miércoles, marzo 04, 2009

LA PENDIENTE IMPOSIBLE, nuevo libro de Marialuz Albuja



Texto leído en la presentación del libro


Luego de leer La pendiente imposible, la primera pregunta que me la hago es: ¿Dónde quedó la Marialuz de tonalidad parca, de verso corto y de profunda diafanidad? ¿En qué sitio su verso se elastizó? ¿Por qué aguas profundas decidió naufragar para volverse fuerte?

Su nuevo es su nuevo estilo. Ella sabe que el estilo es uno mismo, que en el ser humano, en su realidad, en sus pasajes cotidianos se encuentra el zumo de poesía verdadera, porque solo así el poeta puede asimilar el dolor de vivir y el placer de recordar. Recordar es una forma de volver a vivir. Aunque vivir en el recuerdo es mentir, también un poco, y es caer en las redes de ese borronesco mundo de imágenes que no se resuelven de igual modo.
Lo onírico, decía Freud, es la otra vida, las otras circunstancias, parecidas tal vez, pero separadas por la sabiduría del consciente y del tiempo, que no perdona el silencio.
El tiempo ha pasado por Marialuz, por su poesía. Ya no somos los poetas jovencitos que éramos hace unos años. Ya no estamos en el titubeo de la gramática, ahora tratamos de buscarle la esencia a la palabra. Luchamos mucho con el lenguaje, luchamos mucho con la forma. Y aquí está el nuevo libro de Marialuz, su mejor libro, según ella, y yo estoy con ella, porque en él hay un canto al dolor de los recuerdos. Con él se hace evidente aquel adagio de que el poeta se llora así mismo para llorar en todos. Para arrastrar con su dolor a todos, es un tsunami el poeta. Es un huracán, un torrente sin compasión. Marialuz lo ha asumido y su poesía ha madurado con ella.
Adiós a su poesía parca. Bienvenida su poesía decidora. Adiós al verso adornado con la retórica de las figuras literarias. Ahora su verso busca decir. Adiós a la estrofa conceptual. Adiós al silencio. Bienvenida la bulla de su discurso. Bienvenida la poesía de la catarsis, la poesía de la auto exploración. Aquí está la voz poética construida con vida. Y por ello, por su valentía, por su ejercicio sinuoso con la palabra que no alcanza, hay que aplaudir este libro.

La misma voz poética se sabe cambiante de estilo, de forma, de estructura:

Jamás podré ser como antes.
No escribiré ya las mismas palabras.
No leeré los mismos poemas en un libro…

Este es el canto poético de una mujer que ya cambió de piel.

Su poemario está dividido en tres partes, que guardan una coherente e impecable unidad: 1. El destierro, luego El regreso; por último El silencio. Los tres motivos que parten a su discurso están eslabonados por varias cuestiones de carácter poético y anecdótico: un viaje (a la China), un regreso (de la China) y un asumirse en la poesía con el silencio.
Entonces el pretexto poético de la primera parte de su libro es la atmósfera de Oriente. He aquí un verso que esclarece:

El oriente se esconde en mis ojos
Llevándose el sol que pronto estará al otro lado

Tal y cual como alguna vez nuestro poeta Rubén Astudillo y Astudillo dijo, en las mismas circunstancias geográficas de Marialuz (Rubén fue embajador de Ecuador en China por muchos años):

La misma luna que esta noche
cruza, con su mata
de estrellas, por encima
de los pinares de Xian, mañana alumbrará
los eucaliptos y las
capulicedas
de mi pueblo.

En los dos poetas, coincidencialmente apoltronados al otro lado del mundo, se deja notar el aspecto de observadores y de añorantes profesionales. Siempre recordando: este oficio inútil, pero gratis que tenemos algunos. He incluso algunos hasta lo disfrutamos.
Es en China donde la voz poética destapa ese caño de dolor que, en otros casos, aplaudiría un sicoanalista. Ya se sabe que la poesía y el arte en general es el mejor sicólogo, pero si se sabe manejar este con la dignidad de la palabra. No creo que ningún poeta tenga buenas intenciones, si no las tiene ni con él mismo, ya que decir su palabra es quedar desnudo frente al público; es quedar mal frente a la dignidad del silencio. Pero Marialuz decidió destapar la olla de los grillos con su pasado, y enfrentarlo a futuro, para quedar en paz con sus imágenes, con sus insomnios y con la debilidad de lo que se ha quedado hundido en la desolación del tiempo.
La poesía verdadera, a mi juicio, esta adocenada con el enfrentamiento poeta-poema. La verdad es la originalidad, lo demás es el adorno. Comencemos a leerla bajo esta imposición.

…mi madre
En su pequeño escarabajo por el camino empedrado
Mientras yo, en la Gran Muralla,
Bajo la luna llena
Me recuesto.

He ahí un recuerdo ahíto repleto de realidad. El recuerdo es una puesta en escena de lo que quisiéramos, pero en estos versos, la voz poética recuerda a su madre sin idílicas funciones: las dos en caminos diferentes. Separadas por la mitad meridional del mundo. Esperando. Dice:

No me lleves lejos.
Aquí puedo creer que soy feliz.

Es la idea de la distancia como figura de la felicidad y la nostalgia.

Las nuevas visiones orientales son atrapadas por la sensibilidad de la poeta:

Quisiera atrapar con mis manos la China del Norte
Sus restos fragmentados por la memoria
Que no sabe como volver al portal
Donde una joven asiática vendía bebidas frente a los sumideros de la ciudad.

Esta es una poesía que no oculta la identidad de una voz poética desconcertada por el dolor y por lo nuevo. Lo nuevo es otra forma de dolor. Siempre nos pesa. Nos cuesta aceptar lo que está fuera de lo establecido.

Una de las constantes en este poemario es la voz parricida que ama y odia; que sumerge y emerge a la figura del padre. Y con él, aparece ahíta, desparpajada y libre, la de la madre y la de los hermanos. Y entonces se conecta la voz poética con lo que llamaríamos familia perfecta, agarrada, sujeta a los recuerdos, a los apóstrofes, a las debilidades, a los absurdos de verse tan crecidos, tan lejanos y tan abiertos, luego de haber sido una sola cosa multiforme que creció junta, pero creció precisamente para abrirse.
Así nos dijo alguna vez Khalil Gibran:

Tus hijos no son tus hijos
son hijos e hijas de la vida
deseosa de si misma.
No vienen de ti, sino a través de ti
y aunque estén contigo
no te pertenecen.

El canto terrible al padre y a la madre. Un canto desaforado de amor y de libertad. Dice:

…Padre de los animales que habitan la tierra.
Padre de los abandonados.
Pero no mi padre/…/
Juego a ser hija y me equivoco.
Juego a nacer otra vez…

Madre, no se cómo hacer para hallarte.
Tal vez escarbando en mi pecho
Que acaso sea solo una sombra de ti…

Hermanos, no sé si algún día les dije
Que sigo buscando el silencio
Que solo su abrazo podría salvarme…

He aquí el adagio de la poesía de siempre: “El dolor es causa de la belleza”.

En la segunda parte del pequeño libro encuentro ciertas claves de su poética anterior: Hablar en segunda persona. Marialuz manejaba estupendamente bien el “tú” en sus otros tres libros. Con la diferencia de que en este, este “tú”, es un “Yo legítimo y doliente.
Siempre buscando no terminar de desnudarse. Porque verse sin ropa es otra forma de dolor. Por eso la búsqueda del pronombre.

Te duermes.
Regresas a casa.
Tu madre baña a tu hermana tierna.
Su risa infantil se refleja en el agua…

El regreso es la parte más honda y torrencial del poemario. Aquí ya se han abierto todas las jaulas de su palabra. Aquí ya está legítimamente armada con la voz de una poeta vs. sí misma. Dice:

…no importa que después ya nadie sepa de nosotros,
Pues el absoluto es hoy,
Y en su fuego de relámpago
Brillamos.

La mejor manera de ingresar a lo nuevo es desde la lejanía. Que además es una forma de regreso. Viendo las cosas desde otro tiempo.
Allí aparece una voz poética afrentosa que dialoga en el silencio con sus padres. Y que busca en el recuerdo el sitio exacto donde ocurrió la felicidad y el desasosiego, asimilando la vida ya no con la intensidad cuando ésta fue vivida, sino cuando es recordada:

Le dice a su familia:

Compartimos secretos enterrados como piedras en un hoyo sin fin
Secretos de túnel entre una montaña y el mar
Silencios de mirlo sobrevolando los arbustos que rodean nuestra casa…

Estos poemas vienes despojados de todo tono ambiguo, más bien resultan casi epístolas de fuerza imparable.

Entendemos luego de esta lectura catártica que el regreso es la casa del padre, es el pasado siempre. No es la geografía. Por lo tanto el regreso no será nunca. Nunca, porque si el río es el mismo, diría Heráclito, nosotros ya no somos los mismos:

Esta es la casa del padre
Donde partimos el pan después de su regreso.
Donde lo saboreamos por primera vez
Y por primera vez
Queremos que así sea.

Luego de regresar a lo que no puedes, la realidad te rompe:

Deseas ocasionar la catástrofe que te permita ser, otra vez…

Por lo tanto solo oníricamente, solo en sueños, encuentras en el pasado, la felicidad:

No sé cuanto recorrer para alcanzar la lejanía

Dice la poeta. Sabiendo que el momento de felicidad y el último verso, como diría Zabala Ruiz: No lo sabremos nunca.

