jueves, abril 05, 2007

UNA EXCELENTE ENTREVISTA

Hace ya algunos meses el poeta Carlos Vallejo me hizo una entrevista muy interesante. Quiero compartirla con ustedes, tanto por sus valiosas preguntas como por mi desnudez y mi acogimiento muy valiente en ellas. Ahí les va.


- Si tomamos en cuenta que la poesía es una constante búsqueda, ¿qué elementos la constituyen, y cuáles, estéticamente hablando, habría que rechazar?

Creo en una poesía auténtica, que sea lo que uno es, y que no espere ser parte de un hecho de moda o de una corriente alejada de lo que uno piensa o siente. O que el trabajo poético se encuentre alejado de su idioma, de su cultura, de lo que ha visto, de lo que ha sentido, de lo ha vivido. Uno debe ser en la poesía. El estilo es el hombre y esto es lo que uno debe tratar de formar en su trabajo intelectual. Hay que caminar sin mirar las “vitrinas” que nos proponen los libros de autores consagrados. Nuestra poética está en nosotros mismos, pero es difícil llegar a ella. Esa exploración es la verdadera búsqueda. El resto es trabajo con la palabra y con el oficio. Por este motivo es que rechazo las formas que no se justifican por si solas: lo críptico como un hecho aislado y gratuito; la palabra difícil, la ambientación difícil del poema, como si “hablar” en difícil, sería el requisito para ser más “intelectual”. Rechazo esas lecturas “espesas” y “exquisitas” que tratan de impresionar con ideas y autores afrancesados, o de cualquier otro idioma, a los que citan y extraen epígrafes para hacernos creer ingenuamente que los “plus ultra” de la erudición. Toda pose en la poesía es rechazable. Si uno posa, por favor, ¡hágalo fuera del poema!

¿Qué papel han cumplido las varias antologías de poetas jóvenes que has legado al mundo de las letras, principalmente del Ecuador?

Toda antología es un aglutinador y un disgregador. Por lo tanto es una “bomba de tiempo”. En ninguna antología pueden figurar todos los que son, ni ser todos los que están. El gusto de otros infiere, y de eso se trata una antología. Por espacio, por criterios, por gusto, o porque simplemente, si figuran todos, entonces eso ya no es antología sino índice de autores.
Mi antología “Ciudad en verso” o la edición lojana “Antología de nuevos poetas ecuatorianos” fueron polémicas primero porque decidí darles una oportunidad a los jóvenes para que sean leídos en bloque generacional. Creo en las generaciones y me gusta mucho la propuesta de Rodríguez Castelo y su división cronológica, la encuentro pedagógica e interesante para el estudio de la poesía y de la literatura en general.
Antologías de los “novísimos” existen en toda América Latina y Europa. Creo que la mía es seria, porque además fue mi tesis doctoral. Lo que he notado a partir de su concepción es que los “novísimos” son las fichas que más se mueven en el ajedrez de la poesía: se mueven, porque algunos dejan de escribir, otros se dedican a la prosa, y sobretodo, otros muchos, aparecen luego de la antología. Toda antología será incompleta, por eso aparecen muchas.
Lo que no es digno de perdonar en los antólogos es la falta de rigor y de verdadero gusto. Hay gente que hace creer que trabaja antologías cuando en realidad está haciendo una recopilación. Hay que saber que mismo es una antología. Y las mías fueron hechas desde esta concepción. Ese es mi principal aporte.

¿Qué consideraciones tienes acerca del pensamiento actual de la poesía ecuatoriana?

No creo que haya un pensamiento actual. Lo que puede haber son varios pensamientos. Y todos ellos válidos, mientras sean honestos. Siento, entonces, que a nuestra poesía le falta autenticidad. Dejarse de copiar moldes, formas. Dejar de ver el canon impuesto, dejar de sentir con el corazón de los otros.
Sin embargo, estoy conciente de ciertos rasgos nuevos: la brevedad, el regreso a los clásicos (un neoclasicismo posmoderno), el erotismo, el oficio del escribiente y poema sobre el poema; y en cuanto a la forma: la sencillez de un estilo claro y citadino, una sobriedad en la economía de las palabras, un sustento individual de las cosas y los hechos, son, para mí, las características de estilo en la nueva poesía. Los cánones se sostienen todavía. Los mismos de hace muchos años, y eso es raro. No fuimos una generación de ruptura total, sino de acomodo. Por lo demás, creo que hay una docena de nombres importantes en las generaciones más jóvenes.

La poesía entraña una serie de conflictos, en lo personal y también en su plano de arte que convive en una sociedad como la nuestra. En esos planos, ¿cuáles momentos han sido los más difíciles en lo que a ti respecta?

Son cuestiones del oficio en un país pequeño y en una época en donde hay muchos escritores, grupos o corrientes. Creo que las sensibilidades de los poetas se resquebrajan con facilidad. La generación de los 90, fue difícil, lo confieso, pero fue hermosa. Fui amigo de todos, o de casi todos los poetas jóvenes de los 90. Nacimos con las mismas inquietudes, bajo el mismo canon poético, con las mismas expectativas, pero resulta que cuando uno publica y el otro no, o cuando uno recibe un elogio por parte de un crítico, y el otro no, o cuando uno se gana un premio y el otro no, entonces se producen rupturas que a veces son insalvables. ¿Será que el egoísmo es nuestra esencia?
Ahora me causa risa, la inmadurez de una juventud que vivía pendiente del otro, del trabajo, del oficio del otro. Por ejemplo, me han escrito pasquines anónimos, han hablado mal sobre mí en todos los espacios público que han podido, han tomado sendas páginas de periódicos para, en lugar de hablar de su trabajo, ser yo su tema. Esto, a la larga, no ha hecho más que halagarme. Al fin y al cabo, creo en aquella deliciosa máxima que dice: “Los enemigos trabajan para uno”. Me volví muy popular gracias al egoísmo de los otros. En esa época esto sí me dolía. A la larga creo que todo ello fue positivo: nos reafirmamos en nuestra convicciones estéticas y peleamos por un bello motivo: la literatura. Y hasta he llegado a creer que todo esto ha sido un sinónimo de trabajo, de camino: Sancho, los perros ladran. Señal que cabalgamos.

Atendiendo al hecho de que esta publicación intenta aportar en la formación de nuevos lectores, ¿podrías mencionar a uno o hasta 5 autores que consideres imprescindibles dentro las letras nacionales?

Podría recurrir para esta pregunta al canon de la Patria: Carrera Andrade, Escudero, Palacio, Gangotena y Dávila, o al canon de los poetas vivos: Jara Idrovo y Adoum. Sin embargo, que considero que es un canon absolutamente enorme y definitorio de nuestras letras, no voy a caer en él, directamente, porque considero que se ha dejado siempre a la deriva varios nombres importantes de nuestra literatura que no han sabido fortalecerse frente a los lectores.
Siempre he hablado de nuestro canon como un “oficialismo”, que se respalda con la prensa, con un grupo de seguidores de tal o cual escritor que tiene acceso directo a los medios de difusión, y entonces los escritores jóvenes siempre repiten lo que se dice oficialmente, porque si no estás con el canon, entonces no estás en la literatura.
David Ledesma, por ejemplo es uno de los más grandes poetas ecuatorianos que el canon ha dejado a un lado. Y Antonio Preciado, otro, junto con el poeta lojano Carlos Eduardo Jaramillo y el quiteño Fernando Cazón. Y hay que darle el puesto a Ileana Espinel, Ana María Iza, Violeta Luna y Sonia Manzano, a quien el canon machista no les abre su puerta. Y hay que volver sobre los Miguel Ángel León y Zambrano de Riobamba. Y hay que enfrentarlo con los canónicos a Paco Tobar a Euler granda y a Manuel Zabala, para ver quien es quien en nuestra poesía. Mucho nos han hecho creer que los grandes poetas o narradores son “filósofos” o “únicos escritores publicados en España”, en ediciones con “filo de oro”. Además de falso, es ilógico creer que quien se gana una edición en el extranjero o un premio, se gana el corazón de los lectores. Y me he pasado del número de nombres que disponía, porque no tengo un favoritismo. El favoritismo que tengo se da cuando pienso en estos escritores relegados por los hábiles oficialistas y la prensa. Y eso es tan absurdo, como que yo les diera una lista de mis gustos.

En tu ya conocido rol de suscitador de las letras, específicamente en la poesía, ¿cuál anotarías como la experiencia con mayores resultados?

Sin duda alguna, las experiencias vividas con las Jornadas de poesía joven y con mis antologías. En estas jornadas nos conocimos todos. De verdad que estuvimos todos los que ahora forman la generación del 90. De casi el 50 por ciento de ellos, queda solo el recuerdo y unos poemas que hicieron su paso por el tiempo, y el tiempo no les perdonó. Del otro 50 por ciento está hecha la poesía de esta época. La generación que empieza a publicar en el 90 se reunió en Quito, Riobamba, Guayaquil y Otavalo, cada dos años, desde 1994 hasta el año 2000, para celebrar la fiesta de los poetas jóvenes.
Siento que ya está creciendo otra generación y que tengo, con suerte, que ceder la posta. Creo que los futuros suscitadores de la poesía en nuestro país están en Guayaquil. Ya se está viendo un movimiento interesante. Lo que pasa es que todavía no concretan una propuesta. Por ejemplo, no hay una justificación para aglutinar al nuevo grupo, a los “nuevos novísimos” (la redundancia vale).

¿Qué opinión te merecen las simpatías y antipatías que se forman en el mundillo literario ecuatoriano? ¿acaso alguna enseñanza favorable?, ¿será acaso imprescindible en nuestro medio, además de ser poeta, ser carismático y estar dotado de habilidades financieras?

La poesía está más allá del hombre. El poeta es solo una anécdota del poema. Como diría Valery “la poesía está hecha de palabras”, las buenas intenciones no se ven en el texto.
En cualquier grupo hay simpatías y antipatías, es algo que no podemos extraer de las relaciones con los escritores. Los artistas son apasionados, repletos de una sensibilidad fuera de lo común. Y cuando uno es joven se da con mayor fuerza. Siento que esto ya ha ido cambiando en algunos actores de mi generación, o tal vez, ya para estas épocas, no nos interese pelear o sacarnos a cara situaciones por envidia. Lo he dicho siempre: el ecuatoriano duerme con el enemigo: que es otro ecuatoriano. Por ello no salimos de este encierro limitante. Por ello nos quedamos enredados en estas cadenas.
Ninguna pelea es más que un texto literario. Ni siquiera las célebres imprecaciones entre Neruda y sus contemporáneos De Rocka y Huidobro. O cuando Góngora se disputaba con Quevedo el invicto de la poesía española. Pero para que se de una pelea real sobre literatura, uno tiene que saber de que lado estar y definirse. Los peores hombres son los ambiguos, los que jalan de los dos lados.

Y así, en esa confidencia que es más bien honestidad, dos polos opuestos: ¿qué libro de los que has publicado recoge tu mayor madurez poética? y ¿qué título te causa esa impresión de "quizá me apresuré en publicarlo"?

Ahora creo más que nunca que el tiempo es el juez oportuno. Hace 15 años exactamente (Noviembre de 1990) publiqué mi primera plaqueta de poemas, libro que ya no existe, porque el tiempo se encargó de borrarlo, de desaparecerlo. La Universidad de Cuenca acaba de publicar mi libro “Salvados del Naufragio”, el mismo que rescata la poesía que yo salvo. La que sigue diciendo, la que aún se resiste a la contienda real de los hombres: la lucha con el tiempo.
No me arrepiento de haber publicado ningún poemario, porque cada uno se pertenece a su tiempo, a su espacio, a su conocimiento; sin embargo, desde la publicación de “Después de la caza” (Manglar, 1998) siento más seguridad de la poesía. Ese fue mi año de partida y no ocho años antes, que fue cuando “comencé”. El libro “Salvados del naufragio” es un libro único, en él están muchos de los poemas ya publicados, pero reelaborados, he vuelto sobre ellos para reescribirlos y me ha dado un gusto ser su creador y salvador. Este libro, puede ser, irá creciendo y cambiando en el tiempo, porque la poesía no acaba nunca y el punto final al poema solo lo pone la muerte.

¿Podrías mencionar una experiencia colectiva, dentro de nuestro país o en el extranjero, que haya fortalecido efectivamente la labor poética?

No soy muy creyente de talleres ni de grupos. He tenido experiencia en los dos. Dicté talleres, pero eran de lectura. Estuve en mis inicios en un grupo literario, aunque en la realidad éramos un grupo de amigos con las mismas inquietudes pero sin una actitud poética. Tal vez por mi experiencia personal yo no pueda reconocer a los talleres y a los grupos. La labor del poeta es en soledad. Solo allí se verifican los hallazgos, en grupo los puedes socializar, pero jamás hay un trabajo real. La poesía es un misterio.

