez, su presidente; Fabián Guerrero, el director de Publicaciones, y poeta; al Departamento de Comunicación de la Casa de la Cultura, que ha trabajado con empeño y tesón desde el principio, desde que llegué con el proyecto en ciernes, hasta ahora, que empieza el periplo. A Martha Palacios, amiga, colaboradora, apersonada ella en todo este camino, mi abrazo por su mano siempre firme, por su mano siempre amiga, por su mano siempre hermana.
A Cristina, Paty, Laydy, y todo el personal; a Paulina Loza, que agenciosa ayudó en la realización de toda impresión para este encuentro. A Cristian Hervas, que ayudó en el diseño.
Un especial abrazo a los Núcleos de la Casa de la Cultura de Cotopaxi, Tungurahua, Azuay y Guayas, por todo lo que han hecho para que este encuentro pueda salir a las provincias, podamos viajar por los caminos del país del cóndor y el colibrí y consigamos que la palabra no se centralice en una sola ciudad. Los presidentes de los núcleos Edmundo Rivera, Mary Pachano, Jorge Dávila Vásquez y Rosa Amelia Alvarado Roca han hecho un gran trabajo, cada uno en sus ciudades, en sus provincias, cada uno con el “corazón tendido al sol”, como diría Víctor Manuel.
Otro especial agradecimiento a mi querido amigo y talentoso diseñador Javier Valencia por haber creado la concepción visual de este encuentro y haber conseguido unos afiches y un portada del libro que esta noche presentamos, muy hermosa. Al poeta Carlos Garzón, por su mano siempre honrosa.
A la embajada de España por su gran ayuda para que el poeta Rafael Espejo esté con nosotros en este encuentro.
A todos los medios de comunicación que acudieron a nuestro llamado, gracias por apoyar el encuentro, por publicitarlo, por convocar a nuestros amigos, a los lectores de poesía, esa “inmensa minoría” que nos acoge.

***

Siempre he creído necesario que en un encuentro de poetas o de escritores se de una memoria con la obra. Al fin y al cabo la obra es lo que queda. Nosotros, todos, nos iremos un día, con nuestra memoria y nuestro corazón, con todo lo que hemos visto, hemos oído, pero los libros resistirán al tiempo y a las polillas. Pese a todo, estarán las páginas en alguna biblioteca, en algún lugar. Este encuentro quiere presentarles el libro con una muestra de los poetas seleccionados. Una muestra hecha por cada uno de los poetas, ahí los conocerán a pleno. La poesía los vuelve cuerpo presente, aún cuando ya no estén. Un libro con los poetas que nos visitan y con los nuestros. Un libro que será el libro de la memoria, en donde recordamos el instante, le daremos nuestra perspectiva; la poesía nos ayudará a convocar a la memoria, nos aupará por la dermis y la epidermis de ese rostro que escribió ese poema, que se volvió replica de una figura. El genio y la figura están siempre en el hacer, en el quehacer. Esa es la entrega necesaria. Lo hermoso de los poetas es que ninguno se parezca en su estilo, que ninguno reproduzca otro efecto, que no haya telarañas de la duda en la verificación de la voz. Por su poesía los conoceréis, por los pasos de los versos escarceados, versos vitales de nuestros 20 poetas en este primer encuentro. El libro circulará, debe hacerse visible y el tiempo sabrá en qué puesto lo pone, en qué anaqueles los coloca.
Fue un libro que comenzó y terminó en la ruleta insurrecta del amor. Un libro que se fue dando, que fue creciendo y que está ya con nosotros. Conózcanlo.

***

Por último quiero hacer una promesa en este auditorio, y quiero que cada uno de ustedes me ayude, así, como cuando se promete algo frente a la Patria, frente a la novia, frente a los hijos, en este momento quiero prometerles que no voy a desmayar en esta faena, que quiero hacer cada año este encuentro:

Prometo, ante ustedes, hermanos de la palabra, que perseguiré al águila caudal de los poetas y los traeré al paralelo cero, y conjuntamente con los otros poetas hermanos, volver en el 2010 a encontrarnos en estos arrestos.

Pero toda promesa trae compromisos: quiero comprometer a la Casa de la Cultura, aquí, públicamente, para que el próximo año se vuelvan a embarcar en las naves y evitemos quemarlas para seguir recorriendo los puertos. Esos puertos que vienen y van, eso que, como bien dijo nuestro poeta modernista Remigio Romero y Cordero van “alejándose, mientras muere el día”.

Ni más ni menos.

Xavier Oquendo Troncoso

Elizabeth Quila y "La mirada ciega"


La presentación de este libro se realizará en la ciudad de Quito el día Viernes 19 de Junio, a las 19h00 en el Centro Cultural Benjamín Carrión, conjuntamente con el libro de poemas de César Eduardo Galarza.
Presentarán los libros Elsy Santillán Flor y Carlos Garzón Noboa.


Elizabeth Quila Vaca
(Guayaquil, 1964)

Licenciada en Literatura y Comunicación Social, mención Relaciones Públicas, por la Universidad Católica Santiago de Guayaquil y Magíster en Psicoterapia Psicoanalítica por la Universidad Complutense de Madrid. Ha seguido además varios cursos de pedagogía en Lima, Perú; Santiago, Chile; Bogotá, Colombia. Ha trabajado como profesora universitaria en las más prestigiosas universidades de Quito y Guayaquil. Es promotora cultural y Relacionadora pública de importantes empresas.
Su labor cultural siempre ha estado inmersa en la promoción y difusión de la literatura. Su trabajo, hasta ahora inédito, ha sido considerado por su generación como prometedor en las letras nacionales. Ha participado en varios e importantes actos literarios en el país.


Hay libros que no necesitan ser prologados.
Hay cosas en la vida que no necesitan ser explicadas.
Hay misterios, ocupaciones y desempeños que no tiene que ser develados.
Un cuento es un viaje propuesto, un rosario de eventos que se descubren, amenazantes a veces, cautelosos, oscuros y temibles.
Todos tenemos un cuento que contar; todos, un sueño que soñar. Pero pocos lo pueden tejer con ese amor que necesitan las palabras, las mágicas palabras que invocan sortilegios. Es este camino intransitado de la memoria entre las calles del olvido. Son traumas y los maravillosos anexos de la vida.
Hay que ser muy valiente para desnudarse y dejarse ver por el mundo. Esa incesante tarea de los escritores que nos deja perplejos y un poco ruborizados, ésa es la verdadera pared que nos separa de los iluminados, al otro lado del bosque.
Hay que tener dedos sutiles y dejar volar la imaginación, entrecortada por la memoria, que a veces no es tan placentera. Purgar y redimir, es la tarea de los cuentos que lanzados al universo se convierten en ventanas.
Y es en esta invitación que nos atrevemos a recorrer el placer sin reparos, en parcelas morales que se abren despreocupadas. El incomparable placer de mirar, mirarse y ser mirado, como diría el divino marqués; ese mirarse al espejo sin turbaciones ni preocupaciones.
Cada relato es un espejo hecho añicos, una súbita llamarada de cachetadas insolentes pero necesarias a la hora de ser sinceros.
En este mundo que ahora se dice cambiante, escribir cuentos alejados de tabúes y supuestos es una gran aventura. Escribirlos sin reparos y a letra fría es una odisea. Escribirlos desde la visión femenina y salpicarlos de dureza es realmente una proeza.
La elegía del saber físico es importante, más importante aún cuando esta salpicada del saber científico y adornado por las pantomimas de la memoria, solo ahí se transforma en un cuadro íntegro y brillante. Deseoso de ser descubierto. Pero algo nos impide ver esas estructuras subyacentes, porque esta invadido por aturdidas lanzas y descarnadas acciones, casi imprevisibles, a veces criminales.
Entonces nos volvemos débiles y sucumbimos ante lo inesperado, primero elevados y oprimidos después, en este vaivén atolondrado de frases que bailan macabras.
Y si eso no es la escritura, ¿entonces qué es?
Hay libros que necesitan ser sentidos. Absorbidos, machacados en microscópicas partículas e inhalados. Hay relatos que deben ser matemáticamente estudiados, porque en su fluidez está nuestra propia necesidad de ser entendidos; atravesando soledades, desencuentros y anhelos.
Este libro es corporal, sensual y rojo. Es asfixiante y revelador.
Hay libros cuyo prólogo podrá parecer vano.
Parecería Insensato explicar lo que debe permanecer quieto y tranquilo, pero que al caer de la roca, se perturba exponencialmente.
Nuestra cultura analgésica nos tiene acostumbrados al espanto. Ya nada nos asombra. Pero, necesitamos salvarnos. Y quizás las palabras descarnadas nos resulten salvavidas en este océano de locura.
Hay ciertos autores que están llamados a remecer, a trastocar y preguntar. A mostrarnos que las cosas del amor aun continúan vigentes y que entre tanta automatización, aun persisten las pasiones, las penas del desamor y la melancolía.
Aun somos humanos, después de todo y siempre es bueno recordarlo.

Osvaldo Paladines Zurita

ESTU FUIMOS EN LA FELICIDAD según Maldonado y Junieles



Un buen amigo es un tesoro, dice la Biblia, y en su texto Xavier Oquendo reproduce esta máxima, la reedita, la reelabora y la recrea. Un paseo nostálgico por la adolescencia, más allá de los conflictos existenciales, el duelo por el cuerpo de niño, la pérdida de la inocencia y todas esas cosas que convierten la mejor de las edades en el peor de los tormentos.
En un tono coloquial, desenfadado, con apuntes a veces un poco prosaicos, Xavier Oquendo reflexiona sobre años y personajes atrapados en una etapa de la vida en donde la amistad se convierte en un eje y un aprendizaje de la vida que no nos da ni la familia ni la educación formal, que no se adquiere en los libros (salvo quizá en algunos libros de poemas, como este) ni en los problemas de álgebra.
Como siempre, la palabra de Xavier puede emocionar y sorprender. Puede llevarnos a visualizar momentos ajenos y también a evocar los propios vericuetos del recorrido por situaciones iguales o parecidas a las que Oquendo redescubre y redescribe en estas páginas.
Esto fuimos en la felicidad acude a la nostalgia por un pasado que evocamos con ojos parcializados, tema recurrente de la poesía y de las artes en general, y con esa materia conocida reconstruye las vivencias y las emociones de un tiempo que solamente vuelve a través de la magia de la palabra hecha poema.