La tercera parte del poemario El silencio es la asimilación de todo lo evidenciado a lo largo del Destierro y el Regreso. Es la entrega desgarrada de la voz poética a la poesía. Mirar las cosas con la frialdad del concepto. Volver a la auto confesión y darse de bruces con la realidad:

Voy a mentir
Otra vez
A cantar, intacta,
Como si el cielo y las montañas
Convivieran detenidos en mi cuerpo

En esta parte llega a verificarse su arte poética. Dice:

Le temo a las palabras porque no me sirven

Y luego asume, por herencia, lo que es ahora. Dice:

¿Qué hiciste, madre, para llenarme de palabras?
¿Por qué ya no es posible el silencio?
/…/

Le temo, madre, a tu angustia
Y a las palabras que me enseñaste
Porque no son las que quiero.

Pero el silencio, pese al dolor de no enfrentarlo, termina siendo la palabra:

Ojalá los labios pudieran decir lo que el cuerpo no entiende…

Porque para la voz poética el silencio siempre será el pasado con cara al presente. Dice:

Detén la insistencia de las palabras.

Enciende la luz.

Poemario redondo. Doliente y veraz. Audaz e imprecador consigo mismo.
Poesía que no oculta, que se deja leer en el peldaño del meta lenguaje. Donde la verdad es la poesía. O mejor aún, la poesía es su única verdad. Y los recuerdos el pretexto de su canto.

Ni más ni menos.

ANA MARÍA IZA: LA INTUICIÓN ES POESÍA

Siempre he querido ponerme en los zapatos de la generación de los 60s. en el momento en que Ana María Iza, en el año 61, publicó poemas como estos:

Mamá… ya puedes decir que eres abuela,
Mi hermana la tristeza tuvo un hijo,
Lo envolvimos en húmedos silencios
Y tenazmente le agitó la vida.

Mamá… ya puedes decir que eres abuela;
El pequeño nació hermosamente grande,
Tiene tu misma sangre, sorbió tu misma vida.
Mamá… mi corazón es el hijo del que te habló.

Me hubiera gustado ver las caras de la gente que la escuchaban, cuando aún la poesía escrita por mujeres se consideraba, en este país, como un tropel de metáforas largas escritas por las “poetisas” que llevan vestido largo y zapatos de charol. Ella, una jovencita de 20 años, vino a salvarnos de la edulcorante suavidad de unos versos acartonados.

Iza es la poeta de la intuición. Con ella, la mínima dosis de inspiración y las toneladas de transpiración de las que habló Einstein sudan por dentro. Ella saca el poema, sin que Valery le haga acuerdo que la poesía no está escrita de buenas intenciones sino de palabras. Y cuando emergen los poemas de su mente poblada de un bestiario personal que es su propio dolor, sale ya el poema completo. Me dijo alguna vez la poeta (y no “poetisa”) que los poetas tienen unas antenas en donde se capta todo lo que los otros parecen no ver. Las voces de los otros son entonces los poetas. Y ella es la voz de la salvación. Ileana Espinel y Violeta Luna estaban ya para la época en el mismo camino. Torciendo, ya no solamente el cuello al cisne, sino, además, torciéndole las plumas, el esternón a todo pájaro modernista que aún sometía a la sensibilidad femenina con el espectro de una voz matizada con originalidad y desparpajo.

Creo que “Pedazo de nada” (1961), el primer libro de Ana María debería ser considerado como uno de los más importantes libros de una poeta iniciática o, como diría Jorge Enrique Adoum, de una poeta principiante y no aficionada. Da envidia leerla tan jovencita en vida y con tanta condensación en su discurso. A esta poeta le suena el dolor y el humor al mismo tiempo. Le suena con la misma levedad lo que concierne y lo que desconcierta. El poema “pedazo de nada” del libro primerizo (y nada prematuro) da fe de su dolor ambientado en la clave de su estilo. Cuando habla de la hermana que no tuvo dice:

Hermana…

Sin arterias, sin hambre, sin pestañas;
Partícula de pájaro sin canto.
Hoy que tengo para ti un vestido,
¿Crees que te lo hubiera dado
Si existieras…?

Tremendo fragmento que descubre sin cosméticos lo que es la debilidad humana, y lo es ser humano de verdad. Con Ana María se hace humo el adagio de Nietzsche cuando dice: los poetas mienten demasiado, habría que decir que Iza encuentra sus mejores hallazgos en la sinceridad de su discurso. Y como El estilo es el hombre, entonces en esta sinceridad poética hay tela para cortar. Solo la verdad es originalidad, el resto es una ficción indebida. Pero, en este poema, no solo es la verdad el vestido que guarda para la hermana y que no se lo entregara si existiera. Es también lo que esta voz poética, desacralizadora y absolutamente desligada de la hipocresía, dice sobre su hermana: le dice, por ejemplo: partícula de pájaro sin canto. El verso, solo él, íngrimo en una hoja blanca, ya sería un poema, escrito con la madurez de los 18 años. Escrito cuando los otros niños (hombres y mujeres) juegan, cantan, gatean en el miedo de conocer que sus fantasías son puro mito infantil.

EL DOLOR, SU PRIMER COMPAÑERO Y SU ÚLTIMO HALLAZGO

Ana María pasó revista por el dolor desde muy temprana edad (lo dice en uno de sus poemas: Si no lloviera tanto por mis ojos/ me sentara es escribir… y no pudiera…). Y con ella se confirma que el dolor es la vitamina de la poesía. Y por eso le sale esto de partícula de pájaro sin canto.

En este poemario inicial donde ya se dibuja la pronta Ana María que crecerá, también hay unos ojos abiertos (ella diría “antenas”) que miran desde “la ventana” como literalmente se llama unos de los 25 poemas que conforman el libro, su vena social. Su poesía engarzada en un dolor junto. Donde todo se veía, todo se sabía, todo se dejaba notar, solamente moviendo las cortinas. Allí ella confiesa lo indefinible, que además es muestra de su estilo. Ella, como Julio Cortazar cierra siempre sus poemas jugándole a la poesía un N. K. un golpe preciso. Dice en los últimos versos de su poema: Todo esto yo pensaba en la ventana/ y sin ninguna razón/ me mandaron cerrarla.

Es una mujer que mira las cosas diferente. Que asume su condición de adolorida y que, como dice en su poema “Cédula”: Le gusta la bondad de los humildes,/ la caridad del pobre/ y el mundo le avergüenza;/ tiene brazos de sal/ para abrazarse,/ necesita de urgencia una salida…. Por suerte la salida de su vida fue la poesía: pudo tranquilamente suicidarse, encerrarse en un convento de monjitas o quedarse aplastada con el diablo adentro y no encontrar exorcista barato que la atienda.
Le dolió el mundo y aprendió a verbalizarlo. Solo lo que se nombra, existe. Lo no nombrado es lo desconocido. Ya lo dijeron los hebreos: Que Dios se hizo verbo. Conclusión: si Ana María no escribiera creo que estuviera muerta. O loca. O, por lo menos, en estado vegetativo. He ahí el asunto de la intuición. Ella no hace doctorados para hablar lindo, a ella le salió el ritmo cuando la vida le enseñó a decir las palabras. O Como diría en un bello poema. Bello por terrible y verdadero:

A una escuela de monjas me enviaron,
como un papel en blanco dentro de un delantal.
Allí me enseñaron las primeras mentiras
y un deseo infinito de sentarme a llorar.

El abecedario era sencillo,
del tamaño de una hormiga era la a,
pero yo la hallaba difícil,
porque la monja era una letra
que no me entraba.

Me decía que la vida era un caldero
donde hervían sin compasión las lágrimas.
Ella tuvo razón,
pero no debía decirlo,
no debía.

Y aquí estoy,
escribiendo lo que ella me enseñó:
malas palabras.

Ana María no quiere llegar con su poesía a bifurcar el canon, ni a impresionar a los críticos ni a cercenar a los semióticos con su giro vanguardista. Ella quiere decir cosas que, de tan sinceras, resulten surrealistas. He aquí un fragmento de su poema “Deseos”:

…/Con esta piel que no me deja un rato,
Con esta piel azul
Cosida a llanto
Quisiera hacer zapatos
Para los pies descalzos.

Su segundo libro se llamó igual que el primero. Tuvo en 1963 una nueva edición en Caracas, en donde incluyó una serie de poemas, entre ellos: “Saludo”, un texto donde otra vez, la madre de la voz poética vuelve a aparecer: Mamá mía: mi santa, mi profesor, mi guía./ Hace un rato he llorado/ porque no puedo lavar la tierra que usted pisa,/ porque no puedo regalarle nada,/ porque no tengo más que palabras en la vida…. Otra vez dolor, sinceridad y referencias irónicas. Otra vez la poeta transparente. La mujer de las antenas.

LOS AFECTOS DE IZA PESAN IGUAL QUE SUS DESAFECTOS

Es difícil buscar en Ana María Iza poemas eróticos. Su generación todavía se anclaba en el amor “cortes” de la que Octavio Paz habló en su “La llama doble”. Sin embargo, en cosas del amor sumergido en la no consumación del amor sexual, en el amor idílico esta poeta sabe decir las cosas de verdad.
En el poema “Fin” da principio a su poesía amatoria de impresionante factura vanguardista, aunque el tema siga siendo el dolor, más que el amor. O como diría, otra vez Jorge Enrique Adoum: “Hacerla el amor = Hacerla morir”. El texto dice: Me voy,/ en el barco del que fuiste carpintero;/ tuyas son estas tablas,/ estos remos,/ tuyo este mar en que parto./ Mar mío./ Mar muerto./ Tuyo este amargo pañuelo./ Queda en tu casa:/ mi nombre escrito en sus paredes/ y una mirada mía en todas sus ventanas...
O este otro en donde el amor es descriptivo. Tiene olor y sinestesias saltando en los hombros de las imágenes sorprendidas: En el poema “Río Curaray” dice:

Soldado
recuerdo tus ojos del color de la hierba
y el guayacán de tus brazos.