DIOSAS EN EL FUEGO, primer libro de Cuentos de Indira Córdoba Alberca

El libro 9 de la Colección El Angel Terrible es de indira Córdoba Alberca. Nace en Quito en 1975. Poeta, periodista y catedrática. Ha colaborado en diarios y revistas nacionales. Estudió Comunicación y Literatura en la PUCE y Comunicación Social en la Universidad Técnica Particular de Loja. Hizo talleres literarios con Iván Egüez y Lucrecia Maldonado. Esta compilación de relatos cortos " Diosas en el fuego" es su primera publicación.

Indira Córdoba Alberca ha sabido esperar para no malograr los frutos de un trabajo hecho a pulso y desgarramiento. Los talleres literarios a los que ha asistido le han permitido podar y pulir las piezas narrativas que conforman este pequeño volumen donde hay un finísimo trabajo milenario: saber contar para existir.
Estos cuentos fueron sazonados en el tiempo, llevan en sus páginas varios personajes femeninos que luego resultan Diosas preparadas para la hoguera. Así, como en el Olimpo, Indira se juega con el banquete de la vida, con el néctar y la ambrosia de los Dioses: su palabra.
Una voz consolidada y presta para la lucha con las historias y con el tiempo.

El libro de Indira, noveno título que aparece bajo el sello del El Ángel Terrible, es un libro digno de leerse. En él está depositado toda la complicidad de una joven literata que llegó, con humildad franciscana, hasta donde el editor que, a su vez, es muy amigo de su tallerista que, a su vez, es la persona que esta noche presentará el libro de Indira.
Es decir, este libro se lo publicó en un ámbito de absoluta casualidad. Indira estaba con Lucre, conversando y discutiendo su obra en los memorables talleres que realiza. Yo, por otro lado chateo con frecuencia con mi amiga Lucrecia y en eso, zas. Me presenta un nombre melodioso, raro, fuerte: Indira, que escribe cuentos… y que son buenos. Y si la Lucre lo dice es que son buenos. En eso Indira me manda sus cuentos con reserva, con miedo, pero sabiendo que la faena de su oficio había llegado a un final y que ya sus textos debían cruzar la barrera entre la afición y el principio de una pasión desgarradora.

Para comenzar a leerlos, sus cuentos pendían de un antecedente: se me dijo que en ellos hay algo de autobiográfico, de una vida recorrida por la memoria de su autora. Yo pienso que las palabras que uno usa y los hechos que uno cuentan es la cédula mejor que puede enseñar un nuevo escritor.

Me sorprendieron gratamente sus cuentos. Una variopinta gama de temas en donde los personajes femeninos salen a galopar, como en una obra de teatro de Pirandello. El ambiente, la atmósfera que produce el aliento de sus palabras es encantadora y envolvente.

su autora ha puesto en este tomo todo de zumo de su experiencia como mujer que vive como ente que escribe. Como diría Víctor Manuel ella es “un corazón tendido al sol”. Su libro está hecho con cariño, con paciencia, con ganas de salir a vender el pan de sus palabras a todos sus amigos hambrientos.

Conociéndola apenas hace unos días, con Indira se ha dado aquello que se suele decir de que los “escritores son una raza” y que por más lejos que vivan y que hablen otros idiomas y que se hagan en y con otras culturas, se reconocen donde estén.

Indira tiene todos los arrestos para ser la escritora que ahora se demuestra en este tomo al que todos deben acercarse para degustar la masa de pan reposado que nos ofrece.

LUCRECIA MALDONADO escribió el texto para la presentación del libro. Aquí se lo entregamos integramente:


Las diosas de Indira Córdoba andan por la calle, como cualquier mujer de Quito. Pero como las diosas del panteón greco latino también tienen historias arquetípicas, de esas que se repiten cíclicamente en la historia más profunda de la humanidad. Tal vez por eso es marzo el mes que las ve alumbrar, pues de los once relatos de este libro diez tienen como personaje principal a una mujer.
Pero ¿por qué Diosas en el fuego? Angélica, Sylvia Heidrich, María… y las otras niñas y mujeres sin nombre determinado que atraviesan relatos sacados de un mundo en donde ser mujer se ha ido volviendo una condición cada vez más difícil de cumplir, sobre todo si no se ajusta a las normas y los roles establecidos por una sociedad machista de vieja data.
Dije que las mujeres de los relatos de Indira Córdova tienen una especie de “valor arquetípico”, y me reafirmo en ello: mujeres que buscan el amor solamente para descubrir que no es lo que esperaban, mujeres que sufren rechazo y abandono desde su más tierna infancia, mujeres que se hallan en conflicto entre cumplir o no cumplir el sacrosanto rol de la maternidad, mujeres que rompen normas y esquemas pero luego no saben qué hacer con su vida, niñas enuréticas atrapadas en sus sueños, mujeres que prefieren la soledad al amor impostado, mujeres en cuyas vidas, en general, el dolor va tomando diferentes sentidos y apoyándose en diferentes circunstancias, pero que se podría traducir en pocas palabras: necesidad de ser libres; permiso para ser auténticas; angustia por romper los lazos familiares, que hechos de amor y todo muchas veces adoptan la forma de cadenas antes que de abrazos. Las diosas creadas por la imaginación de Indira Córdoba temen también: desde pequeñas temen mojarse en la cama durante una pesadilla que las puede llevar a la mutilación y a la muerte; como todas las mujeres temen al abandono y a la soledad; pero más allá de ese temor que quizá no es más que una imposición del sentido de supuesta “pertenencia” que debemos tener todos los seres humanos, las mujeres de los relatos de Indira Córdova están dispuestas a buscarse como seres auténticos y a hacer cualquier tipo de sacrificio (incluso el de su propia vida) para conseguir la liberación y la autenticidad.
A un enorme deseo de contar sus historias, y a su talento natural como narradora, Indira Córdoba une el dominio de ciertas técnicas que enriquecen sus relatos: en primer lugar, un manejo muy solvente del punto de vista narrativo, que la lleva a combinar diversas voces en sus relatos, a un uso muy efectivo de la difícil narración en segunda persona; esto no resta fuerza ni mérito a las narraciones en voces más tradicionales, como son la primera y la tercera persona, en otros relatos.
En segundo lugar, Indira tiene verdadera maestría en la utilización del tono conversacional o lenguaje coloquial. Las pocas palabras que consideramos “malas” más por convención social que por falta de efectividad o fuerza poética están perfectamente dosificadas y distribuidas en el discurso de los personajes de Diosas en el fuego. La reproducción de conversaciones de ciertos ámbitos familiares, juveniles o sociales de nuestro país nos llevan de inmediato a identificar estos sectores y a introducirnos en sus vivencias y problemas con mayor realismo.
En tercer lugar, podemos anotar que Indira conduce muy acertadamente la construcción de sus personajes, dotándoles de vida propia. Las heroínas de sus cuentos, sus diosas en el fuego, son seres con relieve, redondos, modelados, con profundidad psicológica e interesantes evoluciones a pesar de la brevedad de los textos.
Aunque es aventurado mencionar influencias, encuentro en Indira ciertos rezagos cortazarianos marcados sobre todo por una presencia onírica y cierta ruptura del orden normal de la vida cotidiana con elementos fantásticos sorprendentes y perturbadores. Los otros recursos mencionados remiten en seguida a la narrativa latinoamericana de fines del siglo XX en su conjunto.
Dice Xavier, el ángel editor, que no soy muy fácil para elogiar. Puede ser, y quizá por eso mismo refuerzo mis elogios a la narrativa de Indira Córdoba que se inaugura con este hermoso conjunto de narraciones. Estas Diosas en el fuego comprometen a su autora a seguir entregándonos relatos y textos de igual o superior calidad, en donde sus ganas de contar y sus grandes dotes de narradora ya no sean una promesa o un anuncio de lo que vendrá, sino la reafirmación de una narradora de temple y calidad.

EL HUMOR EN LA POESIA ECUATORIANA ¿EXISTE...?

¿Se puede construir el humor en la poesía? ¿Hay parámetros específicos para la concepción de una poesía repleta de ironía y humor negro?
Para explicar sobre estos tópicos, primero deberíamos partir del hecho de que si hay o no, normas claras para la creación poética. La poesía no puede convertirse en un simple pasatiempo de aficionado. Es una vida rigurosa la del poeta. Esa sumisión frente a la palabra; esa devoción frente a lo estético, a lo que produce un cambio vital.
La concepción de la obra de arte con el lenguaje, es el hecho poético más difícil que existe. Esto se debe a que el escritor trabaja con algo tan cotidiano -y tremendamente complejo- que es el lenguaje. Las palabras, los verbos, el discurso original, no deviene de una ilusión gratuita. Se debe construir el mundo con las palabras. El único e interno mundo que tienen los poetas, los creadores del lenguaje.
Si no hay definición concreta de los poetas -y la poesía-, peor aún puede darse un fundamento teórico para las determinadas acciones poéticas y sus determinantes teóricos.
Alguna vez escuché decir que a la poesía ecuatoriana le falta humor y le sobra nostalgia. Esa nostalgia que posee el pasillo traguero de nuestros pueblos andinos y sensibles. Cesar Dávila Andrade, por ejemplo, es un caso poético de indiscutible calidad, que a muy grosso modo cultivó una cierta dosis de ironía y humor negro, frente a una universalidad temática y a un intelectualismo sensible.
Nuestra literatura no ha cultivado a grados enormes el humor. Esto puede ser debido a que nuestro pueblo es triste por excelencia. Y esa tristeza nos lleva al discurso de la nostalgia, al no haber encontrado la cuerda salvadora que nos lleve a la utopía, y que nos haga sacar la carcajada de la chanza.
El humor es lo que falta a los caldos, a las gallinas, a las orquestas sinfónicas. Y a la inversa, es lo que no falta a los empedradores, a los ascensores... Se le ha visto entre la batería de cocina, ha hecho su aparición en el mal gusto, tiene su residencia de invierno en la moda... ¿A dónde va? A la ilusión óptica... ¿Su debilidad? Los crepúsculos, siempre que parezcan un huevo al plato.... Así hablaba el maestro surrealista Aragón, sobre el tema que nos concierne.
El humor es el hecho artístico de mayor dificultad dentro de la palabra. Porque, como dice Aragón, este humor va a la ilusión óptica. Entonces el poeta que lo intenta, tiene que valerse de la imagen, para conquistar el Olimpo intransferible de la risa.
¿Será verdad que nuestra poesía no tiene humor? Yo creo que tenemos grandes figuras que lo han cultivado. He ahí algunos fragmentos repletos de corrosivo humor negro, dentro de la poesía contemporánea del país:

Paulina tiene un año y ya rebana
la paciencia del viejo Cuasimodo;
el gato le ama pero de otro modo:
más circunspecto y menos tarambana.

Su juguete es la abuela contra el piso;
no vuela simplemente por pereza;
habla con Dios debajo de la mesa
y cruza, cuando quiere, el paraíso...

(Manuel Zabala Ruiz)

La hoja en blanco
saca la lengua.
Desafía
como un samurai.
Invita como
el culo de una quinceañera.
Engaña
como un fantasma
con seis ventanas...

(Raúl Arias)

Cuando cursi y dramático
te dije en verso
que yo estaba ciego por tu amor,
tú con pragmatismo aclaraste
que tu cuerpo incluía
el sistema braile.

(Patricio Falconí)

Y cara a cara me encontré con ella,
como en un "vis a vis" inesperado (...)
Pero, que nos reconocimos está claro
y como dicen que el que calla otorga
pues yo no dije que esta boca es mía (...)
y ella me preguntó por mi familia,
por el sobrino crápula y el tío
que vivió de "cuentero" hasta esa noche
en que se suicidó por una arpía
y yo le pregunté, como en revancha,
por su quinto marido, el industrioso,
que hizo quebrar su fábrica de hielo
(una quiebra ficticia) con un fósforo;
y por su padre que cambió de sexo
para ejercer la profesión más vieja
y por su madre que colgó los hábitos
al cerrar el burdel. Y se hizo pía.
Y por su hermano, el incestuoso. En fin
fueron gratos recuerdos de familia.

(Fernando Cazón Vera)

Estos ejemplos, como claros textos de humor, risa, chanza.
Hay también ese humor demoledor, en donde entra la ironía negra -a veces trágica- que conlleva a sacar la más gratuita y dolorosa carcajada:

El practicismo práctico sugiere que me case
con un buen comerciante (...)

Mi madre de mi alma
está de acuerdo en esto.
Y lo mismo mi abuela,
mi tía,
mi cuñado,
mis dos lindos hermanos
y todos los amigos de mi querida gente...

De la raíz más honda del practicismo, brota:
"Ileana, un comerciante... ¡Un comerciante, Ileana!".
Pero Ileana,
la tonta,
la lírica,
la loca
se casa
-si se casa-
con un poeta pobre.

(Ileana Espinel)

A una escuela de monjas me enviaron,
como un papel en blanco dentro de un delantal.
Allí me enseñaron las primeras mentiras
y un deseo infinito de sentarme a llorar.

