lunes, julio 31, 2006
AUTE
Este es el caso del cantautor Filipino-español Luis Eduardo Aute. Después de su penúltimo disco “Aire”, creímos que ya nunca sería el mismo y que en los próximos discos iba a comenzar “la retirada”, porque superarse así mismo resultaría imposible. “Aire” era demasiado. Pero nos demostró que él está aún en ese momento delicioso en que se encuentran los adolescentes alborotados de hormonas, cuando quieren conquistar a la novia, pero a su vez quieren conquistar otras mujeres (muchas novias) y entonces se miden sus fuerzas ellos mismos y no pueden creerse de lo que son capaz.
Esta reflexión es para aplaudir a Aute. Alguien ha dicho que hay ya muchos hombres que con lo que han hecho en la vida, podrían “morir en paz”, sin atormentarse por su herencia al mundo. Esos hombres ya están “más allá del bien y del mal”. Aute hace rato que ya es un inmortal de la música. La gente recuerda siempre su “Al alba, al alba..” y su “Sin tu latido”, como piezas universales de la música.
De repente llego a abrazar su nueva música. Su compañía de discos antigua no hizo lo que debió hacer en nuestro país, que era fomentar su talento, pese a que en el Ecuador tiene una alucinante fanaticada que lo ama. Un amigo me envía de España su último disco “Alas y balas”. Y allí está él y su pintura (el poeta-músico-pintor-cineasta), hombre del medioevo que “todo lo hizo bien”, como dice el génesis. Y entonces con una voz clarísima (pese al cigarrillo y los desvelos) y con una guitarra que habla y condensa, sale el Aute renovador de sí mismo.
En el nuevo material hay canciones verdaderamente antológicas. El disco se abre con un extraño sonido de “alas y balas”, dicha canción es un poema perfecto, repleto de giros morfosintácticos (Aute no es cualquier compositor, él conoce, además de los sonidos de los instrumentos, los de las palabras). Sueña el maestro en su música encontrar “en un mar de girasoles, un giraluna”, con una maestría alucinante; este músico juzga con dureza pertinente a los sacerdotes pedofílicos, componiendo la canción “No es en vano”, que con un tono de chanza, crítica duramente a la iglesia.
Aute se refleja en uno y uno en Aute. Sus canciones de amor y erotismo siguen haciendo estremecer, como esa divina pieza poética “Cuando dos cuerpos”, en donde se reflexiona sobre el amor en poquísimas palabras reiterativas: “Cuando dos cuerpos se aman/ se hace la carne poesía”.
A lo largo de todo el CD “Alas y balas” uno deja de ser uno y pasa a ser hijo de su vibrante imaginación y de su siempre despertar.
Dónde viven estos hombres, estos seres que no desmayan nunca. Que Aute siga entregándonos la horchata de su voz, y de su poesía. Y que sea por siempre. Siempre.
miércoles, julio 26, 2006
PEDRO GIL: El poeta estaba borracho pero ya reaccionó
martes, julio 18, 2006
MIGUEL ANTONIO CHAVEZ Y AUGUSTO RODRÍGUEZ
Conozco la narrativa de Miguel Chavez desde hace algunos años. Miguel Antonio asistía con cierta frecuencia al taller que dirigía Marcelo báez. Allí también conocí a Omar Balladares, Mariano Barona y Luis Cordero. Miguel siempre tenía a buen recaudo su extraordinaria sutilidad humorística en la lengua. Dueño de una perspicaz ironía que ha sabido usarla estupendamente en su literatura. Por algo nos ha entregado un libro prometedor y bien armado: "Círculo vicioso para principantes". En casi todos sus cuentos, el autor nos trata de tomar el pelo. Y en muchos lo consigue. El manejo de su humor linguístico está condimentado por una riquisima dosis de citas intertextuales que producen un discurso de ficción real. Chavez es un escritor culto. Su literatura, estoy seguro, va para largo.
Augusto en cambio lo conocí por la prensa, por su caminar tan lleno de pasos arraigados. Me gusta la gente así. Como va haciéndose camino sin pedirle favores a nadie. Y no solo hizo caminos para él. El poeta Rodríguez abrió el borrascoso sendero para otros amigos suyos que quieren entrar en la palestra de la literatura. Y lo ha conseguido. Ahora todo el mundo habla de Rodriguez. Todos lo alaban o lo atacan. Los ataques recibidos por Augusto y su grupo han sido memorables, pero aquí cabe recordar que siempre el enemigo trabajará para uno. El enemigo es el mejor relacionador público que existe. No hay otro como él. El enemigo es el que te hace famoso. El cómplice, el amigo, el compinche, no. Es el enemigo la mejor arma. Y en Augusto uno reconoce la teoría, porque lo hemos conocido en las buenas y en las malas. Pero el poeta Rodríguez siempre sale triunfante, porque aunque no está inscrito en las "Cifras Mayores" de la literatura guayaquileña (y que Dios lo libre de aquello) ha sabido trabajar a golpe, con dificultades, defendiendo lo suyo, ganandose espacio, "sacándole la lengua sin fe a los tiburones", como díaria la poeta Ana María Iza. Augusto es trabajador con vehemencia.
Miguel Antonio y Augusto, y un puñado de jóvenes, fundaron "Buseta de papel" que ha sido tan vilipendiada por las "ligas mayores", "menores" e "intermedias" de la literatura guayaquileña. Y se han ganado espacio con sus recitales, sus libros, sus festivales, sus ideas sobre la poesía y la palabra.
Debo confesar que hay algunas cosas en las que estoy en desacuerdo con el grupo como tal, con su posición un poco irreverente, y con la idea de triunfalismo total. Pero ellos hacen mucho, muchísimo más que cualquier otro poeta consagrado. Ellos acercan la poesía a la gente, a los más jóvenes.
No he revisado la poesía de Augusto como para enfrentarme a un juicio crítico, pero lo encuentro fresco y obsesivo, y eso es lo importante. La obsesión. Es la marca del poeta, pese a todos los garrotes, allí está Augusto, triunfando.
No concuerdo con el grupo "Buseta de papel" en la idea de la "Nueva generación". Creo que hay que revisar esas ideas y revisar la cronología de poetas que ellos proponen como "Nuevos". Pero esto no es peso en la balanza. Son grandes motivadores y hacedores de la cultura del país. Ya nadie puede negarlo, ni sus detractores, ni sus sombras.
No conozco a los otros integrantes. Pero Miguel y Augusto son tipos buenos, talentosos y amantes de la literatura. Y eso ya es mucho pedir en este mundo que, como diría Rubén Darío Buitrón es un "mundo gris, lleno de ratas".
lunes, julio 17, 2006
JUAN GELMAN
Estas pequeñas crónicas que evitarán olvidarme de ciertas cosas
inolvidables comnenzaré a escribir y a guardarlas en mi blog. Comienzo con
Gelman, el enorme poeta argentino.