De oro estabas hecho
eras bello soldado.

Cuando te vi pensé que el sol había bajado.

Atraías la paz con tu sonrisa blanca.

Y aunque no concordaron tu sed y mi agua seca
un breve pacto hicimos en medio de las aguas.

Como la Aurora Estrada y Ayala del bello poema “El hombre que pasa”, Ana María renuncia al amor, pero no a la estética del amor, que siempre conduce al dolor.

El amor convencional de la poesía es de profesión modernista en este país. No se lo halla facilmente, se escapa, como la mujer de niebla de Silva y de Noboa y Caamaño. Ana María lo sabe, por eso dice en su poema “Él”. Aquí un fragmento:

Él
me espera en todos los caminos
tiene algo de labrador y de navío
/…/
A veces
creo verle surgir en la distancia
cuando revienta el girasol del día
/…/

Él
no tiene pasado
ni presente
y todo su futuro es mi agonía

De profesión demoledora de prototipos. El amor, dulce invento que nace del animal llamado humano, para corroer en dolor al resto. Ella, rompiendo el vaso de ilusiones, escribe su bello poema “El habitante de las praderas rumiantes” que termina diciendo:

…¡Solamente los ángeles viven de armonías!
Pero tú, corazón, vives de pan.

Difícil extraer ese icono de amor del filósofo Pascal que decía: El corazón dice cosas que la razón no puede. Y aquí está el poeta, para desprestigiar al filósofo. Y para supurar heridas del “corazón” entrecomillado por una razón “enamorada”. Ya lo dijo Quevedo:

su cuerpo dejará no su cuidado;
serán ceniza, mas tendrá sentido;
polvo serán, mas polvo enamorado.

De hecho afirmo que Iza es una pesimista organizada a la hora de hablar de amor. No porque no ha amado, si no porque el amor es un montón de fina parafernalia francesa. Y ella no está dispuesta a alquilar de las estrellas tanto maquillaje. En su poemario “Fiel al humo” (1986) dice en su poema “Luces fugaces”:

Hay hombres
de quienes enamorarse,
por quienes perder la cabeza,
el empleo,
la casa.
/…/
Hechos a la medida
de las mujeres tristes,
alegres,
indomables,

Ellos
y ellas caminan
sin jamás encontrarse.


SU CATÁLOGO DE HEROES

Otra clave de su estilo muy pertinente para entenderla desacralizadora y absolutamente ligada a la ruptura es ese juego, ese intercambio envolvente de trato entre las grandes figuras del mundo que forman, para ella su “Cementerio personal”: Así, en sus poemas, habla con Jehová, con Mao Tse Tung, con Simón Bolívar, con Omar Jayyán, entre otros. Con todos ellos habla con la confianza que le dan la sencillez de los grandes en suma con su humildad. Consiguiendo una conversación acaparada en la mayeútica: fresca, dúctil, directa. Así por ejemplo: Mao Tse Tung,/ aquì me tienes,/ esquivando mi rostro de las lágrimas./ Ya no caben las sombras en los ojos/ ni la pálida luna en las palabras.// Lee mucho de todo/ me dijiste,/ pero olvida al instante./ las nubes son copos de algodones/ para secar los pàrpados del aire…. Y este otro al Libertador: Bolívar/ yo te trato de vos porque eres grande….
O este bello texto dedicado al poeta del vino, Khayyan:

La mejor gente que he conocido
piensa y obra como tú.
Y mi pregunta es:
si nos hubiéramos encontrado
hace nueve siglos,
¿hubieras dejado el vino,
Omar Khayyán…?

BIFURCAR EL TEMA, ESCRIBIR DE TODO Y HALLAR EL CAUCE

La preocupación del tema en la poesía, es otro de los temas de su poética (vale la redundancia, y perdón por la tautología). Así por ejemplo en su bello “Poema del sàbado” se confiesa: Que has escrito ahora me preguntas./ No se qué contestarte./…/Ya no asombra un viaje a la estratosfera,/ ni la lucha de Dios, contra el hombre, contra el ave… Por ello Ana María registra lo más interno de su voz para enaltecerla en el poema, consiguiendo que su búsqueda sea su propia poesía. Tan audaz en la forma que en el poema “Invasión”, texto que se dedica a sí misma, habla de esa libertad: No me hace falta más para sentirme libre/ en un mundo de esclavos. Tan bello y tan profundo. Tan descriptivo y tan sagaz como el texto “Montaña”: Montaña/ sin aldabas/ sin noticias/ sin absurdos prejuicios/ sin tarados/ sin letreros que todo lo prohíben/…/ Quédate donde estás/ ningún viento te mueva… Llega a escandalizar con su poema “La verdad”, ese desate de sinceridad embriagante de escándalo, que tanto bien hace a la poesía, cuando está bien lograda: Amo la gente mala,/ los árboles del mal que no dan frutos/ -los frutos que se pudren en las ramas-,/ los cuentos que finalizan/ con una mala palabra/…/ En noches como esta/ cambiaría mi corazón/ por el rojo corazón de María de Magdala. En el redondo poema “Bienes raíces”, la poeta da fe de su inventario personal: ¿Qué tengo yo…?/ Los alambres de la esquina,/ una espina en el pañuelo,/ un tarro de insecticida./…/ Una escalera/ en el aire,/ tierra azul/ en los bolsillos./ Un hueco en el corazón/ por donde se va mi vida…. Otra vez el dolor. Otra vez la magia que logra el poema, cargado de dolor, ironía y belleza.

El libro “Los cajones del insomnio (1967) trae la magnificencia de la poesía trabajada en buril. Perfecta en la imagen redonda, certera, impecable, Por ejemplo este fragmento:

Rueda el sol por las calles del crepúsculo.
Emergen como barcos fantasmas las montañas.
El infinito
semeja una gran boca
donde se hunde
el bostezo sin fondo de la nada.

Luego de ello qué. Buscar en el más tajante hecho de describir la tarde con ese desparpajo surrealista para caer siempre en un YO, en ese yo asumido, como la asumió hace más de 100 años Dolores Veintimilla de Galindo. Ese yo valiente, ese Yo forzosamente engarzado en el dolor. Ella mismo reconoce su yo claro en su poema “El mí”. Juego delicioso, sugestivo, armónico, transparente. He aquí el texto citado:

Ayer
cualquiera era mi amigo,
usted y el perencejo
eran buenas personas.
Ayer no más decía:
mi Patria,
mi familia,
mi Dios,
mi pan,
mi amigo,
mi libro,
mi persona.
La dirección de mi casa,
el número de mi teléfono,
mis versos
y mis rosas.

Por emplear en todo este adjetivo
perdí mi doctorado en ilusiones.

POLITICAMENTE INCORRECTA

El sentido desacralizador de todo lo que está políticamente correcto, de lo formal, de lo “Qué bien”, “Qué magnífico”, de lo ”no, gracias”, “Si gracias”, de lo hipocritamenrte convencional. Se mete con todo, Iza, a todo le da palo. Hasta a la muerte.
Dice en su poema “Tempestad sobre el follaje”, precioso texto:

…Morir es tan vulgar
como pelar naranjas,
por eso yo no quiero morirme
y si me muero
que nadie vaya a decir lo rutinario:
gran mujer, gran amiga.

Que no se sirva té
ni cuenten chistes
con el pretexto
de acompañar mi sombra.

Que dejen las ventanas abiertas
a que penetre el aire,
que pongan el disco que me gusta
y me dejen tranquila
mientras siga
la tempestad
sobre el follaje.

En “puertas inútiles” poemario publicado en 1968. Es más desacralizadora que nunca. Escribe a las prostitutas:

Prostituta:
escupe al agua.
Quizás es tu saliva
más limpia
que muchas cosas blancas
de la tierra.

Trabaja con poemas conceptuales. Tres poemas donde el título es un dibujo y de este concepto que no llega a ser un caligrama, si no, más bien, una alegoría, extrae poemas de absoluta reflexión e irónica anti convencional. Además en este libro está el poema “Conocimiento”, un hito, a mi juicio, de la poesía antológica. Tremendo poema filosófico. Con él se entiende aquello de que la actitud es más que la diversidad de significados. Escuchemos todo el poema:

CONOCIMIENTO

Si tú me amas
la tierra dará flores
árboles, agua, frutos,
los hombres engendrarán,
la vida será hermosa.

Si tú no me amas
la tierra dará flores
árboles, agua, frutos,
los hombres engendrarán,
la vida será hermosa.

Toda una clase de filosofía se podría trabajar con dicho texto.

En 1987 aparece su poemario “Reflejos del sol sobre las piedras”, poemario que abre con este furibundo poema:

Como nunca
la hez está de moda.
A la mierda se mandan las estrellas.

Abres un libro
y el estiércol te salta hoja
a hoja.

¡Lejos quedaron las lilas en el huerto!

Bet Seller es la mierda.

/…/

Entre sabios y locos se han reunido
para mandarnos a todos a la mierda.

Tremenda visión. Tremendo desparpajo. El poema “la verdad” del libro ya citado es aun más duro. Esta dirigido como un poema prosaico, donde hay un personaje (una señora fina, cordial, bien vestida) y esta voz poética terrible, que asume su condición de rasgar el velo del templo de lo correctísimo, del manual de Carreño. Dice en dicho poema:

Señora
no va a cambiar el mundo su novela a colores
ni sus lágrimas.
Este sistema odioso está por irse
aunque usted no mueve un dedo a que se vaya.

Yo también amo las rosas,
los nomeolvides
y en los cristales de cera de la luna,
humilde, me retrato.
/…/
Señora
le niego mi pañuelo.
no crea en la televisión que vil la engaña.