El abecedario era sencillo,
del tamaño de una hormiga era la a,
pero yo la hallaba difícil,
porque la monja era una letra
que no me entraba.

No encajaba en mis sueños,
me sabía a dentrífico,
más que una monja me parecía un cirio,
un gnomo,
una madrastra,
una araña,
un suplicio...

(Ana María Iza)


De todo corazón hoy me arrepiento
............................................................
de no hacer ejercicios,
de usar lentes,
corbata,
pantalones,
sabiendo que al final
solo y desnudo
me har

(Rodrigo Pesantez Rodas)

Yo
chofer de land rovers
y de coches de bebés.

Ex-violín,
media nylon
con los puntos idos
para siempre.

Yo jaque mate
de mi propia partida de ajedrez (...)

Yo
incapaz de sentarme encima de una rosa
me arrepiento en el alma
no haber aprendido corte
y confección.

(Ana María Iza)

Te beso de lejos
de lejísimos
yo sé que mides
cuarenta y ocho
bocas mías

(Victoria Tobar)

Un día
de tanto puro amor
te retuercen el cuello,
te muerden
en los puntos dolorosos,
quieren hacerte altoparlante,
te miden,
te limitan,
te ponen precios fijos
y te llenan de rótulos la vida,
y eso más
no permiten que revientes.
Así la soga
desde los pies al cuello,
desde que llegas
hasta cuando nos echan fuera,
así nos van matando
de tanto puro amor.

(Euler Granda)

ECUADOR

1. La geografía

Es un país limitado por sí mismo,
partido por una línea imaginaria
y no obstante cavada en el cemento al pie de la pirámide.
Si no, cómo podría la extranjera retratarse
perniabierta sobre mi patria como sobre un espejo,
la línea justo bajo el sexo
y al reverso: "Greetings from la mitad del mundo".
(Niños, grandes ojos rodeados
de esqueleto, y un indio que se llora
montañas de siglos tras de un burro).

(Jorge Enrique Adoum)

Dentro de humor, existe, también, la recurrencia idiomática. Jugar con las palabras, como un placer gratuito -y muy dificultoso en la poesía:

Todo pasa en esta vida:
Pasa la uva,
Pasa el vino,
También pasa la pasa.

Pasa el presente,
Pasa el futuro.
¡Quién creyera!
También
Pasa el pasado

(Rodrigo Pesántez Rodas)

Hay también ejemplos de poesía con humor sensorial, que ligados a las "mínimas cosas" -que muchas veces son las cómplices de la gran poesía-, nos produce una gracia socarrona, así esta devenga de la más mínima figuración -e intrascendente- cosmovisión universal de la poesía:

A uno de mis dedos
le gusta
pasear al filo
del precipicio de tu boca.

Y, los otros le juzgan
le critican
le observan.

Mi mano es una plaza de pueblo
llena de comentarios.

Pero mi dedo meñique es muy independiente.

(Victoria Tobar)

El humor no solo tiene algo de liberador, análogo en ello al ingenio y a la comicidad, sino también algo de sublime y elevado, características que no se encuentran en otros órdenes de adquisición del placer por la actividad intelectual, decía Freud.
Creo que todo lo que implica humanidad y pensamiento, debe recurrir constantemente al humor, sin ser anacrónico o producto de una reyerta intrascendente. El humor en la poesía es un caso inexplorado, pero no porque no existe en nuestra poesía, sino más bien porque no se lo ha estudiado, ni se le ha dado el valor ni el puesto que le corresponde.
André Bretón decía que no puede intentarse explicitar el humor para aplicarlo a fines didácticos, esta afirmación, sumando a lo muy poco que se lee en nuestro país poesía ecuatoriana, conducen a las afirmaciones de que nuestra poesía carece de humor.
Desde luego, cabe anotar, que nuestro país no tiene dignos representantes de el discurso irónico, como, en el espléndido tiempo de los surrealistas, lo tuvo Europa y en especial, Francia (Baudelaire, Rimbaud, Bretón, Dalí, Apollinaire, etc.) O los españoles universales del siglo de oro (solo Quevedo ya sería un universo de la poesía humorística). La palabra humor es intraducible. Si no lo fuera, los franceses no la emplearían. Pero si la utilizan es precisamente por la imprecisión que le adjudican y que la convierte en una palabra muy adecuada para una discusión sobre gustos y colores. Cada oración que la contiene modifica su sentido, hasta el punto de no hallarse su significado propio más que el conjunto estadístico de todas las frases que la contiene y que van a contenerla en el futuro, afirma Paúl Valery.
La imprecisión que puede haber sobre el entendimiento o la subjetividad del humor -y en toda la poesía- es cuestión de quién, cómo y cuándo se lo dice. No hay mejor gracia que los chistes contados en los velorios, ni más alta carcajada que la realidad de la magia que vivimos diariamente. Esto es parte de un discurso poético. El humor es de quien lo lleva y lo disfruta. Todo puede llevar su carga de humor y nostalgia. Lo importante es que uno -el lector, en este caso- lo lleve dentro. Todo lo dicho y expuesto, solo en ese caso, cobrará la validez que posee.
Conclusión, Ecuador es un país de poetas, que tienen de humor, ironía y nostalgia. Para darse cuenta hay que ver el mundo contradictorio que vivimos y sonreír con tristeza.
Ya lo dice Manuel Zabala Ruiz: Y desde los abismos/ el buen Dios se reía a carcajadas.

martes, marzo 13, 2007

Juan Carlos Corrella, Premio Jorge Enrique Adoum con "CONTESTACIONES"

Hace ya algunos años tuve la suerte de escuchar al poeta guatemalteco Humberto Ak'abal recital uno de los poemas, para mí, más singulares que he escuchado: “Canto de pájaros”. Sin exagerar afirmo que es un poema extremadamente singular. Cuando uno lo lee, entonces lo considera casi una tomadura de pelo. El texto dice:

Klisklis, klisklis, klisklis . . .
Ch'ok, ch'ok, ch'ok . . .
tz'unun, tz'unun, tz'unun . . .
b'uqpurix, b'uqpurix, b'uqpurix . . .
Wiswil, wiswil, wiswil . . .
Tulul, tulul, tulul . . .
K'urupup, k'urupup, k'urupup . . .
Chowix, chowix, chowix . . .
Tuktuk, tuktuk, tuktuk . . .
Xar, xar, xar . . .
Tucur, tucur, tucur . . .
K'up, k'up, k'up . . .
saq'k'or, saq'k'or, saq'k'or . . .
Ch'ik, ch'ik, ch'ik . . .
Tucumux, tucumux, tucumux . . .

Luego del desconcierto, uno solo lo entiende cuando lo escucha decir al poeta. Ak'abal, poeta quiché, mestizo defensor de las culturas amerindias, lo dice como dicen los pájaros. Es decir, utiliza las onomatopeyas que escuchó de las aves de su natal Guatemala para solventar un discurso poético. Podría pensarse que está escrito en quiché, pero no. Lo que hace es imitar a la naturaleza. Imita a los pájaros y dice un poema con absoluto ritmo Hay varios videos del poeta en las páginas de Internet, en el programa “You Tube” lo pueden hallar al poeta recitando este texto onomatopéyico que se recrea, tal y cual, como se piensa que se creó la música: imitando a los “civilizados animales”.

Otro excepcional caso de poesía formal es el del poeta Salamanquino José-Miguel Ullán. En su poema “Soneto de la amistad” no existen las palabras sino los signos. Uno debe leer el signo. ¿Puede conmover el signo igual que la palabra? El estupendo Ullán rima consonantemente con los signos terminales del verso El soneto, dedicado a un íntimo amigo del poeta tiene un aclarativo para él: “Hallar palabras para recordarte fuera admitir que pueda yo olvidarte”.

“Yo persigo una forma”, decía Darío, y nos lo han dicho, también, estos dos ejemplos de textos poéticos que han dejado una huella fuerte en mis lecturas de poesía. Y a ellos he sido evocado cuando recibí la ardua tarea de presentar el libro “Contestaciones” de Berdet, seudónimo en la poesía de Juan Carlos Corella.

Ya en su libro me detengo a auscultar en su raro formato, con una bellísima portada de Luigi Stornaiolo, un regalo a los sentidos.
Es también un rico misterio saber que el poeta nació a la vida pública de un concurso que lleva el nombre de un poeta mayor para nuestras letras y es un ejemplo para el presente y la posteridad: Jorge Enrique Adoum. Nace de este concurso, sonado y expectante, y aparece una voz nueva, que quiere renovar la forma, porque en el fondo, como diría el poeta cubano Arturo Arango, solo esta “la vida, el amor y la muerte. Y es muy probable que el amor y la muerte sean la misma cosa”.
Es decir que los poetas venimos cantando lo mismo desde hace siglos. Tal vez, como diría Ak’abal, solo los pájaros hablan distinto. Entonces tenemos que acudir a la forma para darle conceptos nuevos al poema.

Juan Carlos Corella, con quien he hablado una sola vez en mi vida, me ha dicho que su objetivo era proveerle a su texto de movimiento. Y pensando en ello he leído sus 29 piezas poéticas-musicales.
Cuando lo leí, antes de conocerlo, pensé que me iba a encontrar con un joven adusto y musicólogo que ha terminado consumándose en la melopea perfecta. Pero no fue así, Juan Carlos es fresquisimo y humilde. Gusta mucho de la música clásica porque en su familia hay tradición de ello y porque la música es bella. Y punto. Se lo nota riguroso y con ganas de romper las ataduras del canon.
Para muestra está su poemario basado en la estructura del verso partiendo del pentagrama musical y sus notas.

Es decir, para leer estos poemas hay que prepararse de verdad (no cualquier lector improvisado lo puede leer como él nos exige). Es importantísimo entender las claves de lectura del poeta. Me he permitido resumirlas así:

1. Juan Carlos no quiere que nadie le diga poeta, porque no cree que lo es. Y tampoco, esto es muy mío, creo que él tenga la intención de aplaudir a quien se lo crea. Lo dice textualmente en un necesarísimo explicativo que antecede a los poemas del libro: “…no consentiré de manera alguna en el apelativo de poeta, ya que nunca he correspondido a los intereses de un refinado artista del lenguaje verbal”. Discuto su afirmación, con absoluta complicidad y cariño. No creo que el poeta sea solo un “refinado artista del lenguaje verbal”. Al inicio mostré dos ejemplos de enormes poetas sin el verbo convencional. Y tampoco creo que un poeta no se deba decir “poeta”, porque entonces estaríamos en riesgo de que el médico no se diga “médico” y el arquitecto no se diga “arquitecto”. Y entonces, si uno no lo asume, sería difícil vivir con inprofesionales que curan enfermos sin creérselos y hacen casas sin cimientos.

2. Juan Carlos tiene el mismo problema que tenía Vallejo con el idioma. Para él resulta indecible lo que él quiere decir con las palabras, entonces busca estrategias formales en su caso, y en el de César Vallejo, neologismos puros.
3. Para Juan Carlos “La música se ha convertido en la matriz de esta obra”.
4. Los poemas están constituidos por “Variaciones” musicales, que a su vez, le permiten a los versos “Sonar y moverse”. y aún más, dice Juan Carlos, “Cobrar vida”.
5. Cada verso, como cada nota musical, tiene tiempo, es decir “una nota alta le concede (al verso) rapidez y una nota menor, lentitud”. Esto debe entenderse bien para poder leer el texto.
6. En cuanto al sonido, Juan Carlos utiliza algunos signos musicales que modifican la altura del sonido, que sería útil, sobretodo, para el que va leer el poema en voz alta.
7. Los versos deben ser leídos en la posición de notas musicales en el pentagrama, “según su posición en el compás”. Además, dice Juan Carlos, los textos tienen una dualidad en la lectura: pueden ser leídos, también, linealmente, es decir como acostumbramos a leer en occidente.
8. Juan Carlos cita al final de su explicativo algo sumamente importante: “Las piezas poéticas deberán ser ejecutadas en forma articulada, es decir que nuestra voz nos permita escucharlas. (…) Esto no implica que no pudiera realizarse una lectura mental”.

Entonces estamos ante un poeta de la forma, del sonido. Últimamente los poetas de mi generación dicen que la poesía actual es la “poética del silencio”, y entonces llega, en hora buena, Juan Carlos, y les tapa la boca a todos. Él diría, entonces, que la poesía es del “sonido”, como hace más de un siglo lo dijo Darío, el poeta del sonido, de la música.

Esto es otra cosa que me gusta de la literatura: la invalidez de una propuesta para llegar a otra y que ésta sirva de andamio para otra y así, hasta que el círculo se perfeccione.