Lo conocí en México. Caminaba con una ínfima joroba, en donde llevaba el misterio de su voz. Todos estábamos en el Convento de Santo Domingo, en Oaxaca, una de las ciudades más religiosamente bellas del mundo. Buscábamos refugio en tanta maravilla. Esos todos éramos los poetas invitados al “Primer Encuentro de Poetas del Mundo Latino en Octubre de 1999, en Oaxaca-México” Yo llevaba un libro suyo en mis manos. Se llama “Incompletamente” y yo no sé el porqué de ese nombre si en él estaba guardado todo. Yo quería que él lo firmara, y así poderle mirar a los ojos. Y firmó mi libro, pero sus ojos estaban opacados por la neblina de unas oscuras gafas de poeta. En sus ojos estaban depositadas -estoy seguro- todas las lágrimas y las valentías de la vida -de su vida-. Yo ya había leído su “Colera Buey” de “cabo a rabo”, y entonces, como cualquier hombre que lee “la maravilla”, me sentí inmensamente feliz por la tristeza del otro. Juan Gelmán es el poeta que ha hecho de la tristeza el campo de sus palabras. Toda su poesía busca ansiosa a la nieta o nieto que perdió. Y su poesía triunfó, porque Gelman encontró a la nieta que la Dictadura Militar Argentina la arrebató de su lado por 28 años, después de que su hijo y su nuera salieron, como en cualquier ciudad, a hacer diligencias en Buenos Aires, y nunca más volvieron. El asunto se volvió más macabro, porque su nuera llevaba en sus entrañas el nuevo fruto del amor limpio y florecido: un hijo. Pero el abuelo poeta más luchador del mundo -y más triste- nunca se dio por vencido, y después de 28 años encontró a su nieta. Después de todos sus versos. Después de tantas palabras que nunca parecieron necias, pero que el tiempo y el destino hacía entender que la poesía no servía para nada. Juan encontró a su nieta, como un apóstol a su resucitado maestro. Gelmán es un hombre que vivió como poeta, la divinidad de las cosas y las palabras. En Oaxaca leí en su mesa mi poesía, y luego conversamos -cruzamos sería mejor decir- algunos temas. Me preguntó por Jorge Enrique Adoum, su gran amigo ecuatoriano, me habló de su tristeza entredientes, y por último, me pidió que apoyara con mi firma en una carta en la que se estaba pidiendo una investigación, a propósito del crimen de su hijo y nuera, en la República del Uruguay, donde a la final se encontró a su hija. Todos los poetas que estuvimos en el Encuentro, firmamos esa misiva como una obligación. Gelmán era el poema de los poetas de ese encuentro. Recién leí sus poemas en Sefardí: “Dibaxu”, y su delicioso “Incompletamente”. Un hombre que merece con creces el premio “Juan Rulfo 2000” por toda su obra literaria. A toda su inmortalidad. Él y su nieta ahora escriben el mundo. Gelmán me resulta como el Miguel Hernández de la actualidad. Poeta total al que tuve la suerte de conocer. Y del que nunca dejaré de agradecer a los dioses por haberle premiado con el amor y la valentía. Aparte de toda la poesía que nos ha obsequiado. Ni más ni menos.
lunes, julio 03, 2006
LOS EXQUISITOS
"Lo exquisito", si bien he podido entender, consiste en alabar sin fin a la poesìa "pura", repleta de hermetismo, que estè escrito en cualquier otro idioma que no sea el español (y si es en francés, mucho mejor). Algunos de los "exquisitos" suelen utilizar también, en sus discursos, referencias a poetas griegos antiguos para sostener la "profundidad" de su lírica amparada en un "canon" inexistente, fortalecido por el discurso de otro.
Nunca he podido entender como los poetas que no hablan y dominan otra lengua como el francés, el ingles, el alemán, etc. Se atreven a sotener que sus grandes referentes son los poetas extranjeros (me refiero extranjero a la lengua). Buscan los italianos, los ingleses, los franceses, los germanos para sostener una idea de erudición en un discurso sin fundamento. Las traducciones son una versiòn. Los "exquisitos" se olvidan de que la poesía es sonido y silencio. Y que cada lengua tiene un sonido y un silencio distinto.
Yo me quedo con mi lengua. No me "afranceso", no me voy a las Europas sin conocer su sonido. A mí, por favor, los Machados, los Hernandez, los Vallejos, los Nerudas no me quedan cortos. Los grandes poetas de otras lenguas son maravillosos cuando los he leido en bellas traducciones, pero no podré llegar a ellos completamente, porque me falta introducirme en el núcleo de su lengua. Y eso es imposible. "La única Patria es el lenguaje". Es decir que Paúl Celán, Ezra Pound, Ungaretti... me quedan largo, por lo que no pertenezco a la "exquisitez". Los he leído en varias versiones, pero en vista de mi limitaciòn con el estudio de sus lenguas jamás pasaré a ser el "neo exquisito" que mi generación aclama.
Este texto lo escribo a propósito de algún fragmento de los poetas de mi generación que creen que citar a los poetas en otras lenguas es sinònimo de erudiciòn. Y eso, por favor, es pura paja.
viernes, junio 30, 2006
JUGANDO AL CÁNON ECUATORIANO
Pero también es verdad que los repetidores del canon, no son los lectores, son los vigilantes de la historia de la literatura.
los lectores verdaderos son los que rompen la idea del canon perpetuo. Los que rayan en la anormalidad, los que están afuera de las ideas convencionales.
***
Hace algunos meses ya, en una deliciosa reunión de bohemia junto con Galo Mora Witt y María Fernanda Espinosa, mi esposa Julia y yo tuvimos la terrible oportunidad de pensar en nuestro canon particular, nuestro canon individual. Luego, también lo hizo, María Fernanda y Galo. Estábamos pecando. Rayamos al canon porque nuestras lecturas no van con el oficialismo. Y creo que eso pasa con todos los lectores, lo que sucede es que da miedo decirlo.
Quien puede atreverse a decir con aires de oficialismo que Gangotena no es un poeta de las agallas de Ledesma Vásquez. O que el vuelo lírico de Carlos Eduardo Jaramillo, el poeta lojano, es infinitamente superior que el de Iván Carvajal, el poeta sangabrielino, o que la lírica de Manuel Zabala Ruíz es mucho más trabajada que la de Javier Ponce o Alexis Naranjo. Esto es casi un pecado, cuando el canon está regado en el oficialismo. A algunos oficialistas les dolería pensar que la poetica de Ileana Espinel no ha sido estudiada a fondo (por lo que hay que defenderla frente a posturas eroticoides de las nuevas poetas mujeres del país). O defender las figuras de Violeta Luna y Ana María Iza de cualquier convencionalismo oficial.
Dificil, pero verdadero.
Yo me quedo con la lectura que he hecho. no con el cartel empobrecido del canon.
Por ejemplo yo creo que Marcelo Báez Meza ha hecho el más importante y fortalecido discurso poético de mi generación. Saltándome de los nombres que el canon impone. Aunque el poeta Baez esté fuera de ese canon (y él mismo sea el que quiera salir) mi lectura es así. El canon es un juguete. Julia, María Fernanda, Galo tenían la suya. ¿Por qué Fernando Cazón no entra en el canón oficial? ¿Quien dirige las riendas del juego?
Invito a los lectores a crear su propio canon. A irse contra el oficialismo que lo único que hace es dibujar figuras que ni conocemos y ya las estamos pontificando. Ni más ni menos.
sábado, junio 24, 2006
El "río de la memoria" de Dávila Vásquez
En el mes de Marzo de este año la escritora Lucrecia Maldonado y mi persona
tuvimos el agrado y honor de presentar el bello libro de poesía de Jorge Dávila
Vasquez, "Río de la Memoria". Dávila Vásquez es considerado por la mayoría de
sus lectores y críticos como un extraordinario narrador de la generación del 70
en nuestro país, sin embargo su lírica seria y bien identificada es digna de
leerse. A continuación incluyo para mis lectores, el texto que leí la noche de
la presentación del libro.
En una bella edición, como todos los libros de Jorge Dávila Vásquez, aparece su nuevo volumen de poesía, “Río de la memoria”. Edición siempre cuidada, siempre estéticamente correcta, nunca alejada de esa sutil forma de ver el mundo, con la sencillez de lo sobrio y con la simpleza de la verdad.
Así mismo, como está la edición, están los poemas de su contenido. De aquí parte la idea de la poesía y el río, tomando en cuenta que, como otro Jorge, el Borges, decía que su arte poética es simple y llanamente “mirar el río”. Y el río se lo mira de varias formas, pero todas las formas conducen a la Roma del río, es decir a las aguas que desembocarán en un finito desconocido y en un futuro que puede volverse la memoria.
