miércoles, agosto 15, 2007

Aplausos y desconcierto por la Antología de Madrid


Edwin Madrid acaba de publicar en la prestigiosa editorial Visor de España una antología de poesía ecuatoriana en donde se incluyen 22 nombres de nuestra historia poética. "La poesía del siglo XX en Ecuador" se llama el libro publicado en la colección Estafeta de poesía.

Todos conocemos el riesgo de las antologías, pero también la gran importancia de ellas dentro del mundo de las letras. Hay mucha gente que no lee poesía pero que para conocer y reconocer a los escritores de un país o de un tiempo se acercan a las antologías y encuentran en ellas los reductos significativos para vislumbrar el panorama poético.

También es verdad que puede un antología ser muy riesgosa si es que el antólogo es un resentido social, un anarquista compulsivo, o un apasionado de sus amigos y que quiere hacer con el trabajo una forma de venganza para sus enemigos. Por suerte este no es el caso de Madrid. Así parece leerse en la antología.

Lo que si me llama la atención terriblemente es que no figure en la lista de los 22 nombres más que una mujer. Un valioso registro de una poeta oculta en el aislamento y el anonimato. De allí figuran 21 nombres masculinos. ¿Qué pasó aquí? ¿Qué lectura nos quiere dar con esto? ¿No hay poetas mujeres en el Ecuador, en el siglo XX? ¿Qué pasó con Ileana, Ana María, Violeta, Sonia, Sara, Catalina? ¿Donde esta Aurora, por favor?

Nada se puede decir de la lista de los 22 nombres (yo quitaría algunos y pondría otros, pero no es mi antología), pero eso de prescindir de voces femeninas para hablar de un país como el nuestro es retroceder a lo más colonial de nuestro pensamiento.

Los 22 nombres son:

Jorge Carrera Andrade
César Dávila Andrade
David Ledesma Vásquez
Gonzalo Escudero
Hugo Mayo
Medardo Ángel Silva
Alfredo Gangotena
Paco Benavides
Lydia Dávila
Jorge Enrique Adoum
Efraín Jara Idrovo
Euler Granda
Carlos Eduardo Jaramillo
Fernando Cazón Vera
Iván Carvajal
Francisco Granizo
Humberto Vinueza
Julio Pazos
Antonio Preciado
Iván Oñate
Roy Sigüenza
Jorge Martillo


Muy importante lectura de la gran poesía de hombres del Ecuador, más esta perla recuperada que es Lidia Dávila. Importante aporte para volver al país algo más que una simple linea equinoccial. El canibalismo es por dentro.

Madrid tendrá su sustento sobre la poesía femenina, pero yo si considero que debió revisar los nombres de las mujeres poetas. Por lo demás un aplauso para este nuevo hito en nuestra poesía.

martes, agosto 14, 2007

AUGUSTO EN LAS ESPAÑAS


La envidiable y extraordinaria perseverancia de Augusto Rodríguez, el joven poeta guayaquileño que ha revolucionado la poesía del Guayas con su polémica figura de quijote en pro de los nuevos poetas de la Patria acaba de publicar en Barcelona España. En la editorial La Garúa Libros, número 16.



A la portada se la ve sobria e impecable, tal y cual nos tiene acostumbrado la bella labor editorial española. Me da tanto gusto que su libro "Cantos contra un dinosaurio ebrio" esté en una editorial española. El libro le llega en un momento en que necesita recuperarse de algo irrecuperable, pero los libros son milagrosos. Y este es más especial aún, porque estará en vitrinas españolas para bien de nuestro nombre como país.

A su debido tiempo escribiré algo sobre el poemario, ahora quiero comentar el suceso y dejarles con un pequeño texto escrito por Fernando Iwasaki sobre este libro de Augusto.

Cuenta la tradición que el Buda permaneció siete semanas en el paranirvâna o «área del despertar», porque en lugar de salvarse a sí mismo quiso convertir su descubrimiento en una doctrina que salvaría al mundo: despertar para liberarse del dolor. Por eso los poemas de Augusto Rodríguez nos perfuman de paz y beatitud, porque sólo después de chapotear en los abyectos pantanos del karma es posible alcanzar la iluminación mística. Cantos contra un dinosaurio ebrio es el inventario de todas las blasfemias y aberraciones que garantizan la redención. Sus poemas son los alfileres que aseguran la paz de la mariposa.

FERNANDO IWASAKI, Sevilla, España


Y un poema de este libro, si me permite el amigo Augusto:

ME ENTERRARÁN VIVO

He escrito

bastantes poemas


y sigo escribiendo

muchos más


a veces algunos poemas

se vuelven revolucionarios

y quieren matar

a su autor

sé que algún día de estos

esos poemas

me enterrarán vivo


Así mismo lo creo, Augusto. Tú seguirás en esto aunque la poesía mismo quiera acabar contigo. Felicidades.

Carolina


En un viaje de gitanos que hicimos con Julia y mis hijos por todo el Ecuador hace muy poquito, para vacacionar, estuve pensando en Augusto Rodríguez y en Carolina Patiño, queridos amigos, en nuestro paso por Guayaquil. Fuimos a Playas, donde nuestra gran amiga y poeta Carmen Váscones y seguimos recordando la figura de Carolina, su crisis con la vida y su acierto en la poesía.
Carolina estuvo en nuestro viaje como una atmósfera. De repernte, estando en Machala, un mensaje desesperado de Augusto para que lo llame. Por suerte Carmen nos había llamado para darnos la noticia de que Carolina ya no estaba en el mundo de los vivos. Que se había ido sin pedirnos permiso. Entonces llamé a Augusto y no supe decirle nada. Nunca se decir nada en esos casos. Las palabras no abrazan, no besan, no acarician. Las palabras son eso no más: sonidos.
Carolina estuvo en mi casa: cantamos, reimos, charlamos, nos regocijamos. La llegamos a querer un montón. Julia iba a presentar su libro. Teníamos una complicidad muy hermosa. La tenemos guardada en nuestros más hermosos recuerdos.

La muerte es tenaz y ella se ha encargado de quitarnos a la Carito. Lo importante es que ella esté mejor. Nosotros nos quedamos solitos y tristes, espero que ella en ese estado esté bien. Que su muerte sea su descanso.

Carmen escribió este bello texto que me atrevo a publicarlo sin su consentimiento ya que ahora se encuentra por las tierras canadienses.
En este poema esta también mi gran cariño por la pequeña Caro.

A Carolina Patiño

30/07/07

Ella muñeca de porcelana

yo muñeca de trapo

ambas sacamos los ojos

a yocasta

ella cosía

yo descosía

un hilo nos unía

la desolación

de una orfandad

parecida

a un ombligo seco

dentro de un espejo

El amor dolía

como hilos enredados

en la yugular del deseo

la diferencia

ella retornó al carrete

yo me fui

y lo convertí

en una carretera

carolina patinó

en la soledad

yo la habité

con encanto y despetalamiento

ella entre blanco y negro

debutó con su cuerpo y sombra a prisa

yo cansada de mi caos mental

me convertí en una paseante

las dos conversamos

sin entrometernos con el vacío

su imagen y la mía un relámpago de mar

te sentí mi pequeña

mis abrazos no te fueron suficiente

ni mis cantos retazos de memoria

tus miedos sin infancia

no se encontraron con los míos

a lo mejor hubiésemos limpiado

la cara al payaso y descubríamos

su rostro triste

a lo mejor a la araña la dibujábamos

y la hipnotizábamos para que teja

una red en la nada

a lo mejor pintábamos juntas

las imágenes descoloridas

de nuestras emociones

a lo mejor cosíamos juntas

el traje al emperador

y le cambiábamos el cuento

al feo y genial andersen

así nosotras nos sentíamos

bellas princesas y nos olvidábamos

de que alguna vez nos sentimos el patito feo

pero nada te fue suficiente

tambaleaste en el drama

una cuerda floja cayó

y no estuve allí

para convertirla en una vara mágica

o en una serpiente que pique al dolor

y lo aleje de ti

estoy con la tristeza pegada en toda mí

te rendiste

resisto

¿Por qué no me llamaste?

Te desabitaste de ti

me habito con no se qué

te encantó mi rincón de vida

como hubiera querido

te llevaras un pedazo

para que no te quedaras

sin tu cajita de recuerdos

sin tu ternura

sin tu voz

sin ti.

Ahora eres una mariposa

un silencio una incógnita

una chiquilla en el cuento

de la bella durmiente

despertando en la palabra

sin beso sin príncipe.
carmen vascones

miércoles, mayo 16, 2007

OSVALDO MUÑOZ MARIÑO: EL EDUCADOR DE LOS OJOS


Al subir al departamento del edificio donde vive Osvaldo Muñoz Mariño, en el norte de la capital, parece que uno ya es parte de una de sus acuarelas. Él me espera en el dintel de la puerta de su estudio y con una sonrisa me saluda. Más tarde me daré cuenta que esa sonrisa se convertirá en risa y luego en carcajada (es envidiable el sentido del humor que lo acompaña siempre). Me invita a pasar y me salta a la vista unos afiches enormes con su firma y su rostro más joven, enseguida se deja notar la presencia de las acuarelas: atiborradas en las paredes, esperando por los ojos que se quieran fortalecer en esa luz. Estas forman parte de la enorme colección de obras que ha donado a la humanidad el genio creador de este riobambeño universal, nacido en 1923.