Todos los textos tienen un título ligado a la música clásica, en todos ellos hay un pentagrama en donde se colocan los versos de Juan Carlos.
En mi lectura, cuando llegaba a alguno de ellos, debía leerlos siguiendo las reglas de este juego formal, sin embargo, y tomando una licencia musical, permíteme, querido Juan Carlos, hacer una versión libre de tu música. Permíteme leer un poema tuyo en mi versión, con mis arreglos. Entonces lo presento:

Variación de Aria Variata
Composición: Juan Carlos Corella
Arreglo y voz: Xavier Oquendo Troncoso

Extraviada
extraviada está
extraviada ¿lo está?

en un verdinegro jardín
verde verde
negro

muerdo los fluidos de la escena feudal
muerde
la escena
la escena
¿La escena?

vibrátil vibrátil asisto cauta
uf
ah

peregrina de un resonar impreciso
voces
inarticuladas
fragantes

expatriador de las fronteras
de aromo
aromo
en flor

con fuerza tras de mi
auscúltala
¿ausculto?

toca los miembros carnosos que la transportan
asombrosa delectación de humedad
¿avivarla así?

Un flujo es tembloroso y de calidez veloz


Suenan las palabras y suenan en su propio ritmo. Los conceptos por ahora no importan. A la larga la poesía, como diría Celaya “Es un arma cargada de futuro” y veo en Juan Carlos estos arrestos para seguir por estos derroteros que no se acaban nunca, por suerte.

Confieso que tengo muchos deseos de oír decir a Juan Carlos estos poemas en sus versiones reales. En las concebidas por él.

Gracias por permitirme acercarme a tus palabras. Y profanarlas.

domingo, febrero 04, 2007

CUENTOS DE CENIZA, nuevo libro de Relatos de Jennie Carrasco Molina

El día jueves 08 de Febrero, a las 19h00, en la librería Librimundi de la Calle Juan León Mera, se presentará el nuevo libro de relatos de la escritora Jennie Carrasco Molina, Cuentos de Ceniza, publicado bajo el sello editorial ELANGEL Editor, en la colección “El Ángel Terrible”, No. 7.

La presentación del libro estará a cargo de la narradora Lucrecia Maldonado, quien, además de presentar la obra en forma crítica, conversará con la autora sobre las motivaciones para la escritura de este libro.

Jennie Carrasco Molina (Ambato, 1955), licenciada en Comunicación Social y Facilitadora en Desarrollo Humano, ha realizado trabajos de prensa en varios eventos nacionales e internacionales. Ha trabajado en el periodismo en prensa y relaciones públicas. Ha obtenido varios premios en cuento, ensayo y poesía. Ha publicado La diosa en el espejo (Cuentos, 1995 –dos ediciones-), Arañas en mi vestido de seda (Poesía, 2001), Viaje a ninguna parte (Novela, 2004). De diosas, guerreras y mujeres (Poesía, 2006). Su obra de narrativa y poesía ha sido incluida en varias antologías nacionales e internacionales.

Los relatos que componen este libro son inspirados en las terribles erupciones que se ha venido dando en el volcán Tungurahua. La autora, toma como referente estos hechos que conmocionaron a la vida pública del Ecuador y a los habitantes de las zonas aledañas al volcán, para crear historias ficcionadas en base a este hecho natural.

Este puñado de cuentos está bordado con lava de volcán. Hay un personaje adyacente a todas las mujeres que habitan estas dóciles narraciones fabricadas con la ceniza precisa utilizada por una autora ya reconocida, en el medio literario, y respetada en su prosa y en el encanto de su poesía decantada.
Aquí se deja oír el volcán que explota, que explotó, que explotará. El volcán que se mueve, que nos remueve las vísceras, que se revienta en el ser y que nos reinventa.
Jennie Carrasco Molina nos entrega unos cuentos sensuales y sentidos. Buscados y hallados en la penumbra de la noche, donde la chispa del volcán es la misma luz que tienen las palabras precisas y punzantes que navegan por estos cuentos en los que la voz de la Mama Tungurahua se deja escuchar con la sutileza que tiene un bramido ensordecedor en mezcla con las letras de una narradora verdadera.

jueves, enero 18, 2007

Sabina y nuestros queridos muertos

Lucre Maldonado, mi amiga, me manda este par de joyas escritas por el maestro. Sabina, extraordinario sonetista ha escrito para los dos ecuatorianos muertos en el atentado de ETA en Barajas. Gracias Joaquín y gracias Lucre. Son dos sonetos bellos y tan nuestros. Los quiero más ahora por ellos.

Los quiero compartir con mis lectores.

UVAS DE LA IRA

I

A buscarse la vida habían venido
y les tocó la muerte en las rebajas.
No era suya la guerra que han perdido
en el infierno insomne de Barajas.

Hasta Ecuador llegó la mar amarga
del carnicero que reparte luto,
la descarga activó la mano larga
del animal humano, innoble bruto.

Sudacas, moros, negros, ostrogodos,
cayucos sin papeles, naufragando,
hincando las rodillas y los codos.

Todavía los están desenterrando,
esta noche tan vieja, casi todos
somos Carlos Alonso y Diego Armando.

II

Bendito corazón ultramarino
que muere sin saber de lo que muere,
maldito profesor del asesino
que mata porque ignora lo que quiere.

Maldita sea el hacha y la serpiente,
el cuchillo, el disparo, la amenaza,
la baba al portador, la uña con diente,
el cliente del mudo y su mordaza.

Malditos reyes magos con zambomba,
maldita madrugada desalmada,
maldita maldición en coche bomba.

Bendita arequipeña desnoviada,
uvitas de la ira, sangre en tromba,
margarita de Quito acribillada.

Joaquín Sabina (11 enero 07)

martes, enero 16, 2007

¡QUE NO QUIERO VER LA SANGRE DE FEDERICO SOBRE LA ARENA!

Nunca de los nuncas, ni aunque vuelvan a renacer las esperanzas y la guerra civil de España sea el grito desgarrante de la poesía, se podrá repetir en el mundo, la pléyade de escritores de La Generación del 27. Nunca veremos juntos sensibilidades universales, reunidas en amistad y talento (se la llama también generación de la amistad), luchando con la palabra, como si fuera el arma letal, contra el caudillo de la guerra y sus balas de verdad.

Nunca se ha dado un Luis Cernuda y un Jorge Guillen, cantando a coro ancho sus apuestas con el sol nuevo de la vieja Castilla. Nunca más un Rafael Alberti y un Vicente Aleixandre, han vuelto a buscar juntos, con clarividencia compartida y sin egoísmos, la verdad en el mar y en el océano de los morfemas (y nunca se han repetido los que faltan: Pedro Salinas, Gerardo Diego, Juan José Domenchina, Dámaso Alonso, Emilio Prados, Manuel Altoaguirre). Nunca la vida tuvo nombres tan geniales, reunidos en la misma generación y, sobretodo, siendo amigos, camaradas, hermanos...

Once poetas (aunque mucha gente afirma que Miguel Hernández es, por derecho, de esta generación, lo cual resultaría doblemente poderosa en historia y poética) reunidos, por primera vez, gracias a la memoria y poesía de Luis de Góngora y Argote, que en 1927 cumplía 300 años de fallecimiento.

El Ateneo de Sevilla, 1927. Los poetas se convocan entre sí, se buscan, se dan la mano, y salen a explorar el mundo (como nunca antes lo ha hecho otro grupo de dimensión universal).
La guerra y la madurez los convocó a la soledad. Pocos quedaron: unos murieron prematuramente, otros salieron desterrados de sus tierras peninsulares, otros se quedaron en la España fascista, con un tapón en la boca y miles de jazmines en su poesía. Lo impactante es que todos los poetas de esta generación, son dignos de recordar, de aplaudir, de leer. Son un universo. Nunca había visto ni oído algo parecido en poesía. Peor en la vida común y egoísta en que vivimos.

Si de este grupo de gigantes hubiéramos de escoger a uno. A solo uno que los defina por voz y voto; sin duda, sería Federico García Lorca (Aleixandre: ganador del premio novel; Alberti que vive aún, y es el último y mimado de la singular generación, hacen sombra al andaluz, pero es Lorca la estatua).

Federico, dice la gente, era el sinónimo de poesía. Quien no leía a Federico estaba perdido. Sin esta lectura no se sabía lo que era la palabra y la sensibilidad. Quien no repetía sus versos en cantos populares andaluces, no podía vivir con la poesía:

Todas las rosas blancas,
Tan blancas como mi pena,
Y no son las rosas blancas,
Que ha nevado sobre ellas

En ese tiempo toda la poesía llevaba su nombre. Lo repetían en los cuarteles y en las playas andaluzas. Lo leían en Francia, tratando de asumir el acento andaluz. Lo leyeron en Nueva York (luego él pagó este gesto, inmortalizándose en el surrealismo más preciso de la poesía contemporánea en español: Poeta en Nueva York):

Si no son los pájaros
Cubiertos de ceniza,
Si no son los gemidos que golpean las ventanas de la boda,
Serán las delicadas criaturas del aire
Que manan la sangre nueva por la oscuridad inextinguible.

Todos lo leyeron y lo seguimos leyendo aún. Su veta no termina. Y parece que en cada acorde de flamenco, aparece su reiteración fonética. En cada torero, en cada toro, en cada muletazo, en cada sorbo de sangría, Lorca se presenta como un gitano:

La Carmen esta bailando
Por las calles de Sevilla.
Tiene blancos los cabellos
Y brillantes las pupilas.
¡Niñas,
corred las cortinas!

En cada canción popular de Serrat, en cada gesto quiromántico de una gitana con ramito de laurel, en cada latitud se lo recuerda. Todo hogar medianamente culto tiene un libro de Lorca en su cabecera. (Recuerdo haber leído en algún artículo periodístico, sobre una encuesta realizada en Roma, pidiendo a personas comunes, los diez libros más importantes de su vida. En esa lista estaba como un faro, reposando el recuerdo de Romancero gitano, el libro que dio la vuelta al mundo):

Si vinieran los gitanos,
Harían en tu corazón
Collares y anillos blancos.
Niño, déjame que baile.
Cuando vengan los gitanos...

Granada, 1898: nace Federico –y con él la poesía- en el pueblito de Fuente Vaqueros. Nace para bien del andaluz maltratado por el racismo español (poeta intensamente comprometido, al que, muy despectivamente, el gran maestro Jorge Luis Borges, lo trató alguna vez como un andaluz profesional). Desde muy joven ya cantaba coplas quebradas e improvisaciones deliciosas. Manuel de Falla alias la música folclórica de España, fue su profesor de flamenco. Bailaor y flamenquero, comenzó a amar desmedidamente el poema:

¡Oh, qué dolor el dolor
antiguo de la poesía,
este dolor pegajoso
tan lejos del agua limpia!

La poesía se entregó a él, para siempre, cuando en 1916 escribe sus primeros poemas, después de haber realizado varios conciertos de música, desde 1909, año en que se traslada de su pueblo natal, a vivir en Granada, la tierra que lo adopta como propio.

En 1917 conoce a Antonio Machado. Ninguno de los dos sabía a quien estaban saludando en realidad –este encuentro debe ser uno de los célebres de España-. Machado era la voz que Federico heredó con derecho para el universo en español.

En 1918 publica Impresiones y paisajes. Para 1919 viaja a Madrid, y entra a refugiarse en la residencia de estudiantes (Luis Buñuel, Salvador Dalí, José Moreno Villa, Antonio Rubio, Emilio Prados, etc. Eran sus compañeros). De esta época salen historias y fantasías dignas de la comidilla literaria. Dalí-Bunuel-Lorca, el trío de surrealistas universales (pintura-cine-poesía, respectivamente). Sus obras de teatro se estrenan con desenfrenado éxito en Madrid. Conoce a Juan Ramón Jiménez y se vuelve su buen amigo, pese al indomable genio del hipocondríaco premio novel. Se gradúa de Abogado en su Granada querida. En 1924 (año inolvidable) nace Romancero gitano, sin sospechar que con él, se estaba inaugurando la poesía de España para el mundo. Antes de este universal libro ya publicó Libro de poemas, Canciones, Mariana Pineda –teatro-.

En 1926 publica la Oda a Salvador Dalí, de la que el pintor –y mejor amigo de Federico en su adolescencia y juventud- estaría vanidosamente agradecido, y declararía, después de la muerte del poeta, que gracias a esa oda, y a quien la inspiró, Lorca es lo que es.

En 1927 se reúne, el poeta, con los poetas de su Generación en Andalucía. En 1929 viaja a Nueva York, donde lo acoge el surrealismo, y consigue, su mejor y más elaborado libro, después de sufrir de desarraigo y soledad. Al regresar a la tierra, en 1930, se reencuentra con su pasado gitano, y escribe Poemas de cante jondo. Su último periodo lo dedicó, con enorme fe, al teatro. Ya estaba la guerra arañando la tierra ibérica. En 1934 muere Ignacio Sánchez Mejía, el torero amigo, a quien hay que agradecer la mejor Elegía escrita en este siglo, en español:

Dile a la luna que venga
Que no quiero ver la sangre
De Ignacio sobre la arena

Yerma, Bodas de sangre, la Casa de Bernarda Alba, pasan y repasan por las tablas.
En 1936, año en que la guerra en España se inicia, y termina 3 años más tarde, comienza a escribir Sonetos del amor oscuro. De ese tiempo es famosa su declaración: Yo nunca seré político. Yo soy revolucionario, porque no hay verdadero poeta que no sea revolucionario.