Yo he creído siempre que uno a partir de los 30 años ya no vive plenamente, sino que se dedica a recordar lo vivido, y entonces lo revivido por la memoria es otra forma de vida, en donde uno puede condimentar, con astucia y consuelo, toda aquella vida dulce, triste, amarga o hermosa. Volver a vivirse en el río del recuerdo es como bañarse dos veces en las mismas aguas, así Heráclito nos reclame la osadía.
Este es un libro de recuerdos de Dávila Vásquez; con este libro yo he llegado a conocer más a Jorge. Es un libro que contiene una sugerente biografía de ese Jorge que por ahora tiene de profesión extrañar, y que busca en la poesía volver a vivir y revivir las cosas, los sonidos, los ecos. Lo importante de todo es que lo consiga.
Río de la memoria se lee de un tiro, en él no brillan las imágenes impostadas ni los giros de erudición (que en el caso de Jorge serían naturales, pues su vocación literaria y catedrática lo amerita desde cualquier punto de vista). Este libro no tiene pose críptica, ni imágenes que no lleguen a nada.
Seis deltas conforman este río, en donde las piedras están sumergidas en la arena que lo hace puro. Seis deltas, seis columnas en donde se aloja el espíritu de la memoria con su carga de años. El primer delta se llama CASAS y son eso: las casas por donde la voz poética habitó y dejó regando el jardín de la memoria con recuerdos. Con diáfana verdad y con el más simple y más sentido lenguaje de la palabra, el poeta se deja ver por los pasillos que conforman la gran casa del ser, como llamaría Heiddeger, a ese estado que es el cuerpo sin el alma. Así las almas de nuestras casas se vuelven nuestras extremidades por donde caminamos los recuerdos, donde aprenden a gatear nuestras palabras, donde el mundo tiene el color que se opacará con los años, pero que seguirá brillando como un candil que se tambalea sobre el álbum familiar de nuestra vida pasada. Allí está la casa de niño, donde, como dice el poeta: “…soñábamos todos juntos/ lo mismo”; Otra era en el campo y “Su vuelo lleno de plumas/ y desgarrones/ vuela a veces/ en agitada pesadilla”; y la casa extranjera en donde “hicimos nuestra vida/ de estudiantes pobres/ y empezamos a esperar/ a los hijos/ que solo eran una promesa/ perfumada/ por esas flores que no se dan/ en nuestra tierra…”.
En este mismo delta de las CASAS, aparecen los retratos de las tías que son la miel del recuerdo de la infancia y que permanecen en la memoria como un daguerrotipo perfecto. Luego está el río que son muchos ríos en uno, y todos van a dar al mar del recuerdo. Y luego las ciudades que ama la memoria y que se han quedado siempre en el reposo del fuego y de las palabras. Sin embargo luego de estos recuerdos, aparece uno que resulta tan simple, y que sin embargo es, desde mi modesto parecer, uno de los más bellos poemas del libro “Utopía del árbol”. En este poema vive el niño Jorge con sus hermanos, juntos con los capulíes y sus ramas altas y empinadas, y en él se crea, como en la construcción del barquito de papel de la canción de Joan Manuel Serrat, todo el imperio de la imaginación. El juego es el leiv motiv, pero también es la vida y también el paso del tiempo y también la historia y el pesado candado de la memoria. “Era más alto que/ la casa/ y eso hacía del árbol/ del sueño/ un palacio/ mayor que aquel/ que construyó para Aladino/ el djin”.
El delta continúa su viaje hacia el fin con el poema Recuerdos, que consta de 10 piezas poéticas que en la memoria del poeta renace con afán perseguidor por ese misterio de las cosas que hacen que los sentidos vuelvan a percibir lo que pide la memoria. Así los mechones rubios de sus hijos, una cascada con un hilo de agua, algún rincón de Marsella o la anciana de un cuadro de Cezanne, son las cenizas que encienden todo el fogón y nos alucinan con los cuadros del pasado.
Memoria de la poesía es un poema que celebra la palabra y que trae a colación a todos los grandes poetas y escritores mundiales y del Ecuador, a los que Jorge los nombra con admiración y les dedica versos y agradecimientos por la entrega a la palabra. El recorrido de sus lecturas, la precisión de la memoria en algunos versos, la transtextualidad postmoderna que Jorge entrega como un homenaje a la poesía y a los poetas es digna de imitarse.
La primera parte se cierra con un bello poema de amor. Simple y por simple enorme. La frase ramplona del lugar común aquí se salva por verdadera, porque se nota que es un amor de a de verás, y que no hay marcha atrás. Dice que el amor: “es bañarse en/ las secretas y tibias/ aguas/ del ser amado/ y quedarse mirando/ la espuma del ayer/ la orilla del mañana”.
El segundo delta de este libro me ha recordado al primer Rafael Alberti, luego de Marinero en tierra, o a la bella voz de Dulce María Loynaz, que fueron poetas que hicieron lo que Huidobro ordenó: “No habléis sobre la rosa/ hacedla florecer en el poema”. El cuadernillo de poemas PEQUEÑA CANCIÓN es el poema a la madre desde las cosas bellas, desde la magia de las cosas pequeñas, de esos botones que nos recuerdan olores, texturas, rostros sumergidos en el pantano del tiempo y recuperados tan solo al alzar un tapete pequeñito y luego desmoronarse. “Se marchitó la rosa, madre/ se ha marchitado.// Sobre la fuente quedan/ solo unos pétalos// Y náufrago el perfume/ flota en el aire”. Este es cuaderno de la poesía pura de Jorge.
Escuché alguna vez que la poesía verdadera es la que no miente. Y estos nueve poemas de la “Pequeña canción” son tan bellos e inocentes que permiten realizar una antología de imágenes: “Ese era un río como la infancia,/ puro y lejano”; “¿Recuerdas ese árbol/ que mató el rayo?”.
Siguiendo con el mismo tema, dos poemas continúan el Fragmentos del libro de la madre, poemas más decantados y, sin embargo, igual de reales, igual de vitales, de tristes, de profundos, en medio de un lenguaje tan simple y tan mordaz.
Luego aparecen las Imágenes e Impromptus de Cuaderno del convaleciente, brevísimos textos con cierto tono místico, en donde se nota una voz poética acongojada pero libre, sí, como en la poesía de la guerra civil española, donde la imagen salía desgarrada pero clarísima, como una explosión de botones en rosas: “Cristo/ perdón por los/ paralelismos, perdón/ pero esta cama/ es semejante/ a una cruz/ y estoy/ Señor, aquí/ crucificado”.
El amor a la música se revela en Jorge cuando sus impromptus aparecen en brevísimas imágenes con el color y la palabra precisa: “Seis años para florecer./ Pero cuando estalla en rosa/ el arupo es el crisantemo/ más grande de la tierra”.
El quinto delta es el más interesante como propuesta. La voz poética cambia de género. La sensibilidad del poeta se sumerge en las voces de mujeres que alcanzan a vislumbrarse intactas en monólogos poéticos donde el altísimo grado de sensibilidad de Jorge concibe textos de absoluta identidad femenina. El asombro se asemeja al que sentí cuando leí el bellísimo poema de Humberto Vinueza sobre Manuela Sáenz, cuando la Sáenz y Vinueza se entremezclaron en la poesía. Así, con Jorge, se da el caso similar con María, la madre de Jesús; Ana Pavlova, Frida Khalo, Maria Duplessis, María Callas y Fedra. Todas con ríos distintos y distantes
El último de sus deltas, es el cuaderno en donde la voz poética contempla: PARA CONSTRUIR EL MUNDO. Allí está su amor por el arte. Las ciudades que conmueven y aplastan por su belleza, las iglesias, la pintura, la escultura y el arte. Todo ello en un cierre de amor por la maravilla. Por el gusto de volver a traer a la memoria lo que alguna vez nos conmovió en un presente lejano y con todos los sentidos revueltos.