Este es el poemario donde mejor se desarrolla su ironía raspante, su tropel de furia contra con establecido.

La burla contra ella misma, por ejemplo:

Regresa Ana María
con su cara de “yo si fui”
a decir lo mismo,
sin lograr inventar otras palabras.

O este otro poema:

Yo
chofer de land rovers
y de coches de bebés.

Ex-violín,
media nylon
con los puntos idos
para siempre.
/…/
Yo
incapaz de sentarme encima de una rosa
me arrepiento en el alma
no haber aprendido corte
y confección.


DIOS: SU REFUGIO, SIN MISTICA

En todo poeta hay un faro que lo salva, hay un halo que lo alimenta: una utopía, un sueño que se engarza en las manos ya cansadas. En todo poeta hay un norte silencioso que se mira entre las nieblas. En Ana María solo es Dios, pero no el místico: alejado, castigador, postizo, no, tampoco, el implacable, el guardador de utopías eternas. Es alguien más cercano, alguien que uno logra ver luego del dolor, luego del llanto, luego del fuego. Alguien que emerge, como la poesía. He aquí el fragmento de su poema “Escrito para siempre”:

¡Óyeme Jehová!
Tú que no habitas templos
ni cuarteles:
después de tantas mentiras
he llegado a conocer tu Nombre
y a saber que no eres judío
ni banquero.

Yo
que no tuve nunca quien me quisiera mucho,
quien jugara conmigo a estar de a buenas,
envidiaba la dicha de las rosas
por durar solo un día en los floreros.
Sin muñecos de aserrín
ni osos de peluche
trenzaba para jugar, mis dedos.

Sin embargo
largas cartas me hiciste en los crepúsculos,
-convertiste en juguete mis desvelos-.
Por ti tuve vacaciones,
días libres,
caballos incansables de indómitos ensueños.

LA RUPTURA

En su libro “Herrumbres persistentes” (1996) se aleja un poco de su personalidad poética tajada por los años. Aunque guarda la misma facha: dolor, ironía, sonido personal. Aunque utiliza a buen recaudo el metalenguaje desde dimensiones desconocidas, tomando a usanza estupendos recursos que en cierta manera impiden vislumbrarla tan transparente como siempre nos tuvo acostumbrados:

En este libro hay una convocatoria pertinente y repetitiva a sus héroes o agresores, presentes en sus poemas, a los que ama u odia, a los que compara y discrimina, a los amigos o enemigos de su temperamental postura de poeta: Dalí, Claudia Schiffer, Calígula, Tongolele, Napoleón, Carreño, Mozart, Socrates, Jim Morrisón, Dick Turpin, Nefertiti, Cleopatra, Liz Taylor, Afrodita, Dulcinea, Amstrong, Sinatra, Róbinson, Hitler, Nerón, Atila, Sade. Además de juegos lingüísticos y recursos fonéticos de indudable calidad.

EL REGRESO

Con el poemario “papeles asustados” (2005), Ana María vuelve a su antiguo vaivén. Como buena poeta probó las dosis legitima de lo experimental, pero regreso con esa fuerza inusitada de la poesía tangencial, con el yo de su nombre.

Dice su poema “La piel analfabeta”:

Yo hubiera escrito este poema
si mi cuerpo hubiera vivido este poema,
si la escuela de tu carne
no se hubiese cerrado
dejando mi carne analfabeta.

Y aunque siga buscando, se halla a ella misma en todas partes. Ella es el poema que busca. Porque ella se reclama a sí misma. Porque si parafraseamos a Becker: vuelven las golondrinas a los nidos de los balcones. Y Ana María se encuentra en el medio, arrimando a la poesía que la ha mantenido siempre en la forma en que ella mantiene a sus hijos, con el dolor aupando, con el sonido, con la soledad y el frío y la azarosa compañía. Su poema “Amantes”, hermoso texto vallejiano, en su concepción existencial. Con él nos puede dibujar como la poesía, a costa de lo sea, será lo que nos haga hallar a Iza siempre. Porque creo no equivocarme, su poesía es para siempre. El texto dice:

Acompaña a la mosca la pata,
a la estrella otra estrella,
al hueco lo redondo,
a la teja otra teja,
a la taza la oreja,
a la oreja el zarcillo,
a la cama la almohada
(y si ya no hay almohada,
un sueño sin camisa).
A la lengua el lenguaje,
al pasaje el turista,
a la dicha lo alegre,
a mí,
la gota de agua
que se escapa del grifo.

Ojalá algún día nos prestes tus antenas, Ana María Iza.

viernes, enero 09, 2009

"LA DECISIÓN" DE MARÍA EULALIA COELLAR


El libro de María Eulalia Coellar, “La Decisión”, me remite de igual forma tanto a la prosa poética, como al micro cuento, es decir que es un texto andrógino en el género.

Tal vez esto sea lo más relevante de su estilo. Los textos que conforman este libro han sido trabajados con el cincel de los años, madurados en silencio, como los melocotones de las campiñas de Francia, burilados por el sol del conocimiento y de la experiencia, así como le dicto la vida a Salomón y como lo siguió al pié de la letra el viejo Borges.

Su trabajo fue sedimentado en un taller literario, dirigido por la finísima mano de la gran poeta cuencana Sara Vanegas. Razones, estas, suficientes para el trabajo salga invicto.

Y aquí están los textos que conforman “La Decisión”. Han sido divididos en tres partes sin titulo. el motivo que hace gala en el libro o, mejor dicho, el leiv motiv lo conforma el cuerpo temático.

La primera parte del pequeño volumen está conformada por 10 textos que se desenvuelven en relación a la naturaleza. Son cantos óptimos de lugares propicios para poetizar, para que el ambiente sea el protagonista de una historia, en la que no hay esa tensión del, como diría Juan Bosch, relato tenso e intenso, si no que, más bien, se hallan los caminos de la expresión sobre la narración, es decir, que la poesía emerge del texto narrativo y estaciona al lenguaje. Lo frena con la sugerencia de la prosa, hasta que ésta vuelva a encontrar una mínima historia conmovedora y potente que se abrigue en el texto poético.

Siempre hay una primera persona en estos textos que conforman la primera parte del libro. Todos empiezan con el “Yo”, ese pronombre rehuido por muchos escritores, por miedo a caer en el confesionario de la literatura o, como dirían los críticos españoles, escribir como lo hacían los poetas de la experiencia.

La experiencia, creo, es una manera de volver poético lo imposible, porque en uno mismo está el estilo, no hay porque irse por las bancadas de la vanguardia ni por la escritura recargada.

Euler Granda, el gran poeta nuestro, suele decir que ya no es hora de pedir a los “escritores” y “poetas” que escriban bien, si no que escriban diferente. Y esto está bien dicho, porque ahora hay un montón de escritores que escriben “igualitos entre sí”. Si se lee a uno ya no hay necesidad de leerles al resto. Aún creen que el estilo está en la forma, y no se han dado cuenta los “racionalistas” anti “empíricos”, que en uno mismo se halla la colmena, donde se huele el amarillo de la miel.

En los primeros 10 cuentos del libro, una voz en primera persona resuelve mínimos conflictos, amparándose en el contexto. Estos personajes son a veces jóvenes, a veces mayores, pero siempre están en singular. Personajes silenciosos que se dejan llevan por la belleza, por ese camino pedregoso del misterio de lo sublime, del miedo a lo que produce la maravilla. “Qué maravilla, de maravilla la maravilla” dice Joan Manuel Serrat, y luego culmina diciendo “no hay canción que cante a la maravilla”. Ni texto poético, ni prosa, ni cuento, aumento yo.

Esto nos puede hacer reflexionar sobre varios tópicos, por ejemplo, las nuevas temáticas en la literatura narrativa y en el cine son absolutamente ligadas a lo esperpéntico, a lo escatológico, a lo sexual desde la violencia, desde la morbosidad, desde el encanto de lo oculto, de lo prohibido, desde lo periférico (como diría el compositor Roberto Cantoral en un bello bolero, el nuevo creador debería decir: “soy lo prohibido”). Sin embargo, cuando algo está sumergido en la pincelada vital de la belleza, del convencionalismo de lo que es bello, nos puede sonar cursi, disonante, anacrónico.

El triunfo de la literatura es tratar de rehacer lo hecho, lo que ya fue dicho y solo la experiencia hace al estilo y el talento encuentra a la belleza en el fango o en la luz de las luciérnagas.

La segunda parte del libro está dedicada a hablar de los otros. De los trece cuentos que conforman esta parte intermedia, 11 hablan en tercera persona, presentan al personaje en la omnipotencia lejana de un narrador omnisciente; se van retratando los rostros palabreados que contienen la dosis que forma al nuevo esqueleto que hará que un personaje nazca y dure lo que dura su lectura, y luego dure más, mucho más, hasta cuando dure su recuerdo.

Hermelinda, Fidel, Ascencio, Sor Gisella, Tres ángeles, Lorenzo, Juana, Juan, Don Antonio, Manuelito Sánchez y Beatriz tienen nombres comunes y unas pequeñas historias que marcan, como aquellas pequeñas cosas, de las que siempre se sostiene la gran historia. A veces la historia no es lo que dice el fin, si no lo que antecede al principio. La historia grande no está siempre en el Now coaunt de Julio Cortázar, si no en la intensidad. Es como la matemática del placer de la que habla el filósofo Jeremy Bentham, cuando afirma en su filosofía utilitarista que la felicidad es medida de acuerdo a los placeres en lo que se refiere a la Intensidad, la duración, la certeza, la proximidad, la fecundidad, la pureza y la Extensión. Creo que la literatura también podría ser medida de esta forma.