Enseguida me invita a conocer su morada quiteña: llegamos hasta una habitación en donde hay más de una docena de Cristos antiguos, en muchos tamaños y de muchos años atrás: la mayoría son del siglo XVII y XVIII. Luego su sala con mucha luz y adornada de mimadas acuarelas de su creación. En ellas está retratado eternamente, por ejemplo, Guápulo y un detalle del barroco alemán, solo por decir algo. En un rincón del salón se halla una considerable colección de piezas arqueológicas. Me ha dicho que es colección de su mujer y que entre las piezas se hallan tres que son muy antiguas e importantes, son restos de Punín. Y por último, cabe destacar a la virgen que baila, la famosa Virgen de Quito hecha por Legarda y de tamaño considerable, termina de darle un toque genuino a su departamento.

Luego ya, al sentarnos, me impresiona su conversación fluida. En su rostro ya se siente que el tiempo pasó por él como el color ocre sobre una cartulina blanca. Su estudio es un rincón de sorpresas, además de las bellas acuarelas que lo adornan, está la luz que entra por una amplia ventana en donde se miran las nubes y los edificios, en mezcla y contraste. Además, una colección de figuras religiosas está alternando sus monumentales acuarelas. Esas que le han hecho viajar por todo el mundo y en las que ha dejado constancia de las más bellas ciudades del mundo, aquellas que han sido declaradas por la UNESCO, Patrimonio de la Humanidad.

Arquitecto de profesión, graduado hace más de cincuenta años en México, país en el que ha estado radicado y en el que se casó. Aún se nota en su dialecto el paso por la tierra de Netzahualcoyolt. Expresiones como “vamos a platicar” o “mis cuates” sacan a relucir el gran amor que siente por esta tierra en la que es muy conocido y además en la que conoció a su compañera y esposa Cristina que es de la alta sierra mexicana. Por lo tanto México ronda siempre su corazón. Ha pintado a México en innumerables ocasiones, no solo porque este país es una de las naciones que más ciudades Patrimonio de la Humanidad tiene (21) sino por esa cercanía personal y, claro, por su esposa.

Acto seguido me enseña su último catálogo y es, precisamente, sobre una exposición del maestro en México, en el Colegio de arquitectos de este país, en el que en 1965 ganará el Primer premio en el Salón anual de la acuarela. En el catálogo están mimosas acuarelas que reflejan la belleza del país Azteca.

SUS CAMINOS

Aunque dice que “está en la acuarela desde que me acuerdo”, el maestro Muñoz Mariño pasó por otros submundos de la plástica: el óleo, el acrílico, el fresco, el carbón, el dibujo con marcador, pero al entrar por la puerta grande de la acuarela, decidió no salir nunca más, quedarse en la finura de sus colores, en la sugerencia de la figuración. Los trazos de sus bellas acuarelas y la perspectiva de sus dibujos nos hacen entender que su complemento con la arquitectura es una combinación perfecta.

Lo primero que se acuerda haber dibujado en su vida es un auto. Esto se debió a que su papá un día le dijo que iba a comprar un carro para la familia, entonces el pequeño artista decidió regalarle el auto antes de que lo compre y le pintó uno. Luego de ello, sus recuerdos son enfrentamientos constantes con toda superficie en donde se pueda pintar: paredes, hojas, cartulinas, telas. Y ya no descansará nunca su labor eterna.

Según parece decirnos, su familia, sobretodo su madre, no estaba muy de acuerdo en que su profesión sea la de pintor y para recrearnos esta aseveración nos cuenta lo siguiente: El maestro y su familia vivían en Riobamba. Él era un niño cuando alguna vez llegó el Arzobispo hasta esta ciudad. Entonces, curiosamente, fue a entrevistar con el pequeño Osvaldo Muñoz Mariño, para conseguir convencerlo de que siga la vocación de sacerdote, a lo que él se negó absolutamente. Pero luego él niño descubrió que esto era un complot entre su madre y el cura. Y su misma madre confirmó su hipótesis. Entonces, ya para esa época, el futuro maestro de la acuarela le dijo a su madre que lo que él quería ser en la vida era pintor. El pequeño tenía 7 años cuando deseó esto.

EL PINTOR DE LAS CIUDADES

Osvaldo Muñoz Mariño ha viajado por todo el mundo: los países más exóticos, los más lejanos, los sitios recónditos del mundo han sido retratados por sus pinceles y por el color aguado de la acuarela. Gracias al bello proyecto de la UNESCO de retratar en la acuarela los sitios más bellos de las ciudades Patrimonio de la Humanidad, Osvaldo Muñoz Mariño ha hecho un trabajo recopilatorio inolvidable y hermoso.

Hace muy poco tiempo el maestro decidió organizar su obra y sistematizarla, guardarla en discos y ordenarla por año, país, lugar y tamaño. Todos nos asombramos cuando llegamos a encontrar que la obra de Muñoz Mariño en la acuarela llega, nada más ni nada menos, que a más de 2500 cuadros en donde se encuentra el mundo retratado.

En sus viajes siempre lleva con él un cuaderno en blanco. Dicho tomo regresará al país de residencia siempre repleto de apuntes, de notas y, sobretodo, de dibujos. El maestro decide enseñarme el tesoro de uno de estos tomos inéditos. En una de las primeras páginas está un retrato con trazos infantiles: “es de mi nieta, -dice. Hizo mi retrato y el su abuela”, y ríe con entusiasmo. Luego comienza la magia de sus apuntes, las notas y los trazos que, más que dibujos, parecen estampas, pero son ensayos, borradores de futuras obras. Sus cuadernos de viaje y planificación me recuerdan a los diarios de apuntes de Leonardo Da Vinci.

El maestro solo pinta con la luz natural. Si la luz no se va hasta muy tarde, él puede quedarse todo el día trabajando. De la luz depende su trabajo. Y siempre ha pintado frente a lo retratable. No se basa en fotografías ni en otros cuadros. Es el pintor frente a frente con su reto, con la ciudad. Es el pintor que le quiere sacar el alma a la ciudad, que se la quiere arrancar. Como le habían dicho uno de sus habitantes en la ciudad de Cáceres, en España: “Este señor se está llevando la ciudad en sus cuadros. Se está llevando nuestro patrimonio”.

Por pintar los sitios histórico de las ciudades, el maestro Muñoz Mariño ha estado en sitios, como él mismo los llama, “escabrosos”, pero “la gente siempre me ha ciudado. Cuando me ven dibujando frente a algún monumento histórico, me traen una silla”. Entonces, el maestro nota la complicidad de la gente para con su trabajo, para con su labor de “documentalista de ciudades”, como él mismo se ha autocalificado.

Toda acuarela siempre la termina en el sitio en el que se encuentra el paisaje y el sitio retratado. Nunca trae trabajo a casa, todo lo que se ha hecho es producto de ese enfrentamiento vivo con la obra de arte histórica y la futura obra de arte, que resulta: la acuarela de Osvaldo Muñoz Mariño.

Una de las notas más anecdóticas de su carrera fue cuando casi lo meten preso por pintar, pero lo más curioso es que esto fue en la ciudad de Quito, el Primer Patrimonio de la Humanidad y la ciudad en donde reside.

Nos cuenta que estaba pintando la gótica Basílica del Voto Nacional, y mientras trazaba con la magia de sus manos, un policía se acercó donde estaba y le preguntó que hacía, luego de responder a su pregunta, le prohibió seguir realizando sus labores artísticas, aduciendo que “esta prohibido pintar”. No deja de ser extraordinariamente anecdótico, el asunto, e irónico, a la vez.

La lista de ciudades pintadas por Muñoz Mariño es enorme. Ha llegado a sitios inaccesibles y a lugares desconocidos. Su aporte como artista es realmente extraordinario. Tanto que el gobierno del Ecuador, en 1999, le concede la más alta condecoración que se le entrega, en este país, a un artista: El premio Eugenio Espejo.

LA ACUARELA ES UN ESTADO DE ANIMO

Desde hace algunos años varios alumnos que trabajan la acuarela en Quito van a su departamento para que el maestro guíe sus pasos. El, lleno de bromas y chistes, los va guiando por el difícil camino de verdadero arte. En la acuarela no hay forma de corregir lo ya hecho, nunca quedará igual, ya no será lo mismo, nos explica el maestro y nos dice que pintar acuarela es como el estado de ánimo e las personas, influye en él, el clima, el carácter, el pié con el que uno se levantó. El color en la acuarela, según el maestro Muñoz Mariño, es caprichoso, nunca sale igual, todo depende de cómo uno se encuentre y se sienta.

SU LEGADO A LA CIUDAD

El legado que quiere dejar Osvaldo Muñoz Mariño al mundo son sus bellas acuarelas, por eso le está rondando en la cabeza un bello proyecto: crear “La casa de la acuarela” en una bella propiedad colonial en la calle Junín en el Centro Histórico de Quito. En esta casa quiere montar un gran museo de la acuarela pero, además, como un complemento a su sueño, le gustaría formar allí una especie de Escuela y que los alumnos sean los niños que viven en estos bellísimos barrios coloniales. Pero, claro, esta escuela es diferente. En ella se va a educar el ojo. El ojo de cada niño va a mirar distinto el mundo, va a ver en el mundo otra realidad, y luego, si quieren pueden pintar, mirando los bellos callejones de Quito, una de las ciudades más bellas del mundo.