Este río me ha llegado sin que yo sea el mar, y ha mojado mis campos de trigo. Luego de la lectura de este libro, espero una gran cosecha, porque así lo amerita la siembra. Ni más ni menos.
jueves, mayo 25, 2006
HECES FATALES
Me ha costado entender como es que la novela "HECES
FATALES" de la escritora guayaquileña SONIA MANZANO no haya tenido un gran eco
en la crítica nacional. Debe ser la mala distribución, los tabués y las envidias
lo que frena a los "críticos". En fin, tuve la suerte de presentar esta novela
en la ciudad de Ambato. Considero uno d elos más impecables trabajos narrativos
escritos por mujeres en este país y quiero entregar un fragmento del comentario
que hice en la presentación como un homenaje a Sonia y a su bellísima
novela.
La poeta ecuatoriana Ana María Iza dice en un poema: “Como nunca la hez esta de moda/ a la mierda se mandan las estrellas.// Abres un libro/ y el estiércol te salta hoja a hoja.// Betseller es la mierda…”.
Pero da la casualidad que el titulo de la novela de Sonia no es el que nuestros sentidos, por engaño lógico, pueden suponer. La palabra ESES está escrito sin H. Es decir que se refiere a una letra en plural. Entonces la cosa cambia. Allí vemos esa doble forma de interpretación, esa risa socarrona que provoca el título de este libro, ese susto que deja de ser y se convierte en una deliciosa tomadura de pelo.
El inicio de la novela es terrible. Una escena kafkiana y desenfadada se presenta: una mujer encuentra en las manos de su madre restos de heces fecales que han sido llevadas a su boca para ser digeridas. Una escena espantosa. Pero no más de las que la realidad nos presenta día a día en su canal favorito, en horario estelar. No más que las historias de esos reality show donde se ventilan todas las aberraciones habidas y por haber. No más. La coprofagía ha existido desde siempre, y ha sido el tabú eterno, pero para eso hay mujeres valientes como Sonia que se atreven a enfrentarla con belleza y altísimo vuelo literario.
Decía que uno no sabe si seguir o tomar distancia de la novela, pero ya es demasiado tarde, a la segunda página, este texto te atrapa, se pega a uno como una ventosa, como una pegatina, como el chicle. Y uno ya no puede salir del horror, del espasmo, de esa fluidez de la lengua. De ese barroco limpio, renovado, que se deja leer en este bello tomo, en donde se encuentra escrita una de las, para mí, mas bellas novelas de nuestro paisito rico en camarón, petróleo y libros.
Comience a asombrarse potencial lector, frente a esta propuesta, tal y cual como me quedé yo: La historia es, a grosso modo, así:
Una escritora sufrida, frente a una terrible enfermedad que su madre tiene, decide, luego de varios intentos y fracasos, escribir una novela. El tiempo en el que vive y las ocasionales casualidades, la obligan a dejar su labor para días mejores. La escritora está algo deprimida y triste. En esos días, un amigo le presta un libro que cambiará su vida, y también la nuestra, de lectores, porque es un libro terrible, para dicho personaje, y para Sonia y para todos; terrible por bello; es la biografía de Safo de Lesbos, la famosa poetisa griega. Luego de esa lectura, la escritora personaje decide lo imposible: embarcarse en la escritura de una novela única.
Aquí, permítaseme, la primera disgregación. En esta novela de Sonia Manzano, se da lo que se dio hace muy poco en dos bellísimas películas de Pedro Almodóvar: “Hable con ella” y “La mala educación”, en las dos películas se produce un corte temporal porque dentro de la misma, un director de ficción decide crear un filme que justifique a la película del director de carne y hueso.
Me explico: Sonia Manzano, la poeta, narradora y música, escribe una novela doble, en donde habita la personalidad definidísima de otra escritora que debe ser su alter ego y debe definir muchos rasgos escondidos, como todas las obras a todos sus autores. Pero en las grandes novelas también nos definimos sus lectores. Y ésta lo confirma.
Decía de esta escritora creada finamente por Sonia, la misma que dentro de la novela decide escribir una novela y lo hace.
“Eses Fatales” es una novela que contiene otra: la una escrita por Sonia y la otra por una escritora que no es Sonia Manzano, sino su creación.
Sonia, como Pirandello, esta siendo perseguida por sus personajes, y está a punto de ser enjuiciada por muchos de ellos.
En esta novela de muñeca rusa, en esta novela dependiente de la novela matriz se da una historia de amor tenaz y alucinante. Una historia que rompe con el canon. Una historia de amor lésbico.
Safo la poeta iniciática del amor y la poesía, aquella mujer que vivía en las islas, siendo seductora a través de sus palabras, en una atmósfera de absoluta femineidad, es el pretexto para embarcarse en semejante escritura envuelta de tabúes..
La escritora personaje comienza a contarnos una terrible historia de amor. Una historia sensual, que no dejará a nadie con aliento. Que nos sacudirá hasta el tuétano, que nos removerá las sienes y los prejuicios. Que nos hará caer al precipicio de la realidad, con una carga poética maravillosa. Es una novela de amor. Un amor absolutamente sensual, un amor de posesión, de imposición, de formas, de postulado. Un amor enfermo que se cura con amor. Un amor sano que se enferma por amor. No contaré más de este amor, porque sería maldad hacerlo. Es mejor que se acerquen a las ESES fatales del amor, que cuando es verdadero es igual a la muerte: Como dice Jorge Enrique Adoum: “Hacerle el amor = hacerla morir”.
Selene Seferis, que contiene dos ESES en su nombre y apellido, es el personaje principal de la novela escrita Con un apellido de poeta griego y con una enorme cabellera que persigue la sensualidad. Las formas femeninas aquí van cobrando insinuantes giros que a cualquier desprevenido le pueden encender la luminosidad de lo deslumbrante.
Su contraparte es Silvia Molina, ella es el amor, el resto de mujeres que habitan esta novela, como un cuadro de Goya, son solamente el intento, la búsqueda, el atajo para llegar al camino amplio del verdadero Eros, en donde los dioses juegan a la felicidad. Pero también a la tragedia.
Una monja llama Donatella Ambrossini es la encargada de pervertir a sus alumnas, en un colegio donde las señoritas se afanan con la religión, aparece como el personaje chusco, como el personaje ridiculizable, como tiene que ser.
El gran cantautor filipino-español Luís Eduardo Aute, a propósito de los escándalos que se han producido en la iglesia Católica por los curas pedófilos, escribió una bellísima canción, cuyo coro dice: “No es en vano/ ano/ ano/ que se llame Ame Ame/ VaticANO el VaticANO/ ano/ ano/ ano/ Amén”. La religiosidad metida en el escándalo y sumergida en la postura de siempre, en la intocable postura de hace 2000 años, dirimiendo al pobre de Cristo, que fue quien fundó el cristianismo, suena obvio, pero hay que recordarlo.
Decía que el personaje de la monja es genial, porque es una monja desatada, irrestricta y sacudida por el instinto más animal de los animales.
Por las páginas de este libro recorre a grandes pasos la sensualidad y la poesía. No sé en qué momento, pero el amor entre Silvia y Selene explota como el corazón de un venado asustado, e inunda de esos sentimientos el ambiente de la novela.
Una mujer que busca otra mujer, y viceversa. No se hallan pero se saben, se han visto y se recorren enteras. Las veo como la mujer de Silvio Rodríguez, aquella que viste un enrome sombrero de Chagall, y que se la busca en otros cuerpos, pero otros cuerpos no responden a la puerta de ese cuerpo sabido, de ese cuerpo amado. Así es el amor. Y es el amor real, no importa el convencionalismo.
La realidad hace rato que superó a nuestros prejuicios. Y esto nos asusta, pero nos conmueve.