No es la historia siempre, lo que triunfa en la escritura, es tan bien el detalle, la precisión, el nivel de placer del lector se mide con el nivel de placer del escritor. Allí está la explosión de júbilo que deja la buena literatura.

La tercera parte de este es la síntesis del método de Hegel. La tesis es el contexto y el “Yo”; la antitesis es “los otros” y la síntesis resulta ser la “realidad” dentro del mundo.

Salir de esa puerta donde vive la señora imaginación, atravesar el dintel y darse cuenta de que el mundo no es siempre color de rosa, aunque tampoco tiene sabor a hormiga fumigada. De allí que los seis cuentos, de los siete que conforman la parte final del libro reflexionan sobre lo visto afuera, lo que está atrás de la cascada de luz en donde se refugia el literatura y sus palabras.

Es el caso de Eulalia, porque otros escritores tienen a las palabras en el tráfico, en el smog, en la confusión diaria de la vida.

Pero hay algo más. El último cuento llamado “Cholito” es la historia de un pajarito. Es solo un suspiro en medio de la realidad, tomando en cuenta que “la realidad es lo increíble”, como diría Clarise Lispector, y también, en medio de esta realidad existen las alas de un pájaro llamado Cholito, que nos puede prestar sus plumas para acurrucarnos en el pavimento y encontrar en la vereda, toda adoquinada, encementada, una flor de amargor, una flor que triunfa, que sale del cemento y grita que venció a la modernidad.

Así es este libro, una flor de amargor, una yerba, que no se ha dado por vencida. Y que lucha por hacerse presente, sabiéndose triunfadora.

Ni más ni menos.

Quito, 11 de Noviembre del 2008


Texto de la presentación del libro de María Eulalia Coellar, en Cuenca (CCE, Núcleo del Azuay)

EL HUERTO MAGNÍFICO DE TODOS (La Antología Salmantina)


Mario Pérez Antolín (poeta de Avila), la consejala de Salamanca, Alfredo Pérez Alencart y Juan Cameron.

El encuentro de poetas en Salamanca además de haber organizado las estupendas lecturas, publicó una bellísima antología, con los 14 poetas invitados, en homenaje a la gran poeta Nancy Morejón.

Aquí la portada y el díptico del bello programa


Salamanca

El 3 y 4 de Octubre del 2008 tuve la suerte de ser invitado al XI Encuentro de poetas Iberoamericanos en la preciosa ciudad de Salamanca, la patrimonial ciudad que cumplía 20 años de haber sido declarada por la UNESCO Patrimonio de la Humanidad.
Representando a Quito, tomé mis maletas y estuve en la bella ciudad. Días únicos me esperaban, mágicos, alucinantes.
El poeta peruano.salmantino Alfredo Pérez Alencart fue mi anfitrión. Así como de los otros poetas.
Haré un recorrido fotográfico por este vieje inolvidable.
A este encuentro ya habían asistido otros vates de nuestro país, como María Fernanda Espinosa, Julio Pazos Barrera, Mario Campaña, entre otros.
El homenaje a la Enorme poeta cubana Nancy Morejón fue lo que engalanó el encuentro significativamente.
La nómina de invitados de este año fue:

Nancy Morejón (La Habana)

Vasco Graça Moura (Oporto)

Juan Cameron (Valparaíso)

Miguel D’Ors (Santiago de Compostela)

Xavier Oquendo Troncoso (Quito)

Vicente Valero (Ibiza)

Sonia Luz Carrillo (Lima)

Juan Antonio Bernier (Córdoba)

Miguel Aguilar Carrillo (Ciudad de México/Querétaro)

Carlos Morales (Cuenca)

Mario Pérez Antolín (Ávila)

Isla Correyero (Cáceres)

Luis Felipe Comendador (Salamanca)

María Antonia Ricas Peces (Toledo)



Aquí un reseumen en imágenes.



Leyendo mi poesía en Salón principal del Ayuntamiento de la Ciudad de Salamanca. Al fondo el Rey Juan Carlos tapizaba y tamizaba lo expuesto.


Miguel Aguilar Carrillo (México), Juan Cameron (Chile), Sonia Luz Carrillo (Perú), mi persona y el poeta de Avila que nos recibió.


Junto con la estupenda poeta Isla Correyero

jueves, noviembre 20, 2008

la web de nuestro libro

La voz habitada ya tiene su página web propia. Acabamos de ser dueños del dominio www.lavozhabitada.com les rogamos a los amigos adentrarse en nuestro mundo. Conocernos màs en colectivo. Los siete poetas que conformamos el tomo lo agradeceremos.

En esa página vive un trozo de nosotros. Allí estamos juntos, siempre. En la poesía

Visítennos

viernes, septiembre 12, 2008

LA VOZ HABITADA



“La voz habitada (Siete poetas ecuatorianos frente a un nuevo siglo)” es una muestra colectiva de poesía de los autores MARIALUZ ALBUJA BAYAS (Quito, 1972), ANA CECILIA BLUM (Guayaquil, 1972), JULIA ERAZO DELGADO (Quito, 1972), CARLOS GARZÓN NOBOA (Quito, 1972), XAVIER OQUENDO TRONCOSO (Ambato, 1972), CARMEN INÉS PERDOMO GUTIÉRREZ (Esmeraldas, 1973) y CARLOS VALLEJO MONCAYO (Quito, 1973) que Editorial Eskeletra y el Ángel Editor presentan este jueves 18 de septiembre, a las 19h00 en el Teatro Prometeo de la Casa de la Cultura Ecuatoriana “Benjamín Carrión” (Av. 6 de Diciembre y Patria). La apreciación del libro estará a cargo de la catedrática LUCÍA LEMOS y el escritor JORGE DÁVILA VÁSQUEZ.

Los autores que conforman este libro nacen entre 1972 y 1973 y comienzan a escribir en la década de los noventa. Su obra se enmarca dentro de la última generación de escritores ecuatorianos. Todos ellos han publicado libros y han sido premiados y reconocidos con publicaciones e invitaciones a encuentros de literatura. Lo que pretenden con este libro es una poética en la que se vislumbre la voz individual de cada autor en mezcla con esa complicidad generacional que los une.

El libro contiene una presentación del poeta mexicano EFRAÍN BARTOLOMÉ, Premio Internacional de poesía Jaime Sabines; el prólogo fue escrito por el poeta uruguayo RAFAEL COURTOISIE, conocido escritor latinoamericano, ganador del Premio de Poesía Loewe y del Blas de Otero; el epílogo fue escrito por el poeta ecuatoriano radicado en Francia, RAMIRO OVIEDO.

Cada autor presenta una muestra de 16 poemas que constituyen un cuaderno de poesía que lleva un título. Contiene, además, un manuscrito de puño y letra de los autores y un retrato de cada uno de ellos realizado por CARLOS GARZÓN NOBOA.

Este libro representa la esmerada labor que ha desplegado la última generación de poetas en el Ecuador. Resulta, sin serlo, una suerte de antología generacional de la poesía ecuatoriana de fin de siglo.