Es la escuela para el ojo, para valorar lo que uno ve. Y comenzar a ver el mundo partiendo por nuestra propia ciudad.


miércoles, mayo 09, 2007

Rafael

A muy poca gente uno puede agradecerle la esperanza. Porque la esperanza en el Ecuador es un pasajero que emigró hace años, que se fue de viaje con enormes maletas plagadas de vacíos y que nos dejó en el más peligroso barranco: en manos de una constituyente perfecta, hecha para un grupo de gente. Hecha para un pueblo feudal. Hecha para un pueblo intelectual que no espera encontrar en la constitución de un país el pedazo de tierra, la comida, el sol y la educación de los niños. Porque la constituyente está escrita para ser violada por los mismos que la remiendan, que la expurgan, que le dan las vueltas. Porque hemos sido contaminados y contaminantes de los sueños de tanta gente que no ha podido optar por un mundo mejor, solamente porque el Ecuador políticamente correcto es un Ecuador esclavista-feudal, colonial, municipal y espeso. Porque el Ecuador está más allá de Comala y de Macondo, se asienta en una historia sin historia, en un nombre francés arrancado desde el equinoccio de nuestras penas (parafraseemos a Jorge Enrique Adoum, tan genialmente, “Aquí no ha pasado nada/ solo la línea equinoccial”). Tenemos un nombre de línea imaginaria, no figuramos en los mapas mundis y nuestro corazón esta mezclado con un corazón postizo de sentimientos y de quereres. Queremos un moll, un Mac. Donals, una tienda de modas. Y queremos soñar con el sueño americano, porque no hay sueños ecuatorianos (es muy humilde soñar en ello).

Pero, de repente, como una ola, como un tsunami viene un joven inteligente y valiente que recoge en sus palabras el sentimiento de un pueblo enfermo. De un pueblo podrido, de un país que lo único que tenía de bueno para la gente era la línea equinoccial y la constitución del Estado, que, según me han dicho es perfecta, y debe serla. No interesa eso. La constitución es un perro faldero que se ha dejado humillar por su amo: el amo de siempre (Inca, español o mestizo), un Mr. Herbert (como el personaje de “Cien años de Soledad”), un hombre que solo vive para su ser, para su estado personal y para su fatuo caminar.

Rafael Correa, a más de Cien días de un Gobierno histórico en mi país, me ha hecho notar que aún podemos tener esperanza. Gracias Rafael por cambiar de color al ambiente de nuestra patria y darle una forma más humana, decente y verdadera a nuestro colectivo corazón andino.

martes, mayo 01, 2007

NUEVA COLECCIÓN EN EL ANGEL EDITOR: Lienzo del Ángel

El Volumen 1 de la nueva Colección “LIENZO DEL ANGEL” de la Editorial EL ANGEL Editor, acaba de aparecer. Se trata de un trabajo de prosa poética y narrativa titulado SIMPLEZA del novel escritor VICENTE CHÁVEZ CRESPO.

El día jueves 03 de Mayo, a las 19h00, en el Centro Cultural “Benjamín Carrión”) Páez y Jorge Washington), se hará la presentación de la nueva colección, así como del libro.

La presentación del libro estará a cargo de los escritores Elsy Santillán Flor y Raúl Rojas Hidalgo.

Vicente Chávez Crespo (Azogues,1957), ha sido Administrador de Empresas, con estudios complementarios en la universidades de Pittsburg y Cornell así como en el INCAE, se dedicó prácticamente toda su vida laboral a la dirección de Recursos Humanos, también ejerció la Gerencia General de Empresas relacionadas a este campo. Actualmente es empresario y dirige sus negocios, al tiempo de calificarse como: “Azogueño, escritor improvisado”

Pudo escribir varias historias en cinco décadas intensas de amor, pasión y esperanza, su obra principal se resume en cuatro poemas que le brindaron hasta la presente fecha, cinco nietos.

El editor dice sobre este libro: Al sitio donde viven los recuerdos. Al tiempo donde permanecen las ideas eternas de la infancia (de aquella vida de placeres aprehendidas por los sentidos), parece conducirnos este libro de Vicente Chávez Crespo.

Su imaginario es un cúmulo de pequeñas cosas donde se hallan sumergidas las palabras más simples y profundas de la vida. Aquellas que buscan los escritores que quieren comunicarse con su mundo interior y con su lector verdadero.

Simpleza es un libro que ha adquirido la madurez en el momento en que su autor ha regresado a ver a la literatura como el motor para transportar su verdad y sus fantasías.

Un libro para leerlo en los momentos en que uno necesita un abrazo, un respiro, un vientecillo silencioso y fresco. Así, como si fuera un buen vino añejo, que ya no necesita consistencia. Que lo único que necesita es ser bebido. Y ser amado.

EL VIAJE

Es fuerte el calor. Por la emoción del encuentro no me percato que el paisaje ya había cambiado. Dejamos las cumbres, dejamos el frío y más de un recuerdo que habré de recuperar en pocos días.

El paso lento y pausado del híbrido móvil: un medio camión y medio colectivo. Quien conduce no entiende la prisa, le llena el hastío.

Impertérrito y pensativo, el chofer conduce a la costa. Hay un fuerte ruido, pues siempre suena y cruje el vetusto Ford.

El llano ha llegado y el corazón se agita con el letrero del desvío.

¡Por aquí, por aquí señor!... ¡A la derecha!

Se rompe el silencio, como que despierta. El chester se prende y deja el aroma en buenas pitadas.

Cañas por los lados, melaza en las calles; mientras un tren pasa por la puerta de la propia casa

Con el último vagón se desprende el velo, color amarillo, puerta despintada.

Golpes que martillan.

El hijo ha llegado.



¿EN DÓNDE SE ESCONDEN LAS MUSAS?

¿En dónde se esconden las musas?, ¿Por qué nos abandonan en la cotidianidad, y no me ofrecen la inspiración anhelada?

¿Por qué no puedo escribir si no las siento?, Y ¿por qué ya no vivo sin ese aliento?

¿Por qué irreverente se destaca solamente lo previsible? ¿Por qué ya no vibro con las mañanas que ahora solo esperan la noche?

¿Por qué te has ido dejándome solo? ¿Por qué te robaste mis ilusiones, incluso el sueño?



EL CUERPO EN TRES TIEMPOS


El No. 10 de la Colección EL ANGEL TERRIBLE de ELANGEL Editor es el libro "El cuerpo en tres tiempos" de lA escritora Tatiana Cordero.

Las palabras que forman estos poemas son bailarinas. Están hechas de un material etéreo que invita a moverse, que seduce y que convoca.

La poesía de Tatiana Cordero se maneja desde lo conceptual. Se reafirma en la síntesis y se refuerza en la femineidad del erotismo. Un erotismo tan implícito y con tanta novedad que no esta vinculado con lo burdo ni con impresiones corporales.

Los tres tiempos de este libro parecen ser tres espacios de reflexión sobre el amor, el cuerpo y el deseo. Tres posturas sobre una misma idea que se bifurca y se vuelve a unir para, a través de la diafanidad de estos textos, entregar un mensaje que atraviese la idea del feminismo y llegue a una verdad única y hermosa: la poesía, que, como todos sabemos, va más allá de cualquier postura crítica o social.

Tatiana Cordero se inaugura con este libro y pasa a formar parte del catálogo de extraordinarias poetas del Ecuador.

Tatiana cordero Velásquez (Quito 1961) Estudió leyes en la universidad Católica de Quito y realizó una maestría en estudios de la mujer en el Institute of Social Studies, en la Haya, Holanda. Su pasión por el cuerpo, la ha llevado a trabajarlo en investigaciones sociales, artículos, ensayos y propuestas culturales. Ha sido profesora invitada en los estudios de postgrado de Género, en la Universidad de Cuenca y en FLACSO-Quito.

En 1983 ganó un segundo premio de cuento en el Concurso hablo Palacio de la Universidad Católica de Quito, aunque es la poesía su “pulsión vital”.

I

el cuerpo ondula

serpentea

buscando caracolas

que no encuentra.

sólo

el agua,

puede calmarle.


II

Cita?

antes

que me duela

el cuerpo.

(la poesía no entiende de exageraciones)


V

el mar

tiene su noche

yo como

y bebo

frutos líquidos


VII

Amanece

en su cuerpo,

en sus bordes,

juegan

los pájaros.


X

Cuando

no escuche

tu eco,

me habré ido.


XI

amanezco contigo

pegada a la piel

y al recuerdo

indolente te quedas

como una cicatriz

que recuerda la huella


XII

ya no son los posibles

los que nos rondan

ya no nos buscan

ni los buscamos

impostergable

flota

lo imposible


XIII

no me inquietes más ahora

dejemos ya a los muertos

enterremos los huesos

que de la carne nada queda


XIV

se silenció tu nombre

por sí mismo

tu voz

se quedó en el vacío

donde todo empieza

y todo termina


domingo, abril 29, 2007

REQUIEM POR MARIO

Hace unos días el poeta y académico de la lengua, Mario Cobo Barona, murió de un infarto cardiaco, dejándonos un poco huérfanos a todos los que lo queríamos y admiramos. Escribí este artículo en su homenaje. No es más que un reconocimiento de amor por su persona.