Lucrecia Maldonado


Toda poética es la fundación de una nueva realidad, a partir de una suma de perplejidades. Hay una misteriosa lumbre en las palabras de Xavier Oquendo. Su palabra nos protege de la ceguera que origina mirar de frente a la realidad. Mucho de todo lo perdido en nuestro tránsito regresa cuando leemos a Oquendo: las astillas de la memoria, nuestros sueños diseminados, la vida que nos ha robado el tiempo y el ámbito que debemos vivir. Esta palabra nace de su límite, cierra el silencio para liberar la palabra, costillas que evitan que el corazón salga rodando por el piso. Palabras con rostros donde leemos gestos donde nos reconocemos. Parece que cada palabra de Oquendo estaba allí para nosotros desde siempre, como la rama de un árbol que durante años crece, para sostener un pájaro que pronto levanta el vuelo.

John J. Junieles
Escritor colombiano
Premio Internacional de Poesía Nicolás Guillén.

EL MAR SE LLAMA JULIA ANALIZADO POR VIVIANA CORDERO


En la vida de cualquier persona se suceden casi siempre dos tragedias muy serias: la falta de amor o el exceso de amor (Lucía Extebarria)


Cuando Xavier me pidió que le presentara El Mar se llama Julia, muchas ideas rondaron por mi mente y me debatí durante varios días hasta que le dije que sobre lo que en realidad a mí me interesaba hablar era sobre el tema de esta novela, sobre la idea central que es la que me ha venido rondando todo este tiempo dejando la forma, el estilo y la manera en que ha sido escrita, a los más expertos.

Hace algunos años escuché de esta novela, curiosamente de otro de los presentadores, Pedro Saad. Él me dijo: No está terminada aún pero la idea es magnífica, o al menos creo que me dijo eso y cuando yo terminé de leer lo que me quedó fue este sentimiento profundo de nostalgia y de pesar por lo que no se da.

El primer amor es el centro de esta novela. Guardo fresca en mi memoria una maravillosa película que se llama Un pequeño romance con Sir Laurence Olivier y la entonces niña Diane Lane y un joven francés que me parece que no volvió a actuar. Es la historia de dos adolescentes que se escapan a Venecia porque conocen de una leyenda. Les ha contado el personaje interpretado por Sir Lawrence Olivier sobre esta leyenda que dice lo siguiente: si dos amantes se besan en el ocaso bajo el puente de los suspiros, estarán juntos para siempre. Las mil y un peripecias por las que atraviesan estos niños adolescentes refuerzan este sentimiento de que la tenacidad del amor es única. Esta película me marcó de por vida y hace poco que la pasaron por televisión y la miraba con mis hijas sentí cuan vigente estaba. Recuerdo también a Melody acompañada de los inolvidables temas de los Bee Gees. Y en la literatura, al inolvidable personaje de Chico Carlo de Juana de Ibarbouru por no ir a lo esencial, a Romeo y Julieta. El amor es lo que prima en la novela de Xavier Oquendo, el amor es lo esencial. El amor es la fuerza que mueve a la niña Julia.


En El mar se llama Julia: Julia y José Julián son dos niños, preadolescentes, diez y doce años. Juliá se enamora. Por primera vez cae dentro de la enfermedad del amor. Dice Carmen Rigalt: “El amor es una enfermedad, una patología que nos erosiona abruptamente por dentro”. Sabiendo que no hay marcha atrás posible, pues el Jota, como llaman a José Julián ya se le ha metido adentro, valiente, le escribe una carta. El Jota contesta. En toda relación siempre hay uno que ame más y no es que el Jota no la quiera, pero no la quiere como ella quisiera que la quieran. El Jota, tiene otros intereses igual de importantes, como son el básquet, el mar y sus amigos. Julia siente celos del básquet, del mar y de sus amigos. Sin embargo Julia persiste y sufre. Por primera vez siente en corazón ese dolor amargo del amor, ese sabor a limón con sal. Sin embargo todo se torna peor, mucho peor de lo que jamás imaginó. El Jota sufre un accidente jugando básquet y pierde la memoria. Julia cree enloquecer sin tener noticias de su amigo y de pronto escucha que la única palabra que repite sin cesar es Julia. Emocionada va a visitarlo, pero él no la recuerda, ni siquiera sabe por qué sigue repitiendo esta palabra. Fue la última palabra que pronunció mientras jugaba básquet y la divisó y antes del golpe la llamó, pero él no lo recuerda. Y Julia escucha como él le dice que no sabe quien es, y que se vaya pues quiere estar solo. Entonces Julia en un acto de generosidad total le escribe una carta describiendo aquello que él más ama, el mar. Le describe ese mar para tratar así de llegar a su memoria de alguna manera.

Esta es una historia donde claramente se refleja la vida con toda su crueldad. “Y es que del amor, como de la vida, siempre se espera más y nunca se está satisfecho” (Lucía Extebarria)

Uno cree a veces que los niños no aman con la misma fuerza de los adultos y no es así. El niño sufre igual, siente celos, no concibe la vida sin esa persona, lo sé por la experiencia de mi hija. La veo sufrir por un compañerito con tal fuerza y ella me pregunta angustiada: Cuánto tiempo va a pasar hasta que lo olvide, Mami. Y tiene nueve años.

En el caso de Julia, ella lo ama con tal fuerza que ya no importa su felicidad, importa la de él, mientras que José Julián se deja amar.

Siento que Xavier ha llegado a la esencia femenina con gran perspicacia y a la masculina también. Una mujer ama con pasión, con dolor, se pierde una con tal de que el otro esté, sea, se sienta bien. Julia respira a través del Jota, y sólo el verlo bien lo pone a ella bien.
El amor es el discurso de la soledad a pesar de que este discurso sea hablado por millones de personas.


La historia del Jota y de Julia es una historia triste. Uno quisiera que terminen juntos, que Julián recuerde, que no pase tanto el tiempo, pero no. José Julián se va, lo llevan sus padres a otra tierra y Julia se queda sola. Quizás, como decía antes, uno quisiera que termine todo bien, pero entonces, como dice una de las personas a quien yo más admiro, el foógrafo iraní Reza, una de las pocas personas que me han hecho creer que la vida vale la pena de ser vivida. Él dice que las personas felices no tienen historia. Y entonces no tendríamos ni a Julia ni a José Julián.

martes, abril 14, 2009

Convocatoria Internacional “Antología de Poesía 2009”

Convocatoria Internacional de Poesía
“Antología de Poesía 2009”
Convocatoria abierta para el Ecuador


Nuestra antología creará un mapa poético entre México, Centroamérica, Sudamérica, España y las Islas del Caribe, y de esta manera enriquecer el panorama poético de la lengua española.

Bases:
· Podrán participar todos los (as) poetas nacidos (as) a partir de 1940. Acordamos esta fecha de partida por cuestiones generacionales (este criterio, es puramente estadístico).

· Los poemas a enviar deberán de ser de autoría propia y en español. Estar a doble espacio y en fuente Times New Roman, número 12. En caso de que los poemas tengan un formato diferente al señalado anteriormente, le solicitamos que lo notifique en el envío.

· La cantidad mínima que deseamos es de cinco poemas, con un máximo de veinte poemas. Si los poemas pertenecen a un libro, al final del poema le solicitamos anexe los datos correspondientes (Autor/a, título del libro, editorial y año de publicación), y si los poemas son inéditos o por publicarse en alguna editorial, especifíquelo.

· La temática es libre.

· A los autores que reciban esta convocatoria se les solicita una ficha curricular en la que anexen los siguientes datos; nombre, dirección electrónica, país de origen, domicilio particular y su trayectoria literaria, además de una foto. Solicitamos sus datos personales para uso exclusivo de la institución, y de la misma manera para hacerles llegar futuras invitaciones, la finalidad de esta solicitud es crear una base de datos y realizar un mapa poético.

· La presente convocatoria estará vigente a partir del 5 de abril al 6 de junio del presente año.

· Todas las participaciones literarias deberán de ser enviadas a la siguiente dirección: antologiainternacionaldepoesiaecuador2009@hotmail.com

· Los trabajos se remitirán en tres archivos adjuntos al mensaje, en formato Word; el primero contendrá los poemas a participar, el segundo los datos del autor correctamente organizados de acuerdo al numeral 5 de la presente convocatoria, y por último, un tercer archivo con la foto del autor. En el asunto del mensaje se especificará la nacionalidad del participante.

· A los participantes se les notificará de la recepción de sus trabajos en un correo electrónico.

· Los autores seleccionados cederán los derechos de la publicación del material poético a Ediciones Jaguar.

· La participación en esta convocatoria implica la completa aceptación de sus bases.