Era 16 de Julio del mismo año: Federico insiste en ir a Granada, ciudad peligrosa en tiempos de guerra, para un poeta. Luis Rosales, el intelectual amigo del poeta, decide esconderle en su casa, pero el 16 de agosto lo detienen. Sus amigos intentan conseguir su libertad. Hasta el mismo Manuel de Falla trata de hacer algo por él, pero todo es en vano.

Un 19 de Agosto, lo callan definitivamente en Viznar, junto con tres hombres más (dos toreros y un maestro cojo).

Aun se discute si esta masacre fue equivocación o capricho. La muerte de Lorca es un misterio.

El célebre chileno Pablo Neruda acota enfáticamente lo siguiente: Federico García Lorca no fue fusilado; fue asesinado. Naturalmente nadie podía pensar que le matarían alguna vez. De todos los poetas de España era el más amado, el más querido, y el más semejante a un niño por su maravillosa alegría. ¿Quién pudiera creer que hubiera sobre la tierra, y sobre su tierra, monstruos de un crimen tan inexplicable?

Rafael Arberti, uno de sus grandes amigos, le escribe un poema que dice:

Federico.
Voy por la calle del Pinar
Para verte en la residencia.
Llamo a la puerta de tu cuarto.
Tú no estás.
Federico.
Tú te reías como nadie.
Decías tú todas las cosas
Como ya nadie las dirá.
Voy a verte a la Residencia.
Tú no estás.
Federico.
Por estos montes de Aniene
Tus olivos trepando van.
Llamo a sus ramas con el aire.
Tú si estás.

El viejo Alberti, lo encuentra omnipresente. Y así lo encontramos miles de hombres y mujeres que lo amamos. Somos esos que sabemos que en ese tiempo la poesía se llamaba –y acaso, aún, se sigue llamando-: Federico.

miércoles, enero 03, 2007

POSTAL DE LA LUCRE

Conocí a La Lucre un 29 de febrero de 1996. Fuimos invitados los dos a un encuentro con estudiantes en un colegio del sur de Quito. Todo en ese día fue mágico. La profesora que nos hizo la invitación nos esperaba en una esquina céntrica de la ciudad para llevarnos en un bus de línea vía El Camal. Los tres tomamos el autobus y Lucrecia empezó a hacer chistes inteligentes: bocados de gracia, mientras íbamos apretujados en el folclórico transporte masivo.

Llegamos al Colegio y nuestra amistad se inauguró. Entonces me regaló su libro "No es el amor quien muere" con la dedicatoria "Para Xavier Oquendo con el placer que proporciona toda nueva amistad". De allí para acá van a ser 11 años. El año pasado festejamos nuestro aniversario 10 de amigos y nos tomamos un nutritivo café. Han sido muchos los cafés, los tragitos, las lecturas y la complicidad con mi amiga Lucre a partir de nuestro encuentro. He visto nacer a sus libros y ella ha visto los míos llorar en el parto. La he presentado algunas veces y ella ha hecho lo mismo. Tenemos un banco de amigos vitales juntos, que hicimos en estos once años. Ella es la voz que ayuda en algunas tardes y noches tristes, cuando el pajarito de la melancolía gorjea en mí.
En menudas ocasiones me critica abruptamente y yo recibo sus lanzas con sonadas campanas de placer y asombro. A veces la noto tan escueta y tan alejada, pero vuelve siempre con un chiste. La ironía le quema la lengua. Es la pura diversión su compañía. Nos conocemos los gustos, los ojos, las señales, los dolores. Es confidente, es amiga verdadera. Ella dice que yo lanzo muchas lisonjas, pero, según el zodiaco, el acuario que llevo en mi signo es así con los amigos. Ella es más parca.

Su novela "Salvo el calvario" es la mejor muestra de su pensamiento. Pienso que esta óopera prima ganadora del Premio Nacional "Aurelio Espinoza Polit" es su carta de presentación para una de las literaturas más serias Escritas por una ecuatoriana. En la novela uno ríe con la misma pasión con que llora.

Son personajes tan cercanos los que ella ha creado. Su lengua es tan clara que uno se ve al otro lado de las páginas. Y si no me creen léanla en su blog: www.ganasdehablar.blogspot.com y se darán cuenta de lo que digo.

Fuimos hermanos cuando publicamos juntos nuestra poesía en Cuenca. Llevamos la amistad nuestra como una caja de bocadillos a una expedición.

Ya no es solo la literatura lo que nos ha mantenido juntos. Es una amistad valorizada en medio del torrido mundo que se nos presenta. Y somos afines políticamente hablando. Y somos un club de fans de Serrat. Yo fui padrino del bello ensayo de las canciones del maestro catalán.

Siempre comprendí sus dolencias pero casi nunca le digo nada, porque mis palabras no se escriben en las tristezas.
Alguna vez hasta me recomendó el mejor sicólogo del mundo al que abandoné por falta de madurez.

En fin, La Lucre es mi pana. Y que suerte para mí que sea tan inteligente y que su pluma sea una de las más claras y lúcidas de nuestro paísito de petroleo y poesía.

Así con La Lucre, ni más ni menos.

*En la foto Lucrecia Maldonado, la escritora, alias La Lucre.

martes, enero 02, 2007

LA MARIA FER

Qué contento me puse cuando supe que María Fernanda Espinosa va a ser, dentro de 15 días, la nueva canciller de la República. Se merece todo lo mejor. Y qué triste me puse también, porque si antes nos podíamos ver tan poco, ahora ya no nos veremos en cuatro años. Es una pena saberla tan cerca y verla tan lejos, en la TV, como una estrella de la farándula, entregando lo mucho que sabe a la vida pólítica, junto a un gobierno dignísimo y verdadero, a quién le entrego mi fe por este país.

Hace poco escribí una reseña sobre ella en una revista. Reproduzco aquí algunos fragmentos para que conozcan algo sobre esta gran mujer.

A María Fernanda Espinosa la conozco desde hace muchos años como una de las voces femeninas más importantes de la poesía ecuatoriana de los últimos tiempos. Además la conozco por sus viajes, siempre está fuera de Quito, es difícil cazarla por estos lares. Su figura, a decir del escritor Abdón Ubidia es “Larga, pelirroja; el rostro y los gestos delicados: todo en ella es finura”. Yo he llegado a reconocer en ella algo de Julia Roberts y lo digo en serio y sin exageración. Elegante, y con un dulcísimo discurso, va convenciendo al mundo.

SUS CAMINOS

María Fernanda nace en Salamanca, España, en 1964, debido a un viaje de sus padres, es decir, gracias a una casualidad, pero se confiesa amante absoluta del Ecuador y de sus parajes hermosos.
Nos habla de una infancia rodeada de paisaje y parece que por ese lado entraría su gran amor por la naturaleza y la poesía. De niña vivió el mundo natural a través de los paisajes andinos y ya sentía una enorme motivación por el ambiente natural. Su caminar la llevó a ser la primera mujer que ha llegado al cargo de Directora Regional de UICN de América del Sur. Esa tenacidad en mezcla con ese amor al proceso de conservación, al paisaje, a la poesía, a los sonidos de las lenguas nativas.
El día de la entrevista la visité en su departamento, en una tarde de lluvia y frío. Me recibe, como ya es costumbre, con enorme amabilidad. A lo largo de la conversación nos fuimos desplazando por sus rincones favoritos: su bella biblioteca en donde sobresale, además de unos enormes estantes de libros, un sillón de peluquero en donde disfruta leyendo su poema diario, como me dijo alguna vez.
Estudió Lingüística y su pasión irrevocable por los libros la hacen una asidua lectora. Además de ello tiene un PhD como geógrafa especialista en estudios amazónicos y derechos indígenas. Lo uno siguió a lo otro. Es decir que actualmente su desenvolvimiento en UICN comenzó por el camino del conocimiento de las lenguas prehispánicas. Su trabajo era desde la lengua, desde ahí conoció la importancia de estos pueblos y su cultura. Nos habla con gran emoción de que la Cultura de los pueblos indígenas de la amazonía está en una perfecta convivencia con el lenguaje de la naturaleza, y esto es lo que más le impactó y por lo que se volcó hacia estos territorios lingüísticos.

LA POETA

María Fernanda Espinosa es uno de los nombres indiscutibles para entender a su generación (la de los años 90). A los 26 años publica su bello texto “caymándote” que en Shuar significa “Buscar”. El título del libro sugiere una doble connotación, suena también a “Caimán”, animal mítico de la selva amazónica, de allí también su búsqueda hacia lo natural. En su obra se deja notar ciertos rasgos de un sutil erotismo, de una convivencia natural, de entender al paisaje fresco descrito y expresado en el texto como una fusión limpia con el lenguaje.
En 1992 aparece su libro “Tatuaje de Selva”, nombre sugerente que invita a bucear por las aguas vírgenes de los ambientes más verdes del planeta. La poesía de María Fernanda es repleta de símbolos y conceptos que ayudan al lector a enriquecerse de percepciones nuevas sobre las cosas y las palabras.
En el año 2000 apareció su “Loba triste”, un bellísimo texto poético con un discurso feminista en donde se presentan en verso hermosas semblanzas de mujeres que resultan íconos en la historia de María Fernanda, como es el caso de Manuela, Frida, Isadora Duncan, Mercedes Sosa, entre otras. En el 2005 aparece una antología de su poesía en donde se incorpora lo mejor de su trabajo literario, bajo la selección del músico e intelectual Galo Mora Witt.

* En la foto: Yo junto a Pedro Saad, Nicole Adoum, María Fernanda Espinosa y Ximena Montalvo. Sentados: galo Mora y Jorge Enrique Adoum.

El libro de Alexis Cuzme

Un libro que me faltaba ubicar en la lista de poesía del año 2006 es el un buen poeta manabita, joven, inteligente, trabajdor y sano, sobretodo, sano. Lo he leído en su blog http://ciudadhecatombe.blogspot.com/en donde convive la literatura, el cine y su megalómano afecto a la música. Es muy frontal en sus comentarios y me gusta su voz pujante.

Escribí el prólogo de su libro "Club de los premuertos", que aún no tengo en mis manos, pero sé el texto está en sus páginas. Lo reproduzco aquí como un homenaje al poeta.

Alexis Cuzme se aparece de improviso en la pantalla de mi procesador de palabras (como ahora se presentan el 50 por ciento de amigos que uno hace en esta cibernética existencia).
Nunca había sabido de su poesía y peor aún de su persona. El aislamiento entre provincias sigue siendo un problema. Pero no me voy a quejar (eso lo han hecho todos, en todas las generaciones, y lo van a seguir haciendo). Y no me quejo porque siempre he creído que tarde o temprano, la buena poesía, aparece, se deja ver, se deja encontrar de cualquier manera. De los refranes castizos, uno de los que más me gusta, dice: “No hay genio inédito”. Entonces siempre aparecerá lo que debe aparecer.

He leído su poesía desenfadada, o mejor dicho, el desenfado en sus poemas. Esta neo-lírica que se acerca a lo maldito, es lo que se presenta en este “Club de los premuertos”. En este libro se deja al verbo ampliarse, se recurre a sensaciones postmodernas. Es una voz poética que prefiere la razón al sentimiento desde cualquier punto. Atrás quedaron las alhajas antiguas de una lírica amatoria convensional. Alexis nos presenta una poética repleta de novedades de la moda intelectual. La voz poética habla como un intelectual al que le atrae la filosofía de los temas eternos. Menos el amor, pero no puede evadir aquello que por los siglos de los siglos persigue a quien evade: el enamoramiento. Y entonces, hay que dar duro al amor, porque el amor en la poesía se ha dado, casi siempre, como cuando empieza: cursi, empalagoso, lírico-romántico y tenazmente conmovedor.
Alexis le hace el quite al poema convencional de amor, y aunque se nota claramente una segunda persona recurrente en todo el texto, esa persona (siempre menos que la voz poética: menos en temas transtextuales, en figuras voluminosas de gran impacto; pero más, y siempre más, enamorada “hasta las patas”, hasta no poder más). El amor es el misterio más antiguo, el que más se repite y el que más se acoge a nuestros textos. Y nos hace decaer, y nos hace caer en los intentos, y el poema de amor se vuelve canción mal entonada, pieza lírica barata, que en nada influye.