Alto. Espigado. Con garbo al caminar. De cara dulce y amigable. Así lo veníamos los que lo queríamos. Que éramos muchos. He llegado a pensar que somos todos los que queríamos a Don Mario Cobo Barona. Y ya no hay muchos a quien querer así.

Hace unos meses presentó mi libro Salvados del naufragio, junto con Iván Oñate. Sus impecables discursos: sonoros, canoros, seguros, siempre impactan. Luego lo entrevisté en una bella página que alguna vez publicaré en un sendo libro de entrevistas a escritores ecuatorianos e hispanoamericanos. Más tarde quedamos en preparar juntos la antología poética de nuestra provincia en el siglo XX. Él era el idóneo para hacerlo. Él tenía el temple y el coraje del Dios Apolo. Además de la pasión que emanaba por las calles marmoteadas de sus poemas, de sus sonetos, de sus romances, de su prosa pulida por un cincel de diamante.

Mario era pasión y trabajo. Con Mario no se jugaba. A él no le metían gato por liebre ni en la poesía, ni en la vida. Pero era tan amable, tan cortés, tan Barón de antigua casa palaciega, que era imposible encontrarle defecto a viva voz. Habría que excavar en su vida para encontrarle algo disímil, y en eso no nos metemos sus amigos, porque consideramos que Mario se fue sin que sea tiempo para irse, para dejarnos a todos los ambateños huérfanos a destiempo, como si no tuviéramos problemas, dificultades y, sobretodo, porque estamos carentes de amigos y Mario era impecable para la amistad. Su fraternidad estaba impermeabilizada. Había allí un tremendo respecto y una vocación genuina.

Académico. Prosista a lo Cervantes. Metrista a lo Garcilazo, sonetista a lo Petrarca y amigo a lo discípulo. Así, como el buen Jesús de Nazareth, abrió sus brazos a sus contertulios jóvenes. Así me abrió su corazón partido en una cañón de maravillas. Es el poeta de Ambato por excelencia, la voz firme de un corazón plegado al sol.

Mario te queremos todos. Porque gracias a ti la poesía de Ambato siempre rondó la esperanza. Siempre es temprano para tu partida. Pero, eso sí, te prometemos, aquí nos quedamos los que te queremos y te seguimos para cantarle al mundo y decirle a la Patria que tú eras el poeta de los mármoles y el amigo de todos. Gracias por haber existido. Ahora tus libros te harán vivir en el paraíso. Amigo.

miércoles, abril 18, 2007

UN AÑO EN EL BLOG

Amigos queridos, un año en el blog, he disfrutado, he sufrido, sigo sin conocerlo bien, sin explorar sus bondades. Pero las más grandes bondades han sido mis lectores, mis amigos. A ustedes mi agradecimiento. Los quiiero mucho. Deseo siempre que seamos uno en este espacio. Gracias a todos.

sábado, abril 14, 2007

DE LA POESÍA Y SU PORQUÉ

Yo no sé para qué sirve la poesía.
Ahora la poesía no sirve, más que nunca, para nada.
Ahora la nada es un poema.
La poesía es una nada.
Ahora no conmueve nada.
Ahora conmueve el hecho de que la poesía le conmueva a alguien.
Ahora quien se conmueve con la poesía es un ser conmovedor.
Ahora la poesía no es conmovedora, sino el que se conmueve con la poesía.

A Homero le sirvió para escribir las epopeyas. Y para rescribirse, y revivirse, y saber que existió un griego que reinventó la guerra y la aventura en los versos. Y que existe aún y que está sumergido en un mito, aunque haya gente que afirme que Homero no existe. Y que la poesía de sus monumentos mitológicos son solo referentes poéticos. Es decir que, en el caso de Homero y de los mitos griegos, la poesía servía para crear al hombre que la escribe.

En el caso de Cervantes sirvió para socializar un idioma. Y amparar a un idioma. Y estructurar un idioma. E idiomatizar a un pueblo. Y entregar las palabras, y labrar los significantes, Y apropiar los significados, y descubrir los silogismos, y ampliar los continentes verbales, y ponerles rumbo a lo que el pueblo habló. Es decir que a Cervantes le sirvió la poesía para inventar un idioma.

Y a Salomón, para amar en las palabras. Y para sentir placer en el jugo ductil de sus versos bíblicos. Y para enorgullecerse en los conceptos del amor puro, del sexo, de la vida. Y para explicar el significado de la vida, del amor puro, del sexo, de los ventarrones de vida. Y para ser un poco más felices. Y para enamorar. Y para entregar y entregarse. Y para recibir y recibirse.
Es decir que a Salomón le sirvió la poesía para amar y para vivir y para morir.

Y para Vallejo, fue medicina para el destierro, cuando la poesía más triste del mundo puede ser la más potente de la eternidad.

Y para Rimbaud, la poesía, fue el muro. Y en ese mismo momento es cuando él rompió el muro.

Y para Baudelaire, la poesía, fue el demonio. Y con ella mismo luchó con el demonio de carne y de palabras.

Y para Neruda fue el mar. Y fue Matilde. Y entonces fue cuando todas las mujeres del mundo en la poesía de Pablo se llaman Matilde y son del mar.

Y para Girondo fue el juego. Y entonces la poesía le hizo el niño más inteligente del mundo.

Y para Cardenal es el cosmos. Y entonces su habito fue libre e infinito. Y sus palabras son todo el universo.

Y para Rilke fue la personalidad de cosmopolita. El mismo verbo de sus cartas. La poesía lo desterró hasta donde solo se puede hablar y vivir y contemplar y comer de la poesía. Y solo eso. Y solo la poesía.

Y para Federico fue la vida y fue la muerte.

Y para Miguel fue la muerte y fue la vida de su hijo.

Y para los otros, para todos los otros a quienes amamos, a quienes leemos, a quienes sentimos y de quienes ha salido la poesía de la gigante isla planeta en el que vivimos, es la inmortalidad. El saber que están vivos los poetas, en sus libros, que tienen en sus letras el camino. Que con ellos hay paz. Y hay guerra. Pero con ellos hay más paz que guerra.

Y aún así no sé para que sirve la poesía.

¿Para amarla?

DAVID LEDESMA: 46 AÑOS DE SU CORBATA AMARILLA

A propósito de la aparición de su obra
completa
Tal vez la historia le salto el fuego eterno a David Ledesma. Porque David debe ser inmortal casi por una obligación del cosmos o de los ángeles. Acaba de cumplir 46 años de su muerte. Se murió un jueves santo -30 de Marzo de 1961-, como profetizó Vallejo que se debe morir la poesía, y resucitarse en las letras. Y David se fue como un ángel. Según las fotografías, tenía una boca extremadamente dibujada. Parecía una cereza. De voz varonil, dicen, pero muy frágil -figurita de seda-. De padre machista y madre complasciente, David se descarrió, y le tocó sufrir a palo alzado la hecatombe: "Me gritaba mi padre diariamente:/ -Estudia la aritmética,/ aprende la aritmética!.../ Si no sabes la tabla de sumar,/ no irás al cine el domingo,/ ni al carrusel, ni al foot-ball.../ Hay que saber que dos y dos son cuatro/ para poder vivir.// Me rogaba mi madre, entristecida:/ -Aprende la aritmética,/ estudia la aritmética:/ si no sabes restar ni dividir/ no tendrás un futuro,/ ni dinero, ni casa, ni amigos, ni coche...// Y no aprendí las tablas de aritmética./ Ni he logrado el futuro, ni el coche, ni el amigo;/ pero he tomado todos los dones de la vida,/ gozándolos intensa y plenamente". Publicó, parca pero magistralmente, ínfimos folletines de poesía, que se han convertido en la vertiente obligatoria de cualquier poeta del país y de América -la lengua y la verdad se postran ante Ledesma-. "Cristal" (1953); "Club 7" (junto con Ileana Espinel -su amiga y novia eterna-, Sergio Román Armendariz, etc.); "Gris" (1958); "Los días sucios" (1960); y obras póstumas como "Cuadernos de Orfeo" y "antología general" (1962). Este David -casi extraído de la mano santa de Miguel Angel o de la Biblia-, llegó a verse frente a frente con el verso desnudo y el amor a graneles de cósmica luz, enfrentándose a la figura masculina de su embeleso, de donde surge la poética más firme del país: "...Su cabellera/ estaba coagulada en duros bucles/ que bien podían ser la miel del bronce./ Eran sus ojos de un color absorto/ que fluctuaba entre el verde y el marrón.// Vino lleno de luz. Era su alma/ apacible como un río de versos...". Este David desprotegido, anunciado entre una manifestación de horribles cánones, en un país y un mundo desprovisto del ungüento sensible. Se ahorcó con una corbata amarilla, que fue un obsequio de quien lo amó. Se fue marchando al infinito: "He muerto en mí para resucitarme./ Un nuevo ser me viste./ Ya no puedo decir que soy un hombre/ ni que vivo en tal parte,/ ni que amo,/ ni que soy./.../ Y ardo/ nada más./ Tocado estoy de Gracia y de Misterio". No se ha podido conservar el lomo intacto de este bronce incólume, que es la voz de David Ledesma, en la poesía. Exigimos que alguna editorial publique la obra completa de David, del pobre David que lo colgaron en la nube de los desposeídos, pero, sobretodo, en la de los poetas, que tienen el jueves santo de Vallejo, como para no morir jamás, ahorcados en el olvido.