La novela de Sonia Manzano tiene un delicioso epígrafe que reza así: “No te llame al asombro/ si en cualquier momento/ llegas a descubrir que/ las eses fatales de la/ vida –suicidio, soledad/ sadismo, sinsabores,/ sinfinales –comparten el/ mismo caño por el cual/ descienden hasta el misterio/ abyecto de las heces fecales de/la muerte”.
“Solo el amor le pone el milagro al barro”, dice Silvio Rodríguez, y es lo que nos queda de estas mujeres y estos corazones platónicos que se cruzan y se encuentran y no se pueden amar porque, quién sabe, a lo mejor, necesitan de una isla, de una Lesbos que no deje el rastro de amor en la tierra, y solo deje el barro de la canción de Silvio.
José María Cano dice en su “Mujer contra Mujer”: “Nada tienen de especial/ dos mujeres que se dan la mano./ El matiz viene después/ cuando lo hacen por debajo del mantel./ Luego a solas, sin nada que temer./ Tras las manos, el resto de la piel./ Un amor por comenzar,/ aunque en cueros no hay donde esconderlo./ Lo disfrazan de amistad/ cuando van a pasear por la ciudad./ La una opina que aquello no esta bien,/ la otra opina que que se la va a ser./ Y lo que opinen los demás/ está de más./ Quién detiene palomas al vuelo/ volando a ras del suelo/ mujer contra mujer”.
Sonia con esta novela ya cruzó la frontera entre lo que se quiere decir y lo que se dice. Y lo ha dicho con una voz tan única, tan franca y además, con tanto sentido del humor, que uno sí se detiene a pensar si la palabra de Sonia, que se escribe con ESE ya es un pájaro salvaje que no quiere someterse al cautiverio del día, como lo es la literatura, cuando es real; y eso solo se da cuando es SOLEDAD, cuando es SABIA, cuando es SALVACIÓN, cuando es SUEÑO, cuando es SOPLO de SAHUMERIO, cuando es SERENIDAD, cuando es SIDRA de buen vino. Y que conste que todas estas palabras son las ESES de la vida. Y es la literatura. Y en ella está SONIA, SUMERGIDA, SOÑANDO, SINTIENDO, SONRIENDO, SOSTENIENDONO SU SOLEDAD, con SOLTURA y SOSIEGO, que es la última ESE con que su palabra nos SALUDA.
martes, mayo 23, 2006
EL PORQUÉ DE MI SILENCIO
jueves, mayo 04, 2006
SOBRE LA UTILIZACIÓN DE MI BLOG
Para comenzar quiero sincerarme con el verdadero propósito de mi blog. El blog me da la posibilidad de revisar textos que ya los he escrito en otras épocas (además de escribir otros). Es algo así como un "borrador público", aparte que puedo corregir sobre él cuando y cuantas veces quiera. Y, como si fuera poco, los textos están salvados en la red y tengo la opción de entrar en ellos desde cualquier parte. Entonces uso mi blog como una página web. Tengo amigos aquí y en otras partes que me los han pedido y, antes del blog, tenía que hacer la penosa y molesta faena de mandar el texto insertado en un mail, mientras que ahora solo les mando la dirección del blog. Si esta no es la utilización real de un blog, si estoy desperdiciando los beneficios del sistema lo siento mucho. Yo lo quiero para ese fin. Si recibo uno, dos, tres comentarios y me son pertinentes los publicaré, si no los desecho. Así soy yo. Así es mi blog.
Y sobre el tema de los anónimos pues a mí no me gustan. Si les gusta a otros, enhorabuena. Ni más ni menos.
miércoles, mayo 03, 2006
SALVADOS DEL NAUFRAGIO
He decidido rasgarme las vestiduras en este largo y necesario trabajo con mi poesía ya publicada.
Hace exactamente quince años, en noviembre de 1990, recién graduado de bachiller, publiqué (tan incipiente en su contenido como en su continente) una plaqueta de versos, que me hizo sobrevivir en el intento. Recuerdo el día que lo presenté: llovía sobre Quito, y yo lloraba.
Pasaron tres años, aproximadamente, antes de una segunda publicación. Siempre creí que librándome del fantasma del libro “terminado”, conseguiría empezar un nuevo discurso. Los primeros cuadernos de poesía se publicaron con prisa y, ahora, de ellos, queda muy poco. No resucitarán. Sirvieron, solamente, para soñar en la posibilidad de tocar, alguna vez, la lira, y tratar de dar un concierto en algún galpón del Parnaso.
Con esta declaración no estoy negando toda la poesía que publiqué y con la que disfruté gratamente largos años de mi vida.
Pero hace tiempo que vengo pensando en un libro único, que recoja lo que, para mí, sigue siendo válido. Muchos textos ya no son sino figuras lingüísticas que recuerdan algo, como las fotografías veladas y amarillas.
El gran inspirador de este libro recolector, es el enorme poeta andaluz Luis Cernuda y su libro La realidad y el deseo. Lo concibió en 1936. El volumen era un compendio de la poesía que había escrito hasta esa época (Cernuda nace en 1902 y publica su primer libro en 1927), pero siempre volvió sobre ella y la reelaboró. Incluía, además, poemarios inéditos, a los que, en segundas ediciones, volvía a enfrentarlos, haciendo cambios pertinentes, convirtiendo, a las ediciones anteriores, en versiones de la nueva. Esto lo hizo hasta el fin de su vida en 1963 (hubo ediciones en 1940, 1958 y 1964). El texto se fue transformando con el tiempo, hasta que la muerte paró este eterno ejercicio.
***
Salvados del naufragio me ha hecho pensar en la levedad del poema frente al tiempo, pero, más que nada, ha despertado mi gusto por la reescritura, más que por la escritura misma de poesía.
El poema Tiempo de hijos y el primer cuaderno La cruz de la ceniza, son inéditos. Han reposado más de tres años. Al volver sobre ellos, comencé a excavar en su estructura. Mejor, comencé a excavar en mi estructura, porque en uno mismo está esa intuición sin lenguaje que es la poesía, pero que en muchos de los casos no se refleja en ella.
El resto de poemas que forman este libro han sido publicados anteriormente. He decidido no cambiar los nombres de los títulos originales de los poemarios que los contenían. Algunos de los poemas han cambiado su título, otros han sido titulados para esta edición.
Sería absurdo que comience a enumerar los cambios que han sufrido la mayoría de textos, sin embargo diré lo medular:
Los 18 poemas que conforman el segundo cuaderno de este libro, titulado Música de ciudad fueron extraídos de los poemarios Guionizando poematográficamente, de 1993; ...Detrás de la vereda de los autos, de 1994; y El (An)verso de las esquinas, de 1997. Historia luna es el único poema extraído del poemario Calendariamente poesía, publicado en 1992. Pocos son los sobrevivientes de esta época.
Después de la caza, de 1998 y La conquista del agua, del 2001, conforman, junto con el mencionado La cruz de la ceniza, el material del primer cuaderno. Un hilo conductor une en saga a los tres momentos de este primer momento, donde se deja notar un leit motiv, que logra -eso espero- una vía de preocupación distinta al segundo cuaderno, y al último poema cronológicamente incluido, que es el primero de este libro.
Para embarcarme en la empresa de la reescritura, siempre me sujeté a una norma básica: no extraer del poema la intención original y el ritmo. Dejar en él, el mismo sabor, el mismo motivo, la misma emoción en que fue concebido su original.