"Por las páginas de este libro vaga un silencio que delata la existencia de una voz…, una voz polifónica, de siete artistas, que pretende someter al lector en su lucha por llegar a ser cómplice del juego de la connotación. Los habitantes de este libro pretenden lograr un trabajo poético que responda a un tiempo, a una edad, a un país, a un idioma, a un universo. Callan… Quieren ser la pausa, el ritmo, el poema. Han decidido no dejarse arrastrar por el torbellino del canon impuesto, del patrón que somete. Quieren zanjar el impase con estilo, con la música rotunda de la originalidad. Se presentan al territorio de la palabra desnudos y sin equipaje. Esperan cada día que pare el tren puntualmente en su estación para abordarlo y dejarse llevar por las sendas de su personalísimo discurso, el mismo que ahora lo presentan en colectivo. Estos siete nombres, todos piezas claves para entender el gran poema que todos los días inventa la patria del lenguaje, ya producen ecos entre los fuertes chasquidos de la locomotora que por ahora no quiere detenerse. "

~~~~~~
LOS AUTORES Y SUS TEXTOS

MARIALUZ ALBUJA BAYAS

ALGUNA VEZ

Alguna vez
quién sabe si después
o antes
del amanecer.
Alguna vez
mientras en algún sitio un automóvil se detenga y alguien baje, sin mirarte.
Alguna vez
al finalizar una jornada de trabajo particularmente aburrida,
quién sabe si segundos antes de que la luna asome la cabeza tras los árboles
(su cuerpo habrá de estar siempre escondido)
o mientras las noticias den a conocer los más triviales hechos.
Alguna vez
quizá al comienzo de otra guerra
o en el descanso de las gradas que recorres cada día
sin notar que el pasamanos ya no aguanta
me habrás, por fin,
definitivamente
olvidado.

VOLVERÉ A PERDERME POR LOS CAMINOS
que doblan y se dividen.
Caeré en las mil trampas que el bosque me tienda.
Haré nuevamente
como quien repite un antiguo ritual
aquello que se confunde con lo soñado.

Llegaré prodigiosa.
Hallaré en la palabra el milagro
ese abrupto diluvio capaz de encontrarte
esa luz que te hiciera venir hasta aquí.

......

ANA CECILIA BLUM

Y SI HAY ALGO QUEBRADO

no soy yo

es la tarde
la noche
las mañanas
los caminos
el tiempo

aún estoy entera
me sostengo
me soporto
si apenitas me riego
me colecto

¿O soy yo?

TODOS INVENTAMOS MADRUGADAS

las olas
como mujeres excitadas
golpean la roca

qué gotas de tiempo
se llevan las estrellas

hemos bebido todas las aguas

ya no hay sonrisa de corales
ni espacio en el ojo de la ballena

de la cima a la sima
solo queda
el fuerte abrazo del arrecife

......

JULIA ERAZO DELGADO

NADA

hoy seré lo que soy desde que he sido

he sido
quizá
hace siglos

quizá
hace nada

quizá
en el fondo de un pantano
que no es tiempo
que no es el espacio donde habito

fugazmente te encuentro
contigo hablo
(niño a niño)

como el agua entre tu cuerpo
cuando llueve

o mi boca con tus labios
cuando hay beso

es inútil pronunciar este misterio
que es lo simple o lo divino
o una de las nadas que tenemos

JUNTOS

traza el día sus dibujos cotidianos
un árbol una telaraña de plata entre sus hojas

los dos en un lado distinto de la vida
miramos el horizonte

uno
dibujado sobre un mar de zanahorias

otro
poblado de murciélagos que parten a la caza

antónimos frente al universo
juntos en el instante compartido

......

CARLOS GARZÓN NOBOA

VÍA CRUCIS

Me repugna la plegaria de los débiles:
comunes aves para cielos tan altos,
pequeñas bocas para senos tan grandes.

Yo, el verbo sin padre, el extranjero,
peregrino por desiertos buscando su imagen
y arrastro serpientes atadas a mi voz.

Quien tenga pies de hierro
que abandone sus sandalias y me siga:
MI SUDOR INCENDIA LOS CAMINOS.

ENVÉS DEL HIJO

La tarde es el preludio del hallazgo
cuando nuestro cuerpo ya sin karma se marchita,
y en el sueño se dirige a la noche más antigua
sobre tumbas, sobre cardos, con un hijo en el regazo;
pero, como ciegos que a destiempo tropiezan con su vista,
despertamos separados por la luz de un nuevo día,
en cuyo tallo florece, invisible, aquel hijo no engendrado.

......

XAVIER OQUENDO TRONCOSO

LA SOLEDAD QUE SE LE OLVIDÓ A MACHADO

La tarde caía
Triste y polvorienta
Antonio Machado
(Soledades)

En estas soledades,
en estas ausencias frías,
en estas oscuridades burdas

todo se contrae
se contraría
se corta.

Nada se aclara
se remoja
se crea.

Son soledades verdes,
inviernos con flor de menta,
cielos de petrificada esmeralda.

En estas soledades
me agito
y tomo un aire
que no alcanza a ser,
pero acompaña.

EL YO DEL FRÍO

Todo el hombre que llevo
se halla enlatado en esta mañana gris
que no convence a la piel.

Afuera solo hay niebla
y espuma en el cielo.

Hoy el hombre que llevo
no quiere deshacerme
ni empujarme a su vacío.

......

CARMEN INES PERDOMO G.

GRAFÍAS

I

Tu llanto se diluye en mis manos.
como música de cristales.

Tu mirada,
oscuro desvelo,
me inunda.

Me sumerjo en tu hálito
ausente.

II

La noche abraza lo oculto,
muestra sus filos de fuego
que caen en la pradera.

Dormitan su esplendor, pájaros lacustres.
Cantos trizados,
como un espejo que el silencio muerde.

En la cima del vuelo,
el viento desdibuja mi cuerpo.

III

Agua susurrante: la palabra.
Me hundo como náufrago
en las tinieblas.

Deambulo,
Desfallecida hasta volver
en una hoja en blanco.

......

CARLOS VALLEJO

NOCHE

Buscar lo intacto
con el índice del que sueña,
con la mano infinita del muerto.

Vagar como un grano de realidad
en el desierto,
y fundar el desierto entre los párpados.

Disolverse en aquello que se hunde:
las figuras de la lluvia entre los charcos,
un zapato empapándose de muerte.

¿Qué sucede entre lo innombrable
y la roca intacta del que mira?

Junto al espacio un segmento desnudo,
una flor rota por el viento y la noche,
un pez en el muro,
miles de páginas cerradas,
aire en el mar, un suspiro que hincha las velas…

Es el viajero,
la brisa de los trenes que nunca parten,
un escritorio cubierto de miedo,
y unas maletas llenas de papeles, de tinta: apariencias.

Es el barco vencido antes de la madera
y del árbol,
mucho antes de la semilla y su sueño…
mas el viajero parte hacia las frías arenas,
hacia las torpes banderas del tiempo
y divisa un territorio, una promesa en el viento,
una línea entre las manos:
es la noche, es el cansancio,
es la sombra del peregrino atravesando los cristales.

ECO

Doler las fronteras, el viento amplísimo,
tacto en los labios, ascuas, espejismos,
de pie, junto a la ventana.

Algo palpita, brilla tras los extintos manantiales,
esta orfandad, cicatriz o residencia,
yendo y volviendo
hacia ti, sin ti, entre las ramas, ahora secas.

Gira una palabra, reverdece, canta en mi boca:
cierro los labios
y aún te escucho.

~~~~~~

SOBRE LOS AUTORES

Marialuz Albuja Bayas (Quito, 1972). Ha publicado: Las naranjas y el mar, Llevo de la luna un rayo y Paisaje de sal. Antologías que han incluido su poesía: Poesía erótica de mujeres, Quito; Ciudad en verso, Quito; Universo cósmico, Ciudad de México, Nueva Poesía Hispanoamericana, Madrid, 2008. Su obra ha aparecido en revistas nacionales e internacionales de poesía. Algunos de sus textos se encuentran publicados en la colección permanente de la Academia Iberoamericana de Poesía. Tiene una colección inédita de cuentos, así como poesía infantil. Ha trabajado como docente en varias instituciones dentro y fuera del país. Se ha dedicado a la traducción de textos en inglés, francés y español y a la elaboración de textos para niños. Ha participado en algunos encuentros nacionales e internacionales de poesía. Su nuevo poemario está próximo a ser publicado.

Ana Cecilia Blum (Guayaquil, 1972) Licenciada en Ciencias Políticas y Sociales. Fue tallerista de la Casa de la Cultura Núcleo del Guayas. Ha ejercido la cátedra en Lenguaje y Comunicación a nivel superior. Ha publicado los poemarios Descanso sobre mi sombra, 1995 y La que se fue, 2008. Ha colaborado con algunos suplementos literarios del país. Desarrolla una intensa actividad literaria y de promoción cultural. Sus textos poéticos se incluyen en diversas antologías nacionales y extranjeras. Ha sido ganadora de varios premios y menciones. Actualmente se especializa en Lengua castellana en la Universidad Estatal de Colorado. Reside entre Ecuador y los Estados Unidos.

Julia Erazo Delgado (Quito, 1972) Licenciada en Ciencias de la Información. Ha trabajado en la cátedra de Lengua española en educación media y superior. Ha participado en diversos recitales de poesía en Ecuador y España. Ha publicado artículos periodísticos y textos literarios en diversos medios escritos. Su poesía consta en antologías como Ciudad en Verso y La voz de Eros, y en revistas literarias nacionales y extranjeras. Tiene inéditos dos libros de poesía: Verbal y Desde un pantalón pequeño.

Carlos Garzón Noboa (Quito, 1972). Es autor del poemario Erial. Editor del Periódico de Poesía. Ha sido incluido en la antología Aldea Poética de la editorial Ópera Prima de Madrid-España y en la antología Ciudad en Verso. Sus textos también constan en revistas como Taller de la Hoja de Bogotá y en revistas del Ecuador como Línea Imaginaria, Ourovourus y Eskeletra.

Xavier Oquendo Troncoso (Ambato, 1972) Periodista y Doctor en Letras y Literatura. Estudió edición de libros en Madrid. Ha publicado 11 titulos, entre poesía, cuento, literatura infantil y antologías de la lírica joven del Ecuador. Su último libro Salvados del naufragio es una recopilación de su poesía de 15 años de trabajo. Representante del Ecuador en importantes encuentros poéticos y literarios en España, México, Colombia, Chile y Perú. Organizador de las cuatro ediciones de las Jornadas de poesía joven del Ecuador. Ha merecido diversos premios nacionales como el Pablo Palacio en cuento y el Premio Nacional de poesía, en 1993. Integra antologías nacionales e internacionales. El Municipio de su ciudad en 1999 le concedió la condecoración Juan León Mera por toda su obra literaria y de difusión. Es Editor, catedrático y editorialista de diversos medios de comunicación. Parte de su poesía ha sido traducida al italiano, inglés y portugués. Tiene un blog llamado www.salvadosdelnaufragio.blogspot.com. Su poemario Esto fuimos en la felicidad está por publicarse.

Carmen Inés Perdomo Gutiérrez (Esmeraldas, 1973) Es Periodista. Tercer Lugar en el concurso de poesía femenina Gabriela Mistral. Colabora en revistas y periódicos de país. Ha participado en recitales nacionales e internacionales. Es autora del poemario Silencio en llamas, 2005. Consta en las antologías: Mujeres poetas en el País de las Nubes, México, 2005-2006; Antología de poesía Rayentrú, Chile, 2007; Nueva Poesía Hispanoamericana, Madrid, 2007; La voz de Eros, 2006; Dos siglos de poesía erótica de mujeres ecuatorianas, 2006. Está próxima a publicar un nuevo poemario.