MANUEL ZABALA RUIZ: UN GRAN POETA DESCONOCIDO


Manuel Zabala Ruíz es un poeta inmenso al que, injustamente, se lo ha olvidado.
De parte y parte viene la culpa de este involuntario olvido. El, por su parte, sumergido en la cátedra, no ha podido promocionar su obra a cabalidad. Sus lectores, que son muchos, han optado por recolectar su obra en copias "xérox", para disfrutar de su palabra. Las editoriales han estado un tanto despreocupadas de su obra. Obra inmensa, que quedará para otras generaciones, testimoniando la gran poesía de la Patria.
En una conversación que tuve hace ya algunos meses, con Franklin Cárdenas, un hombre de empeño y letras, coterráneo de Manuel Zabala, y Presidente subrrogante de la Casa de la Cultura Ecuatoriana, me hizo precisar uno de mis mayores sueños, el que se pueda publicar la obra completa de Zabala Ruíz. Hice, entonces contacto con el poeta, después con los editores, y ahora ya, gracias a este empeño, tenemos el libro hecho, a nuestro gusto, para satisfacción de los nuevos lectores.
Gracias, ahora, a "LIBRESA", a la Casa de la Cultura Matriz "Benjamín Carrión" (Con la bella edición de poesía junta No. 5), y a la Casa de la cultura Ecuatoriana Núcleo de Chimborazo, hemos podido cumplir el sueño de reunir la pequeña obra completa de Zabala Ruíz para todos sus lectores adictos, y para todos aquellos que tienen placer ante la lectura de la maravillosa poesía.

El Contexto generacional del poeta

Si la generación de los años treinta dio la gran narrativa de la Patria, pienso que los años sesenta fue una época donde se dio una gran poesía. Una madura poesía, nuestra de verdad, vista con puntos netamente nacionales y universales a la vez. Voces que se despuntaban en nuevos caminos, nuevas connotaciones poéticas, giros lingüísticos, novedades fonéticas, discursos poéticos de largo aliento.
Tobar, Samaniego, Granizo Ribadeneira, Barrera Valverde, Jaramillo, Villacís Meythaler, Espinel, Ledesma, Iza, Granda, Pesántez Rodas, Astudillo, Preciado, Arízaga, Arias, Luna, Pasos, Vinueza, Manzano, son poetas importantes de la citada generación. Todos ellos, alguna vez pasaron por alguno de los grupos literarios de esta época. Pero ya son islas poéticas porque ya son un estilo, una definición palpable del idioma, un discurso hecho, una sensibilidad lingüística propia. Autores de una poética madura y audaz. Lúcida y procaz. Digna de las mejores líricas de América.
A está generación -diríamos en la primera etapa de esta generación- es nuestro poeta Manuel Zabala Ruiz
Acogido en el grupo "Caminos" -que fue fundado en el año 1955, por un grupo de poetas del Carchi que eran liderados por Wilson Burbano-, Zabala Ruíz era el mayor del grupo, -y también el mayor poeta.
Si bien es cierto que Zabala Ruiz vivió inmiscuido en el florecimiento de esta generación, su trabajo siempre se dio en solitario. Su trabajo fue y es una isla en la literatura del Ecuador. Hay desconocimiento de su obra, porque Zabala Ruíz no ha pretendido difundir su trabajo en forma de comercio. Zabala ha preferido ese silencio digno de la humildad bíblica. De esa humildad de los poetas legítimos, que se descubren cuando tiene que ser. Como es la auténtica poesía.

Zabala: vida, premios, cátedra, libros:


Manuel Zabala nace en Riobamba. En esa, como él la llama: "Tierra del indio duro como roca en tormento;/ tierra para vivirla como se vive un cuento.../ Sultana de los Andes y Capital de Quito..." (Epinicio: Oda a Riobamba). Hijo de Don Manuel María Zabala y Doña Sabina Ruíz Darquea. Es el penúltimo hijo de seis hermanos, de los cuales todos son mujeres. Era el año de 1928: "Yo vine al siglo veinte sin fraque ni librea,/ con el mayor disgusto, sin la menor idea,/ a pujos, manotazos, empellones brutales,/ con fichas y con números; con pelos y señales.// Sin más ni más me ataron de tal manera al piso/ que ya me fue imposible volver al paraíso...", La vena poética de Manuel comienza a ver el mundo diferente, austero, silencioso, y rico en todo tipo de metaforización, dice, por ejemplo, para ilustrar lo dicho: "A los seiscientos días de andar entre la gente/ se me ocurrió mirarla de un modo diferente...".
El poeta inicia sus primeros estudios con los Hermanos Cristianos en su ciudad natal, hasta cuarto grado de escuela que, con su familia, vienen a radicarse en Quito, en donde se incorpora a la escuela del "Cebollar", también de los Hermanos Cristianos, los mismos que, viendo la vocación del poeta ante la vida religiosa, deciden llevarlo a Cuenca, a terminar su instrucción primaria y Secundaria, guiando su camino de adolescente, para que llegue a ser un Hermano Cristiano de la comunidad, en el Seminario Menor de la "Sultana de los Andes". Dice en su poesía autobiográfica: "...Yo amarré mi cometa junto al Cristo de roca/ porque se hizo gorrión y estaba medio loca;/ porque al volar en medio de la tarde cereza,/ se relamía el alma como santa Teresa.
La escuela y el colegio es un tiempo primordial para un poeta, y para Zabala es, aún más, casi definitivo: "...Luego vino la escuela, siniestra, siempre en vela./ (Yo quisiera callarme para siempre la escuela,/ las notas reprobadas, el zarpaso del gato/ y esas ganas terribles de comer cada rato)...".
Regresa a Quito, dejando la vocación de Hermano Cristiano, y se gradúa de bachiller en el Colegio "Montufar" en 1948. Comienza su carrera Universitaria en Quito, donde estudia Castellano y Literatura en la Universidad Central del Ecuador, hasta licenciarse.
Desde allí hasta siempre, Manuel, el maestro, el profesor, ha dejado gratísimos recuerdos en todos los casi diez mil alumnos que han cruzado por las aulas donde él enseñó el lenguaje de los poetas.
Su inicio como catedrático se dio en el Colegio "San Pedro Pascual", mientras hacía su práctica docente en el colegio "Manuel María Sánchez. Ha impartido su conocimiento en colegios como el "Theodoro W. Andersón, el "Benalcázar, así como en la Facultad de Filosofía, Escuela de Castellano y literatura de la Universidad Central, por treinta y dos años. Actualmente sigue impartiendo cátedra en el colegio "Liceo Policial".
Publica su primer libro "La risa encadenada" en 1962, que sale como una separata de la revista del Colegio "Benalcázar". En éste se publican trabajos ya maduros, conocidos por todos los intelectuales y poetas de la época. Más tarde se publica "Teoría de lo simple" en 1970, por la Casa de la Cultura Matriz; y por último la Casa de la Cultura lo publica en la Colección Básica de autores Ecuatorianos, No. 78, el libro antológico "Rumbo al otoño" (1986), que contiene el libro inédito "Variaciones del Estío".
Ha sido un poeta que ha obtenido algunos premios. Sus poemas "Biografía Humilde", "Dibujo de la mañana" y "Teoría inédita del espejo" han sido trabajos premiados en los concursos de la Universidad Central, cuando él fue estudiante de la misma. Sus premios mayores los ha obtenido en Guayaquil. El muy conocido premio de Diario "El Universo", "Ismaél Pérez Pazmiño", lo ha tenido en su terna ganadora en algunas ocasiones. En 1961 gana el segundo lugar con el poema "Laberinto", texto éste que se lo considera de una vanguardia, una frescura, una ironía y una calidad insuperable. Otro segundo premio, en el mismo concurso, se lo concede en 1964, con los "Sonetos de redondel", un conjunto de doce piezas, donde se plantea en forma consonántica todo el trajín de la "torería". En 1966 el mismo premio le concede una mención especial a su poema "Inmersión"; hasta que en 1992 gana el Primer Premio Nacional con el poema "Los cuadernos del salmista", un conjunto de octavas reales sobre el tema religioso.
Su obra es corta, pequeña, casi mínima. Un poeta que ha trabajado el poema como un libro, como un trajín real. Hay que admirar su empeño y dedicación en la poesía formal, el ritmo y la intención poética nueva, refrescante, única.
Manuel Zabala ha sido incluido en varias antologías nacionales e internacionales. Una de ellas es la compilada y realizada por Jorge Enrique Adoum: "La poesía del siglo XX", donde junto con 58 poetas de la Patria, plantean el discurso poético del Ecuador. Está en los índices de los hermanos Barriga, la Poesía Ecuatoriana de Hernán Rodríguez Castelo, las obras antológicas de Rodrigo Pesántez Rodas, entre otras muchas, que reflejan su calidad.