La presente convocatoria internacional de poesía reunirá a las nuevas voces de la lírica castellana y de las Islas del Caribe, en un libro editado por Ediciones Jaguar. La presente antología será editada en cinco tomos (un tomo por cada zona geográfica). Agradecemos a todos los autores el interés ante el presente proyecto editorial a realizarse. De la misma manera, en que les solicitamos sus colaboraciones, les informaremos de los portales de internet en donde podrán consultar tanto la lista de los poetas antologados como un estudio preliminar del trabajo a publicarse. [1]



Atentamente
Sara Vanegas Coveña
Juan Carlos Recinos
5 de abril 2009
Cali, Colombia.
Ediciones Jaguar



[1] Los antologadores informamos que tanto los nombres de las antologías por países como de la antología general, serán designados por el consejo consultivo de Ediciones Jaguar.

lunes, marzo 23, 2009

ELSY SANTILLÁN Y LOS MIEDOS JUNTOS POR VIVIANA CORDERO


Pensaba yo en las coincidencias de pensamientos. El día martes asistí a la presentación de los cautivadores poemarios de María Luz Albuja y Julia Erazo, y la poeta Victoria Tobar, al presentar el libro de Julia Erazo planteaba que hay dos maravillas: leer y escribir.
Justamente yo empezaba la presentación de Elsy hablando del término maravilloso y me impactó que estuviéramos en lo mismo.
Maravilloso: adj. Extraordinario, excelente, admirable.
Maravilla: del latín, Marabilia. Suceso o cosa extraordinaria que causa admiración/ 2.- acción y efecto de maravillar o maravillarse.
Maravillarse: causar admiración.
Cuando uno emprende un viaje a lo desconocido, lo maravilloso, es decir lo extraordinario, lo excelente, lo admirable, lo único, lo especial del mismo es dejarse llevar y maravillarse valga la redundancia con lo que acontece desde el momento en que salimos de casa. Cuando uno abre un libro lo maravilloso, lo único, lo especial, lo admirable del mismo es que éste le transporte a uno a lugares recónditos y misteriosos sin haber salido de casa. La lectura es lo que nos permite a muchos seguir viviendo, soportar la monotonía, el dolor, la enfermedad y los problemas del día a día. Cuenta Azar Nafisi, la profesora de literatura que escribió el cautivador libro Leyendo Lolita en Teherán que soportaba los bombardeos y la guerra en Irán leyendo. Leía a Henry James por las noches mientras las bombas destrozaban la ciudad y no sabía si el próximo bombardeo la mataría a ella y a su familia. Cuando escuchaba algún bombardeo cerca de su casa, con más fuerza y vehemencia seguía leyendo.
Pienso que el principal objetivo de un libro es atrapar al lector. Seducirlo, obligarlo a buscar sus páginas aunque uno tenga actividades, ocupaciones, trabajo. Es llevarlo de viaje sin haberse movido del sitio en el que uno se encuentra.
Y éste es el primer objetivo que cumple el libro de cuentos de Elsy Santillán Los Miedos Juntos. Desde que uno abre la primera página ya está atrapado. Porque como bien lo dice Umberto Eco en sus reflexiones Sobre la literatura, “La única cosa que uno escribe para sí mismo es la lista de compras para el mercado. Esta lista sirve para recordarnos qué es lo que debemos comprar y una vez que estas compras se han realizado, la podemos botar pues ya no sirve a nadie. Todo lo que uno escribe es para hacérselo llegar a alguien” Elsy escribe para sus lectores y quien la lee queda inmerso en su mundo propio, especial, barroco, lleno de calles adoquinadas, de casas en el centro de Quito, de muñecas antiguas, de espejos en donde trajinas fantasmas, de seres arrugados, de seres complicados, como de otros mundos.
Por eso y, ojo, entrar dentro del libro de Elsy no es para cualquiera, es para valientes. Son cuestas empinadas, descensos abruptos, de pronto un arroyo con aguas límpidas y esperanzadoras como Boutique Rosavioleta, el único cuento con posible final optimista dentro de todos los cuentarios, y ojo, digo posible porque el protagonista sueña con algo que no sucede aún, que de pronto puede trastocarse, ya que en los cuentos de Elsy uno entra en terreno de arenas movedizas. Vale la pena intentarlo, porque lo que sí les garantizo es que no saldrán indemnes, que la vida les cambiará después de haber leído estos cuentos y eso es lo que importa porque uno lee para transformarse, para que la vida de uno sea sacudida, para que el interior de uno sea removido.
Porque los personajes que recorren estas páginas son personajes atormentados, seres que no pueden con la vida normal: asesinos, suicidas, enfermos mentales, inconformes con su destino, angustiados en potencia. Uno a uno, cada cuento nos devela el otro lado de la vida, el lado negro, el lado enfermo, el lado que no puede con la esperanza, con la felicidad, con el optimismo.
Elsy enfrenta los miedos, propios y de cada ser humano, con valor. A través de las palabras los desmitifica. Se materializan en los largos corredores de su infancia. Cobran fuerza, y situaciones que podrían estar en el fondo, fondo del baúl de los más negros pensamientos, vienen a sentarse en la sala de esterilla.
Es lo turbio, lo sórdido lo que predomina en Los Miedos. La muerte del travesti, en La habitación de los cuatro espejos cóncavos, el asesinato en Una gota de lluvia en tus cabellos de paja, el dolor de volver a la vida sabiendo que ha sido reemplazado en El reino de las sombras.
El ser humano es inconforme nos lo grita Elsy a través de sus historias. La vida es amarga. Todo lo que parece sólo parece porque en realidad lo que es es tan distinto a lo que parece.
Por eso comentaré tres situaciones y temas que están constantemente presentes en Los miedos juntos. Pues si bien esta es una recopilación de todos sus cuentos escritos a lo largo de muchos años, las angustias, los miedos, la temática constante de la atracción hacia lo oscuro, hacia lo abyecto, está presente a lo largo de todos los cuentarios
1.- El ser humano está incapacitado para encontrar la felicidad.
Cito:
“En cada rincón de sus sentimientos se ocultaba un gusano que lo corroía todo.”
Si hay una frase que defina la atmósfera de los cuentos de Elsy Santillán Flor es precisamente ésa.
Por todo lado se siente el sabor de la tristeza, del dolor, de la decepción. Los cuentos son una tarde lluviosa y gris, como del enero quiteño. “Escucho el abrirse de ataúdes, el ulular del vien¬to, el crujir de hojas secas y sé que soy parte de todo este mundo gris y desolado repleto de lóbrego encanto”, nos dice el narrador, o Elsy, la escritora. No puedo dejar de pensar en Edgar Allan Poe, sus ensoñaciones con los cadáveres y compararlos con las ensoñaciones de Elsy, la escritora que se aleja de su diario vivir para transitar por sus historias fantásticas, llenas de gris y de azul oscuro donde los personajes negros y solitarios deambulan cada uno con sus historias amargas y destinadas a un fatum desolador.
Así en El reino de las sombras el protagonista regresa de la muerte para comprobar que ya no lo aman como él imaginó, que su mujer tiene a otro. Lo que él creía no es y el haber vuelto a la vida se vuelve el más amargo de los suplicios. En Cara o cruz el personaje se debate entre una doble vida, incapacitado de unir sus dos identidades, manteniéndolas completamente separadas. En ¿Y si almuerzo su cadáver? Un hombre mata a su mujer y al salir indemne y volver a casarse nos deja con la inquietud de que muy probablemente va a volver a ocurrir, confirmándonos que uno no aprende de sus horrores, errores y dolores, sino que el ser humano reincide, vuelve a caer una y otra vez como un círculo vicioso. En Confesiones en lila toda posibilidad de felicidad se trunca, el amor verdadero se destroza, tan sólo queda la venganza final, la dicha de la venganza. En Del otro lado de los muros una pareja juega a engañarse, pensando así que cada uno es más listo por ocultarse su otra vida.
Cada uno de estos cuentos son de diferentes colecciones y sin embargo hay una unión que la sentí a lo largo de todo el texto. Es acertado presentarlos entonces juntos. Como bien lo dice Gloria de Cunha en el prólogo. Cito: “Para el crítico literario esta reunión de reuniones no representa una simple suma de relatos, sino un macrotexto original, un verdadero sistema textual con renovado sentido. Los ejes identificables alrededor de los cuales se organizaba cada cuento de los cuentarios separados adquiere nuevo valor en la reunión, puesto que ahora se iluminan —inmediatamente unos a otros, lo que carga de valor al contenido de Los miedos juntos. “
El sentimiento al final es el de una multtitud de personajes, cada uno un mundo, cada uno una historia más truculenta y escalofriante que la otra. Estas soledades se mantienen solas, no buscan que nos unamos a ellas. Tan solo nos acercan a sus historias, en algunos casos desde la primera persona, en otros con la frialdad que imponen los hechos desde la tercera y en ocasiones con el dedo acusador de la segunda. Uno asiste como tras una cámara que se acerca lentamente y luego se retira. Uno asiste como espectador del dolor, de la soledad, de lo mórbido, de la incapacidad del ser humano para encontrar la felicidad. Somos testigos del fracaso, de la imposibilidad de encontrar la salvación por ningún lado.