Carlos Vallejo (Quito, 1973). Ha publicado En mi cuerpo no soy libre, 2003, Fragmento de Mar, 2004 y La orilla transparente 2007, libro con el que ganó el Premio Nacional de Literatura Aurelio Espinoza Polit, 2007. Fundador-editor del Periódico de Poesía. Representante del Ecuador en el XI festival internacional de poesía en Cartagena, 2007. Facilitador de talleres de creación literaria. Finalista de la Bienal de cuento ecuatoriano Pablo Palacio, 2002 y 2003. Fundador-editor de Rueca Editores. Sus textos constan en varias revistas y periódicos del Ecuador.

miércoles, agosto 06, 2008

"Caín y otros olvidos" El nuevo libro de un narrador Ecuatoriano


Texto de presentación del Libro "Caín y otros olvidos" (Quito, Editorial El Conejo, 2008) de Fabricio Silva Freire


El Caín de Fabricio Silva Freire

¿Qué saben ustedes de Caín? ¿Qué sé yo de Caín?¿Sigue en la tierra? ¿Sigue errando por las tierras de Nod, eternamente, como dice la Biblia? ¿Cuál es la fascinación que produce este personaje que mató a su hermano, que sintió la envidia por primera vez, según el Génesis, y que fundó el mundo: que hizo las ciudades, que hizo la civilización?

¿Por qué él y no su hermano Abel? ¿Por qué ganó el malo en esta vez? ¿No dicen que cualquier tiempo pasado fue mejor?

Difícil responderse, sin embargo, en una canción de Luís Eduardo Aute encontré una singular respuesta, a la que me uno:

…hoy tengo un día de esos en que sufro
toda esa poesía cruel,
aunque que temo que yo mismo soy quien
me produzco más espanto
al verme comprendiendo las razones de Caín
matando a Abel.

Parece ser que ese problema también tiene resoluciones en el lenguaje onírico, torrencial, mohoso y sintético de Fabricio Silva Freire, narrador ambateño, radicado en Cuenca y trotamundo de las tierras de nuestro Nod criollo, tallerista y gran estimulado y estimulador de la literatura. Eterno, en cuanto a que se mete a escribir literatura y todos sabemos que la literatura tiene más chance a rozarse con la eternidad que cualquier otra cosa, aunque todos también sabemos que el tiempo, juez implacable de todo, dejará borrando el pizarrón de las eras y solo quedaran lo verdadero. Por ejemplo, el tiempo no perdonó a Caín, ¿dónde también estará el asesino? Pero su inmortalidad siempre ha sido objeto de los grandes libros de literatura.

Recuerdo la novela “Los motivos de Caín” de José Revueltas, en donde se deja notar las influencias del mítico personaje con la corrupción política y sus desavenencias en la historia de la humanidad.

Caín es también, según se lee en el libro, el editor de este volumen. Bueno, en realidad el editor es Abdón Ubidia, pero en la ficción del cuentario “Caín y otros olvidos” Fabricio Silva nos trae una “Nota de un editor”, título de su primer cuento” en donde el personaje se presenta así: “… me guarezco en el tiempo y me resigno a que esta soledad errante me hostigue…”. Eso firma Caín, el inmortal, que vuelve como pretexto, lúdicamente a posarse de este libro de cuentos que, como bien reza la contratapa del mismo, “ubicará a Fabricio Silva Freire entre los buenos cuentistas ecuatorianos”.

Caín volverá a aparecer en el cuento “Caín y ellos” donde hay un enfrentamiento desde la reflexión y la sentencia sobre la vida. No es un cuento que fluya en la historia sino más bien se estaciona en reflexiones filosóficas. El personaje de este cuento piensa como Caín, o él cree que piensa así. Y eso es lo literaturizable. Lo hermoso

18 cuentos conforman el libro, aparte de la Nota del Editor imaginario. Todos ellos se abren al lector con una ilustración ilustre –valga l redundancia-. Sí, el libro de Fabricio Silva vale doble, porque por sus páginas hay 20 dibujos del maestro Jorge Chalco. Penetrante figuración, estilo definidor, talento que salta a vista ligera. Gran honor para un escritor novel que su libro sea ilustrado con semejante nivel de pluma, consiguiendo adentrarse en la magia recurrente de este interesante tomo de narrativa.

Todos los cuentos son muy pequeños, el poder de síntesis no siempre está al galope, pero hay una intensa preocupación por el lenguaje, una búsqueda por la palabra oportuna que abra el universo semántico y que se demuestre en el cuento. La tensión está programada para ser, en unos casos, el golpe final, la estocada que mate cortazarianamente a la presa lectora, como el final del bello cuento “Desangelados”. O la intencionalidad de dejarnos sumidos en el pensamiento, cuando las frases continúan sonando a ritmo de eco de campana loca, hasta conseguir ensordecernos en el mercado antiguo de la incertidumbre.

Buen adjetivador y recurrente poeta. Fabricio Silva sabe que no solo es cuestión de contar, sino de darle al cuento esa magia transpirante (diría Einstein) de hacerlo una pieza original. Porque contar lo saben todos, escribir un cuento es un labor de cirujano que ha estudiado joyería. Es decir una suerte de mago. Así como Moisés escribió el Génesis, con esa cuota de maravilla que es el estilo. Y el estilo, eso es indudable, es el hombre.

Miren por ejemplo si este párrafo, no pasaría totalmente como un poema. Del cuento “Desangelados”:

“Y llevado por los refranes, desciendo lentamente, no vaya a ser, como dice Angélica, que me encuentre a mí mismo y me vuelva con él; no vaya a romperse este espacio y que no exista hilo que pueda unirlo, pero los hilos de la noche no se rompen por caprichos sino por pesadillas, y cansado el titiritero nos abandona nuestra soledad incrustada en las paredes de cualquier anfiteatro”.

¿Que preocupa a Fabricio Silva? Cuáles son sus temas recurrentes. Hay uno y muy borgeano que se deja notar en el primer cuento, e inclusive en el párrafo que acabé de leer: el otro. Ese otro que es uno mismo, pero que no es, sino que se lo siente, que se deja vislumbrar, que aparece en los espejos y que es genio y figura. Así como el buen Abel frente al Caín venenoso. El doble, que personalmente siempre me ha dado miedo, terror. Esa idea de encontrar ese otro tú en otra parte, cometiendo cualquier fechoría distinta a la tú haces. Esa otra segunda persona que habita el mundo como tú, con tu figura y con tu rostro se enamora, se duerme, se reconoce. Terrible. Recuerdo que en ciudad de México me contaron unos amigos escritores que en esta urbe enorme habitan todos los rostros y que no me preocupara ni asustase si, alguna vez, caminando por la monstruosa y bella ciudad me encuentro conmigo mismo comiendo tacos al pastor. A mi juicio, esta imagen me resultaría la más espeluznante que pueda vivir.

Fabricio Silva en su cuento “Ceguera de basura” muestra la idea del doble en mezcla con la dura realidad. Con esto hará un cóctel estupendo de nueva narrativa. Es una dura estampa de amor y dolor. Donde más duele lo que parece no doler.

El amor es un tema que preocupa a Fabricio. El tema ha estado siempre tan lleno de aristas. Siempre el amor crecido en estalactitas, en duros alfileres que darán siempre que hablar.

Su idea del Doble siempre conduce a enfrentarse a la creación de dos voces, no siempre contrapuestas, pero siempre con estilo. Hay un cuento que se llama “Dos voces” en donde se deja notar dos visiones sobre un mismo hecho y un acto final concreto. Una relación amatoria que termina en separación, y de este, nace un niño. No hay novedad en la trama, la trama no importa. Importa el tratamiento, aquello terrible de las visiones dobles. De la incomunicación, de lo que uno es cuando piensa.

El cuento “El General” también escrito en dos voces, nos remite al conocimiento hostil de un mundo inmerso en la podredumbre. Aunque no soy de los que dice que el mundo está cada vez peor, porque me sujeto a lo dicho desde el tango de Sánchez Dicépolo: “El mundo es y será una porquería ya lo se, en 506 y en el 2000 también…”, sin embargo la corrupción solo ha cambiado el estilo. Ya lo dije antes, el estilo es el hombre. Y hay formas y formas. Fabricio trabaja este tema con estupenda versatilidad, sin caer en amarillismos o cartelismos. Hace lo mismo en su cuento “El monseñor”, personaje tétrico, religiosamente camuflado, que me ha recordado a una letra de canción de Luís Eduardo Aute que dice:

Tras el sacro desenfreno,
el frenazo y el frenillo,
le previene el cura obsceno
al incauto monaguillo:

Más taimado el sacerdote,
le consuela al monaguillo:
"por jadearme en el cogote,
te has ganado un cigarrillo.

Personajes sólidos estos del General y el Monseñor. Los dos arrimados a esa escuela corrupta. Libres de estereotipos o de trillados finales. Libres de ello, pero sometidos al lenguaje límpido de su autor.

Otro tema recurrente en este libro es el lenguaje onírico. Adentrado en el realismo fantástico, Freire trabaja allí sus mejores cuentos. Hay un cuento que suena a declaración de principios sobre el tema del sueño. Fabricio me ha dicho que sus pesadillas se han ido exorcizando cuando las ha llevado a la escritura. En el cuento “Nuestra dimensión” se dice:

“Él se despierta de la pesadilla, se acerca a la rosa y la mira, como si el evento fuera ajeno a la dimensión cotidiana y violenta…”

El poder de los sueños es el galope hacia otra realidad.

Freud decía que todos los sueños representan la realización de un deseo, incluso las pesadillas donde lo que aparece es el incumplimiento de un deseo. Los sueños, según Freud, son realizaciones disfrazadas de deseos reprimidos. De allí que se produce la deformación en el lenguaje de los sueños. Esta deformación es intencional ya que el soñador es el sensor de uno mismo y encuentra que sus deseos no son políticamente correctos.