Su pequeña obra completa

Manuel Zabala es el único poeta de este país que ha concebido a sus poemas como antológicos. Escritos con esa maestría digna de los mejores sonetistas de la España de Oro (Góngora y Quevedo); con esa tristeza endurecida del París frío de Vallejo; con ese ímpetu localista, irónico, universal (Lope de Vega); con la ternura formal de un poeta que sufre (Hernández); con la universalización de su discurso a través de la obtención poética de una voz colectiva (Octavio Paz). Es decir es el poeta que hace que cada texto poético suyo, funcione como un libro, como una novela, como un cuento.
Todos sus poemas son individualizaciones poéticas. Y no solo lingüísticas, sino temáticas. Es decir, Manuel Zabala, no se repite nunca en el tema general. Razón por lo cual sigue siendo uno de los más extraños casos de la poética nacional.
Su obra completa contiene ochenta y un poemas, de los cuales 48 son sonetos. Todos han pasado por la esgrima del poeta. Esa autocrítica envidiable del poeta que lima la palabra, hasta alcanzar el hallazgo y, como el poeta llama a la sensibilización del lector, logra con sus poemas. El lo hace diariamente, con esfuerzo, con gran calidad. Son casi 70 años de vida del poeta y solo 81 poemas, dicen mucho.
Cada poema de Zabala tiene un ritmo interno y externo (cuida las pausas, las sesuras, la consonancia y asonancia lingüística, el encabalgamiento, la puntuación que ayuda al ritmo).

Yo diría que Manuel Zabala no tiene poema malo, pero diría más, Zabala no tiene verso malo. Todos están allí por algo, esperando el desgarramiento del lector abigarrado en la sensibilidad más alta.
La soltura de su imaginación, la descripción perfecta, la sutil modulación de su voz más alta,cuando la situación que narra está en el punto más elevado que la constante de su estilo.
Zabala es recatado, límpido, buscador del vocablo perfecto y no del sinónimo forzado. A la palabra le individualiza, le hace única, insuperable. Hay una revalorización de la palabra, en esta poesía. Se la vuelve a sentir en la significación original, en el génesis morfológica de la misma.

Algo digno de anotar -tal vez lo más importante en esta poesía- es la dosis de humor que en ella existe. Un humor a veces patético, a veces negro, muchas veces repleto de reflexión y de ironía. Poeta que maneja un humor digno y alto, en donde no se da solamente la gracia, sino la filosofía de esa gracia. De esa risa escondida (acuérdese que su primer libro se llamó "La risa encadenada). Lo más impactante, dentro de su estilística es, probablemente, el dominio de las cosas, sus prosopopeyas encendidas, el hilo medular de sus historias, donde todo tiene un condimiento adjetival, una figura que contrasta, un nuevo rumbo. Nada es lugar común, todo es nuevo y hasta sofisticado, todo entra en el lector como una imaginería grandilocuente y de sorprendente lirismo.

Manuel Zabala Ruíz es el poeta que ha sido fiel a su estilo y ha sabido manejar la retórica, el verso clásico y la rima, de una manera nueva, novedosa y magistral.
Poeta del asombro, de los grandilocuentes impactos. Poeta de la alegría, no hay tristeza, en su poesía, no hay desasosiego, ni ira, ni penumbra en su poesía. Su poesía tiene de magia, de "pequeñas cosas", de grandes emociones, de situaciones concretas que pueden ser narradas, pero que el poeta los representa con una originalísima forma de ver el mundo.
Es un poeta que a fines del siglo XX, sigue utilizando la rima, el verso métrico. Y esto puede chocar a los poetas de la vanguardia, que creen que la forma (o la no forma) es lo básico dentro del fondo. Pero después de leer a Manuel Zabala, creo que uno se queda perplejo ante la maravilla de su discurso, su ritmo interno y externo, su magia en el lenguaje -un domador de la lengua de calidad indiscutible (es que también uno debe saber a qué poeta se lee. En Zabala la rima es altísima, manejada con una maestría única e insuperable. No todo el que escribe con rima es poeta -ni tampoco todos los que escriben en verso libre-. Hay que diferenciar lo rimoso, lo verboso, lo repleto, lo manido, la verborrea, lo inicuo, lo absurdo
Zabala es un poeta totalmente sumergido en una realidad concreta, que es la poesía. La poesía como estado de ánimo, como realidad nacional, como situación del hombre.
Poeta de una originalidad extraña, única, sorprendente.
La otra parte es la "sensibilidad" del poeta.
Y una parte más -y muy importante- es, lo que Zabala llamaría, "el desgarramiento sentimental" del lector, del invitado a las páginas de este libro, al que, yo lo sé, porque a mí me pasó, no se lo va a olvidar nunca.

LA LUNA VIOLETA DE VIOLETA LUNA

Violeta Luna parece ser un verso. Es el nombre de una mujer, pero más bien parece un verso escrito por la mujer que lleva este nombre.
Una mujer nombrada así tiene que estar condenada a la escritura. Este libro, en el que se encuentra la mayor parte de su obra poética, lo confirma.
Esta mujer con el nombre de un verso es una de las voces más firmes, grandes y verdaderas de la lírica del Ecuador.

Pero Violeta no dice ser una violeta, sino, más bien:

Un ciego laberinto de ternuras,
un lánguido gorrión que se acobarda
del sol y la mostaza.
/.../
Soy solo el verbo ser ya conjugado
en todos los pasados.

Un halo de humildad franciscana rodea a esta voz vibrante, extraída de las más secretas fibras de un intelecto moderno y trashumante. El dominio del lenguaje, en esta mujer, se deja ver, precisamente, en la simplicidad. Aquella simplicidad que Borges gritaba desde su Arte poética, en la que, como un eco templado de Heráclito, solo quiere mirar el río, y quiere ver todas las aguas que cambian. Nada más. Con ello ya se ha hecho el milagro de la poesía. Esto es la complejidad de lo simple. Y para llegar a ello uno debe exigirse paciencia y humildad.
Pero además, la poesía no ha perdonado nunca la osadía de la vanidad. Violeta tiene el rasgo verdadero de la honestidad en su palabra, además de la sugestividad para trabajar una lírica hermosa y duradera. Y el tiempo la ha afirmado en el puesto en el que comenzó y permaneció. Allí, donde las palabras son las guardianas del Parnaso.

Nacida en Guayaquil en 1943, su niñez y adolescencia vivió en los fríos parajes del mágico San Gabriel en la provincia del Carchi. Fue y es parte de una vibrante generación de poetas nacionales que hicieron el nuevo discurso, que fabricaron la nueva voz: Ileana Espinel, Euler Granda, Ana María Iza, Carlos Eduardo Jaramillo, Manuel Zabala Ruiz, Fernando Cazón Vera, Rodrigo Pesantez Rodas, Carlos Manuel Arízaga, Ulises Estrella, Raúl Arias, son, entre otros nombres, los poetas indispensables de los años 60. Ellos eran el frente del verso en esta Patria de poetas medulares.
Violeta llegó con el verso diferente, como llegaron todos los nombrados, para romper el canon, para quitar las espinas del campo, y salir a caminar por las praderas de un discurso renovador. Y así se dio.

Muy joven, de 21 años, Violeta publicó un libro con otros autores, en el que se daba a conocer. Con esos poemas ganó un premio universitario. Luego, nuestra Luna Violeta, publica, a año seguido, en 1965, un segundo libro, y el primero individual, con un sugestivo y poético nombre: El ventanal del agua, volumen que, la autora, ha decidido no incluirlo en esta muestra.

Con el sol me cubro es el título que abre este volumen de Poesía junta y fue publicado, por primera vez, en 1967. Es la puerta que confirma su caminar. De este libro, la autora ha seleccionado cinco poemas. El primero de ellos es ya un cachetazo hacia la libertad renovadora. Aquella de las que alguna vez hicieron uso las Juanas de México y de Uruguay, así como la Storni, que, aún ahora, desde el mar, se la sigue escuchando llamar a las nodrizas que pueblan sus versos.

Nuestra Violeta ecuatoriana se abre en sus pétalos crujientes de buena savia:

Adentro de esta piel soy un navío,
navío solitario
en donde quiso el mar amontonarse.

Tenía 23 años cuando esta mujer sensible se comparó con el mar. A partir de allí, la voz poética de estos sonoros y cadenciosos versos, se comparará con casi todo: con toda la materia, con toda la energía, con todas las fuerzas, con todos los elementos que conforman al mundo y nos conforman: Quisiera de repente/ fingir que soy cordero,/ que soy pescado tierno o dulce pájaro,/ que soy una laguna,/ un canto atravesado por la brisa. Pero ello no implica ni vanidad ni capricho ni simple metáfora en su autora. Es la clave que perdura en el camino de esta poeta hasta sus últimos trabajos. Es la columna vertebral de su discurso. La voz poética quiso ser todo y de todo, y además tocar el universo y tocarlo en las palabras, como la eterna lira horaciana que se sigue escuchando, cada cuando en cuando, en algunos poetas verdaderos de voz elástica que siguen alimentándose de los cantos de gorrión de las mañanas.

Algo que también es digno de admiración en esta poesía, es la forma de enfrentar las palabras. Violeta Luna (como muy pocos poetas) abastece a su poesía, sin regañadientes, con la pureza de nuestro idioma. No ha recurrido en ningún momento de su sendero poético a neologismos noveleros o a onomatopeyas imprecisas. Es una poesía impecablemente castellana. No ha dislocado al lenguaje ni ha trastrocado su original postura.