2.- La muerte compañera acechante.
Elsy juega con la muerte, con las tumbas, con lo nefasto y lo efímero de la vida, con lo irremediable. O quizás con un mundo real que está ahí pero que sólo unos afortunados pueden verlo. En algunos casos es tan sencillo como retirar las cobijas y las sábanas del personaje dormido que siente que se está muriendo por la asfixia, en otros es tan real como estar dentro de una tumba durante días. La muerte es una de las grandes protagonistas de este texto creando un vínculo entre los diferentes cuentos.
En Valores perdidos en actos agotados, un hombre hace el amor con el cadáver. Él no lo sabe, piensa que es su esposa dormida que él imagina su amante, pero la dualidad existe está presente, al más puro estilo de Edgar Allan Poe o de Emily Bronté. Y la dualidad se hace presente al ser este cuento escrito
en segunda persona. Ese tú constante que condena, que acusa formalmente. Esa dualidad entre el placer y el dolor. Porque lo interesante es que todo en las tramas de Elsy nos llevan a una función necesaria. En Las cartas que fueron bastante lejos se va fraguando el asesinato a través de las pistas que nos dejan las diferentes misivas. Nada es gratuito, nada es casual, gracias al poder de las palabras, todo tiene una razón de ser.
La muerte domina, está presente. A veces como única solución, otras como algo a lo que no podemos escapar porque el ser humano camina cada día hacia ella. El ser humano no tiene salida, parece decirnos las escritora. Los personajes toman la vida en sus manos en muchos casos y hacen con ella lo que les parece. En el mundo de Elsy Santillán, escitora, reina la agonía, reina el dolor, reina una profunda decepción hacia la vida de la cual uno no escapa ni aún después de muerto, prueba de ello, el cuento El reino de las sombras.
Entonces:
3.- ¿Qué nos queda? Tal vez creer en las historias que escuchamos, que leemos, que nos cuentan. A pesar del dolor, a pesar del pesimismo, a pesar de la decepción Scherezade logró mantenerse con vida encadenando historias que maravillaban al sultán y que postergaban su muerte para que siguiera encantándolo.
Ariadna en el laberinto le entrega a Teseo el hilo que le permitirá encontrar la salida luego de matar al minotauro. Elsy, través de su libro, de la escritura y de la lectura, nos entrega el hilo de Ariadna, la salida hacia una salvación, entiéndase minotaruo como monotonía, como tedio, como sucesión de días sin esperanza, cuando el ser humano puede escapar de su propio miedo, de su propio tedio, de su propio dolor a través de estas historias que nos permiten entrar en otros mundos.El rol de la literatura es crear también un universo, un mundo. Dice Carlota en El joven Wether: “Como ahora son contadas las veces que puedo leer, cuando lo hago deseo que la obra esté perfectamente dentro de mi gusto. Y el autor que prefiero es aquel en quien hallo el mundo mío, el que cuenta las cosas tales como las veo en torno mío, el que con sus descripciones, me atrae y me interesa tanto como mi propia vida doméstica, que indudablemente no es un paraíso pero sí una fuente de dicha inefable para mí”. Yo añado; también es el poder penetrar dentro de otros universos, de otros dolores, como en el caso del mundo creado por Elsy Santillán. Entramos como a escondidas a vislumbrar todo lo que ocurre dentro del universo de sus personajes y probablemente de esta manera nos vemos obligados a confrontar nuestros propios miedos que es lo que nos permite encontrar el sentido de nuestra existencia, lo que nos permite encontrarnos y descubrirnos. El sentimiento que me provocó fue como si estuviera abriendo una cortina con sigilo, porque ni siquiera es una puerta, para adentrarme y comprender el por qué de tanto inconformismo, de tanto dolor ante la vida. Elsy nos invita a conocer estas vidas tortuosas y atormentadas. Sus descripciones son ágiles, fuertes, apasionadas. Son trazos directos, rápidos, drásticos, sorpresivos.
Cito:
CUANDO SE FUE
Al verlo partir, supe que se llevaba la mitad de mi vida, de mis sueños y realidades. Quise lla¬marle, pedirle perdón, llorar bajo su sombra; pe¬ro descubrí que podía vivir con la otra mitad que me quedaba.
Así de rápido, así de corto, así de completo. No hace halta más. Una historia, un suceso concreto. Imapacta, agarra, atrapa.
Dice Julia Kristeva: Hay, en la abyección, una de ésas rebeliones del ser obscuras y violentas contra lo que lo amenaza que le parece que viene de un más allá o de un interior exorbitante, lanzado junto a lo posible, a lo pensable, a lo tolerable. Está ahí, muy cerca pero no asimilable. Inquieta, fascina y se lanza hacia un más allá que ya está condenado.
Cito:
LA TARDE DEL ULTIMO DIA:
—Hace como diez años desapareció una mujer, dijo, —por las fotografías que aparecieron yo podría afirmar que es usted.
No le contesté. Sus ojos resplandecían, yo seguía inmutable.
—¿Por qué lo hizo? —me preguntó de frente— usted era una triunfadora, lo tenía todo.
—¿Usted así lo cree? —pregunté también.
—¿Qué le faltaba?
—Nada, respondí. Me aferré a todo mi valor para seguir diciendo:
—Yo no soy esa mujer, pero supongo que sería muy sensible y por así serlo su mundo no debía haber sido tan placentero. Seguramente las cosas que a todos parecerían grandiosas a ella no le importarían nada. Quizá se hartó de todo y decidió escapar de aquel mundo para buscar otro inmensamente mejor.
—Pero si lo tenía todo —volvió a repetir el hombre.
—Nadie conoce el alma de nadie, me encontré diciendo. —El mundo del alma es muy complicado. Suponga que esa mujer no se consideraba parte de nada, ni tampoco consideraba a nada ni a nadie, parte de su mundo.
Me miró con seriedad.
Una vez más la escritura salvadora, el hilo de Ariana que nos permite salir del laberinto de la vida. Porque finalmente y concluyo con esto, uno puede imaginar a Elsy escapando de su vida, perdiéndose como la mujer de LA TARDE DEL ULTIMO DIA. Perdiéndose en sus fantasías, adentrándose a través de los corredores dentro de sus más profundos terrores. Saliendo sin salir de casa, todas las tardes en busca de la aventura, de la historia, recorriendo sus múltiples y únicos objetos, puesto que cada uno tiene una historia en la vitrina del rincón, subiendo y bajando por los rincones que ofrece su casa tan personal, ofreciendo cada rincón una historia; y de esta manera aunque su cuerpo esté ahí probablemente enfrascado en la limpieza de algún adorno, y nadie se percate de lo que ocurre, su mente está lejos, en medio de historias turbulentas y complicadas. Su mente está enfrentando sus propios miedos y valientemente obligando a su mano a escribirlos.

jueves, marzo 05, 2009

CUENTOS COMPLETOS DE ELSY SANTILLÀN FLOR, PREMIO NACIONAL DE CUENTO “PABLO PALACIO” y “JORGE LUIS BORGES”



El sábado 7 de Marzo, a las 11h00 de la mañana en el Palacio de Cristal del Parque Itchimbia se presentará la obra “LOS MIEDOS JUNTOS” de la Escritora quiteña ELSY SANTILLÁN FLOR. La presentación estará a cargo de VIVIANA CORDERO ESPINOZA. El libro ha sido publicado bajo el Sello Editorial ELANGEL Editor, en su colección Flor de Angel.

El libro a presentarse reúne la mayor parte de su producción en el género Cuento, además de algunos cuentos inéditos. Además el volumen consta de 128 cuentos entre los que se encuentran los cuentos premiados en la Bienal “Pablo Palacio” (1998) y en el Concurso “Jorge Luis Borges” (1995).

Elsy Santillán Flor (Quito, 1957) es Doctora en Jurisprudencia. En los años 80 tuvo una gran participación en los talleres literarios de la época. Conformó la Red Cultural “Imaginar, con otros escritores de su generación. Su obra está conformada, además de cuento, de poesía y literatura infantil. Sus libros son “De mariposas, espejos y sueños” (1987), “De espantos y minucias” (1992), “Furtivas vibraciones olvidadas” (1993), “De mariposas, espejos y sueños” (1997), “De espantos y minucias” (1992), “Furtivas vibraciones olvidadas” (1993), “En las cuevas ajenas de la noche” (poesía, 1997), “Gotas de cera en la ceniza” (1998) y “Las doce habitaciones de la magia” (Narrativa infantil, 2000 Libro electrónico). Además de los libros colectivos DESEABULOS 1 y 2 (Libros en colectivo de cuento y poesía, 1993, Quito y 2000, Ibiza, España, respectivamente). Ha obtenido los premios “Jorge Luis Borges” 1995 y el Premio Nacional “Pablo Palacio” 1998. Ha sido incluida en las más importantes antologías femeninas de cuento, realizadas por Cecilia Ansaldo, Gloria Da Cunna, Miguel Donoso Pareja, Sara Vanegas, entre otras.

Elsy Santillán Flor publica está obra que ha sido revisada y corregida para darle el aspecto definitivo a su narrativa de oficio.
Han sido más de 20 años en que trabaja con su oficio solitario por los patios del lenguaje y de la imaginación. Escritora seria de fantásticas recreaciones impresionistas y surrealistas. Ha sentido toda la vida la necesidad de contar. Y lo ha hecho con la pujanza de las escritoras mujeres de Latinoamérica que ahora quieren cambiar al mundo con su mensaje poblado de verdad y belleza.
Santillán Flor ha conseguido llegar a un estilo definidor con creces y en grandes dosis de trabajo magnífico y de sacrificio. Sabe del tema porque desde temprana edad le surgió la idea del combate con la lengua. Y ha salido invicta y triunfadora a ganarle espacio al arte con la claridad de sus palabras y con la complicada simplicidad de su mensaje.
Este libro es un homenaje a su trabajo y a sus estupendos cuentos, manejados con la maestría de un trazo de Velásquez. Sin duda alguna, una alta cifra de su generación.

miércoles, marzo 04, 2009

LA PENDIENTE IMPOSIBLE, nuevo libro de Marialuz Albuja



Texto leído en la presentación del libro


Luego de leer La pendiente imposible, la primera pregunta que me la hago es: ¿Dónde quedó la Marialuz de tonalidad parca, de verso corto y de profunda diafanidad? ¿En qué sitio su verso se elastizó? ¿Por qué aguas profundas decidió naufragar para volverse fuerte?