Alexis Cuzme consigue en este texto un giro medular. Hijo legítimo de Manabi. Por lo tanto nieto del enorme Jacinto Santos verduga (poeta suicida, tan bueno y tan olvidado) y hermano del inolvidable Pedro Gil, aquél que siempre habló en “buen cristiano” frente a tanta poesía críptica que escondía la inutilidad de algunos poetas de nuestra generación.
Decía que Alexis consigue un tono suyo (eso es la poesía para mí: el tono único, indiscutible, original), su poesía no sale de las escuelas del “silencio”, ni de la filosofía de vaya a saber que griego o romano. En esta poesía hay un canto que quiere ser libre del molde de moda. Y eso ya es un enorme mérito. Supo, con sabiduría y humildad, saltar las vallas de lo convencional y de la moda.

Estos textos del “club de los premuertos” tienen epígrafes que dan el clima al libro. Bukowsky y Hemingway. Y las constantes citas a los grandes actores de la pantalla grande. Ese sumergirse en la generación “beat”, que lo vuelve un neo maldito, un hombre que quiere acabarse, en honor a esos grandes que acabaron pequeños, luego de lograr una buena poesía pese a las horribles horas de su vida.

La voz poética del “club de los premuertos” está más viva que nunca. Quiere morir pero se contiene, tiene que decirle al mundo que esta muriéndose, pero para ello se vive.

Anticonvencional. Odiador profesional de todo lo establecido, destroza su particular mundo y lo vuelve más universal. Se nota que tiene miedo al localismo. Que ese “canto del provinciano aburrido” lo puede atrapar y entonces estancarse en el leiv motiv sin ningún aporte.

viernes, diciembre 29, 2006

ALCANCES DEL MEJOR LIBRO EN EL 2006

El año que acaba ha tenido otros libros de poesía importantes que no los he podido leer. En otros casos (que no diré) no me han gustado. Yo siempre diferencio el gusto de la crítica literaria. Hay poemas y poetas que no me gustan, pero que son buenos, que escriben bien. Eso, que suena muy rústico, es algo que aun no se entiende en este país con los críticos.

El libro "Soy mi cuerpo" de Aleyda Quevedo, los poemarios de Luis Carlos Mussó, Juan José Rodríguez y César Carrión (a los que no he tenido acceso), el poemario "Las partes" de Fabián Guerrero, la antología poética de el enorme Antonio Preciado que no conozco, la poesía junta del extraordinario Filoteo Samaniego a quien hay que leer con detenimiento y amor. Deben escaparse algunos títulos, pero entre los citados, pienso, está lo representativo. Claro, este es mi selección, mi antología. Si a alguien no le gusta, por favor, invito a que haga la suya.

En prosa también hubieron sorpresas gratísimas, por ejemplo el libro "Salvo el calvario" de Lucrecia Maldonado y "Eses Fatales" de Sonia Manzano, novelas deliciosas. Así como el bello libro de cuentos de Aminta Buenaño, o el estupendo libro de crónicas de Fernando Itúrburu. La novela canónica de Javier Váscones "El señor de las moscas" de gran solvencia linguística, el libro de Gilda Hlst y el de Fernando Andrade (que aún no leo), la novela "Leonor" de Donoso Pareja, el ensayo literario sobre las canciones de Joan manuel Serrat de Lucrecia Maldonado (inédito en el país, como trabajo crítico), la publicación de los dos mónologos teatrales de Viviana Cordero, que tuvieron éxito como obra de teatro, el bello libro de cuentos de Valeria muñoz sobre el cine, el libro de ensayos y crónicas de Raúl pérez Torres, el bello libro de entrevistas de Iturburu, tantos poemarios de autores muy jóvenes de grupos como "Machete Rabioso" (de quien no conozco más que su "escándaloso" nombre, algún poemario de Diego Cazar, a quien no he leído pero me han comentado que es bueno. Estoy haciendo un juego terrible con la memoria de manera informal (no confunda lector con crítica, eso esta lejos de lo que pretendo), por lo que no conciento críticas sobre estos ejercicios. Son míos, muy dignos de un blog, por lo que lo hago con absoluta libertad.

Que así siga nuestra literatura y nuestra vida: lloviendo sobre nuestras letras. Que haya libros y no disputas. Que siempre triunfen los libros del mundo. Que así siga. y que no escampe.

jueves, diciembre 28, 2006

EL MEJOR LIBRO DE POESÍA DEL 2006

Victoria Tobar y su “Poesía despeinada”, Sonia Manzano y su emblemático y estupendo “Último regreso a Edén”, Eduardo Villacís Meythaler y su “Ajuar de Cal” (verdadero homenaje a un enorme poeta desconocido) y el joven poeta Rafael Tobar y su opera prima “En piel de otro” me parecen los libros de poesía del año. He dejado el que considero fundamental para referirme al final: “Obra poética” de Manuel Zabala Ruiz. Publicado por la Casa de la Cultura Matriz en su colección Poesía Junta No. 5. Aunque la edición contiene sendos errores sobre la bibliografía del poeta, la poesía que contiene este libro es, verdaderamente, una isla dentro de la literatura del Ecuador. Zabala, poeta parco y maduro (Riobamba, 1928), desarrolló desde la década de los 50 un estilo al que nunca renunciará: una poesía comprometida con el concepto, la forma y la rima. Ya en 1996 tuve la suerte de publicar su obra completa. En esta edición ha aumentado solamente 25 poemas más a su mínima obra (en 215 páginas se resume toda su poesía) que no tienen la importancia de los extraordinarios poemas escritos en los años 60 hasta los 90. Enorme poeta desligado del canon oficial. Y con suerte, porque gracias a ello tiene una mayor importancia en la historia de la poesía ecuatoriana.

sábado, diciembre 09, 2006

NUEVO ENCUENTRO DE LITERATURA EN CUENCA EN EL 2007

FRANCACHELA, REVISTA INTERNACIONAL DE ARTE Y LITERATURA

UNIVERSIDAD DEL AZUAY




FRANCACHELA, REVISTA INTERNACIONAL DE ARTE Y LITERATURA

UNIVERSIDAD DEL AZUAY




PRIMER ENCUENTRO INTERNACIONAL DE LITERATURA CUENCA 2007

SANTA ANA DE LOS RÍOS DE CUENCA, 12-15 JULIO DE 2007

Invitamos a los escritores, críticos literarios, traductores, directores de revista y talleres literarios a participar en el PRIMER ENCUENTRO INTERNACIONAL DE LITERATURA CUENCA 2007.

PRESENTACIÓN
Santa Ana de los Ríos de Cuenca está ubicada al sur de la República del Ecuador (Sudamérica).
Fundada en 1557, fue declarada en 1999 Patrimonio Cultural de la Humanidad, gracias a su historia, arquitectura y cultura.
La urbe cumple en 2007, 450 años de su fundación. Se distingue especialmente por su cultura, arte y artesanías.

La Revista Internacional Francachela y la Universidad del Azuay han creído oportuno convertir a Cuenca en punto de confluencia de la literatura de América Latina, instaurando en esta ciudad un espacio vivo para el encuentro, el intercambio cultural y el conocimiento personal, en el convencimiento de que la literatura, en su doble función de arte y ciencia, puede constituirse en el lazo de unión que hoy, más que nunca, requieren nuestros pueblos, en aras de una convivencia fraterna y en paz.

Comité Organizador
Dra. Sara Vanégas Cobeña Lic. Norma Pérez Martín
Presidenta del Encuentro Presidenta Honoraria del Encuentro
Universidad del Azuay Directora de Francachela
Francachela-Ecuador Universidad de Buenos Aires

Lic. Joaquín Moreno Lic. Janeth Molina
Universidad del Azuay Universidad del Azuay

Dr. Jorge Dávila Vázquez Lic. Cecilia Suárez
Universidad de Cuenca Universidad de Cuenca

Lic. José E. Kamenieki
Editor de Francachela - Buenos Aires


Comité de Honor
Dr. Mario Jaramillo Paredes Sra. Alicia Yánez Cossío
Rector de la Universidad del Azuay Academia Ecuatoriana de la Lengua
Escritora - Ecuador

Hernán Rodríguez Castelo Lic. Daniel A. Andina
Academia Ecuatoriana de la Lengua Subdirector de Francachela
Crítico - Ecuador

Dr. Marco Antonio Rodríguez Dr. Juan Ruiz de Torres
Presidente de la Casa de la Cultura Director de la Asociación Prometeo
Ecuatoriana Benjamín Carrión de Poesía, Madrid

Dra. Luisa Valenzuela
Escritora argentina


Asistentes de Organización
Lic. Blanca Andrade
Academia Iberoamericana de Poesía Capítulo Cuenca
Dr. Bolívar Delgado
Academia Iberoamericana de Poesía Capítulo Cuenca
Lic. Marcela Jima
Academia Iberoamericana de Poesía Capítulo Cuenca
Srta. Cesibel Ochoa Pineda
Universidad del Azuay


ACTIVIDADES
El congreso está dedicado al quehacer literario en América Latina.
El programa incluye:
a) Conferencias magistrales
b) Ponencias sobre:
-La poesía en América Latina.
-La narrativa en América Latina.
-El ensayo en América Latina.
-El teatro en América Latina.
-La literatura y la demás artes (cine, fotografía, video, danza, teatro…)
c) Mesas redondas:
-La traducción literaria
-Revistas literarias
-Talleres literarios
d) Presentación de libros:
-Antologías Francachela de cuento breve y de poesía
-Otras obras
e) Lectura de textos y recitales



METODOLOGÍA

a) Conferencias Magistrales: serán impartidas por escritores reconocidos.

b) En el caso de las ponencias, se deberá enviar un resumen de una página. El trabajo total tendrá ocho cuartillas a doble espacio y será sustentado en 20 minutos; estará acompañado de un currículum vitae de 10 líneas como máximo.

c) Para las mesas redondas se enviará un resumen de una página, acompañado de un currículum vitae de 10 líneas como máximo.

d) Quienes deseen presentar un libro, publicado entre 2005 y 2007, favor indicarlo y enviar la obra.

e) Lectura de textos y recitales: Los autores interesados en estas actividades deberán inscribirse e indicar si desean participar en las mismas (poesía o cuento breve, no más de dos páginas).

Los trabajos se presentarán en español o en portugués.
Los documentos se remitirán hasta el día 10 de junio de 2007, a la siguiente dirección:
encuentrocuenca2007@elmurocultural.com

O a:
Dra. Sara Vanégas Cobeña
Presidenta del I Encuentro Internacional de Literatura, Cuenca 2007
Universidad del Azuay – Educación Continua
Apartado 981, Cuenca/Ecuador


CERTIFICADOS DE ASISTENCIA: En el acto de clausura se entregarán certificados de asistencia al encuentro.

INSCRIPCIÓN

Las inscripciones al Encuentro quedan abiertas entre el 2 de enero y el 10 de junio de 2007:
Desde Ecuador: Cheque o giro postal.
Desde el exterior: Giro postal a través de Western Union.
A nombre de Sara Beatriz Vanegas Cobeña.

Participantes de Europa y Estados Unidos: U$S 60.-
Participantes de América Latina: U$S 50.-
Participantes de Ecuador: U$S 35.-
Estudiantes: U$S 20.-

Quienes se inscriban hasta el 30 de mayo gozarán de un descuento, y abonarán los valores siguientes:
Participantes de Europa y Estados Unidos: U$S 50.-
Participantes de América Latina: U$S 40.-
Participantes de Ecuador: U$S 30.-
Estudiantes: U$S 15.-
(Valores en dólares estadounidenses)

Después de esta fecha, se cancelará la tarifa completa.

La inscripción incluye:
-Participación en todas las actividades del Encuentro
-Materiales
-Exposición y venta de libros
-Coffee breaks
-Cocktail de bienvenida
-Asistencia a los diferentes actos artísticos culturales ofrecidos en homenaje a los escritores participantes.

Respecto del alojamiento, visitas guiadas en la región y actividades complementarias al Encuentro, enviaremos información próximamente a través de la página web del Encuentro: www.elmurocultural.com

Atentamente, Dra. Sara Vanégas Cobeña
Presidenta del Encuentro
Universidad del Azuay - Departamento de Investigaciones
Directora de Francachela – Ecuador
Premio Nacional de Poesía
Universal Peace Ambassador in Universal Ambassador Peace Circle
www.uazuay.edu.ec/publicaciones/sarav/svrevistas.htm

jueves, diciembre 07, 2006

DOS NUEVOS LIBROS DEL ANGEL EDITOR

MONÓLOGOS: MARÍA MAGDALENA LA MUJER BORRADA Y LA TORERA (Colección ELANGEL TERRIBLE No. 5)

Viviana Cordero (Quito, 1964) es escritora y directora teatral y de cine. Ha publicado las Novelas: El paraíso de Ariana, El teatro de los monstruos (con tres ediciones cada una) y Una pobre tan qué hace. Su trabajo teatral ha sido extenso y muy comentado. Ha escrito y puesto en escena las obras: Mano a mano, Tres, Escenas Familiares, María Magdalena, la mujer borrada, De arrugas y bisturís y La Torera. Preparó el montaje en Ecuador de Los Monólogos de la Vagina de Eve Ensler. En cine trabajó en las películas: Sensaciones (guión y codirección) y Un titán en el ring (guión y dirección). En televisión hizo El gran retorno (24 capítulos, libretos y dirección). Su trabajo multifacético la convierte en una de las escritoras más influyentes de su generación.