LAS MUTACIONES DE UNA VOZ POÉTICA

La poesía de Violeta Luna se transforma en otras cosas. Su estilo personalísimo ha tocado el punto de la metáfora hasta volverlo uso común. Estamos frente a una poética de las cosas, de las formas y de los sentidos. En esta poesía la voz poética deja de ser y pasa a ser otra forma, otros hechos, otras figuras: Y para ser feliz no basta mucho,/ sería necesario para serlo/ haber nacido perro, gato o potra,/ poder andar en cuatro y comer hierba...

Ser otro u otra, como escribió el monstruo de Rimbaud cuando se dio cuenta que su yo, no era el yo preciso. Él era otra forma de vida, en sí mismo. Así, la poesía de Violeta Luna se vuelve una encrucijada. Un crucigrama entre el cuerpo y el alma:

Fui luz siendo tiniebla,
campana siendo golpe,
durazno siendo espina.
/.../
Un día sin ser yo fui todo aquello.
Ahora soy yo misma y en tu vida
no puedo ser ni el agua ni el pescado.


LA MELOPEA DE LA LUNA VIOLETA

Otra clave que se deja ver y sobretodo oír en esta poesía, es la musicalización y el ritmo. No es una rima consonántica ni cerrada en forzadas intenciones léxicas; resulta más bien, el personal canto de una voz que sabe que la música se aposentó hace siglos en la piel tersa de la poesía: “Empiezo a ver tus llagas/ tus llagas de madera abierta a golpes”. La utilización de sugerentes figuras de repetición, como el retruécano, que juega con la música y la significación: “Que cante por el fin de tanta guerra,/ que llore por la guerra de los fines”. Anáforas, conversiones, conduplicaciones y otras figuras lógicas de repetición, se dejan notar a lo largo de su obra poética, como una constante de ritmo. Del inolvidable ritmo de esta poeta, que es mucho significado y el doble de música que se contiene en un canto diáfano y melifluo, que forma la melopea de esta inolvidable poeta musical.

HABLAR SOBRE EL DURO OFICIO QUE CONDENA

La poesía pura es riesgo y es alerta

El humilde oficio del poema. El solitario mundo del poeta y ese desagradecido mundo que el poeta tiene a su alrededor, es otra preocupación de nuestra Violeta. Este oficio de la escritura se vuelve oficio inútil, pero intenso, con el que se debe luchar contra las fauces monstruosas de lo light y lo manido, con el toro cachudo del lugar común, con el aire que es sabido y consabido, con la vida que nos lanza hacia lo cotidiano y sórdidamente real.
Ella sabe que el oficio del poeta es un paso de Quijote sin su Sancho.
En el poema Un disparate noble, se deja ver su preocupación: La poesía, amigos,/ es un trabajo duro,/ más duro que sembrar albaricoques,/ más duro que clavar una bisagra,/ más duro que hacer suelas,/ más duro que hacer panes./ Por eso si escribo garabatos/ y en esos garabatos hay verdades,/ no crean que deliro/ ni que bebí ginebra./ La poesía, amigos,/ es la mejor tarea...

Pienso que su Arte poética está reflejada en esta estrofa tan connotativa como inusual, que dice:

Si me dieran a escoger
entre un árbol de guayabas
y una palabra dulce,
tal vez me quedaría
con las guayabas verdes.

Solo nuestro interior real es lo original, lo demás es una vil copia, una repetición suprema. Así parece decirnos la poeta, y nos lo dice desde ese camino tan doloroso que tiene ella, de rasgar su más interna vestidura hasta hallar las llagas y las cicatrices de su oculto discurso en donde vive la poesía legitima: cuando encuentro el lápiz/ en vez de las ideas brotan cuervos,/ retomo el pensamiento/ y en vez de las palabras salen grillos. Esa es la verdad, nuestra verdad individual, aquella que se aleja del conocimiento universal y que alberga, en potencia, a la poesía única e indefinible, así el poeta se siente desnudo y tiritando:

Hay que parir verdades,verdades transparentes,
verdades como espejos,
verdades como el agua.
Y cuando consigamos
que todas las palabras encandilen
y pueda hablar la sangre en cada sílaba
entonces creeré que hay poesía.

UN BUCOLISMO RENOVADO Y RENOVADOR

En el poemario Con el sol me cubro, Violeta Luna quiere reafirmar su condición de no ciudadana, de mujer indocumentada sumergida en el ambiente andino en donde su voz persigue las figuras del páramo y la campiña, siempre florecida y recta en sus imágenes. Lo dice literalmente Conozco más que nadie este paisaje. Y se nota que no es amenaza su sentencia, porque la poeta se reafirma en su condición de buscadora del tesoro de la tierra, del campo, cuando se reafirma en su condición diciendo que Yo solo puedo hablar de mi paisaje/ de mi esperanza tonta.

El antiurbanismo, en esta poesía, se intensifica en Memoria del Humo, tal vez, su más ambicioso y el más bello y memorable trabajo de su empresa poética. En él se identifica claramente este eje transversal de su palabra. Una voz madura que se come el paisaje en dentelladas de luz y de misterio y que juega con el lector a encontrar espacios en ese halo de vida que es el recuerdo de las atmósferas primeras, en donde fue niña, y fue terriblemente feliz. Felicidad que ya no vuelve a ver más que en las hojas, en las flores, en la fragancia y en los aromas de aquellos tiempos que han quedado en el almanaque de la niñez dibujada en un paisaje enorme, infinito, al que se regresa solamente cuando el frío del amor demanda con sus garras.

El trigo me recibe como hermano,
la hierba como hermana,
y el polvo de la tarde con más polvo.

LA AÑORANZA QUE SE LLAMA NIÑEZ

Los pueblos de la infancia son eternos

Esta poesía busca y se refugia en el pasado, en donde ya no se mueve nada más que los recuerdos que salen a invadir el corazón de la poeta como un rocío matutino que embellece el paisaje del páramo. La voz poética que habita estos versos quiere encontrar en el pasado las respuestas totales de la vida presente y del incierto y no esclarecido futuro, en donde no hay una niña que juega en la campiña (Llegar a la niñez de chocolate,/ al tronco donde escriben las abejas); una niña que mira en las cosas el hogar feliz, donde era más suave vivir ( Ayer todo era bueno./ La vida era barata como el agua./ No había atentados a la luna/ ni ruines negociados con la tierra./ Ayer era distinto…”); donde no había más requisito para entrar al mundo y ser feliz (Rebusco el sol de entonces,/ mi mundo de cartón, de cera y agua/ en donde Superman me confortaba/ y un cuervo me llevaba hacia Mandrake…).
El poema El tiempo pasado, es un texto donde se puede notar, explícitamente, toda esa carga reafirmante de creer más en el mundo que se quedó en nuestra infancia, en nuestro mundo escolar, en nuestros aromas y texturas más puras, en nuestro corazón adolescente que aún huele a uva y pomarrosa:

Las flores se deshojan y renacen,
los días levan anclas y regresan,
pero ya nunca más
la hora del ardor adolescente.

Hay en estos versos salteados de páramo y monte una constante: el amor hacia el pasado, a todo lo que ayer fue y ya no será, porque los momentos se han movido como en un tablero de ajedrez, y solo nos enseñan los distintos jaque mates que el tiempo se ha encargado de hacer a los habitantes de un mundo telúrico y turbulento. Es evidente entonces que esta poesía se halle repleta de signos, imágenes y metáforas costumbristas. La patria para Violeta es su cuaderno limpio de la vida, y su infancia es la Patria. Su país es un leiv motiv que se deja ver de cuando en cuando en varías estrofas y versos de su transparente palabra:

Si antaño fue camino de los Shyris,
país de la vainilla y la canela,
ahora mi patria es solamente
una huella del sol junto al océano.

DOS GRANDES MOMENTOS DE AMOR EN SU CAMINO

Ese árbol fue el amor
y su raíz torcida me hizo trizas

El amor le duele a Violeta. Su mejor poesía está amparada en el amor doloroso, en ese dulce y diáfano amor que se vuelve punzada tenaz en el cuerpo y en el alma; así, como los versos dolientes de Alexandre o las delicias tormentosas de la Pizarnik. En Violeta se aposenta ese fulgor descollante de la soledad bárbara de Olga Orozco y la reflexión sobre el amor paciente que no llega, que no se deja ver desde una ventana por donde Emily Dickenson miró pasar por las veredas el dolor de sentirse mujer y no sentirse amada; y no ser el mundo, aunque el mundo se le caiga encima.
Violeta y el amor tienen una guerra constante. Y el amor es una constante guerra en esta poesía en donde uno vibra, mientras la voz poética se diluye en taleguitas de amor: Ahora es el amor un punto negro/ debajo de un renglón escrito en blanco.

Su mejor poesía, la más intensa e impecable, está escrita bajo este continente subyugante del amor que duele, de la cicatriz que sangra:

Las uvas son más uvas en la rama,
el pan es más seguro en la mazorca,
los ojos miran más en cada sombra
y el amor es más amor en lo imposible.

Sus poemas líricos dan fe de un vuelo poético de impresionante calidad. La voz individual femenina (porque su voz es más femenina que cualquier feminista trasnochada) nos entrega en tristes escenas cinéticas que acompañan a la voz, piezas líricas que son de las mejores sinestesias gustativas y olfativas escritas por alguien de la generación de su autora: Verás que amar es fácil,/ es algo semejante/ a masticar sandías en la tarde.
En esta poesía de amor hay, inclusive, parajes de sutilísimo erotismo, como en el bello poema Raya de luz de su libro Memoria del humo.