Su nuevo es su nuevo estilo. Ella sabe que el estilo es uno mismo, que en el ser humano, en su realidad, en sus pasajes cotidianos se encuentra el zumo de poesía verdadera, porque solo así el poeta puede asimilar el dolor de vivir y el placer de recordar. Recordar es una forma de volver a vivir. Aunque vivir en el recuerdo es mentir, también un poco, y es caer en las redes de ese borronesco mundo de imágenes que no se resuelven de igual modo.
Lo onírico, decía Freud, es la otra vida, las otras circunstancias, parecidas tal vez, pero separadas por la sabiduría del consciente y del tiempo, que no perdona el silencio.
El tiempo ha pasado por Marialuz, por su poesía. Ya no somos los poetas jovencitos que éramos hace unos años. Ya no estamos en el titubeo de la gramática, ahora tratamos de buscarle la esencia a la palabra. Luchamos mucho con el lenguaje, luchamos mucho con la forma. Y aquí está el nuevo libro de Marialuz, su mejor libro, según ella, y yo estoy con ella, porque en él hay un canto al dolor de los recuerdos. Con él se hace evidente aquel adagio de que el poeta se llora así mismo para llorar en todos. Para arrastrar con su dolor a todos, es un tsunami el poeta. Es un huracán, un torrente sin compasión. Marialuz lo ha asumido y su poesía ha madurado con ella.
Adiós a su poesía parca. Bienvenida su poesía decidora. Adiós al verso adornado con la retórica de las figuras literarias. Ahora su verso busca decir. Adiós a la estrofa conceptual. Adiós al silencio. Bienvenida la bulla de su discurso. Bienvenida la poesía de la catarsis, la poesía de la auto exploración. Aquí está la voz poética construida con vida. Y por ello, por su valentía, por su ejercicio sinuoso con la palabra que no alcanza, hay que aplaudir este libro.

La misma voz poética se sabe cambiante de estilo, de forma, de estructura:

Jamás podré ser como antes.
No escribiré ya las mismas palabras.
No leeré los mismos poemas en un libro…

Este es el canto poético de una mujer que ya cambió de piel.

Su poemario está dividido en tres partes, que guardan una coherente e impecable unidad: 1. El destierro, luego El regreso; por último El silencio. Los tres motivos que parten a su discurso están eslabonados por varias cuestiones de carácter poético y anecdótico: un viaje (a la China), un regreso (de la China) y un asumirse en la poesía con el silencio.
Entonces el pretexto poético de la primera parte de su libro es la atmósfera de Oriente. He aquí un verso que esclarece:

El oriente se esconde en mis ojos
Llevándose el sol que pronto estará al otro lado

Tal y cual como alguna vez nuestro poeta Rubén Astudillo y Astudillo dijo, en las mismas circunstancias geográficas de Marialuz (Rubén fue embajador de Ecuador en China por muchos años):

La misma luna que esta noche
cruza, con su mata
de estrellas, por encima
de los pinares de Xian, mañana alumbrará
los eucaliptos y las
capulicedas
de mi pueblo.

En los dos poetas, coincidencialmente apoltronados al otro lado del mundo, se deja notar el aspecto de observadores y de añorantes profesionales. Siempre recordando: este oficio inútil, pero gratis que tenemos algunos. He incluso algunos hasta lo disfrutamos.
Es en China donde la voz poética destapa ese caño de dolor que, en otros casos, aplaudiría un sicoanalista. Ya se sabe que la poesía y el arte en general es el mejor sicólogo, pero si se sabe manejar este con la dignidad de la palabra. No creo que ningún poeta tenga buenas intenciones, si no las tiene ni con él mismo, ya que decir su palabra es quedar desnudo frente al público; es quedar mal frente a la dignidad del silencio. Pero Marialuz decidió destapar la olla de los grillos con su pasado, y enfrentarlo a futuro, para quedar en paz con sus imágenes, con sus insomnios y con la debilidad de lo que se ha quedado hundido en la desolación del tiempo.
La poesía verdadera, a mi juicio, esta adocenada con el enfrentamiento poeta-poema. La verdad es la originalidad, lo demás es el adorno. Comencemos a leerla bajo esta imposición.

…mi madre
En su pequeño escarabajo por el camino empedrado
Mientras yo, en la Gran Muralla,
Bajo la luna llena
Me recuesto.

He ahí un recuerdo ahíto repleto de realidad. El recuerdo es una puesta en escena de lo que quisiéramos, pero en estos versos, la voz poética recuerda a su madre sin idílicas funciones: las dos en caminos diferentes. Separadas por la mitad meridional del mundo. Esperando. Dice:

No me lleves lejos.
Aquí puedo creer que soy feliz.

Es la idea de la distancia como figura de la felicidad y la nostalgia.

Las nuevas visiones orientales son atrapadas por la sensibilidad de la poeta:

Quisiera atrapar con mis manos la China del Norte
Sus restos fragmentados por la memoria
Que no sabe como volver al portal
Donde una joven asiática vendía bebidas frente a los sumideros de la ciudad.

Esta es una poesía que no oculta la identidad de una voz poética desconcertada por el dolor y por lo nuevo. Lo nuevo es otra forma de dolor. Siempre nos pesa. Nos cuesta aceptar lo que está fuera de lo establecido.

Una de las constantes en este poemario es la voz parricida que ama y odia; que sumerge y emerge a la figura del padre. Y con él, aparece ahíta, desparpajada y libre, la de la madre y la de los hermanos. Y entonces se conecta la voz poética con lo que llamaríamos familia perfecta, agarrada, sujeta a los recuerdos, a los apóstrofes, a las debilidades, a los absurdos de verse tan crecidos, tan lejanos y tan abiertos, luego de haber sido una sola cosa multiforme que creció junta, pero creció precisamente para abrirse.
Así nos dijo alguna vez Khalil Gibran:

Tus hijos no son tus hijos
son hijos e hijas de la vida
deseosa de si misma.
No vienen de ti, sino a través de ti
y aunque estén contigo
no te pertenecen.

El canto terrible al padre y a la madre. Un canto desaforado de amor y de libertad. Dice:

…Padre de los animales que habitan la tierra.
Padre de los abandonados.
Pero no mi padre/…/
Juego a ser hija y me equivoco.
Juego a nacer otra vez…

Madre, no se cómo hacer para hallarte.
Tal vez escarbando en mi pecho
Que acaso sea solo una sombra de ti…

Hermanos, no sé si algún día les dije
Que sigo buscando el silencio
Que solo su abrazo podría salvarme…

He aquí el adagio de la poesía de siempre: “El dolor es causa de la belleza”.

En la segunda parte del pequeño libro encuentro ciertas claves de su poética anterior: Hablar en segunda persona. Marialuz manejaba estupendamente bien el “tú” en sus otros tres libros. Con la diferencia de que en este, este “tú”, es un “Yo legítimo y doliente.
Siempre buscando no terminar de desnudarse. Porque verse sin ropa es otra forma de dolor. Por eso la búsqueda del pronombre.

Te duermes.
Regresas a casa.
Tu madre baña a tu hermana tierna.
Su risa infantil se refleja en el agua…

El regreso es la parte más honda y torrencial del poemario. Aquí ya se han abierto todas las jaulas de su palabra. Aquí ya está legítimamente armada con la voz de una poeta vs. sí misma. Dice:

…no importa que después ya nadie sepa de nosotros,
Pues el absoluto es hoy,
Y en su fuego de relámpago
Brillamos.

La mejor manera de ingresar a lo nuevo es desde la lejanía. Que además es una forma de regreso. Viendo las cosas desde otro tiempo.
Allí aparece una voz poética afrentosa que dialoga en el silencio con sus padres. Y que busca en el recuerdo el sitio exacto donde ocurrió la felicidad y el desasosiego, asimilando la vida ya no con la intensidad cuando ésta fue vivida, sino cuando es recordada:

Le dice a su familia:

Compartimos secretos enterrados como piedras en un hoyo sin fin
Secretos de túnel entre una montaña y el mar
Silencios de mirlo sobrevolando los arbustos que rodean nuestra casa…

Estos poemas vienes despojados de todo tono ambiguo, más bien resultan casi epístolas de fuerza imparable.

Entendemos luego de esta lectura catártica que el regreso es la casa del padre, es el pasado siempre. No es la geografía. Por lo tanto el regreso no será nunca. Nunca, porque si el río es el mismo, diría Heráclito, nosotros ya no somos los mismos:

Esta es la casa del padre
Donde partimos el pan después de su regreso.
Donde lo saboreamos por primera vez
Y por primera vez
Queremos que así sea.

Luego de regresar a lo que no puedes, la realidad te rompe:

Deseas ocasionar la catástrofe que te permita ser, otra vez…

Por lo tanto solo oníricamente, solo en sueños, encuentras en el pasado, la felicidad:

No sé cuanto recorrer para alcanzar la lejanía

Dice la poeta. Sabiendo que el momento de felicidad y el último verso, como diría Zabala Ruiz: No lo sabremos nunca.

La tercera parte del poemario El silencio es la asimilación de todo lo evidenciado a lo largo del Destierro y el Regreso. Es la entrega desgarrada de la voz poética a la poesía. Mirar las cosas con la frialdad del concepto. Volver a la auto confesión y darse de bruces con la realidad:

Voy a mentir
Otra vez
A cantar, intacta,
Como si el cielo y las montañas
Convivieran detenidos en mi cuerpo

En esta parte llega a verificarse su arte poética. Dice:

Le temo a las palabras porque no me sirven

Y luego asume, por herencia, lo que es ahora. Dice:

¿Qué hiciste, madre, para llenarme de palabras?
¿Por qué ya no es posible el silencio?
/…/

Le temo, madre, a tu angustia
Y a las palabras que me enseñaste
Porque no son las que quiero.

Pero el silencio, pese al dolor de no enfrentarlo, termina siendo la palabra:

Ojalá los labios pudieran decir lo que el cuerpo no entiende…

Porque para la voz poética el silencio siempre será el pasado con cara al presente. Dice:

Detén la insistencia de las palabras.

Enciende la luz.

Poemario redondo. Doliente y veraz. Audaz e imprecador consigo mismo.
Poesía que no oculta, que se deja leer en el peldaño del meta lenguaje. Donde la verdad es la poesía. O mejor aún, la poesía es su única verdad. Y los recuerdos el pretexto de su canto.

Ni más ni menos.