Los monólogos de dos mujeres tan disímiles e importantes, al mismo tiempo, conmueven a cualquier sensibilidad abierta. La desmitificación de María Magdalena, en base a un discurso contemporáneo y a una transpolarización de su influyente y necesaria vida, desde los tiempos de Jesús de Nazareth hasta nuestros días, pasando y sumergiéndose por nuestro contexto, por nuestra necesidad de borrar el mito de su memoria.
Y, por otro lado, el personaje femenino, quiteño por excelencia, es La Torera. Un mito urbano que sale del murmullo de una sociedad extraída desde las raíces de una franciscana y recoleta ciudad enclavada en los Andes.
Viviana Cordero es actualmente una de las voces más firmes del teatro ecuatoriano. Lo demuestran largamente estos dos monólogos. Estas dos joyas antológicas que no deben faltar nunca en una antología de piezas teatrales ecuatorianas.

JUSTO LUGAR (Colección ELANGEL TERRIBLE No. 6)

Alex Salinas (Chuquisaca, Bolivia, 1975). Licenciado en Comunicación Social. Publicó En el 2004 el poemario Oscilación por el Azero (b@ez.oquendo.editores). Actualmente se desempeña como profesor asistente en la Universidad de Stony Brook en el estado de Nueva York y es candidato al titulo de Doctor en literatura hispano-americana. Este es su primer libro de relatos.


Los cuentos que hacen este libro están sazonados con ese sabor de misterio. Los personajes de este libro regresan a ver el corazón delator de su pasado, de su presente y de su futuro y se entregan a unas historias que se van desovillando dentro de una atmósfera truculenta y tenaz.
Alex Salinas ha decidido ingresar a la narrativa desde las lindes del suspenso sicológico, entregando, en estos cuentos, unas atmósferas lúdicas (librerías, casas, paisajes de naturalezas vivas) que alcanzan a arrancarle al lector un signo de interrogación del cerebro.
En estos cuentos, donde no hay misterios deducibles ni villanos estereotipados, se puede vislumbrar el discurso de un joven autor latinoamericano que ha tocado dignamente el género del terror literario desde un ángulo posmoderno y real, alcanzando en sus narraciones páginas muy sutiles para la actual narrativa en nuestro idioma.

viernes, diciembre 01, 2006

Quito en poesía

"Quito, arrabal del cielo, con ángeles que ordeñan
en los establos húmedos del alba,
niñas despiertan en los zaguanes
con los pechos crecidos en las manos,
frailes de bruces en sus noches solitarias,
mientras los campanarios apuntalan los cielos,
cenicientas mujeres enlutadas
pendientes de los confesionarios y las campanas,
patios que comentan las noticias,
cerros para orear las casas,
ventanas que pinchan a los vecinos
con las espinas de las miradas
y en la algarabía de la calle
soldados de aserrín y muñecas con música
y una taberna desvelada.
Ay, y yo, adrede, silvando como un sastre
para que se abra una ventana".

Este célebre poema, "Arrabal del cielo", de Jorge Reyes, puede abrir siempre una alabanza sentida de la capital del Ecuador, cuna del encantamiento español. Herencia en grande de La bella Toledo, la ciudad balcón, y del incario orgulloso que dominó los montes donde se aposenta la cuidad andina, moderna, terrenal y mágica. Y mágica es también la historia y la poesía que ha suscitado Quito.
Quito ha sido siempre un cajón de sorpresas, misterios, soledades. Muy lejos de ella, el mar. Cerca, las nubes. Quito encierra el misterio más excepcional de la literatura: las leyendas. Sendas páginas de la historia quiteña se dan como leyendas (no se sabe cuánto hay de realidad y cuánto de ficción).
La poesía siempre ha retratado fidedignamente las figuras espectrales y maravillosas de Quito. Y es que la poesía siempre es la imagen esmaltada de todo lo que está alrededor de la imagen. No hay pretexto en la poesía, para que la atmósfera no se de claramente, y sin borrones.
"La Bella Aurora", "El gallo de la Catedral", "El Padre Almeida", etc. son leyendas famosas del Quito antiguo, recoleto y encerrado en la colonia elegante y fructífera de España.
El padre insurrecto, que llegaba raspando la piedra dura, hasta la alta ventana del convento de San Diego, y se iba a buscar vida más "movida" fuera de él, mientras el Cristo maravilloso de Caspicara, le reclamaba: "Hasta cuando Padre Almeida", recibiendo la respuesta: "Hasta la vuelta, Señor". O la nina Bella Aurora, que fue el centro de atracción de un toro de lidia, que la invistió hasta matarla, debido a que ella enamoró al animal. O el hombre borracho que se burlaba del Gallo de la Catedral, hasta que la bella figura de plata que domina la alta cupula de la iglesia, terminó vengándose del hombre, dándole un escarmiento doloroso. Leyendas con que los niños quiteños crecen, se vuelven hombres, se reafirma un porvenir seguro en la ciudad de estrellas en la mitad del mundo.

"La gloria es de la piedra. Por ejemplo,
el atrio circular de San Francisco,
la columna barroca y el aprisco
de corderos dorados en el Templo.
Es la gloria del árbol: la arquería
de mudéjares trazos los venablos
como flechas de sol de los retablos
hendiendo el aire de la Compañía.
Va Miguel de Santiago por los muros
del convento agustino. Y los oscuros
claustros convierte en luz, con su pintura.
Piedra de esta ciudad, pesebre y nido,
cielo de un aire azul indefinido,
tiende en mi corazón su arquitectura".

Soneto de Enrique Noboa Arízaga, que indica el poder de un Quito colonial y artístico, frente a una sensibilidad ahíta de sombras barrocas, que son los espectros que viven con los quiteños de cepa, que adoran el brillo colonial de sus callejas.
La poesía y la leyenda siempre han ido de la mano, como si se tratara de un enlace entre la maravilla de la imagen y el poder del cuento. Los viejos quiteños, extrañan las calles de balcón y mujeres abrigadas, con gabardinas oscuras, paseando por el Ejido, con sus penas persiguiendo los atardeceres lluviosos y bellos, donde Quito se ponía de rodillas al sol andino.

"...Me voy a inventar una ciudad. Es preciso
fundar un nombre, apenas vísperas
de una capital, como una predicción.
(Yo podría llamarla Imaginada, Abandonada,
Nada). Solamente un sonido que nadie oye
útil para establecer la propiedad
sobre la duración de los resucitados..."

Fragmento, éste, de ese bello libro de Jorge Enrique Adoum: "El dorado y las ocupaciones nocturnas", en donde se dan las pautas poéticas para fundar el peñón feliz de una ciudad imaginada desde siempre. En las montañas, muy arriba del mar, donde las nieves alcanzan el frío recalcitrante, donde los pájaros vuelan muy bajo, donde hay noches oscuras, nieblas espesas, porosas, alucinantes.
Los personajes quiteños, siempre han sido fruto de historias, anécdotas inolvidables, impresionantes en su contenido, abruptas, peligrosas, alegres, tristes, suicidas...
La Torera (mujer dotada de un halo de locura, que la hizo símbolo mágico y anacrónico de un Quito que vivía en la soledad desmesurada, por la graciosa combinación de colores y calidades en la ropa que usaba. Su nombre verdadero era Anita Bermeo. Vivió entre las calles y el manicomio de Quito, y murió en 1984, amando con fruición y locura a su ciudad); El Terrible Martínez (Luis Martínez Cevallos, 1899-1960. Un verdadero "chulla" quiteño, que instituyó el gran anecdotario de la capital, terminando su vida por su propia mano, formando parte del anecdotario, cuando fue a comprar un arma, pidió al vendedor una bala, y se mató, antes de pagar, porque no tenía el dinero). Hitos que hacen de Quito un cuento largo, histórico, soñador. Ulises Estrella, el poeta especializado en Quito, dice de estos personajes en poesía. El poema "El terrible" describe al chulla mencionado:

"...El chulla,
el solitario,
el que no tiene par
escribe pinta canta
con lo mínimo
vive de crédito
para no morir de contado.
El inconstante fabulador
estimula al que yerra,
da posada a los desnudos,
enseña a beber al que no sabe,
está siempre dispuesto
a destruir
la faz de los conformes,
el chulla terrible
no quiere que le entierren junto a un tonto".
Y sobre la torera, el poema "Quiteña Ilusión":
"...Anita,
color de banderilla,
sin toro
ni hacienda
ni casa,
toreando
-paraguas en mano-
todos
los
cuadrados humanos
que voltean la esquina...
Ella
de lo real,
sacaba lo soñado,
así,
su muerte
es vida
vivida
en poesía".

Quito es una ciudad mimada en los Andes. No solo por el canto ni los poemas que se han escrito sobre ella, sino por ese halo de misterio que la entrecruza en las colinas donde se asienta la población. Algo tiene dentro de sus cantos. Hay algo que resalta a las percepciones. Franklín Barriga dice:

"...guardas la suavidad de los gorriones,
la temperancia de los templos,
la excelsitud de la guitarra,
el olor que emana el incensario...".

Toda ciudad grande, capital, centralista, municipal y espesa, se vuelve antipersonal. Se ha perdido el Quito colonial, y ha llegado la metrópoli enferma de modernidad. Euler Granda dibuja el panorama del nuevo Quito, en este poema:

"...No eras del otro mundo
pero eras tú sin cosméticos
sin piezas descartables,
sin paisajes postizos
y en los atardeceres
cuando salían al recreo las campanas,
confundida con ellas
corrías dando brincos
como una perra con una lata atada al rabo.
Quito
transformista,
torera, chulla Pérez,
rastacuera en el norte,
vieja pedorra en el Machangara,
los baldados de la imaginación,
los que todo lo imitan
te han metido en los senos siliconas,
te han agringado,
te han disfrazado de metrópoli,
te han hecho la cirugía plástica...".

Quito: ciudad ahora casi despersonalizada. Ciudad que recuerda la historia, los parajes. Ciudad hermosa, colonial, pura, que lucha contra la modernidad y las consecuencias fatídicas de la misma. Ciudad leyendera, poética, llena de cantos, de valles, de siglos ancestrales y monumentos a sus personajes que hacen de Quito algo más que arquitectura, piedra y plazas. Hacen una ciudad que es personaje, que es hombre y mujer. Que es poesía.

lunes, noviembre 27, 2006

CARTA A RAFAEL CORREA

Querido Rafael:

Tengo miedo. Estoy feliz con tu triunfo, pero ahora me ha cogido ese miedo insurrecto a lo desconocido. Parezco un personaje de Harry Potter frente a un mago negro. El miedo no es por ti, he vivido este tiempo pensando en el triunfo tuyo sobre aquel "pobre" contendor que apenas puede hablar. Y no voy a llover sobre el mojado, porque el "mojado" ya... (voy a inclinarme por un neologismo de ocasión, verbalizaré un sustantivo) bananeó lo que pudo, pero nada. El país respondió como todos quisimos.
El miedo que tengo es porque decidas cambiar tus propuestas. Quiero que seas radical, quiero que no desmayes en tus promesas. Quiero el cambio de verdad. Has la consulta popular, no hables con los congresistas, no dobles el brazo ni las campanas. Sé auténtico como hasta ahora has sido.

Me dan miedo esos discursos difrazados de Patria que tienen algunos políticos.
No firmes el TLC.
No firmes el contrato nuevo para la base de Manta.
No tengas miedo tú (eso deja para nosotros) de que se sienta una revolución en la economía del maquillaje, aquellos números económicos que se escriben todos los días por parte del fondo monetario, del banco mundial. Eso dirán, con eso te atacarán, pero tú sigue, porque eso queremos nosotros, los que apoyamos tu grito contra las haciendas bananeras y las haciendas politiqueras.
He pensado tanto en nuestra historia dialéctica como país, Rafael, que estoy conmovido y emocionado, pese al miedo.
Qué bueno sería librarnos de la malla electrificada de las haciendas de la banana republic.
Casi pasamos a ser el retrato perfecto de Macondo, luego de tantos años de creernos los niños buenos, los pro yanquis, los chicos moll, los come sushi, los in de miami, los caribe surf, los golf boys. ¡Qué asco!
Me decía un profesor que los verdaderos plásticos, los fresa legítimos, no viven aqui, como van a vivir aquí, si aquí la gente odia al país, odia a los otros, aquí, Rafael, la gente va a misa y da la paz y las limosnas y luego sale a "longuear" al mismo que dio la mano.
Como es posible, Rafael, que la gente se inque frente a Jesús de Nazareth, el muchacho este que dio los postulados modernos del comunismo luego de la sociedad primitiva. Este hebreo, este palestino, este judio sería amigo de Chavez, y lo matarían otra vez y peor, los mismos que van a la iglesia, esos que juegan a ser los jai de la jai.
Hay que entrar con firmeza, aquí la gente ya se acostumbró a vivir con niños que piden limosnas en la calle y por eso no piensan en ellos. Es más, les resulta exótico verlos por allí, cerca de los grandes shoppings de las ciudades grandes. No les importa porque son como los árboles, como los pájaros, como las montañas.
Has despertado, Rafael, en mí, una suerte de muerto político. Algo que no entiendo , algo que se apagó hace rato, si es que alguna vez estuvo encendido. Algo que era añoranza cuando oía las canciones de Silvio y Pablo. O cuando cada año leo las novelas de García Márquez, mientras entiendo a la dialéctica histórica.