Brillante enlace para el psico-análisis. Los cuentos de Fabricio están plagados de estos ocultos deseos o contra deseos, por ejemplo, una vieja estatua que se mueve y abraza a un historiador hasta matarlo en medio de una espeluznante confesión desesperada. O el cuento “Confesión de un siquiatra” Estupendo. Redondo en su tema y en su forma. El personaje del psiquiatra es la voz parlamento que va hilvanando una historia de verdadero suspenso hitchcockniano. En este cuento se vuelve a notar el paralelismo entre los personajes, creando una visión fantástica y extraña. O el truculento cuento que cierra la muestra “Un delirio de Dios” donde los personajes tienen una visión concreta del lugar donde está Dios y quieren liberarlo a costa de sus miedos terribles. Un cuento filosófico espeluznante. O el cuento “El tiempo y su mentira” en donde se reflexiona filosóficamente sobre él, partiendo de la frase “el tiempo es un juego inventado por la vejez”, sin embargo el personaje de la historia es un hombre que vive en un espejismo, víctima del delirium tremens. Personajes que se enfrentan a otros niveles de lenguaje desde su significado, desde su semántica.

Cabe anotar que este libro tiene otra particularidad. Cada cuento que se va leyendo en el orden impuesto en la obra va haciendo crecer una gran historia. Una sola zaga, es decir que los cuentos de este libro resultan andamios para la gran construcción de la obra de Silva. Hay un personaje que se repite junto a Caín. Personaje femenino: Angélica. Con ellos, y progresivamente, los cuentos van hilvanándose en un solo soliloquio que cuenta fragmentos cerrados.

“La simple esperanza ya era una buena revolución” dice uno de los personajes de Silva en el cuento “Sonata de un contento”. Pero este libro es más que esperanza. Y lo es porque Fabricio hace muchos años ya tenía su primer libro. Pero decidió romperlo, aniquilarlo y volver a empezar. Terrible faena, terrible desencanto. Por él ya ha pasado el tractor, la retro excavadora del rigor. Y lo importante es notarlo.

Es este libro no un ejercicio, sino la bienvenida. Ahora es fácil entrar en la universidad, lo difícil es mantenerse. Y la literatura es una madrastra, sobretodo en Ecuador, en esta época de cambios. Hagamos en este acto que los amigos de Fabricio lo comprometamos siempre con la literatura. Este acto es un matrimonio, Y espero que dure toda la vida. Así, como parece que Caín sigue vivito y coleando por el paraíso del siglo XXI.

Ni más ni menos

Quito, 17 de Julio del 2008

“Mi corazón también pertenece a México”, afirma el escritor ecuatoriano Iván Oñate

Iván Oñate nació en Ambato, Ecuador, el 17 de marzo de 1948. Estudió en Quito, Argentina y España. Actualmente, es profesor de Semiótica y Literatura Hispanoamericana en la Universidad Central del Ecuador. Parte de su obra ha sido traducida al alemán, francés, inglés, portugués, griego, rumano e italiano. Krystyna Rodowska, traductora de Borges, Proust y Octavio Paz, tradujo su poesía al polaco. Fabienne Prat de la Sorbona de París tradujo al francés los cuentos de “El hacha enterrada” (1987). Está incluido en diversas antologías, tales como “Pasión de papel” (Páginas de Espuma, Madrid, España, 2007), junto a cuentistas como Mario Benedetti, Augusto Monterroso, Enrique Vila-Matas, Rodolfo Walsh, entre otros; “Anthologie de la littérature hispano-américaine du XXe siècle”, (Francia, 1993); “Erzählungen aus Spanisch Amerika” –Cuentos hispanoamericanos–, (Alemania,1992); “Antología de la poesía cósmica”, (México, 1996); “Antología básica del cuento ecuatoriano” (1998); “Poesía viva del Ecuador siglo XX” (1990); entre otras. Ha sido profesor invitado en universidades de Estados Unidos, Bélgica, Francia y México, y escritor invitado por la Westminster University (1997) y Kings College, de Londres. Entre sus libros destacan “Estadía poética” (Argentina, 1968); “En casa del ahorcado”, traducido al inglés por Steven White y al italiano por Walter Dusi (1977) y “La frontera” (Arquitrave, 2006). En octubre de 2006, la Facultad de Comunicación de la Universidad Autónoma de Nuevo León rindió homenaje a su carrera literaria. Además, ha participado en el “Encuentro de Poetas Iberoamericanos”, Londres, 1997, “Encuentro Internacional de Escritores”, Bogotá, 1999, y en la “Feria del Libro del Zócalo”, México, D.F., 2004, y “Feria Internacional del Libro”, Monterrey, Nuevo León, 2004, entre otros. En junio de 2008 participó en el Cuarto Festival Internacional “Letras en San Luis”, por el que se fraguó esta entrevista.


Por Gregorio Martínez Moctezuma
Corresponsal Azteca 21


“Despertar en una tierra que ya no es nuestra. Un mundo que en nada se parece al de nuestra juventud”.

Iván Oñate, “El país de las tinieblas”, (Ediciones de Media Noche, Instituto Zacatecano de Cultura y Universidad Autónoma de Zacatecas, México, 2008).


Ciudad de México. 1º de agosto de 2008.

Iván, ¿cuál es tu opinión sobre el festival en términos generales?

De lo mejor. La organización, impecable, y la atención y generosidad de su gente, imborrable. Fue alentador descubrir que en nuestro planeta todavía quedan jardines plenos de frescura, de sinceridad, de hermosura. Ésa es la sensación que me queda de San Luis Potosí y que guardaré eternamente.

Particularizando un poco, cuéntame, ¿qué te pareció conocer y tratar a José Emilio Pacheco, qué puedes comentar de su obra?

Cuando el maestro José Emilio Pacheco leía su discurso magistral, al recibir el “Premio al Mérito Literario”, advertí que hojeaba una pequeña libreta de cuero repujado que yo le había obsequiado unas horas antes. Al bajar del proscenio, el maestro me preguntó: “Oñate, ¿te fijaste en que usé tu libreta?”. Esta pequeñísima anécdota me basta para demostrar la generosidad, simpatía y humanidad de este gran poeta. También, en algún momento mientras conversábamos, de pronto, se puso de pie y se encaminó hacia la feria del libro que estaba en un salón contiguo y regresó con un ejemplar de “La fábula del tiempo”, su antología poética, que me dedicó. Un verdadero caballero. Es una lástima que estos encuentros duren tan poco. Pero queda el recuerdo, también inmejorable, que conservaré por siempre de José Emilio Pacheco. ¿Mi opinión sobre su obra? ¿Qué más puedo decir de alguien que, sin lugar a dudas, es el más grande de los poetas mexicanos vivos actualmente? Con el escritor y cineasta Pablo Cuvi, el domingo pasado leímos obra de José Emilio, te aseguro que había un aura muy bonita en el ambiente.

¿Y qué me cuentas de tu acercamiento con autores jóvenes u otros que no conocías?

El encuentro sirvió para descubrir a verdaderos valores de la poesía y de la narrativa mexicana actual. Me dio muchísimo gusto conocer autores de la importancia del maestro Armando Adame, Eudoro Fonseca, Francisco Hinojosa, Ana Clavel, Mario Alonso, Rocío González y, desde luego, a los valores jóvenes, como es el caso de Octavio César.

Sé que presentaste en varias ciudades “El país de las tinieblas”, háblame un poco de esas actividades y de la recepción que tuvo en aquéllas.

Auspiciada por la Universidad Autónoma de Zacatecas, el Instituto Zacatecano de Cultura “Ramón López Velarde” y Ediciones de Media Noche, que dirige Juan José Macías, tuve el honor de que apareciera mi libro de poesía “El país de las tinieblas”. No me cansaré de repetir que no fue una simple coincidencia que mi obra haya sido publicada en una ciudad fundada por un Oñate y después (como me hiciera ver el maestro Armando Adame) haya ocurrido el milagro de San Luis Potosí, que también fue fundada por otro Oñate, y finalmente presenté el libro en Monterrey, ciudad entrañable y generosa, donde tengo muchísimos amigos y donde la Universidad Autónoma de Nuevo León, en el año de 2006 brindó un homenaje a mi obra. Indiscutiblemente, mi corazón pertenece en gran parte a México.

Me gustaría que me dieras tu opinión sobre tu relación con la cultura mexicana, es decir, ¿cómo se dio, cómo se ha nutrido y cuál es el vínculo que tú vislumbras entre ésta y la ecuatoriana?

Precisamente el día de ayer, con el escritor Javier Vásconez, aceptábamos que, por el norte, Ecuador limita nada menos que con México. La niñez de mi generación le debe enormemente al cine mexicano. Todos nuestros mitos, toda nuestra ética y estética, toda nuestra sensualidad fue fundamentada en imágenes de Lilia Prado y Ana Bertha Lepe. La idea sobre el triunfo y el fracaso vino en imágenes en blanco y negro del cine mexicano. Nos otorgó por igual las imágenes y las lágrimas que tendría el dolor, nos dio la música y los cielos abiertos de la felicidad. Después, en la literatura, tenemos un paradigma insoslayable como Rulfo. Tan insoslayable que leyendo sus cuentos y su novela, de alguna forma, al adentrarnos en el campo mexicano, entendemos mejor el espíritu del campo ecuatoriano. Felizmente, ésa es la magia y enseñanza de la literatura. En el mundo de la juventud, teníamos que cantar algo parecido a Enrique Guzmán y vestir como César Costa para ser aceptado en el mundo. En definitiva, México está atado por mil razones con nuestra cultura ecuatoriana. Pero lo más grato fue encontrar que también nosotros los ecuatorianos, aunque sea de una manera mucho más modesta, también hemos hecho presencia en la cultura mexicana. Me refiero a Julio Jaramillo (que, por cierto, José Emilio conoce muy bien), a un gran amigo de México en Ecuador, como fue Benjamín Carrión, y actualmente me ha sorprendido gratamente el enorme cariño que tienen para Miguel Donoso Pareja.