ANA MARÍA IZA: LA INTUICIÓN ES POESÍA

Siempre he querido ponerme en los zapatos de la generación de los 60s. en el momento en que Ana María Iza, en el año 61, publicó poemas como estos:

Mamá… ya puedes decir que eres abuela,
Mi hermana la tristeza tuvo un hijo,
Lo envolvimos en húmedos silencios
Y tenazmente le agitó la vida.

Mamá… ya puedes decir que eres abuela;
El pequeño nació hermosamente grande,
Tiene tu misma sangre, sorbió tu misma vida.
Mamá… mi corazón es el hijo del que te habló.

Me hubiera gustado ver las caras de la gente que la escuchaban, cuando aún la poesía escrita por mujeres se consideraba, en este país, como un tropel de metáforas largas escritas por las “poetisas” que llevan vestido largo y zapatos de charol. Ella, una jovencita de 20 años, vino a salvarnos de la edulcorante suavidad de unos versos acartonados.

Iza es la poeta de la intuición. Con ella, la mínima dosis de inspiración y las toneladas de transpiración de las que habló Einstein sudan por dentro. Ella saca el poema, sin que Valery le haga acuerdo que la poesía no está escrita de buenas intenciones sino de palabras. Y cuando emergen los poemas de su mente poblada de un bestiario personal que es su propio dolor, sale ya el poema completo. Me dijo alguna vez la poeta (y no “poetisa”) que los poetas tienen unas antenas en donde se capta todo lo que los otros parecen no ver. Las voces de los otros son entonces los poetas. Y ella es la voz de la salvación. Ileana Espinel y Violeta Luna estaban ya para la época en el mismo camino. Torciendo, ya no solamente el cuello al cisne, sino, además, torciéndole las plumas, el esternón a todo pájaro modernista que aún sometía a la sensibilidad femenina con el espectro de una voz matizada con originalidad y desparpajo.

Creo que “Pedazo de nada” (1961), el primer libro de Ana María debería ser considerado como uno de los más importantes libros de una poeta iniciática o, como diría Jorge Enrique Adoum, de una poeta principiante y no aficionada. Da envidia leerla tan jovencita en vida y con tanta condensación en su discurso. A esta poeta le suena el dolor y el humor al mismo tiempo. Le suena con la misma levedad lo que concierne y lo que desconcierta. El poema “pedazo de nada” del libro primerizo (y nada prematuro) da fe de su dolor ambientado en la clave de su estilo. Cuando habla de la hermana que no tuvo dice:

Hermana…

Sin arterias, sin hambre, sin pestañas;
Partícula de pájaro sin canto.
Hoy que tengo para ti un vestido,
¿Crees que te lo hubiera dado
Si existieras…?

Tremendo fragmento que descubre sin cosméticos lo que es la debilidad humana, y lo es ser humano de verdad. Con Ana María se hace humo el adagio de Nietzsche cuando dice: los poetas mienten demasiado, habría que decir que Iza encuentra sus mejores hallazgos en la sinceridad de su discurso. Y como El estilo es el hombre, entonces en esta sinceridad poética hay tela para cortar. Solo la verdad es originalidad, el resto es una ficción indebida. Pero, en este poema, no solo es la verdad el vestido que guarda para la hermana y que no se lo entregara si existiera. Es también lo que esta voz poética, desacralizadora y absolutamente desligada de la hipocresía, dice sobre su hermana: le dice, por ejemplo: partícula de pájaro sin canto. El verso, solo él, íngrimo en una hoja blanca, ya sería un poema, escrito con la madurez de los 18 años. Escrito cuando los otros niños (hombres y mujeres) juegan, cantan, gatean en el miedo de conocer que sus fantasías son puro mito infantil.

EL DOLOR, SU PRIMER COMPAÑERO Y SU ÚLTIMO HALLAZGO

Ana María pasó revista por el dolor desde muy temprana edad (lo dice en uno de sus poemas: Si no lloviera tanto por mis ojos/ me sentara es escribir… y no pudiera…). Y con ella se confirma que el dolor es la vitamina de la poesía. Y por eso le sale esto de partícula de pájaro sin canto.

En este poemario inicial donde ya se dibuja la pronta Ana María que crecerá, también hay unos ojos abiertos (ella diría “antenas”) que miran desde “la ventana” como literalmente se llama unos de los 25 poemas que conforman el libro, su vena social. Su poesía engarzada en un dolor junto. Donde todo se veía, todo se sabía, todo se dejaba notar, solamente moviendo las cortinas. Allí ella confiesa lo indefinible, que además es muestra de su estilo. Ella, como Julio Cortazar cierra siempre sus poemas jugándole a la poesía un N. K. un golpe preciso. Dice en los últimos versos de su poema: Todo esto yo pensaba en la ventana/ y sin ninguna razón/ me mandaron cerrarla.

Es una mujer que mira las cosas diferente. Que asume su condición de adolorida y que, como dice en su poema “Cédula”: Le gusta la bondad de los humildes,/ la caridad del pobre/ y el mundo le avergüenza;/ tiene brazos de sal/ para abrazarse,/ necesita de urgencia una salida…. Por suerte la salida de su vida fue la poesía: pudo tranquilamente suicidarse, encerrarse en un convento de monjitas o quedarse aplastada con el diablo adentro y no encontrar exorcista barato que la atienda.
Le dolió el mundo y aprendió a verbalizarlo. Solo lo que se nombra, existe. Lo no nombrado es lo desconocido. Ya lo dijeron los hebreos: Que Dios se hizo verbo. Conclusión: si Ana María no escribiera creo que estuviera muerta. O loca. O, por lo menos, en estado vegetativo. He ahí el asunto de la intuición. Ella no hace doctorados para hablar lindo, a ella le salió el ritmo cuando la vida le enseñó a decir las palabras. O Como diría en un bello poema. Bello por terrible y verdadero:

A una escuela de monjas me enviaron,
como un papel en blanco dentro de un delantal.
Allí me enseñaron las primeras mentiras
y un deseo infinito de sentarme a llorar.

El abecedario era sencillo,
del tamaño de una hormiga era la a,
pero yo la hallaba difícil,
porque la monja era una letra
que no me entraba.

Me decía que la vida era un caldero
donde hervían sin compasión las lágrimas.
Ella tuvo razón,
pero no debía decirlo,
no debía.

Y aquí estoy,
escribiendo lo que ella me enseñó:
malas palabras.

Ana María no quiere llegar con su poesía a bifurcar el canon, ni a impresionar a los críticos ni a cercenar a los semióticos con su giro vanguardista. Ella quiere decir cosas que, de tan sinceras, resulten surrealistas. He aquí un fragmento de su poema “Deseos”:

…/Con esta piel que no me deja un rato,
Con esta piel azul
Cosida a llanto
Quisiera hacer zapatos
Para los pies descalzos.

Su segundo libro se llamó igual que el primero. Tuvo en 1963 una nueva edición en Caracas, en donde incluyó una serie de poemas, entre ellos: “Saludo”, un texto donde otra vez, la madre de la voz poética vuelve a aparecer: Mamá mía: mi santa, mi profesor, mi guía./ Hace un rato he llorado/ porque no puedo lavar la tierra que usted pisa,/ porque no puedo regalarle nada,/ porque no tengo más que palabras en la vida…. Otra vez dolor, sinceridad y referencias irónicas. Otra vez la poeta transparente. La mujer de las antenas.

LOS AFECTOS DE IZA PESAN IGUAL QUE SUS DESAFECTOS

Es difícil buscar en Ana María Iza poemas eróticos. Su generación todavía se anclaba en el amor “cortes” de la que Octavio Paz habló en su “La llama doble”. Sin embargo, en cosas del amor sumergido en la no consumación del amor sexual, en el amor idílico esta poeta sabe decir las cosas de verdad.
En el poema “Fin” da principio a su poesía amatoria de impresionante factura vanguardista, aunque el tema siga siendo el dolor, más que el amor. O como diría, otra vez Jorge Enrique Adoum: “Hacerla el amor = Hacerla morir”. El texto dice: Me voy,/ en el barco del que fuiste carpintero;/ tuyas son estas tablas,/ estos remos,/ tuyo este mar en que parto./ Mar mío./ Mar muerto./ Tuyo este amargo pañuelo./ Queda en tu casa:/ mi nombre escrito en sus paredes/ y una mirada mía en todas sus ventanas...
O este otro en donde el amor es descriptivo. Tiene olor y sinestesias saltando en los hombros de las imágenes sorprendidas: En el poema “Río Curaray” dice:

Soldado
recuerdo tus ojos del color de la hierba
y el guayacán de tus brazos.

De oro estabas hecho
eras bello soldado.

Cuando te vi pensé que el sol había bajado.

Atraías la paz con tu sonrisa blanca.

Y aunque no concordaron tu sed y mi agua seca
un breve pacto hicimos en medio de las aguas.

Como la Aurora Estrada y Ayala del bello poema “El hombre que pasa”, Ana María renuncia al amor, pero no a la estética del amor, que siempre conduce al dolor.

El amor convencional de la poesía es de profesión modernista en este país. No se lo halla facilmente, se escapa, como la mujer de niebla de Silva y de Noboa y Caamaño. Ana María lo sabe, por eso dice en su poema “Él”. Aquí un fragmento:

Él
me espera en todos los caminos
tiene algo de labrador y de navío
/…/
A veces
creo verle surgir en la distancia
cuando revienta el girasol del día
/…/

Él
no tiene pasado
ni presente
y todo su futuro es mi agonía

De profesión demoledora de prototipos. El amor, dulce invento que nace del animal llamado humano, para corroer en dolor al resto. Ella, rompiendo el vaso de ilusiones, escribe su bello poema “El habitante de las praderas rumiantes” que termina diciendo:

…¡Solamente los ángeles viven de armonías!
Pero tú, corazón, vives de pan.