No quiero por ningún motivo que des tu brazo a torcer. No deseo conceciones. Ya fueron hechas tantas y por tanto tiempo que este país es una bella olla de mierda. Y, como dice una poeta, a la mierda se mandan las estrellas.

Suerte. No me decepciones.

lunes, noviembre 20, 2006

LA BRONCA DE CUEVA Y DONOSO (CON PALACIO EN LA MITAD)

Leo extrañado la tremenda "bronca" que ha suscitado un artículo en el blogs de "Buseta de papel" sobre Pablo Palacio, visto por la lucidez del "quiteñocentrista" Agustín Cueva, probablemente el más importante sociólogo literario de los años sesenta (y, quien sabe, el único), el cimentador del "tzantzismo" y de la generación de narradores de esa generación. En medio del comentario de Cueva sobre la "sobredimensión" de Palacio en nuestra literatura, salta la apasionada voz del sociólogo de Quito contra Miguel Donoso Pareja, un talentoso escritor (poeta sobretodo, aunque la crítica diga que es un "enorme" prosista y un "crítico" de quilates -diría más bien que es un talentoso insultador profesional, a la manera de Montalvo y de Humberto Mata-. Miguel Donoso siempre ha despertado ciertas pasiones contra otros creadores del país: Pérez Torres, Javier Váscones, Alsino Ramírez, Sacoto, etc. han sido flanco de sus mordaces comentarios que, sin tregua, se han regado por todo el "mundillo" literario como una epidemia. Y como a la gente le encanta los insultos, las broncas directas, entonces Miguel está en nuestras conciencias como un valiente principe que lucha por conservar los límites del imperio. Pero tanto Palacio, Miguel y Cueva están más allá del bien y del mal. Ya han tocado las nubes delicadas del Olimpo "criollo" y ya no van a interferir directamente en nuestra visión.
Creo, como Cueva, que es muy bueno desmitificar a los grandes escritores. Esto ha sido trabajo también de Donoso Pareja: ha aplastado a los mitos hasta las últimas consecuencias, los ha pulverizado y, luego, -esto es lo que siento- se sienta a ver si vuelven a volar.
Por favor, amigos, estamos en el Ecuador, un país que hace lo que la comidilla dice, lo que, según Francis Bacon, el gran filósofo inglés llamaría: los ídolos del mercado. Nos dejamos llevar por lo que oímos. Me parece bien que Cueva haya dicho lo que haya dicho. Y que Donoso defienda a Palacio. Creo que Cueva y Donoso tienen razón, los dos por igual. Lo que me causa cierta risa socarrona es pensar que por la publicación de este artículo se quiera hacernos pensar que los "presentadores" del artículo tienen algo de truculenta venganza con Donoso, pienso que eso si es caer en la peor de las enlodadas charcas del provincianismo. Y, probablemente, no faltará quien diga que estoy hablando así, atacando a Donoso, porque alguna vez él también se metió con mi obra. Otros dirán que defiendo a los buseteros y que por lo tanto hay algo oculto allí. Y tantas cosas que se dicen. Por eso no me gusta intervenir en este tipo de discusiones blogeras.
Donoso y Cueva son figuras polémicas de nuestra literatura. Son apasionados públicos que enriquecieron el pobre panorama literario con sus reflexiones, y hay que respetarlos y leerlos con pasión crítica, pero sin buscar la quinta pata al gato. Palacio sigue en nuestras lecturas. No es obligación que nos guste.
Hay que saber diferenciar el "borreguismo" del gusto al verdadero gusto. Siempre se cae en el canon, aunque intentemos hacernos el quite. Y eso si me parece terrible. Angustioso y terrible.

domingo, noviembre 12, 2006

UNA PERLA: "ODIO A SABINA POR NERUDA"

Leo, extrañadisímo, en la página de Eduardo Varas, en los comentarios, a propósito de Sabina, un recado en donde el escribiendte confiesa que odia a Sabina y a todos los trovadores latinoamericanos porque citan a Neruda. Luego, los comentaristas se ponen a indagar en Sabina las citas y se llega, entonces, a la conclusión de que ahora odiarán a Sabina y no le perdonaran "ese desliz".
Me pareció un poco gracioso, resulta casi la misma idea, que ahora está de moda, de decir a la gente "comunista", como un adjetivo peyorativo, y asustarse como si el comunismo exisitiera o hubiera existido alguna vez.
Neruda debe representar para estos lectores "posmodernos" y repletos de cliches esa parte de la izquierda trasnochada pero, pésele a quien sea, su poesía sigue viva, más viva que cualquier discurso posmoderno, digo yo.
Es como si alguien se pusiera a "sacarle el sucio" a García Márquez o a Joyce o a Faulkner. A ellos qué les puede importar eso si ya están más allá del bien y del mal. El sucio se saca haciendo obra. Sobre ellos, siempre sobre esos cimientos enormes y terribles.
Recuerdo que en un periódico de la capital, hace muchos años, un periodista cubano despotricó, en un artículo, sobre García Máruqez y su literatura "izquierdoza". ¿Qué intentaba el señor? El gusto nunca va precedido de una estética objetiva, sino de algo personal. Qué aporta aquello. Lo único que consiguió, que pese al fin es gracioso, es ser despedido del Diario debido a que el director del periódico era un socialista de cepa. Qué pensaría el joven cubano, que García Márquez leyera su texto y sus "consejos" fueran seguidos al pie de la letra.
Albeerto Fuguet odia a García Márquez pero no se ha encargado de despotricarlo si no de concebir una nueva obra que conlleve a librarse de ese fantasma enorme que es el realismo mágico y que tanto mal causó a los seguidoeres de Márquez, tratando de alcanzar la cumbre de su novela.
Alguna vez un pgran poeta ecuatoriano no incluyó en su antología a otro gran poeta por haber "trabajado en el gobierno de Febres Cordero". Así tampoco es el juego. Hay que ser limpios. Los gustos de unos no deben influir sobre las artes de nadie.

Volviendo al tema central, lo gracioso es el odio a Sabina gracias a que él ha leído y le gusta Neruda (y también García Márquez de quien es muy amigo).
Yo no soy ni comunista, ni socialista, ni nada por el estilo, pero como diría otro de mis gurus y maestros, Joan Manuel Serrat: "Si buscar la justicia para todos, querer que todos tengan un techo, comida, servicios de salud, si eso es ser comunista, entonces yo soy comunista." Y tambien lector de Neruda. Si eso es pecado, pecador soy.

SABINA EN CUATRO TIEMPOS

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Caminando con un amigo por la calle Relatores del viejo Madrid, con cierto temor, porque ya nos acercábamos al número de la casa donde, según me había dicho Luis Eduardo Aute, vive Juaquin Sabina. Mi timidez y la de Pedro, mi amigo de Torrelodones, invadian las calles de la ciudad vieja, del Madrid de los Austrias, como se llama a esa zona del casco histórico de la capital española. Quería entregarla a Sabina un poema en base a un verso de una de sus canciones (de cualquiera, a la larga, Sabina es poesía), además de libros del Ecuador. Al fin llegamos, pero vimos raro el lugar, no era una casa, con un timbre, sino una especie de Villa con jardin y a lo lejos una puerta semi abierta. Pedro entró, yo no me atrevía a romper el mito de mi héroe. Tomó los encargos y fue a darselos a quién esté en la casa para que a su vez, éste le pase a su dueño real. Al salir me dijo que mejor que no haya entrado porque quien recibió los obsequios fue una fría secretaria quien dijo, como en cualquier oficina burocrática, que Sabina no está y que los dejé para entregárselos. Luego añadio mi amigo Pedro que si yo quiero conocer a Sabina, él me tiene una sorpresa. Yo no sabía a que se refería, de Sabina conozco todo, sus libros, sus dibujos, sus videos, su música, su poesía, su anti poesía, su cercanía a Quevedo, su filología, sus historias de amor, su ciudad amada y su ciudad natal. Todo, he vivido aprendiéndome las canciones de él como si fueran catesismo. Solo faltaba conocerlo a él. Fuimos, entonces caminando y entramos en un bar de copas. Pedro pidió una ginebra y yo una caña de cerveza. Lo tomamos con una tapa de pulpo en aceite de olvia balsámico y entonces Pedro dijo al mozo: ¿Hombre, Sabina viene por acá...? A lo que el camarero respondió: ¿Tío, ningún bar de copas de la zona ha dejado de ser visitado por el cantante, claro que viene... y cuando lo hace, tenemos que cerrar... Pues ya está, dijo Pedro, Cuentele a este (refiriéndose a mí) que hace ese canalla... A lo que respondió el mozo: Y qué va a hacer, pues nada, tomar, fumar, es un hombre, tío, un hombre, nada más... Pero yo me niego a ello. Sigo fabricando el mito. Hombre ahora es cualquiera. Hasta Alvaro Novoa puede ser considerado hombre. O revalorizan la palabra o Sabina es Dios.

2

Hace diez años, en el Concierto "Todas las voces todas" debieron estar, probablemente, lmuchas de las mismas personas que fueron ayer al concierto de Sabina, digo las mismas, para decir que hay público bullente por este cantautor, sin embargo, hace diez años Sabina pasó desapercibido por Quito, tanto así que recuerdo cuando cantó Quien me ha robado el mes de abril y él, acostumbrado a que su público sea su coro seguro, callaba para que Quito cante aquello de Lo guardaba en el cajón, donde guardo el corazón pero Quito no cantó nada. Quito quería Silvio Rodríguez, Quito esperaba a Fito Paez, a Luis Eduardo Aute y a la negra Sosa. Juaquinito, entonces, montó en colera y gritó a Quito una de las frases más terribles, para el corazón de un fan, luego de que el coro era tan tenue que no se avanza a oír: ¡Canten coño! Así gritó el maestro. Ayer volvió a cantar la canción y el coro alcanzó a Eco, mucho más que cualquier Narciso.

3

No estoy de acuerdo que el disco Enemigos Intimos sea lo mejor que ha compuesto Joaquín Sabina. Los que conocemos los intersticios de su musicalidad, sabemos que es lo más postizo de su carrera. Sabina escribió pensando también en Fito Páez, en su modulación de voz, en su sensibilidad musical. Creo que Sabina en Enemigos íntimos es de lo menos auténtico que ha hecho. Sin embargo todos sabemos que a Sabina no podríamos pedirle que componga algún "adefesio", sería como pedirle "peras al olmo". Pero su auténtica voz, su verdadero ritmo, su letra legítima vene libre de aparatos y de trastos. Yo siempre seré fiel a Sabina sobre Páez, a quien creo un extraordinario músico y un gran compositor, pero Sabina es el universo. Páez es una galaxia.

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11 de Noviembre del 2006. Joaquín se va a hundir en Quito como el Titanic. Así es la concepción de su gira ultramerina, como la de Rubén Darío por el modernismo. Dice que le falta el aire, que podría cambiar su bombin por un sombrero Panamá que no es Panamá. Juega, gesticula, produce unas emociones en un teatro repleto que asusta. Sabina es el rey. Veo a muchos adolescentes que toman cerveza y cantan algún coro de una canción más famosa que el agua, como y nos dieron las diez, Princesa, contigo o luna de miel. Veo a gente que lo ama de verdad, que lo ha explorado de verdad, que ha leído sus poemas, que ha medido sus endecasílabos, que ha sentido la fuerza de sus metáforas y que, como yo, ha llorado cuando lo ha escuchado cantar en vivo, luego de 10 años a su maestro, como Zeze, el niño de la bellísima obra de José de Vasconcellos, Vamos a calentar el Sol, el mismo que desea adoptar a un padre imaginario, y adopta a Maurice Chevalier, el actor francés, y entonces conversa imaginariamente con él y el viene a sus sueños. Hasta que una vez, Chevalier llega a Sao Paulo a promocionar una película y entonces Zeze corre en su busqueda, pero cuando lo ve de frente, obviamente Chevalier no se inmuta. Entonces Zeze, decepcionado, no puede entender porque el actor no le dice nada, mientra Zeze resuelve pensar en Chevalier como alguién frío, sin sospechar siquiera que es su padre. Así el maestro, de lejos, contigo Juaquín. Esperando que te hundas y que hundas. Yo naufragaré simepre fiel a tu música, maestro.