Con la palabra amor
se llega al paraíso
y por la misma puerta
se puede conocer el desencanto

La otra cara de esta moneda de amor se halla en el poema Los tiempos jubilosos de su poemario Las puertas de la hierba con una serie de poemas del amor gozoso. En nuevo territorio (Seattle) y con un nuevo formato, la poeta se lanza a pescar nuevas impresiones.
Curiosamente nacen, en esta etapa, poemas alegres y vitales: Y estoy alegre/ porque al final vencimos al invierno. Ha encontrado un rumbo distinto para afrontarlo en su discurso. Hoy vienes a mi alma/ para vivir allí/ como en tu propia casa dice esta voz distinta que se ha contentado y que ya no busca tanto las imágenes brillantes, sino, más bien, un límpido discurso de amor: Y aunque la piel se gaste/ yo quiero retenerte. Las escenas de amor de este poema brillan por directas: Qué pasa con nosotros/ que no podemos irnos de nosotros, llegando, inclusive, a la diáfana intención erótica en donde el paisaje y el lenguaje se desnudan en una poesía pura:

Con esta luna nuestra
se vuelve cada noche una cascada.
Con ella se iluminan mis renglones,
mis rosas de madera,
mis pájaros de nylon.

Llega inclusive a entregarnos escenas sugerentes de un amor total, concebido con la altura del lenguaje y no con fotografías detestables de erotismo barato:

Si como ayer de nuevo
me amaras al asalto
como esos locos ángeles prohibidos,
me condenara viva al fuego tuyo.

Sin embargo, el amor de Los tiempos jubilosos se consuma en el desarraigo. En el poema se deja notar que ese amor crece en otro espacio (Seattle), en donde ya no está el sabor de la patria amada, de la patria conocida, de la patria sentida desde niña: Son millas de paisajes,/ de cielos y arcoiris/ lo que separa mi alma de mi suelo...; Yo busco en estas calles/ las huellas escondidas de mi gente,/ esa perfecta línea de mi tierra...


VIOLETA Y LAS IMÁGENES SORPRENDENTES

Tal vez, la clave principal de su poesía esté en sus imágenes. Pocas veces, en una obra poética escrita en nuestro país, he hallado verdaderas joyas de imágenes sorprendentes. Su poesía está poblada de luminosas frases poéticas, en donde las cosas dejan de ser las cosas y pasan a materializarse en la lengua hasta grados de absoluta sublimidad estética.
No puedo dejar de mostrar una suerte de antología de dichas joyas que, en sí mismas, son poemas completos, universos sinestésicos. Imágenes de absoluto surrealismo con insectos que nos traen al recuerdo a aquel Carrera Andrade que miraba al mundo desde la ventana natural y se reafirmaba en el planeta jugando a los dados con nuevas imágenes y haciendo con la naturaleza lo imposible, lo perfecto.

Tal vez
debajo del somié que compartimos
se harían el amor las telarañas

***
Que canten en la tarde las hormigas
o exploten los tejados

***
Y siguen las arañas
tejiéndole pantuflas al silencio

Estas otras, en las que las flores, las frutas y los seres naturales juegan un papel transportador del discurso como lámparas de antigua mansión señorial:

Mirar en las ortigas
la blanca menstruación de la mañana

***
... tiemblo cuando el viento
ansioso hace el amor con las campanas.

***
pasaban los caballos
con las monturas húmedas de cielo.

***
y el capulí más alto
bebía el vino blanco de la luna


Y las imágenes en donde la voz poética se hace y se deshace, vibra en figuras abstractas que dejan ver las sensaciones de las cosas, esos no-seres, esas figuras internas que van demostrando los ánimos, las emociones, las pasiones:

***
Y creo que mi piel y nuestra piel
por todo lo gozado
no tiene otro final que el de la brasa.

***
Mi pelo parecía
un caballo de miel en la mañana

***
Es como si en la noche
la huella de los cuerpos estuviera
pegada a las paredes,
/.../
... toda esa humedad
que sale desde el tigre del olvido

EL SONIDO DEL MUNDO Y SU PREOCUPACIÓN SOCIAL

En su poesía se deja ver, también, una preocupación hacia la problemática del mundo. Sus textos son toda una suma de palabras humildes que rozan el pesimismo hasta convertirse en un canto enorme de tristeza. La tristeza y el desasosiego que traducen el mundo como un animal mítico que arremete. Y así, también, arremete ella contra el amor, contra los seres injustos, contra los corazones rotos, contra la sustancia de la vida. Y Violeta parece dejarse caer en un poema, como en un sofá en donde se hacen potaje los sueños tristes. La tristeza, como a Vallejo, la vuelve fuerte a ella y a su poesía inmortal:

No hay puerta para mí en ninguna parte,
son todas tan absurdas,
tan húmedas de lluvias estancadas,
tan llenas de hendiduras,
de rayas y de nombres oxidados,
de lodo y cicatrices.

LA POESÍA DE LA SENTENCIA

La poeta medita, sentencia y sella el círculo. Su discurso señala y enseña. Como que Violeta Luna busca en los dos lados de las verdades y luego, haciendo una síntesis de lo dicho, se reafirma en versos sentenciosos que resultan ser los pilares de su poética.

Hay algo que lo aplasta y lo remuerde,
hay algo que lo exprime hasta que sangra.
Al hombre es el amor quien lo destruye.

***
A veces una idea
se queda en cabeza y nos destruye

LA PARADOJA DE SU UNIVERSO AL REVÉS

La afición de Violeta por la utilización de la paradoja es notable. Nostálgicas y desenfadadas se presentan sendas contradicciones entre sus versos. Estas paradojas están condenadas a ser sentidas como palabra dura, pues se trata de irónicas reflexiones que en muchos casos llegan a convertirse en una suerte de humor negro, de chanza irónica que revitaliza al texto poético y despierta interés del lector, a través de un golpe eficaz que remueve la conciencia, como si se tratara de un terremoto en medio de una tranquila campiña:

***
Y han de quedar los cerdos
durmiendo en pergaminos y laureles

***
Qué pena haber estado
buscando un tiburón donde no hay agua



SU ENVIDIABLE CARRERA EN UN RESUMEN

La carrera poética de Violeta Luna es una de las más parejas y consistentes de la literatura. No ha habido un profundo desmayo ni un decaimiento en sus labores poéticas. Posiblemente el aire (1970), Ayer me llamaba primavera (1973) y La sortija de la lluvia son cuadernos repletos de poemas de amor doliente, decorados con ese bucolismo de pastor posmoderno. A lo largo de estos poemarios el ritmo interno de la poeta se va condensando hasta que se fija en un verdadero canto. Corazón acróbata (1984), un poemario triste pero firme dentro de la vanguardia generacional, y cuidado como joya de orfebre sesudo. Memoria del humo (1987) es, sin duda, su libro capital, donde el amor, la niñez y los recuerdos se encuentran. Todos los temas de Violeta se fusionan en este pequeño libro que, estoy seguro, pasará a ser un clásico de la poesía del Ecuador.
Las puertas de la hierba ((1994), el poemario ganador del Premio municipal “Jorge Carrera Andrade”, contiene poemas que se deberían a la Memoria del humo, además de un grupo de textos en donde la poeta describe varios lugares que ama y que recuerda a través de metáforas encendidas, como las que siempre nos ha tenido acostumbrados. En este poemario se halla el poema Los días jubilosos del cual ya se ha hablado.

SUS ÚLTIMAS PRODUCCIONES: EL CAMBIO DE FORMA Y EL REGRESO

Su último libro publicado individualmente Una sola vez la vida contiene una poesía directa, limpia de imágenes. Tanto la forma como el ritmo han cambiado en este nuevo hito de su carrera poética. La extensión de sus poemas se ha acortado (como ya notamos en su poema Los tiempos jubilosos). Ahora el poema es una composición dual de dos micro textos: el uno es una suerte de epígrafe que sirve de indicador, el otro, vendría a ser el discurso propiamente dicho. Los epígrafes escritos por la misma poeta son códigos que se transparentan cuando uno lee la segunda parte de cada uno de los segmentos que conforman el poema completo. Se trata de un discurso renovado en la forma y que aporta a la literatura ecuatoriana desde nuevos balcones.

Sin embargo, en su último cuaderno La oculta candela, el texto inédito de este libro, la volvemos a hallar, como en el principio: triste, cadenciosa, rítmica, formal y llena de imágenes. En este libro no encuentro un hilo conductor, sino un título que aglutina su última poesía en la que brilla el silencio de una voz tendida al sol que nos ha entregado uno de los más serios discursos poéticos de su generación.

***

Si me dieran a escoger entre unas guayabas verdes o amarillas, fragantes y vistosas y el universo entero, yo me quedo con Violeta Luna, con la brasa y el brillo de su poesía bucólica, triste y bella, yo me quedo con la fragancia delicada de su palabra que es, sin dudarlo, una las más bellas voces líricas de nuestro país.

Ni más ni menos.

* Texto introductorio del libro "Poesía junta" No. 7 de Violeta Luna, Quito, 2007.