Difícil extraer ese icono de amor del filósofo Pascal que decía: El corazón dice cosas que la razón no puede. Y aquí está el poeta, para desprestigiar al filósofo. Y para supurar heridas del “corazón” entrecomillado por una razón “enamorada”. Ya lo dijo Quevedo:

su cuerpo dejará no su cuidado;
serán ceniza, mas tendrá sentido;
polvo serán, mas polvo enamorado.

De hecho afirmo que Iza es una pesimista organizada a la hora de hablar de amor. No porque no ha amado, si no porque el amor es un montón de fina parafernalia francesa. Y ella no está dispuesta a alquilar de las estrellas tanto maquillaje. En su poemario “Fiel al humo” (1986) dice en su poema “Luces fugaces”:

Hay hombres
de quienes enamorarse,
por quienes perder la cabeza,
el empleo,
la casa.
/…/
Hechos a la medida
de las mujeres tristes,
alegres,
indomables,

Ellos
y ellas caminan
sin jamás encontrarse.


SU CATÁLOGO DE HEROES

Otra clave de su estilo muy pertinente para entenderla desacralizadora y absolutamente ligada a la ruptura es ese juego, ese intercambio envolvente de trato entre las grandes figuras del mundo que forman, para ella su “Cementerio personal”: Así, en sus poemas, habla con Jehová, con Mao Tse Tung, con Simón Bolívar, con Omar Jayyán, entre otros. Con todos ellos habla con la confianza que le dan la sencillez de los grandes en suma con su humildad. Consiguiendo una conversación acaparada en la mayeútica: fresca, dúctil, directa. Así por ejemplo: Mao Tse Tung,/ aquì me tienes,/ esquivando mi rostro de las lágrimas./ Ya no caben las sombras en los ojos/ ni la pálida luna en las palabras.// Lee mucho de todo/ me dijiste,/ pero olvida al instante./ las nubes son copos de algodones/ para secar los pàrpados del aire…. Y este otro al Libertador: Bolívar/ yo te trato de vos porque eres grande….
O este bello texto dedicado al poeta del vino, Khayyan:

La mejor gente que he conocido
piensa y obra como tú.
Y mi pregunta es:
si nos hubiéramos encontrado
hace nueve siglos,
¿hubieras dejado el vino,
Omar Khayyán…?

BIFURCAR EL TEMA, ESCRIBIR DE TODO Y HALLAR EL CAUCE

La preocupación del tema en la poesía, es otro de los temas de su poética (vale la redundancia, y perdón por la tautología). Así por ejemplo en su bello “Poema del sàbado” se confiesa: Que has escrito ahora me preguntas./ No se qué contestarte./…/Ya no asombra un viaje a la estratosfera,/ ni la lucha de Dios, contra el hombre, contra el ave… Por ello Ana María registra lo más interno de su voz para enaltecerla en el poema, consiguiendo que su búsqueda sea su propia poesía. Tan audaz en la forma que en el poema “Invasión”, texto que se dedica a sí misma, habla de esa libertad: No me hace falta más para sentirme libre/ en un mundo de esclavos. Tan bello y tan profundo. Tan descriptivo y tan sagaz como el texto “Montaña”: Montaña/ sin aldabas/ sin noticias/ sin absurdos prejuicios/ sin tarados/ sin letreros que todo lo prohíben/…/ Quédate donde estás/ ningún viento te mueva… Llega a escandalizar con su poema “La verdad”, ese desate de sinceridad embriagante de escándalo, que tanto bien hace a la poesía, cuando está bien lograda: Amo la gente mala,/ los árboles del mal que no dan frutos/ -los frutos que se pudren en las ramas-,/ los cuentos que finalizan/ con una mala palabra/…/ En noches como esta/ cambiaría mi corazón/ por el rojo corazón de María de Magdala. En el redondo poema “Bienes raíces”, la poeta da fe de su inventario personal: ¿Qué tengo yo…?/ Los alambres de la esquina,/ una espina en el pañuelo,/ un tarro de insecticida./…/ Una escalera/ en el aire,/ tierra azul/ en los bolsillos./ Un hueco en el corazón/ por donde se va mi vida…. Otra vez el dolor. Otra vez la magia que logra el poema, cargado de dolor, ironía y belleza.

El libro “Los cajones del insomnio (1967) trae la magnificencia de la poesía trabajada en buril. Perfecta en la imagen redonda, certera, impecable, Por ejemplo este fragmento:

Rueda el sol por las calles del crepúsculo.
Emergen como barcos fantasmas las montañas.
El infinito
semeja una gran boca
donde se hunde
el bostezo sin fondo de la nada.

Luego de ello qué. Buscar en el más tajante hecho de describir la tarde con ese desparpajo surrealista para caer siempre en un YO, en ese yo asumido, como la asumió hace más de 100 años Dolores Veintimilla de Galindo. Ese yo valiente, ese Yo forzosamente engarzado en el dolor. Ella mismo reconoce su yo claro en su poema “El mí”. Juego delicioso, sugestivo, armónico, transparente. He aquí el texto citado:

Ayer
cualquiera era mi amigo,
usted y el perencejo
eran buenas personas.
Ayer no más decía:
mi Patria,
mi familia,
mi Dios,
mi pan,
mi amigo,
mi libro,
mi persona.
La dirección de mi casa,
el número de mi teléfono,
mis versos
y mis rosas.

Por emplear en todo este adjetivo
perdí mi doctorado en ilusiones.

POLITICAMENTE INCORRECTA

El sentido desacralizador de todo lo que está políticamente correcto, de lo formal, de lo “Qué bien”, “Qué magnífico”, de lo ”no, gracias”, “Si gracias”, de lo hipocritamenrte convencional. Se mete con todo, Iza, a todo le da palo. Hasta a la muerte.
Dice en su poema “Tempestad sobre el follaje”, precioso texto:

…Morir es tan vulgar
como pelar naranjas,
por eso yo no quiero morirme
y si me muero
que nadie vaya a decir lo rutinario:
gran mujer, gran amiga.

Que no se sirva té
ni cuenten chistes
con el pretexto
de acompañar mi sombra.

Que dejen las ventanas abiertas
a que penetre el aire,
que pongan el disco que me gusta
y me dejen tranquila
mientras siga
la tempestad
sobre el follaje.

En “puertas inútiles” poemario publicado en 1968. Es más desacralizadora que nunca. Escribe a las prostitutas:

Prostituta:
escupe al agua.
Quizás es tu saliva
más limpia
que muchas cosas blancas
de la tierra.

Trabaja con poemas conceptuales. Tres poemas donde el título es un dibujo y de este concepto que no llega a ser un caligrama, si no, más bien, una alegoría, extrae poemas de absoluta reflexión e irónica anti convencional. Además en este libro está el poema “Conocimiento”, un hito, a mi juicio, de la poesía antológica. Tremendo poema filosófico. Con él se entiende aquello de que la actitud es más que la diversidad de significados. Escuchemos todo el poema:

CONOCIMIENTO

Si tú me amas
la tierra dará flores
árboles, agua, frutos,
los hombres engendrarán,
la vida será hermosa.

Si tú no me amas
la tierra dará flores
árboles, agua, frutos,
los hombres engendrarán,
la vida será hermosa.

Toda una clase de filosofía se podría trabajar con dicho texto.

En 1987 aparece su poemario “Reflejos del sol sobre las piedras”, poemario que abre con este furibundo poema:

Como nunca
la hez está de moda.
A la mierda se mandan las estrellas.

Abres un libro
y el estiércol te salta hoja
a hoja.

¡Lejos quedaron las lilas en el huerto!

Bet Seller es la mierda.

/…/

Entre sabios y locos se han reunido
para mandarnos a todos a la mierda.

Tremenda visión. Tremendo desparpajo. El poema “la verdad” del libro ya citado es aun más duro. Esta dirigido como un poema prosaico, donde hay un personaje (una señora fina, cordial, bien vestida) y esta voz poética terrible, que asume su condición de rasgar el velo del templo de lo correctísimo, del manual de Carreño. Dice en dicho poema:

Señora
no va a cambiar el mundo su novela a colores
ni sus lágrimas.
Este sistema odioso está por irse
aunque usted no mueve un dedo a que se vaya.

Yo también amo las rosas,
los nomeolvides
y en los cristales de cera de la luna,
humilde, me retrato.
/…/
Señora
le niego mi pañuelo.
no crea en la televisión que vil la engaña.

Este es el poemario donde mejor se desarrolla su ironía raspante, su tropel de furia contra con establecido.

La burla contra ella misma, por ejemplo:

Regresa Ana María
con su cara de “yo si fui”
a decir lo mismo,
sin lograr inventar otras palabras.

O este otro poema:

Yo
chofer de land rovers
y de coches de bebés.

Ex-violín,
media nylon
con los puntos idos
para siempre.
/…/
Yo
incapaz de sentarme encima de una rosa
me arrepiento en el alma
no haber aprendido corte
y confección.


DIOS: SU REFUGIO, SIN MISTICA

En todo poeta hay un faro que lo salva, hay un halo que lo alimenta: una utopía, un sueño que se engarza en las manos ya cansadas. En todo poeta hay un norte silencioso que se mira entre las nieblas. En Ana María solo es Dios, pero no el místico: alejado, castigador, postizo, no, tampoco, el implacable, el guardador de utopías eternas. Es alguien más cercano, alguien que uno logra ver luego del dolor, luego del llanto, luego del fuego. Alguien que emerge, como la poesía. He aquí el fragmento de su poema “Escrito para siempre”:

¡Óyeme Jehová!
Tú que no habitas templos
ni cuarteles:
después de tantas mentiras
he llegado a conocer tu Nombre
y a saber que no eres judío
ni banquero.

Yo
que no tuve nunca quien me quisiera mucho,
quien jugara conmigo a estar de a buenas,
envidiaba la dicha de las rosas
por durar solo un día en los floreros.
Sin muñecos de aserrín
ni osos de peluche
trenzaba para jugar, mis dedos.