Y por último, dejar al libro abierto, y que el tiempo vuelva a decantar en estos frutos. Y después esperar, con humildad, a la poesía que el tiempo dicte.
viernes, abril 28, 2006
ABRIRME OTRA VEZ
Luego de pensarlo decidí, entonces, volver al ruedo. "Aquí estoy", como una vez dijo Neruda a Huidobro y a De Rocka, abierto al mundo. Para seguir adelante.
lunes, abril 24, 2006
LOS ANÒNIMOS Y MI BLOQUEO A LOS COMENTARIOS
Ahora por medio de los mensajes de teléfono móvil, por los mailes, en los chats, en los comentarios de blog, aparece tanto anónimo ramplón, tanto enemigo que no da la cara, tanto cobarde irrisorio, tanto muerto de hambre por la carne ya hecha, tanto inepto, tanto verbo roído por el desprecio del habitante de fin de siglo, tanto energùmeno sin nombre que prefiero no leerlo en mi página, sacarlo de raíz de mi espacio.
Es una pena, realmente, que tenga que cerrar los comentarios de mi blog, pero lo hago por dignidad, porque yo siempre he dado la cara, he dado el nombre. Crèanme que lo hago con dolor, porque habrà mucha, muchìsima gente que quiera comentar mis escritos de manera acertada y justa, con verdadera crìtica y con una visión constructiva frente a lo dicho. Y asì ha sido. En las páginas de todos los diarios del país se me ha tomado en cuenta para la "crítica con nombre", con una firma que respalde, y no simplemente un "anònimo" que lo que pretende, en verdad, es fastidiar, injuriar, pinchar y hacer gritar, pero yo de este juego me salí hace algunos años. Ya respondì varias veces con "silencio" a varios detractores literarios con nombre. Siempre con nombre. Y siempre con silencio.
Hace algunos años, tambièn, mi amigo querido y enorme intelectual y polìtico, Pedro Saad Herrerìa, impidió que yo responda una crítica en algún periódico de la Capital. La crítica venía de cierto grupo de jóvenes no anónimos aunque inéditos y desconocidos absolutamente en la literatura de la parroquia, peor en la ciudad o en el paìs. Pedro rompió en pedacitos mi respuesta y me dijo que nunca responda a las críticas porque eso es caer en el "síndrome de Rocky". No entendì a que se referìa. Y sí, él estaba hablando de la película ganadora del Oscar, protagonizada por Silvestre Stallone, en los ochentas. El intelectual ecuatoriano, me decìa Pedro, suele pelear y siempre busca que le respondan. A lo mejor gane, a lo mejor no, pero para el ecuatoriano eso no es lo que importa, si no más bien pelear por pelear, polemizar, dejar al contrincante con ira, con desasosiego, con rabia, jugar con ese instinto nacional de la polémica infundamentada.
Entonces, desde allì, decidì no responder nada. Creo que Pedro me enseñó una de las cosas màs humildes y bellas del mundo: a callar. Por eso en este blog no se admiten comentarios.
Pero si el crìtico tiene rostro y nombre, puede escribirme a mi direcciòn electrónica: xoquendo@yahoo.com Leeré solamente aquellos mailes que tengan el respaldo del nombre. Los anónimos, que se queden asoleándose con la llama eterna, como los soldados.... desconocidos, claro.
sábado, abril 22, 2006
EN PALABRA DEL "TURQUITO"
Hace aproximadamente tres años, en la revista "textos" de la ciudad de
México, publiqué una entrevista con Jorge Enrique Adoum en la que hablamos
sobretodo de Carrera Andrade y su universalidad, pero tocamos algunos otros
temas. La entrevista se publicará en la Revista Cuadernos del Tungurahua para el
Ecuador, pero he decidido introducirlo al espacio del blog debido a que los
lectores, estoy seguro, serán otros.* ¿Como bien dice su poema Ecuador (La geografía): «Es un país irreal, limitado por sí mismo». ¿Siente, efectivamente, que el Ecuador es un país imaginario, como la línea que nos traspasa y que nos puso un nombre «sin pedirnos permiso», siquiera?
—Allí me refiero a un problema de identidad. Hace cincuenta años, con ocasión del conflicto militar con el Perú, el embajador de Brasil nos aconsejaba «tener piel», o sea existir dentro de ella. Porque hasta entonces no nos habíamos planteado un proyecto de país: algo hizo en ese sentido Benjamín Carrión, buscándole un destino en la cultura, ya que no en la economía ni, evidentemente, en las armas. Tampoco lo hemos hecho debidamente después de él y aunque la responsabilidad es de todos, recae directamente en los dirigentes políticos, en los gobiernos, en los que, se supone, debían definir al Ecuador como nación.
* ¿A qué atribuye el hecho de que no haya un gran escritor ecuatoriano de gran talla internacional... Y si tal vez lo hay, y si lo hay, por qué no es lo suficientemente reconocido en el mundo?
—Creo que hay más de uno. Viviendo en Europa, conociendo más de cerca su literatura y tratando de leer al mayor número posible de autores, hallé que, comparativamente y sin fatuidad patriótica, algunos poetas y narradores ecuatorianos estaban a su altura y, en algunos casos, la suya era mayor. Mas sucede que el país no constituye un pedestal suficientemente alto para que la figura que en él se yergue sea visible a la distancia. Cuando Casa de las Américas, de Cuba, publicó, en 1970, una antología de cuentos de José de la Cuadra —treinta años después de su muerte—, hubo extrañeza y asombro entre algunos críticos de México, Argentina, Chile, que no lo conocían. Si César Dávila Andrade, por ejemplo, hubiera nacido en uno de esos países, el reconocimiento de su poesía habría sido, por lo menos, continental.
* Usted es sin duda, nuestro más alto escritor vivo. ¿Cómo se siente con esta responsabilidad, frente al mundo?
—No soy el más alto escritor vivo del país sino, ahora, el más viejo. De modo que mi responsabilidad tiene otro origen: tratar de encontrar nuestro destino en nuestra historia, hacer que se realice, y mostrarlo, junto a otros que se han impuesto la misma tarea, de la mejor manera posible. O sea que, frente a mí y a los demás, la responsabilidad enorme e interminable de aprender a escribir.
* ¿Qué aportes considera que entregó (si así lo hizo) la literatura ecuatoriana a la gran época de la vanguardia en América Latina?
—Creo que el aporte ecuatoriano más importante a la literatura de Latinoamérica fue el de los narradores de los años 30: algunos narradores chilenos —Luis Durand, Mariano Latorre...— me dijeron haber aprendido de ellos la audacia de la forma: algo como un primer grito de independencia del lenguaje. La vanguardia ecuatoriana, representada por la poesía, se incorpora —con igual mérito que el realismo, prácticamente contemporáneo de ella— a la de Perú, Chile, Argentina, México..., aunque después no insista en esa actitud y busque otras formas, incluso, como Gonzalo Escudero, las más antiguas de la poesía clásica española.
* ¿Y al boom latinoamericano? Como le suena aquello de que entre Fuentes y Donoso se inventaron un «Marcelo Chiriboga» para suplir la ausencia de un escritor ecuatoriano?
—Chiriboga aparece, por primera vez, como personaje, en El jardín de al lado, de Donoso, quien lo hace desaparecer, como persona, en Donde van a morir los elefantes, con la transcripción de una supuesta nota sobre Chiriboga, tomada del obituario de El País. Fuentes, en cambio —que lo retoma diez años después de su aparición literaria en Cristóbal Nonato— en Diana, cazadora solitaria, más cercana a la autobiografía que a la novela, se refiere a él como a una persona real, con datos sobre su ocupación, su salud y la preocupación del autor por su situación económica. (Creo advertir, en ambos, cierto tono burlón referido, me parece, no sólo a esa ficción literaria sino al país real). Fuentes me dijo que fue una invención de Pepe Donoso, y que «era el autor que le faltaba al boom», aunque jamás existió. Parecería que se trataba, más bien, de completar, geográficamente y con humor —recuérdese la Historia personal del boom, de Donoso—, el grupo que contaba ya con representantes de México, Colombia, Perú, Argentina, y que los editores trataban de ampliar buscando otros en Cuba, Uruguay, Paraguay y Chile. Se me ocurre que ese personaje, con otro nombre, igual habría podido ser boliviano.