Sin embargo
largas cartas me hiciste en los crepúsculos,
-convertiste en juguete mis desvelos-.
Por ti tuve vacaciones,
días libres,
caballos incansables de indómitos ensueños.

LA RUPTURA

En su libro “Herrumbres persistentes” (1996) se aleja un poco de su personalidad poética tajada por los años. Aunque guarda la misma facha: dolor, ironía, sonido personal. Aunque utiliza a buen recaudo el metalenguaje desde dimensiones desconocidas, tomando a usanza estupendos recursos que en cierta manera impiden vislumbrarla tan transparente como siempre nos tuvo acostumbrados:

En este libro hay una convocatoria pertinente y repetitiva a sus héroes o agresores, presentes en sus poemas, a los que ama u odia, a los que compara y discrimina, a los amigos o enemigos de su temperamental postura de poeta: Dalí, Claudia Schiffer, Calígula, Tongolele, Napoleón, Carreño, Mozart, Socrates, Jim Morrisón, Dick Turpin, Nefertiti, Cleopatra, Liz Taylor, Afrodita, Dulcinea, Amstrong, Sinatra, Róbinson, Hitler, Nerón, Atila, Sade. Además de juegos lingüísticos y recursos fonéticos de indudable calidad.

EL REGRESO

Con el poemario “papeles asustados” (2005), Ana María vuelve a su antiguo vaivén. Como buena poeta probó las dosis legitima de lo experimental, pero regreso con esa fuerza inusitada de la poesía tangencial, con el yo de su nombre.

Dice su poema “La piel analfabeta”:

Yo hubiera escrito este poema
si mi cuerpo hubiera vivido este poema,
si la escuela de tu carne
no se hubiese cerrado
dejando mi carne analfabeta.

Y aunque siga buscando, se halla a ella misma en todas partes. Ella es el poema que busca. Porque ella se reclama a sí misma. Porque si parafraseamos a Becker: vuelven las golondrinas a los nidos de los balcones. Y Ana María se encuentra en el medio, arrimando a la poesía que la ha mantenido siempre en la forma en que ella mantiene a sus hijos, con el dolor aupando, con el sonido, con la soledad y el frío y la azarosa compañía. Su poema “Amantes”, hermoso texto vallejiano, en su concepción existencial. Con él nos puede dibujar como la poesía, a costa de lo sea, será lo que nos haga hallar a Iza siempre. Porque creo no equivocarme, su poesía es para siempre. El texto dice:

Acompaña a la mosca la pata,
a la estrella otra estrella,
al hueco lo redondo,
a la teja otra teja,
a la taza la oreja,
a la oreja el zarcillo,
a la cama la almohada
(y si ya no hay almohada,
un sueño sin camisa).
A la lengua el lenguaje,
al pasaje el turista,
a la dicha lo alegre,
a mí,
la gota de agua
que se escapa del grifo.

Ojalá algún día nos prestes tus antenas, Ana María Iza.

viernes, enero 09, 2009

"LA DECISIÓN" DE MARÍA EULALIA COELLAR


El libro de María Eulalia Coellar, “La Decisión”, me remite de igual forma tanto a la prosa poética, como al micro cuento, es decir que es un texto andrógino en el género.

Tal vez esto sea lo más relevante de su estilo. Los textos que conforman este libro han sido trabajados con el cincel de los años, madurados en silencio, como los melocotones de las campiñas de Francia, burilados por el sol del conocimiento y de la experiencia, así como le dicto la vida a Salomón y como lo siguió al pié de la letra el viejo Borges.

Su trabajo fue sedimentado en un taller literario, dirigido por la finísima mano de la gran poeta cuencana Sara Vanegas. Razones, estas, suficientes para el trabajo salga invicto.

Y aquí están los textos que conforman “La Decisión”. Han sido divididos en tres partes sin titulo. el motivo que hace gala en el libro o, mejor dicho, el leiv motiv lo conforma el cuerpo temático.

La primera parte del pequeño volumen está conformada por 10 textos que se desenvuelven en relación a la naturaleza. Son cantos óptimos de lugares propicios para poetizar, para que el ambiente sea el protagonista de una historia, en la que no hay esa tensión del, como diría Juan Bosch, relato tenso e intenso, si no que, más bien, se hallan los caminos de la expresión sobre la narración, es decir, que la poesía emerge del texto narrativo y estaciona al lenguaje. Lo frena con la sugerencia de la prosa, hasta que ésta vuelva a encontrar una mínima historia conmovedora y potente que se abrigue en el texto poético.

Siempre hay una primera persona en estos textos que conforman la primera parte del libro. Todos empiezan con el “Yo”, ese pronombre rehuido por muchos escritores, por miedo a caer en el confesionario de la literatura o, como dirían los críticos españoles, escribir como lo hacían los poetas de la experiencia.

La experiencia, creo, es una manera de volver poético lo imposible, porque en uno mismo está el estilo, no hay porque irse por las bancadas de la vanguardia ni por la escritura recargada.

Euler Granda, el gran poeta nuestro, suele decir que ya no es hora de pedir a los “escritores” y “poetas” que escriban bien, si no que escriban diferente. Y esto está bien dicho, porque ahora hay un montón de escritores que escriben “igualitos entre sí”. Si se lee a uno ya no hay necesidad de leerles al resto. Aún creen que el estilo está en la forma, y no se han dado cuenta los “racionalistas” anti “empíricos”, que en uno mismo se halla la colmena, donde se huele el amarillo de la miel.

En los primeros 10 cuentos del libro, una voz en primera persona resuelve mínimos conflictos, amparándose en el contexto. Estos personajes son a veces jóvenes, a veces mayores, pero siempre están en singular. Personajes silenciosos que se dejan llevan por la belleza, por ese camino pedregoso del misterio de lo sublime, del miedo a lo que produce la maravilla. “Qué maravilla, de maravilla la maravilla” dice Joan Manuel Serrat, y luego culmina diciendo “no hay canción que cante a la maravilla”. Ni texto poético, ni prosa, ni cuento, aumento yo.

Esto nos puede hacer reflexionar sobre varios tópicos, por ejemplo, las nuevas temáticas en la literatura narrativa y en el cine son absolutamente ligadas a lo esperpéntico, a lo escatológico, a lo sexual desde la violencia, desde la morbosidad, desde el encanto de lo oculto, de lo prohibido, desde lo periférico (como diría el compositor Roberto Cantoral en un bello bolero, el nuevo creador debería decir: “soy lo prohibido”). Sin embargo, cuando algo está sumergido en la pincelada vital de la belleza, del convencionalismo de lo que es bello, nos puede sonar cursi, disonante, anacrónico.

El triunfo de la literatura es tratar de rehacer lo hecho, lo que ya fue dicho y solo la experiencia hace al estilo y el talento encuentra a la belleza en el fango o en la luz de las luciérnagas.

La segunda parte del libro está dedicada a hablar de los otros. De los trece cuentos que conforman esta parte intermedia, 11 hablan en tercera persona, presentan al personaje en la omnipotencia lejana de un narrador omnisciente; se van retratando los rostros palabreados que contienen la dosis que forma al nuevo esqueleto que hará que un personaje nazca y dure lo que dura su lectura, y luego dure más, mucho más, hasta cuando dure su recuerdo.

Hermelinda, Fidel, Ascencio, Sor Gisella, Tres ángeles, Lorenzo, Juana, Juan, Don Antonio, Manuelito Sánchez y Beatriz tienen nombres comunes y unas pequeñas historias que marcan, como aquellas pequeñas cosas, de las que siempre se sostiene la gran historia. A veces la historia no es lo que dice el fin, si no lo que antecede al principio. La historia grande no está siempre en el Now coaunt de Julio Cortázar, si no en la intensidad. Es como la matemática del placer de la que habla el filósofo Jeremy Bentham, cuando afirma en su filosofía utilitarista que la felicidad es medida de acuerdo a los placeres en lo que se refiere a la Intensidad, la duración, la certeza, la proximidad, la fecundidad, la pureza y la Extensión. Creo que la literatura también podría ser medida de esta forma.

No es la historia siempre, lo que triunfa en la escritura, es tan bien el detalle, la precisión, el nivel de placer del lector se mide con el nivel de placer del escritor. Allí está la explosión de júbilo que deja la buena literatura.

La tercera parte de este es la síntesis del método de Hegel. La tesis es el contexto y el “Yo”; la antitesis es “los otros” y la síntesis resulta ser la “realidad” dentro del mundo.

Salir de esa puerta donde vive la señora imaginación, atravesar el dintel y darse cuenta de que el mundo no es siempre color de rosa, aunque tampoco tiene sabor a hormiga fumigada. De allí que los seis cuentos, de los siete que conforman la parte final del libro reflexionan sobre lo visto afuera, lo que está atrás de la cascada de luz en donde se refugia el literatura y sus palabras.

Es el caso de Eulalia, porque otros escritores tienen a las palabras en el tráfico, en el smog, en la confusión diaria de la vida.

Pero hay algo más. El último cuento llamado “Cholito” es la historia de un pajarito. Es solo un suspiro en medio de la realidad, tomando en cuenta que “la realidad es lo increíble”, como diría Clarise Lispector, y también, en medio de esta realidad existen las alas de un pájaro llamado Cholito, que nos puede prestar sus plumas para acurrucarnos en el pavimento y encontrar en la vereda, toda adoquinada, encementada, una flor de amargor, una flor que triunfa, que sale del cemento y grita que venció a la modernidad.

Así es este libro, una flor de amargor, una yerba, que no se ha dado por vencida. Y que lucha por hacerse presente, sabiéndose triunfadora.

Ni más ni menos.

Quito, 11 de Noviembre del 2008


Texto de la presentación del libro de María Eulalia Coellar, en Cuenca (CCE, Núcleo del Azuay)