* ¿Cómo uno de los grandes conocedores de la literatura del país, debe tener una amplia visión sobre los escritores del Ecuador, cree en ellos, por qué?
—Porque son, realmente, escritores, algunos de ellos muy serios, entregados por entero a su oficio, entendiendo, lo que no siempre estuvo claro, que el «compromiso» es, ante todo, con la literatura; o ensayando formas nuevas —a veces sólo por un afán de originalidad— que no siempre logran adaptar lengua y lenguaje a una concepción seria de una literatura otra, pero contribuyen a proponer nuevas actitudes frente a ella. Me parece que se ha generalizado cierta despreocupación, si no menosprecio, por los problemas, incluso de forma y de escritura, con el temor de que prospere esa predilección por la literatura light, acompañada de un artificial éxito comercial fabricado por razones y medios extraliterarios.
* ¿Considera a Carrera Andrade a la altura poética de un Huidobro, de un Neruda, de un Parra, de un Guillén, de un Lezama?
—Sí, por diferentes que sean, aunque no creo en ese tipo de valoración comparada. Carrera Andrade es el único poeta que, a diferencia de Homero y Borges, por ejemplo, no habría podido ser ciego: ve las cosas y las cosas ocultas tras las cosas, que son, junto al ser humano y el paisaje, el tema de su poesía: por algo el símbolo predominante de ella es la ventana. Y sabemos que Carrera Andrade es el dueño absoluto de la metáfora, a quien uno siente ganas de pedir permiso para emplearla.
* ¿Cite tres nombres del Ecuador a quienes consideraría de verdadera valía internacional, y que no han podido salir de las fronteras?
—Creo que Pablo Palacio, José de la Cuadra, Javier Vásconez han llegado a algunos círculos de especialistas, más que a esa entidad discutible y variable a la que llaman «público en general». Fuera de ellos, habría que pensar en Dávila Andrade, ya citado, en Raúl Andrade y en Francisco Granizo exclusivamente como poeta.
* Usted, como el escritor vivo más representativo del Ecuador, que aconsejaría a sus colegas para que el Ecuador pueda tener una mayor resonancia literaria en el mundo?
—No tengo autoridad alguna, menos aún en ese ámbito, para aconsejar a nadie.
* ¿Qué autores del mundo le habría gustado que nacieran en el Ecuador?
—Solamente aquellos de quienes fui o soy amigo, para disfrutar de su compañía, de su saber, de su conversación enriquecedora. En cuanto a los demás, agradecido por lo que su obra me ha dado, ¿por qué querría imponerles los dolores, los sacrificios, las carencias y limitaciones que supone haber nacido aquí?
* ¿Cree que ser ecuatoriano aporta algo al engrandecimiento de la literatura, o la patria son los amigos, las palabras, el barrio...?
—Habría que ser, más que presuntuoso, tonto para creerlo. Claro que la patria son la infancia, el barrio, las palabras, los lugares y, también, a veces, la esperanza de que este país llegue a ser el país que uno quisiera tener como origen y destino.
ADOUM Y NUESTRA ESPERANZA
En Noviembre del 2004 tuve la suerte de presentar a
Jorge Enrique Adoum en un acto oficial en la Casa de la Cultura de Tungurahua, a
propósito de la nominación que se la hiciera para el Premio Cervantes. Hoy, a
propósito de la publicación de los seis tomos de sus obras (in)completas he
decidido revisar este texto y desempolvarlo para el blog.
Solo el fútbol, el peligro de guerra o la figura de algún tristemente célebre político a quien desalojar del país en colectivo, nos ha convocado a todos los que habitamos y queremos a esta Patria.
El país siempre se une por una causa, por hacer de un símbolo nuestro, un símbolo universal, un símbolo que brille más en todos los estamentos.
Adoum es ya un símbolo de nuestro país: el hombre, la vida y la obra de Jorge Enrique es ahora ese delicioso pretexto de unión.
Jorge Enrique es el escritor vivo más importante de nuestro Ecuador. Y deben ser muy pocos los que lo dudan. Prolífico escritor que con una envidiable calidad en la escritura y una impecable vida literaria, ha conseguido la admiración de sus lectores, de aquí y de más allá.
Crítico y amante de nuestro Ecuador, fragmentado y mutilado por la historia de siglos, aquella, que como él mismo dice: Es la de “…un país irreal limitado por sí mismo…”. Este país de gente ingobernable, de gobiernos corruptos y oscura identidad; pero también este país de la tierra para todos, de la tierra en que todo crece, en que todo se va haciendo grande y frondoso y duradero. Una tierra que no deja de generar y se regenera en sí misma, y así, en ella, van cultivándose los hombres y las mujeres que un día verán en su país un camino endeble pero resistente; corto, pero a la larga, largo; líquido pero con espuma; fatigante pero sitio de descanso.
En este país nació Adoum. Adoum que lo vio de lejos y decidió regresar; Adoum, que lo acarició con su verbo y lo dejó respirar; Adoum que acudió a sus más gratos e ingratos acontecimientos. Con la historia de Adoum, se puede formar una historia del país.
Los hijos verdaderos de este país nunca han dejado abandonado sus laderas repletas de verdor, sus mares eternos e invulnerables, su magia ahíta de corazones ágiles, dúctiles, hambrientos de cadencia y suavidad.
Si paseamos los ojos y la sensibilidad por la poesía de Adoum, entonces el mundo se abre, y en el centro siempre es el Ecuador, sus pasillos que albergan un pentagrama sagrado, su geografía y sus héroes, sus luchas y esos hombres y esas mujeres que no se dan por vencidos.
Cada día nacen cientos de niños en estas tierras amarillas, en las que habitó el oro y la canela, en las que las nubes escriben la geografía de la atmósfera. Esos niños verán fútbol, y verán ganar o perder a su equipo tricolor; y verán florecer el maíz y los tulipanes; y verán caer presidentes y verán como los vientos chocan en Cochasquí, y como las frutas se maduran en Ambato, y como el mar da permiso a las costas en las playas enormes de la nación. Esos niños deberán leer a Adoum, tarde o temprano, y con él crecerán y se ramificarán, y el aire les dará nuevas esperanzas, nuevas fuerzas.
El sol, con Adoum, en los nuevos hombres y en las nuevas mujeres del antiguo Reino de los Quitu-caras, quemará sus heridas tatuadas desde el nacimiento. Adoum ya ha pagado su deuda externa y su deuda interna. Él está para el resto, allí están sus libros, sus artículos, su conversación deliciosa. Allí su espíritu, su aire de niño, su cosmopolitismo. De él surgirá el cauce para nuevas aguas.
El ecuatoriano tiene muchos complejos: no creemos ni en nosotros mismos ni en otros horizontes. Creemos que el mundo acaba en donde comenzó: en nuestra casa de niños, en nuestras aulas dormidas con las pizarras verdes de los años floridos. Pero Adoum me ha enseñado que el mundo es grande, que a los amigos y a la tierra se los lleva con uno, que lo que uno logra en la vida es para el resto, para hacer país. El país no es territorio, no es figura de estado, es uno mismo y es uno en el resto.
Jorge Enrique, figura de la que estoy orgulloso; hombre de agallas, escritor primordial en nuestro territorio castellano, hombre entregado a los sonidos y a las arbitrariedades lingüísticas, puede llegar, por auténtico, por talentoso, por humano, a ser el nuevo escudo de nuestra patria dormida, de nuestro país, en el que, lamentablemente, hemos dormido con el enemigo dentro de casa. Nosotros somos la enfermedad y la cura. Si unimos la causa, veremos el efecto.
viernes, abril 21, 2006
¿UNA NUEVA GENERACIÒN?
La verdad es que siento que hay una absoluta ligereza en la idea de las generaciones en la literatura de este país, en los discursos de los "nuevos".
Me interesa mucho el tema generacional, y más aún el de la "periodización generacional" que en nuestro Paìs supo llevarlo muy bien el crìtico Hernán Rodríguez Castelo.
Pienso que los nuevos poetas estàn confundiendo "grupo" con "generación" y esto es grave. La periodización en la literatura ecuatoriana tiene dos vertientes importantes. La que sustenta Hernàn Rodrìguez Castelo (y la prefiero yo) y la de Juan Valdano, el escritor e intelectual cuencano.
Rodríguez Castelo plantea un periodo de 15 años entre generación y generación, es decir un espacio de tiempo preciso, claro que tiene mucho riesgo hablar de que al final de esos 15 años se acaba la generaciòn, por ello es que se habla de "autores puente", tanto al comienzo de una periodizaciòn como al final de la misma. Esta periodización fue propuesta por el gran filósofo español (hombre al que admiro mucho) Ortega y Gasset. Lo interesante es que esta periodizaciòn coincide muy curiosamente con la historia de nuestra literatura. Y no solo en la literatura si no, según Rodriguez Castelo (quien lo està probando), en nuestra historia republicana y en nuestra historia de la pintura. Y con la de España también. Fíjese no más como en los años de nacimiento de los integrantes de la "Generaciòn del 27" hay 14 años de diferencia entre el más joven y el mayor del grupo.
Es así que los años no mienten. Y claro, la matemática y el tiempo se vuelven los puntales de la reflexión de las generaciones.
Según Ortega y Gasset, cada treinta años nace una gran generaciòn que se ampara en el puente de la anterior y deja el camino a la siguiente.
El tema nace a propósito de las extrañas ideas de los "nuevos" poetas o de los "Jòvenes" o de los iniciados que dicen haber "fundado" una nueva generaciòn que rompe con el cánon de la anterior. Pero yo pregunto ¿que cánon y que generación? Esto es solo producto de la "calentura juvenil" pero, por suerte, como decìa Enrique Jardiel Poncela: "la juventud es un error que se corrige con los años".
¿Hay efectivamente algún juicio que despegue claramente una generaciòn de otra? o ¿Hay un discurso distinto? Esto es problema de los "nuevos", de los "de-generaciòn nueva". Al fin y al cabo solo la poesìa se sostendrá en la generación que le de la gana. Hay tantos "jovencitos-viejos" en nuestra literatura y tantos viejos absolutamente jóvenes que lo de la generaciòn ya resulta un cuento.
jueves, abril 20, 2006
Un 14 de Abril, un tal Montalvo... (Un homenaje improvisado)
Pero hay que hacer acuerdo que Montalvo nunca fue un profesor. Jamás enseñó en un centro educativo. Su función como "Maestro" fue otra. Otra más solitaria, sin alumnos ni discípulos, en una infinita soledad, en un caminar polémico para con la Patria, para con los gobiernos de su país, para con el idioma y para con el ensayo.
Hace unos días trataba de explicar a mis alumnos, precisamente, la diferencia entre un maestro y un profesor. Un catedrático y un escritor bien podría darnos un par de buenas ideas sobre estos juicios conceptuales. El primero enseña lo que el otro hace. Podría ser así. Einstein no fue un profesor genial, pero fue un maestro genial que ahora da trabajo a los profesores de física. Entonces Juan montalvo sería la materia prima de un profesor de literatura, pero además de ética, de moral, de civica, de historia. una cosa es el día del maestro y otra el del profesor y entre el uno y el otro hay un continente.
Aunque, sin embargo, tengo en mente los nombres de mis grandes profesores, por ejemplo, así como los de grandes "profesores-maestros" y grandes "maestros-profesores" que "no es lo mismo, pero es igual". Me pregunto cómo sería recibir filosofía de la boca de Ortega y Gasset o preceptiva literaria por parte de Damaso Alonso y Carlos Boussoño o música a cargo de Federico García Lorca, o políticas culturales a cargo de Benjamín Carrión, o redacción por Alfonso Reyes. Allí no sé cuál sería primero, si el profesor o el maestro.
Sus libros y el recuerdo de su mensaje se queda en nosotros. Ellos, los profesores y los maestros, nos los dieron en deliciosas dosis. A ellos, a los conocidos y desconocidos, mi saludo.
miércoles, abril 19, 2006
EL ANGEL DE LOS LIBROS
EL ANGEL Editor es el nuevo sello que estoy comandando. En menos de 4 meses ya han aparecido 5 títulos hermosos. Dos de Fausto Arellano Guerra, el escritor oculto, radicado en USA, que ha decidido, en su madurez literaria y de vida, sacar a relucir sus logradas obras: Un libro de cuentos "De la ciudad y otras esquinas" y la bellísima novela infanto-juvenil "El castillo de los monstruos de chocolate" ya están en circulación en las librerias.
Dentro de la colección "El angel terrible" han aparecido bellos libros troquelados, en fina cartulina, en donde se ha publicado dos de los seis primeros libros que están a la espera: el bello ensayo de Lucrecia Maldonado "Érase un niño que un día descubrió el aire de la calle (una visión personal personal de las canciones de Serrat", y el poemario del nobel poeta, sobrino nieto de Paco Tobar García, Rafael Tobar "En piel de otro". Por último en un bello formato y en una fina edición, salieron los dos poemarios de una voz nueva de la poesía ecuatoriana Francisco Costales y sus dos títulos "El santuario de las notas azules" y "Estancia vital de la penumbra".
El buen gusto de los libros, la selección de los autores y el trabajo de edición son parte de mi faena común y d elo que tengo que cuidar en los tomos de El Angel.
El Angel Editor me abre nuevas puertas, nuevos panoramas, nuevos mundos. Y sobretodo, nuevos libros. Cada vez que edito uno de ellos pienso en Borges y aquella deliciosa frase que nos martiriza a los bibliofilos (lo parafraseo): con cada libro que nos venden, deberían vendernos el tiempo pra leerlo.
El nacimiento de un libro es, quien sabe, el nacimiento, también, de algún lector más, y eso ya es un aporte a la humanización de este pobre mundo al que quisiéramos arreglarle las costuras con poemas.
Además en este nuevo sello que dirijo hay un ángel que lo cuida. Un hijo mío que lo mira de lejos. Y, como diría Rilke, "Todo ángel es terrible". Ni más ni menos.
martes, abril 18, 2006
LECTOR DE BLOGS
Me acerco con constancia a leer el blogs "masalladeloslibros" de Eduardo Varas, un agudo y talentoso guayaquileño a quien no conozco personalmente y de quien he tenido estupendas referencias de amigos del Puerto. Su blogs me interesa de hecho. Por su información actualizada, su crítica aguda y firme (esa personalidad aplastante y ese rigor bastante bifurcador). Me gusta la página de Varas. He seguido el cine en los buenos blogs de algunos talentos ligados al celuloide. Y me interesan también los chismes. Debo confesarlo: el chisme y el cotilleo es alpiste que calma el hambre, cuando uno quiere descansar de lecturas y ejercicios literarios.
Ahora quiero ensayar. Otra vez vuelvo a las confesiones: soy torpe para la tecnología. Tengo miedo de equivocarme en este camino, pero lo voy a hacer porque además tener uno de estos sitios virtuales te obliga a escribir, a revisar cosas inmediatas dentro de la literatura y su mundillo (su fauna) y, por lo tanto, analizarte a ti mismo, ser tu propio sicólogo literario. Yo mismo me doy la bienvenida. Espero de corazón que no haya despedida tan pronta. Me abrazo. Y ahora le doy la bienvenida a algún futuro lector que venga hasta esta ventana mía y me lea. Porque así es la lectura, como la vida... un caminar, una retroalimentación. Nos bienvenimos, entonces....